A las seis de la mañana, en las calles que desembocan en la plaza Enqelab (Revolución), empezó a sonar por los altavoces el himno de Irán, dando comienzo a la despedida del ayatolá Ali Jamenei en la ciudad desde donde lideró el país durante casi cuatro décadas. Hombres, mujeres y muchos niños todavía estaban echados en el suelo intentando recuperar energías tras haber viajado durante horas, algunos hasta veinte, para poder ver el paso del líder supremo en su último recorrido por Teherán.
Marea humana en Teherán para dar el último adiós al líder supremo asesinado por EE.UU. e Israel el pasado 28 de febrero
A las seis de la mañana, en las calles que desembocan en la plaza Enqelab (Revolución), empezó a sonar por los altavoces el himno de Irán, dando comienzo a la despedida del ayatolá Ali Jamenei en la ciudad desde donde lideró el país durante casi cuatro décadas. Hombres, mujeres y muchos niños todavía estaban echados en el suelo intentando recuperar energías tras haber viajado durante horas, algunos hasta veinte, para poder ver el paso del líder supremo en su último recorrido por Teherán.
Los cánticos y gritos de “Muerte América” y “Muerte a Israel” que llegaron después del himno levantaron a quienes todavía dormían, a pesar de que el sol ya empezaba a pegar con fuerza, empeorando con el paso de las horas. El termómetro llegó a marcar 39 grados al mediodía: con ventiladores gigantes y mangueras, los voluntarios intentaban menguar el sofoco de los peregrinos, muchos de ellos niños de brazos.
“Mucha población de Teherán se ha ido, la sociedad está fragmentada”, admite un seguidor de Jamenei
No tardó en formarse una gran multitud frente a una gran tarima con fotos de diferentes momentos de la vida del ayatolá, asesinado por Estados Unidos e Israel cuando se encontraba en su residencia –a pocas calles de allí– el pasado 28 de febrero, cuando lanzaron los primeros ataques contra Irán. “Hoy es el día en que esta multitud ha venido para despedir a alguien que nos enseñó a mantenernos firmes y a resistir; alguien que nos enseñó el camino de la verdad y la rectitud”, dijo el hombre que animaba a la masa que rápidamente llenó la glorieta.
“Lo vamos a matar, no hay lugar donde se pueda esconder”, se leía en el cartel con la imagen de Trump que portaba Vahijé, de 32 años, que había llegado en autobús (de pago) con su hija, también cubierta de chador como su madre, desde la ciudad de Qazvin, al noreste de Teherán. Otros asistentes, llegados de muchos puntos de Irán, contaban que habían llegado en sus coches o en avión, aunque la mayoría aseguraban que habían viajado gratis en autobuses puestos por organizaciones religiosas, universitarias o gubernamentales.
“La venganza no significa que queramos más guerra. Tiene que ser un acto que sirva de lección para que nadie vuelva a atreverse a matarnos, no a nosotros no a nuestros lideres”, afirmaba Vahijé al justificar la “venganza”, el eslógan que ha dominado este funeral que comenzaron el sábado en el Gran Mausoleo de Teherán. Desde entonces se han exhibido el féretro del líder y cuatro integrantes de su familia fallecidos en el mismo ataque: su nieta Zahra, de 4 años, su hija Bushra, su nuera Zahra Haddad Adel –esposa del nuevo líder, Mujtaba Jamenei– y su nuero, casado con su hija Hoda.
“No era solo un líder para nosotros, no era solo un político, era la mayor autoridad del chiísmo en el mundo, y Dios quiera que podamos vengarlo, porque nuestro poder viene de Él”, sentenciaba Maryam, estudiante de Medicina, que horas antes había llegado de la ciudad de Semnan, en el este del país
La joven aseguraba que “no queremos la guerra, queremos justicia”, y añadía que el peor castigo para Trump era lo que había logrado sin querer con el asesinato de Ali Jamenei: “Nos unió más, nos hizo más fuertes. Este funeral es un ejemplo de que no puede con Irán”.
La televisión iraní mostró cómo entre la multitud se mezclaban autoridades, como el presidente Pezeshkian, y también el expresidente Mahmoud Ahmadineyad, que como los otros expresidentes iraníes no fue invitado a la oración del domingo, en la que estuvieron todas las autoridades menos el nuevo líder, Mujtaba Jamenei, porque temen que sea asesinado.
“El funeral era la oportunidad histórica para demostrar unidad ante los ojos del mundo, pero desafortunadamente se perdió”, aseguró en una entrevista Mohammad Abtahi, que fue vicepresidente en el gobierno del reformista Jatami.
La multitud fue en aumento, se unían las personas que habían comenzado el peregrinaje en el este de la ciudad. Todos esperaban para ver pasar el camión que transportaba el féretro de Jamenei. Para sorpresa de muchos, apareció casi al final del trayecto. “Es nuestro padre, es nuestro padre”, gritaba Fátima, una estudiante de contabilidad de 22 años llegada de Orumieh, al saber que el féretro ya se aproximaba.
Con el paso de las horas, la marea negra y roja ya dominó por completo la avenida Enqelab en una imagen que posiblemente no tenga comparación en Teherán, como lo aseguró el alcalde Zakani. “No podemos dar ninguna estimación. Más adelante se conocerán las cifras, pero hasta ahora no habíamos visto una multitud de este tamaño en Teherán”, aseguró. Muchos creen que fueron varios millones.
Massoud, un profesor de Derecho en Teherán que asistió junto con su esposa, explicó que la realidad es más compleja de lo que deja ver la imagen del funeral. “Mucha población de Teherán se ha ido de la ciudad, la sociedad está fragmentada. Aquí hay mucha gente, pero hay otro gran sector que nunca se le ocurriría acercarse a esta ceremonia”, reconoció.
No es su caso. Aseguró que hoy irá a la ciudad de Qom, considerada el centro del chiísmo en Irán, donde continuará el funeral del ayatolá Jamenei: será enterrado finalmente el jueves en Mashad, su ciudad natal.
“Allí será más grande que en Teherán”, sentenció Massoud.
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