Y sonó el himno en el cubierto Bernabéu después del pitido final de Michael Oliver. Los aficionados desfilaron en silencio, los futbolistas del Real Madrid se quedaron de brazos cruzados mientras que unos pocos se dirigieron a los vestuarios. Esa pudo ser la estampa del último gran partido del curso en el Santiago Bernabéu después de 1-2 del Bayern München, vitoreado por los 4.200 espectadores que animaron en cada minuto desde el último anfiteatro. Esta vez no hubo remontadas, ni épicas; y eso que los de Arbeloa estuvieron tan cerca de irse con 2-2 a la vuelta como de despedirse con un 1-3 ante un Bayern que fue mejor a los puntos.
Los bávaros se ponen 0-2 a lomos de ambas estrellas, pero no controlan el partido y Mbappé deja la puerta abierta para los blancos la próxima semana pese al empeño de Neuer
Y sonó el himno en el cubierto Bernabéu después del pitido final de Michael Oliver. Los aficionados desfilaron en silencio, los futbolistas del Real Madrid se quedaron de brazos cruzados mientras que unos pocos se dirigieron a los vestuarios. Esa pudo ser la estampa del último gran partido del curso en el Santiago Bernabéu después de 1-2 del Bayern München, vitoreado por los 4.200 espectadores que animaron en cada minuto desde el último anfiteatro. Esta vez no hubo remontadas, ni épicas; y eso que los de Arbeloa estuvieron tan cerca de irse con 2-2 a la vuelta como de despedirse con un 1-3 ante un Bayern que fue mejor a los puntos.
Si a media tarde cayó un aguacero en la capital, que hizo a más de uno volver a casa a cambiarse de ropa y llegar justo, a las 21:00 el torrente era el rojo del Bayern. Empezaron fuerte los de Kompany, que juegan de memoria y tienen en la banda derecha a uno de aquellos futbolistas imparables que salen como los tréboles de cuatro hojas. Michael Olise fue un peligro constante, por fuera y por dentro, lanzando y asistiendo. Otra producción más del fútbol francés. En cambio, fue su compatriota Upamecano quien pudo adelantar a los bávaros. Una jugada ensayada lo dejó solo sin portero, pero no coordinó el remate con la derecha y el balón se perdió en el aire. Se mascaba el 0-1.
Ordenados por Kimmich, el disco duro del Bayern, metieron al Madrid atrás a base de acumular pases y jugar por dentro, con Gnabry y Kane como terceros hombres. Pero cuanto más metros tienen los de Arbeloa para correr más peligrosos son. De una tacada tuvieron el 1-0 en tres acciones claras. Neuer le sacó un tiro a bocajarro a Mbappé en el minuto 16. Repitió el meta con Vinícius dos minutos después y en el 26’, cuando su lanzamiento mordido se envenenaba. Arbeloa decidió dejar en el banquillo a Militao y Bellingham para repetir con Huijsen y Güler, participativo e imprescindible en este equipo para que alguien le ponga pausa.
Cuando reinaba la igualdad, Gnabry conectó con Kane y este filtró un pase gourmet a Luis Díaz, que pasó de puntillas hasta ese minuto 41 en el que batió a un Lunin que no fue Courtois.
Una puñalada es un rasguño para el Madrid, pero todo se le desmoronó a los 22 segundos. Eso es lo que le duró el empuje por remontarle al Bayern y lo que tardó en colocarse contra las cuerdas en una Champions en la que ha hipotecado toda la temporada. Con 0-1, la comunión del Bernabéu con su equipo era total. Pero el olor a épica y pólvora se evaporó rápidamente. Lo que tardaron los de Vincent Company en recuperar el balón, entregárselo a Olise y asistir a un Kane que batió a Lunin con un potente disparo desde fuera del área. Llegaba renqueante el inglés, pero fue un Cid ante el equipo de Kylian Mbappé y Vinícius (0-2), que de nuevo escuchó el runrún de la grada, desacertado todo el partido y víctima de un gigantesco Neuer a sus 40 años.
Con el 0-2, todo parecía decidido. El Madrid no daba pie con bola y el Bayern llegaba al área de Lunin con facilidad. El tercero de los alemanes pudo llegar en un remate de Kane y en los centros de Olise mientras los de Arbeloa, que dio entrada a Bellingham, decidieron abonarse al caos, donde saben ordenarse.
El partido se convirtió en un toma y daca, oleadas de ataques. El Bayern pecó de no saber dormir el partido y le dio vida al Madrid. Neuer le sacó otra a Mbappé pero no pudo hacer nada para evitar el 1-2 después de un excelso centro al segundo palo de Trent, asistente por naturaleza. El toque de corneta regresó al Bernabéu. La grada entendió que el 2-2 era posible, que la moneda volvería a caer de cara, y a punto estuvo de conseguirlo. Vinícius perdonó ante Nueuer y el segundo tiro lo desbarató el meta, un gigante. El Bayern, en cambio, se mantuvo de pie y lo celebró por todo lo alto. Lo tiene medio hecho. Pero las estadísticas no dieron tan inferior a un Madrid que remató lo mismo (20) y que la próxima semana sabe que sobre el Allianz Arena se juega toda la temporada.
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