Después de soportar la infidelidad de Náyades y aferrarse a la esperanza de recuperar su relación, Nacho terminó sucumbiendo a Paula. Mientras, Sergio e Irini y Mara y Juanpi convirtieron las villas en un festival de pasión sin frenos Leer Después de soportar la infidelidad de Náyades y aferrarse a la esperanza de recuperar su relación, Nacho terminó sucumbiendo a Paula. Mientras, Sergio e Irini y Mara y Juanpi convirtieron las villas en un festival de pasión sin frenos Leer
El Borbón perdió anoche la corona, el reino, la etiqueta de novio fiel y hasta el último reducto de resistencia que le quedaba. Y no, no estamos hablando de ningún escándalo de la Casa Real. Estamos hablando de Nacho, el Borbón de La isla de las tentaciones -primo lejano del Rey-, el hombre que había conseguido lo que parecía imposible en República Dominicana: mantener las manos quietecitas, la cabeza sobre los hombros y el corazón donde lo había dejado antes de entrar en el programa. Hasta anoche. Porque anoche el Borbón cayó. Y cayó con todo el equipo. Con Paula. Con su tentadora. Con la que llevaba días poniéndose a prueba. Se acabó la monarquía de la fidelidad. ¡Viva la república de las tentaciones!
Lo de Nacho tiene su aquel. Mucho aquel. Porque si algo había demostrado hasta ahora era que, pese a todo, seguía aferrado a Náyades. Pese a haber visto cómo su novia le era infiel con Andrea, pese a las imágenes, pese al dolor, pese a tener delante a una Paula que no estaba precisamente dispuesta a conformarse con una bonita amistad, Nacho seguía convencido de que saldría de La isla de las tentaciones con la mujer con la que había entrado. Podía estar herido, podía estar decepcionado, podía tener más cuernos que una ganadería de Miura, pero todavía había algo que le impedía cruzar esa línea que separa a los que van a la isla a poner a prueba su amor de los que van a poner a prueba los colchones.
Hasta que llegó Paula. O, mejor dicho, hasta que llegó el relato de Paula.
Porque el punto de inflexión de Nacho no fue una noche de fiesta, ni un baile demasiado pegadito, ni una de esas miradas que en La isla de las tentaciones significan que el edredón está a punto de adquirir protagonismo. Fue el cara a cara entre Paula y Náyades. Fue escuchar de boca de su tentadora lo que había ocurrido en aquel encuentro. Fue sentir, una vez más, que él seguía empeñado en salvar algo que quizá su novia ya había dado por perdido.
Y entonces se acabó. Hasta aquí hemos llegado. Si a Náyades le da igual, ¿qué hago yo aquí haciendo el bobo? Que una cosa es ser fiel y otra convertirse en el mártir oficial de República Dominicana. Y Nacho cayó.
¿Fue por venganza? ¿Por rabia? ¿Por despecho? ¿Porque Paula le gusta de verdad? ¿Porque llevaba demasiado tiempo conteniéndose? ¿Porque, de repente, comprendió que estaba defendiendo una relación que ya no existía? Quién sabe. Seguramente ni él mismo sea capaz todavía de responder. Lo que sí quedó claro es que el Borbón dejó de pensar en Náyades y, por primera vez, decidió pensar en sí mismo. Aunque pensar, lo que se dice pensar, quizá no fuera exactamente lo que más hizo en aquel momento.
Y ahí está lo interesante de lo que ocurrió anoche. No en que otro concursante más haya sucumbido a los encantos de su tentadora, que a estas alturas de La isla de las tentaciones es casi tan habitual como ver salir el sol. Lo verdaderamente interesante es que Nacho había construido su paso por el programa alrededor de una certeza: su relación merecía la pena, incluso después de la infidelidad de Náyades. Y esa certeza saltó por los aires.
Porque hay infidelidades que llegan por el deseo, otras por el impulso y otras que parecen llegar cuando uno ya no sabe qué hacer con el dolor. La de Nacho, si es que se puede llamar así a estas alturas de su relación, tiene mucho de esto último. No porque Paula no le atraiga, que evidentemente le atrae, sino porque su caída no se entiende sin todo lo que ha tenido que tragarse antes.
