La palabra carillón suena a Nochevieja, a Campanadas. «Pero eso fue una invención de TVE para designar a la bola que baja con su particular soniquete de la Puerta del Sol; un mecanismo que en realidad servía para sincronizar todos los relojes del barrio. Un carillón, con una sola r, como la palabra cariño, es en realidad un instrumento de teclado y de percusión formado por campanas afinadas», cuenta Luis Baldó, campanero en sus ratos libres, que lleva desde los 14 años tratando de sacar del silencio a los templos de la región. De hecho, conoce el 80% de los campanarios del centro histórico de Madrid. Uno de sus últimos hallazgos, confiesa, es el carillón de la Casa de la Villa, adquirido en 1986 y mudo desde hace unos veinte años, que descubrió gracias a un viejo recorte de periódico y que ahora quiere resucitar. De rescatarse, sería el único de la capital.«Yo soy del norte de la región y he ido descubriendo la ciudad gracias a las campanas. Cuando vi que este carillón estaba en un edificio municipal tiré la toalla, pensé que era innacesible, pero poco a poco fui conociendo gente que me ayudó a llegar hasta el instrumento. Ya lo había visto en fotografías y en persona era algo más grande de lo que esperaba, pero lo que me dio mucha pena, sobre todo, fue verlo en desuso», explica este joven campanero de 29 años. El conjunto consta de 25 campanas y está concebido para ser tocado exclusivamente de forma eléctrica. Las cinco mayores se llaman Almudena, Atocha, Casta, Paloma y Susana, nombres más castizos imposible. Están situadas en una estructura rectangular de acero de unos cuatro metros de altura con tres niveles. Según ‘El País’, que recogía en una breve noticia la instalación del carillón en la azotea del viejo ayuntamiento de la capital, este instrumento pesa cerca de 4.000 kilos y costó seis millones y medio de las antiguas pesetas. «Las campanas tienen que sonar muy bien, porque están hechas por una de las mejores empresas del mundo, la Petit & Fritsen (Países Bajos). Y están afinadas», apunta. Se instaló en la época del alcalde Juan Barranco, concretamente el 29 de agosto de 1986, y enmudeció en la de Alberto Ruiz Gallardón. Con el paso de los años, cuenta un estudio realizado mano a mano por Baldó y el carillonista, campanólogo y profesor de piano Blai Ciurana (Girona, 1995), ha quedado oculto y envuelto en máquinas de climatización, una posición que perjudica considerablemente su acústica. «Sabemos que sonaba a unas horas en concreto y que han tocado chotis, obras importantes de Madrid», señala Baldó. Entre sus melodías estaban ‘La Gran Vía’, ‘La verbena de la Paloma’, ‘Por la calle de Alcalá’, ‘Madrid’ y Los nardos’. Según fuentes de prensa, durante los primeros años se utilizaba cada día a las 10 de la mañana, a las 12 del mediodía y a las 7 de la tarde, citan. Técnicamente, explican Baldó y Ciurana, en realidad este juego de la Casa de la Villa es un carillón en potencia, porque para cumplir los requisitos de la Federación Mundial de Carillones tendría, además, que disponer de un teclado manual y un pedalero estándar. No obstante, sigue siendo igualmente único, pues en todo el país apenas hay cinco instrumentos de este tipo: Barcelona (1976), situado en el Palau de la Generalitat, San Lorenzo de el Escorial (1673-1988), Zaragoza (1992), Vila-Real (1997) , Córdoba (1900-1997). Y solo tres son de concierto. Los dos jóvenes expertos en campanas, en la azotea de la Casa de la Villa CedidaLa pasión de estos dos jóvenes por el tañir de las campanas y sus propuestas para resucitar el olvidado carillón llegaron a la Comisión de Cultura celebrada la pasada semana de la mano del concejal no adscrito Ignacio Ansaldo, antes en el grupo municipal de Vox, que también destacó el potencial turístico que tiene la puesta en marcha de este instrumento. Desde el área reconocieron que no sabían de la existencia de este conjunto, que no está en el inventario de bienes culturales, sino adscrito a la Presidencia del Pleno. De hecho, hay un contrato de mantenimiento de relojes históricos que incluye este, pero no el carillón. Molesto para algún vecinoFuentes del gobierno municipal explican a este diario que el principal promotor de esta compra fue Juan Barranco, que al igual que su predecesor, Enrique Tierno Galván, «pensaba que el sonido de las campanas era una tradición perdida en la capital y que merecía la pena recuperarla». De hecho, además de las melodías tradicionales ya citadas y el toque horario, estaba previsto que diera conciertos de unos 20-30 minutos de duración o, en las grandes celebraciones y que un carillonista pudiera ejecutar en vivo las piezas que se eligieran, para lo cual existía un teclado a su disposición. «No se sabe a ciencia cierta el motivo por el cual el carillón dejó de tocar y tampoco cuándo dejó de hacerlo de una manera definitiva, si bien sabemos que fue durante el periodo en el que Alberto Ruiz Gallardón era alcalde de