Hay una doctrina shock para Venezuela, pero no es exactamente la de Naomi Klein. Para la escritora canadiense, en su clásico libro The Shock doctrine, los desastres naturales como el tsunami de Indonesia en 2004 o el huracán Katrina en Nueva Orleans en 2005 sirvieron para acelerar la agenda de privatización, liberalización, y terapia shock del llamado “capitalismo de desastres”.
Washington aprovecha el doble terremoto para aplicar una nueva doctrina shock que le lleve a controlar la extracción de recursos
Hay una doctrina shock para Venezuela, pero no es exactamente la de Naomi Klein. Para la escritora canadiense, en su clásico libro The Shock doctrine, los desastres naturales como el tsunami de Indonesia en 2004 o el huracán Katrina en Nueva Orleans en 2005 sirvieron para acelerar la agenda de privatización, liberalización, y terapia shock del llamado “capitalismo de desastres”.
Ahora, en tiempos posneoliberales, la doctrina shock ha cambiado. El catastrófico doble terremoto del pasado 24 de junio puede ser un catalizador para los planes militares y geoestratégicos de Estados Unidos en Venezuela y la región. Eso servirá para garantizar el principal objetivo, más allá de cualquier misión humanitaria: control sobre la extracción de recursos naturales.
“La actual presencia militar estadounidense en Venezuela puede convertirse en un despliegue semipermanente”, dijo Henry Ziemmer, del conservador Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) en Washington, en una entrevista a La Vanguardia.
Pero esto nada tiene que ver con ayuda humanitaria o apoyo en la tarea hercúlea de reconstruir. El objetivo de la administración Trump es evitar una grave crisis “sin comprometerse a una misión de ayuda exterior de elevado coste y duración indefinida”. Así se pretende “volver a la situación anterior al terremoto, centrado, sobre todo, en explotar los recursos petrolíferos y minerales de Venezuela”, añadió Ziemmer.
Trump “no quiere comprometerse a una misión de elevado coste y larga duración”
El desastre ha creado el pretexto perfecto para establecer una presencia militar permanente, y así cumplir con los nuevos planes del Comando Sur de crear “nodos terrestres militares” en la costa caribeña para combatir el narcotráfico y vigilar a países considerados adversarios en la búsqueda de recursos críticos como China.
Por el momento, unos mil marines de la llamada Fuerza de Combate Litoral están emplazados en la zona crítica del desastre en La Guaira, con control directo sobre el aeropuerto y el puerto.
La presencia de estos marines “no responde únicamente a la emergencia provocada por el terremoto”, afirma Leopoldo Puchi en su columna en el medio venezolano El Universal. El seísmo “aceleró un proceso que ya estaba en marcha (…) definir un marco institucional para una presencia militar permanente que permita incorporar a Venezuela al nuevo dispositivo de dominio hemisférico”.
Los marines habitualmente usan la plataforma del USS Fort Lauderdale, que se encuentra atracado, en estos momentos, en el puerto de La Guaira. Este buque ha sido clave para la diplomacia de cañonero reinventada por Trump mediante bloques navales, ataques contra supuestas narcolanchas, y el secuestro de Nicolás Maduro el pasado tres de enero. Ha servido para cooptar al gobierno venezolano de Delcy Rodríguez e intimidar a los de México y Colombia.
Pero el siguiente paso es el nodo terrestre. “Cuesta mucho mantener una presencia solamente en barcos como portaaviones”, dijo un experto en Caracas. “Es más barato y efectivo mantenerla en tierra”, dijo un experto en Caracas. La administración Trump “no pensaba que pudiera realizar esto en un plazo tan corto”. El terremoto ya ha facilitado la nueva doctrina shock.
Con el fin de legitimar la presencia militar, EE. UU. ha tanteado una nueva relación de tutela. En una reunión con Rodríguez celebrada en Caracas tres días después del terremoto, John Barrett, el encargado de negocios de la embajada estadounidense en Caracas, y el general Kevin Jarrard propusieron un protectorado basado en el modelo Bahamas, según fuentes conocedoras de la agenda de la reunión.
Bahamas —un archipiélago de pequeñas islas en el Caribe— ha cedido toda su política de seguridad a Estados Unidos. Aun así, no está claro que sea la mejor opción. “Venezuela es demasiado grande como para que Estados Unidos la trate como un protectorado”, dice Ziemer.
Ante un coste de reconstrucción que se acerca a 40.000 millones de dólares, según la ONU, Venezuela necesitará mucha ayuda e inversión. Pero, con 1.050 de las 1.084 sanciones aún vigentes y sin acceso a mercados internacionales financieros, será imposible lograr la financiación necesaria. Rodríguez ya negocia con el Fondo Monetario, el Banco Interamericano de Desarrollo, e intenta pactar la reestructuración de la deuda para permitir el acceso a financiación privada internacional.
En la última instancia, todo depende de Washington. “Necesitamos un pequeño plan Marshall”, dijo Andrés Pierantoni, el experto geopolítico venezolano, durante un almuerzo el mes pasado en el distrito de Altamira en Caracas, a escasos metros del desplomado Edificio Petunia.
Pero no hay muchos indicios de que Trump quiera ser un nuevo Harry S. Truman. EE.UU. y Europa aún retienen activos venezolanos por más de 11.000 millones de dólares, incluyendo depósitos de oro en el Banco de Inglaterra. En comparación, Washington solo ha ofrecido 300 millones de dólares en ayuda.
Con Rubio en el papel de “virrey de facto”, según el New York Times, dispuesto a “intercambiar selfies y cotilleos con Rodríguez”, la meta central es mantener la estabilidad social y política con el fin de elevar la producción petrolera y minera venezolana. Así se podrá seguir depositando los ingresos en la cuenta de garantía en el Tesoro de EE.UU., que, según el analista Einstein Millán, solo ha devuelto el 25% de los miles de millones de dólares embolsados por la venta del petróleo.
EE.UU. solo ha devuelto el 25% de los ingresos por la venta del crudo venezolano
No es anecdótico que la primera ofensiva militar estadounidense dentro de territorio venezolano desde el secuestro de Maduro se produjera en el Arco Minero del estado de Bolívar, donde se encuentran valiosos depósitos de oro, coltán y otras tierras raras. El asesinato por misil de Héctor “Niño” Guerrero Flores, el supuesto cabecilla de la pandilla Tren de Aragua, fue realizado por el Comando Sur y la CIA diez días antes del terremoto. Según informó el Wall Street Journal, el ataque pretende expulsar a “organizaciones criminales en territorios ricos en minerales, donde la Administración Trump pretende captar inversiones”.
Si Rodríguez no puede garantizar la estabilidad conforme el impacto económico y social del terremoto se profundice, o en caso de un acto de insubordinación gubernamental, siempre queda la opción de último recurso: “Hay tropas sobre el terreno por motivos humanitarios. Pero, en teoría, podrían hacerse con el control del Gobierno”, dijo Shon Marriott, de la Universidad de California del Sur en Los Ángeles.
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