Eso sí, tampoco vayamos a canonizar ahora al Borbón. Que una cosa es comprender por qué se ha dejado llevar y otra convertir su decisión en una hazaña de liberación emocional. Nacho ha hecho lo que ha querido hacer. Punto. Como Náyades hizo lo que quiso con Andrea. Y ahora, cuando vuelvan a encontrarse, a ver quién es el guapo que consigue desenredar semejante madeja. Ahora, el beso de Nacho y Paula es como una pequeña victoria para los espectadores que llevan desde prácticamente el inicio de esta temporada soportando a una Náyades que poco tiene que envidiar a Rubén o a Kico.
Mientras tanto, en las villas, la fidelidad se ha convertido en una especie en peligro de extinción. Si es que queda algún ejemplar.
Porque lo de Nacho fue el gran terremoto de la noche, pero Sergio e Irini tampoco estaban precisamente dedicados a contemplar las estrellas. Lo suyo terminó en la cama, con una pasión que acabó despertando a uno de los compañeros. Que ya es mala suerte. O buena, según se mire. En una villa en la que todos saben perfectamente a lo que han ido, resulta que uno todavía pretende dormir. Y luego está Mara. Ay, Mara.
Lo de Mara y Juanpi merece capítulo aparte. Porque hay quien busca intimidad, quien espera a que llegue la noche, quien se esconde bajo las sábanas y quien decide que para qué va a complicarse la existencia teniendo una piscina a mano. Y allí, en el agua, a plena luz del día, se dejaron llevar.
Pero casi mejor que lo que estaba sucediendo dentro de la piscina fue lo que estaba ocurriendo fuera. Las compañeras de Mara, convertidas en una especie de CSI de la infidelidad acuática, intentando descifrar, con toda la discreción de la que eran capaces, si aquello que estaban viendo era realmente lo que parecía. Que si se movían de una manera, que si estaban demasiado juntos, que si aquello no podía ser solamente un abrazo…
Vamos, que en La isla de las tentaciones ya no basta con ver a dos personas dentro de una piscina. Ahora hay que analizar los movimientos del agua, las posiciones de los cuerpos y las expresiones de los protagonistas para determinar si se está consumando una infidelidad. Y todo ello mientras los interesados parecen haber olvidado que están rodeados de cámaras. Bendita inocencia.
Lo mejor de estas escenas es que resumen a la perfección en qué se ha convertido el programa. Ya no hay demasiados disimulos, ni grandes estrategias de seducción, ni siquiera esa mínima preocupación por lo que pueda estar haciendo la pareja al otro lado de la isla. El deseo ha tomado el mando y el sentido común se ha marchado de vacaciones. Probablemente en el primer avión que encontró.
Y, sin embargo, entre tanto revolcón, tanta cama, tanta piscina y tanta pasión desatada, lo de Nacho sobresale por encima de todo. Porque mientras Sergio e Irini y Mara y Juanpi representan esa parte de La isla de las tentaciones en la que las hormonas mandan y los compromisos se olvidan, la historia del Borbón tiene algo más incómodo, más triste y también más humano.
Nacho no entró en la isla pensando en Paula. Entró pensando en Náyades. Y durante buena parte de su experiencia siguió pensando en ella, incluso cuando las imágenes le demostraban que su novia no estaba teniendo las mismas consideraciones. Su resistencia podía parecer ingenua, absurda o admirable, dependiendo de quién la mirase. Pero era su manera de aferrarse a lo que creía que todavía tenía. Anoche dejó de hacerlo.
Y ésa es la verdadera caída del Borbón. No la de meterse en una cama, besarse con Paula o dejarse llevar por una tentadora. La verdadera caída fue dejar de creer que Náyades y él todavía tenían un futuro juntos. Lo demás vino después.
Quién le iba a decir a Nacho que después de aguantar carros y carretas, después de intentar mantenerse fiel a una relación que hacía aguas por todas partes, después de resistir lo que parecía irresistible, terminaría siendo él quien protagonizase una de las grandes tentaciones de la edición.
La isla se ha cobrado otra víctima. O quizá Nacho haya dejado, por fin, de sentirse como tal.
El Borbón ha caído. La corona está en el fondo de la piscina, las sábanas ya no dan abasto y en República Dominicana no queda ni el apuntador para guardar las formas.
Y todavía habrá quien diga que va a La isla de las tentaciones a fortalecer su relación.
Televisión // elmundo
