En un pasaje del libro, nos recuerda Germán Delibes Caballero, primogénito del segundo hijo de Miguel Delibes, y segundo de los dieciocho nietos a los que tuvo que dar propinas el ilustre escritor vallisoletano, que todas las novelas de su abuelo se construían a partir de tres elementos fundamentales: personaje, paisaje y pasión. Tres elementos que comienzan con la letra pe de palabra, esa palabra que, en boca del autor de ‘El camino’, de ‘Los santos inocentes’ y de tantas otras obras maestras de la literatura española contemporánea, adquirió una dimensión universal.Y él, como buen nieto y alumno aventajado, se basa en esos tres pilares para construir un libro ameno e hipnótico, de esos que captan la atención y no pueden dejar de leerse hasta que se descubren tantos entresijos ocultos u olvidados de la biografía del escritor genial, vistos no solo desde el prisma del propio Germán hijo, sino consensuados con los recuerdos del resto de sus hermanos y primos. El propio Delibes, siempre denominado así, o el Abuelo, con mayúscula inicial, es el personaje cenital. Sedano y Valladolid son los paisajes principalmente recreados, y la familia, la caza, el tenis, el ciclismo o el fútbol, además del recuerdo imperecedero de su esposa Ángeles, conforman las pasiones del premio Cervantes vallisoletano. A esas columnas, Germán añade la memoria y la fascinación que cualquier nieto siente ante un abuelo tan especial.Supongo que a Germán Delibes junior le habrá pesado tanto la responsabilidad del apellido como les atosigaba a él y a sus primos durante su etapa escolar (quizás incluso después). Pero puede estar bien tranquilo a ese respecto. Si el exigente Delibes levantara la cabeza, solo podría sentirse orgulloso de la capacidad narrativa de su descendiente, de su potencia argumental, del manejo de un lenguaje rico y preciso, de la pericia a la hora de describir hechos, acontecimientos, anécdotas o trastadas con una agilidad digna de un maestro y una precisión no exenta en ocasiones de figuras literarias afortunadas y de un fino sentido del humor que el lector agradecerá sobremanera.Describe el nieto a un Abuelo, con mayúscula inicial, con carácter de ganador. Reconoce su natural autoritario, su poca propensión a ser objetivo de cámaras fotográficas, de reportajes, de homenajes o de encuentros multitudinarios; pero nos descubre también el lado más humano y cariñoso del hombre que creó una familia numerosa y granítica a su alrededor, una estirpe que sigue luciendo a gala y defendiendo con orgullo un apellido legendario.Noticia relacionada general No No ARTES & LETRAS ‘Hebras de sílabas’, de José Luis Puerto: pasos en el camino Fermín HerreroA través de los trece capítulos en que está compartimentado el libro, Germán Delibes Caballero nos habla de la afición que Delibes contagió a su progenie por el tenis, la caza, la natación o el ciclismo, nos evoca escenas en el retiro burgalés de Sedano, o nos acerca a situaciones íntimas de los suyos: una boda que peligró por un encarnizado partido de tenis, unas cerillas que pudieron provocar un incendio irreparable, un bañista de costumbres peculiares a la hora de sumergirse en las frías aguas de la piscina doméstica… Pero también nos habla del amor por Valladolid, la ciudad natal que nunca quiso abandonar, por más que recibiera suculentas ofertas para hacerlo; comparte con los lectores muchas dedicatorias íntimas y emotivas que Delibes hizo de sus libros, algunos de sus regalos de reyes o de cumpleaños o sus reacciones ante situaciones que le incomodaban.Así era, a vista de uno de sus nietos mayores, el gran escritor. Un hombre como tantos otros cuando se sentaba en las sobremesas del mes de julio delante del televisor para jalear las proezas de Perico Delgado o de Miguel Induraín en el Tour de Francia. Un prosista privilegiado que puso un broche colosal a su carrera con la publicación de ‘El hereje’, posiblemente su obra más conocida a nivel mundial.Delibes se sentiría orgulloso de la capacidad narrativa de su descendienteSe ocultan muchas más curiosidades y secretos confesables en un libro tierno y conmovedor por momentos, pero mejor será que los desentrañen los lectores cuando se adentren entre la excelente prosa estampada en sus páginas. Así (si lo desconocen) descubrirán qué significaban las siglas MAX, refrendarán una y mil veces el valor de una familia sin fisuras, comprenderán el amor por los animales y la naturaleza del escritor o los sentimientos que le llegaron a inspirar sus primeros bisnietos.Aseguraba Delibes, en el discurso que pronunció cuando le concedieron el premio Cervantes, que el otro Miguel más ilustre de las letras castellanas no ha enmudecido, que su palabra sigue viva a través del tiempo. Lo mismo asegura Germán, que la palabra de su abuelo sigue viva, a pesar de su ausencia. Y tiene razón. Porque Delibes ya es eterno.Duda en la conclusión el autor de si ha escrito una gran historia, y reconoce el cariño, el respeto y la admiración con que está concebida. Como adelantaba líneas atrás, bien tranquilo puede estar al respecto. Porque, como podría haber dicho su mayúsculo abuelo, de casta le viene al galgo. En un pasaje del libro, nos recuerda Germán Delibes Caballero, primogénito del segundo hijo de Miguel Delibes, y segundo de los dieciocho nietos a los que tuvo que dar propinas el ilustre escritor vallisoletano, que todas las novelas de su abuelo se construían a partir de tres elementos fundamentales: personaje, paisaje y pasión. Tres elementos que comienzan con la letra pe de palabra, esa palabra que, en boca del autor de ‘El camino’, de ‘Los santos inocentes’ y de tantas otras obras maestras de la literatura española contemporánea, adquirió una dimensión universal.Y él, como buen nieto y alumno aventajado, se basa en esos tres pilares para construir un libro ameno e hipnótico, de esos que captan la atención y no pueden dejar de leerse hasta que se descubren tantos entresijos ocultos u olvidados de la biografía del escritor genial, vistos no solo desde el prisma del propio Germán hijo, sino consensuados con los recuerdos del resto de sus hermanos y primos. El propio Delibes, siempre denominado así, o el Abuelo, con mayúscula inicial, es el personaje cenital. Sedano y Valladolid son los paisajes principalmente recreados, y la familia, la caza, el tenis, el ciclismo o el fútbol, además del recuerdo imperecedero de su esposa Ángeles, conforman las pasiones del premio Cervantes vallisoletano. A esas columnas, Germán añade la memoria y la fascinación que cualquier nieto siente ante un abuelo tan especial.Supongo que a Germán Delibes junior le habrá pesado tanto la responsabilidad del apellido como les atosigaba a él y a sus primos durante su etapa escolar (quizás incluso después). Pero puede estar bien tranquilo a ese respecto. Si el exigente Delibes levantara la cabeza, solo podría sentirse orgulloso de la capacidad narrativa de su descendiente, de su potencia argumental, del manejo de un lenguaje rico y preciso, de la pericia a la hora de describir hechos, acontecimientos, anécdotas o trastadas con una agilidad digna de un maestro y una precisión no exenta en ocasiones de figuras literarias afortunadas y de un fino sentido del humor que el lector agradecerá sobremanera.Describe el nieto a un Abuelo, con mayúscula inicial, con carácter de ganador. Reconoce su natural autoritario, su poca propensión a ser objetivo de cámaras fotográficas, de reportajes, de homenajes o de encuentros multitudinarios; pero nos descubre también el lado más humano y cariñoso del hombre que creó una familia numerosa y granítica a su alrededor, una estirpe que sigue luciendo a gala y defendiendo con orgullo un apellido legendario.Noticia relacionada general No No ARTES & LETRAS ‘Hebras de sílabas’, de José Luis Puerto: pasos en el camino Fermín HerreroA través de los trece capítulos en que está compartimentado el libro, Germán Delibes Caballero nos habla de la afición que Delibes contagió a su progenie por el tenis, la caza, la natación o el ciclismo, nos evoca escenas en el retiro burgalés de Sedano, o nos acerca a situaciones íntimas de los suyos: una boda que peligró por un encarnizado partido de tenis, unas cerillas que pudieron provocar un incendio irreparable, un bañista de costumbres peculiares a la hora de sumergirse en las frías aguas de la piscina doméstica… Pero también nos habla del amor por Valladolid, la ciudad natal que nunca quiso abandonar, por más que recibiera suculentas ofertas para hacerlo; comparte con los lectores muchas dedicatorias íntimas y emotivas que Delibes hizo de sus libros, algunos de sus regalos de reyes o de cumpleaños o sus reacciones ante situaciones que le incomodaban.Así era, a vista de uno de sus nietos mayores, el gran escritor. Un hombre como tantos otros cuando se sentaba en las sobremesas del mes de julio delante del televisor para jalear las proezas de Perico Delgado o de Miguel Induraín en el Tour de Francia. Un prosista privilegiado que puso un broche colosal a su carrera con la publicación de ‘El hereje’, posiblemente su obra más conocida a nivel mundial.Delibes se sentiría orgulloso de la capacidad narrativa de su descendienteSe ocultan muchas más curiosidades y secretos confesables en un libro tierno y conmovedor por momentos, pero mejor será que los desentrañen los lectores cuando se adentren entre la excelente prosa estampada en sus páginas. Así (si lo desconocen) descubrirán qué significaban las siglas MAX, refrendarán una y mil veces el valor de una familia sin fisuras, comprenderán el amor por los animales y la naturaleza del escritor o los sentimientos que le llegaron a inspirar sus primeros bisnietos.Aseguraba Delibes, en el discurso que pronunció cuando le concedieron el premio Cervantes, que el otro Miguel más ilustre de las letras castellanas no ha enmudecido, que su palabra sigue viva a través del tiempo. Lo mismo asegura Germán, que la palabra de su abuelo sigue viva, a pesar de su ausencia. Y tiene razón. Porque Delibes ya es eterno.Duda en la conclusión el autor de si ha escrito una gran historia, y reconoce el cariño, el respeto y la admiración con que está concebida. Como adelantaba líneas atrás, bien tranquilo puede estar al respecto. Porque, como podría haber dicho su mayúsculo abuelo, de casta le viene al galgo.
En un pasaje del libro, nos recuerda Germán Delibes Caballero, primogénito del segundo hijo de Miguel Delibes, y segundo de los dieciocho nietos a los que tuvo que dar propinas el ilustre escritor vallisoletano, que todas las novelas de su abuelo se construían a partir … de tres elementos fundamentales: personaje, paisaje y pasión. Tres elementos que comienzan con la letra pe de palabra, esa palabra que, en boca del autor de ‘El camino’, de ‘Los santos inocentes’ y de tantas otras obras maestras de la literatura española contemporánea, adquirió una dimensión universal.
Y él, como buen nieto y alumno aventajado, se basa en esos tres pilares para construir un libro ameno e hipnótico, de esos que captan la atención y no pueden dejar de leerse hasta que se descubren tantos entresijos ocultos u olvidados de la biografía del escritor genial, vistos no solo desde el prisma del propio Germán hijo, sino consensuados con los recuerdos del resto de sus hermanos y primos. El propio Delibes, siempre denominado así, o el Abuelo, con mayúscula inicial, es el personaje cenital. Sedano y Valladolid son los paisajes principalmente recreados, y la familia, la caza, el tenis, el ciclismo o el fútbol, además del recuerdo imperecedero de su esposa Ángeles, conforman las pasiones del premio Cervantes vallisoletano. A esas columnas, Germán añade la memoria y la fascinación que cualquier nieto siente ante un abuelo tan especial.
Supongo que a Germán Delibes junior le habrá pesado tanto la responsabilidad del apellido como les atosigaba a él y a sus primos durante su etapa escolar (quizás incluso después). Pero puede estar bien tranquilo a ese respecto. Si el exigente Delibes levantara la cabeza, solo podría sentirse orgulloso de la capacidad narrativa de su descendiente, de su potencia argumental, del manejo de un lenguaje rico y preciso, de la pericia a la hora de describir hechos, acontecimientos, anécdotas o trastadas con una agilidad digna de un maestro y una precisión no exenta en ocasiones de figuras literarias afortunadas y de un fino sentido del humor que el lector agradecerá sobremanera.
Describe el nieto a un Abuelo, con mayúscula inicial, con carácter de ganador. Reconoce su natural autoritario, su poca propensión a ser objetivo de cámaras fotográficas, de reportajes, de homenajes o de encuentros multitudinarios; pero nos descubre también el lado más humano y cariñoso del hombre que creó una familia numerosa y granítica a su alrededor, una estirpe que sigue luciendo a gala y defendiendo con orgullo un apellido legendario.
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A través de los trece capítulos en que está compartimentado el libro, Germán Delibes Caballero nos habla de la afición que Delibes contagió a su progenie por el tenis, la caza, la natación o el ciclismo, nos evoca escenas en el retiro burgalés de Sedano, o nos acerca a situaciones íntimas de los suyos: una boda que peligró por un encarnizado partido de tenis, unas cerillas que pudieron provocar un incendio irreparable, un bañista de costumbres peculiares a la hora de sumergirse en las frías aguas de la piscina doméstica… Pero también nos habla del amor por Valladolid, la ciudad natal que nunca quiso abandonar, por más que recibiera suculentas ofertas para hacerlo; comparte con los lectores muchas dedicatorias íntimas y emotivas que Delibes hizo de sus libros, algunos de sus regalos de reyes o de cumpleaños o sus reacciones ante situaciones que le incomodaban.
Así era, a vista de uno de sus nietos mayores, el gran escritor. Un hombre como tantos otros cuando se sentaba en las sobremesas del mes de julio delante del televisor para jalear las proezas de Perico Delgado o de Miguel Induraín en el Tour de Francia. Un prosista privilegiado que puso un broche colosal a su carrera con la publicación de ‘El hereje’, posiblemente su obra más conocida a nivel mundial.
Delibes se sentiría orgulloso de la capacidad narrativa de su descendiente
Se ocultan muchas más curiosidades y secretos confesables en un libro tierno y conmovedor por momentos, pero mejor será que los desentrañen los lectores cuando se adentren entre la excelente prosa estampada en sus páginas. Así (si lo desconocen) descubrirán qué significaban las siglas MAX, refrendarán una y mil veces el valor de una familia sin fisuras, comprenderán el amor por los animales y la naturaleza del escritor o los sentimientos que le llegaron a inspirar sus primeros bisnietos.
Aseguraba Delibes, en el discurso que pronunció cuando le concedieron el premio Cervantes, que el otro Miguel más ilustre de las letras castellanas no ha enmudecido, que su palabra sigue viva a través del tiempo. Lo mismo asegura Germán, que la palabra de su abuelo sigue viva, a pesar de su ausencia. Y tiene razón. Porque Delibes ya es eterno.
Duda en la conclusión el autor de si ha escrito una gran historia, y reconoce el cariño, el respeto y la admiración con que está concebida. Como adelantaba líneas atrás, bien tranquilo puede estar al respecto. Porque, como podría haber dicho su mayúsculo abuelo, de casta le viene al galgo.
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