Madrid. Según nos han contado, el sonido del carillón molestaba a cierto vecino de la Plaza de la Villa lo que provocó que dejara de sonar», añaden.El carillonista, campanólogo y profesor de piano Blai Ciurana, midiendo el carillón de la Plaza de la Villa Cedida«La tradición del carillón viene de lejos, han existido en el Palacio del Pardo, en el Palacio de Aranjuez y está el del Monasterio del Escorial. No es algo que se pierda, sino que se está tratando de recobrar. En otros rincones de la ciudad existen otros instrumentos similares, algunos en mejores condiciones, pero tienen menos campanas y serían en realidad chimes», cuenta Baldó, que ten su casa tiene cintas de vídeo en las que ya con unos pocos meses de vida se le veía fascinado por el sonido de las campanas. A hacerlas sonar empezó en Torrecuadradilla (Guadalajara), con 7 años, y desde hace más de una década recorre los campanarios de la región tratando de que no se pierda este lenguaje, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2022. Hace dos años fundó la Asociación de Campaneros de Madrid, con la que hace labores de arqueología de estos toques que darían para otra historia.Además de restaurarlo, se podría instalar un teclado manual y conseguir que no solo dé las horas, sino también pequeños conciertosPero volviendo a la de la joya de la Casa de la Villa, estos dos expertos hacen dos propuestas. La primera, que apenas costaría unos pocos millones de euros (pero sería también la menos cultural apuntan), sería restaurarlo y ponerlo en marcha como carillón eléctrico. Podría hacerse realidad con una mera puesta a punto, sustituyendo la centralita de toques y decidiendo qué uso se le quiere dar. Este sería el camino rápido, pero no explotaría el potencial del instrumento. De ahí que ellos apuesten por instalar un teclado manual y convertirlo en un carillón canónico según la Federación Mundial de este instrumento. «Con un instrumento de dos octavas como este no se puede tocar el repertorio universal de concierto, aun así, hay bastante repertorio original y arreglado», destacan . Este plan permitiría, además, dar a conocer la cultura carillonística, arreglar música tradicional y popular local para este instrumento y crear un atractivo turístico. «Nuestra intención es recuperar sería recuperar las horas que tenía de concierto, eso sí, de forma moderada para que no canse. Y que tuviera programación todo el año. Puede tocar piezas de concierto asociadas a la época, como el otoño de Vivaldi, eclesiásticas, populares…», apunta Baldó. «Estos aparatos estaban diseñados para ser disfrutados desde un patio interior, por lo que lo ideal sería sacarlo y llevarlo a algún parque, para poder hacer audiciones y conciertos». Por soñar, por qué no imaginarlo sonando desde el Palacio de Oriente, mirando cara a cara al Teatro Real. La palabra carillón suena a Nochevieja, a Campanadas. «Pero eso fue una invención de TVE para designar a la bola que baja con su particular soniquete de la Puerta del Sol; un mecanismo que en realidad servía para sincronizar todos los relojes del barrio. Un carillón, con una sola r, como la palabra cariño, es en realidad un instrumento de teclado y de percusión formado por campanas afinadas», cuenta Luis Baldó, campanero en sus ratos libres, que lleva desde los 14 años tratando de sacar del silencio a los templos de la región. De hecho, conoce el 80% de los campanarios del centro histórico de Madrid. Uno de sus últimos hallazgos, confiesa, es el carillón de la Casa de la Villa, adquirido en 1986 y mudo desde hace unos veinte años, que descubrió gracias a un viejo recorte de periódico y que ahora quiere resucitar. De rescatarse, sería el único de la capital.«Yo soy del norte de la región y he ido descubriendo la ciudad gracias a las campanas. Cuando vi que este carillón estaba en un edificio municipal tiré la toalla, pensé que era innacesible, pero poco a poco fui conociendo gente que me ayudó a llegar hasta el instrumento. Ya lo había visto en fotografías y en persona era algo más grande de lo que esperaba, pero lo que me dio mucha pena, sobre todo, fue verlo en desuso», explica este joven campanero de 29 años. El conjunto consta de 25 campanas y está concebido para ser tocado exclusivamente de forma eléctrica. Las cinco mayores se llaman Almudena, Atocha, Casta, Paloma y Susana, nombres más castizos imposible. Están situadas en una estructura rectangular de acero de unos cuatro metros de altura con tres niveles. Según ‘El País’, que recogía en una breve noticia la instalación del carillón en la azotea del viejo ayuntamiento de la capital, este instrumento pesa cerca de 4.000 kilos y costó seis millones y medio de las antiguas pesetas. «Las campanas tienen que sonar muy bien, porque están hechas por una de las mejores empresas del mundo, la Petit & Fritsen (Países Bajos). Y están afinadas», apunta. Se instaló en la época del alcalde Juan Barranco, concretamente el 29 de agosto de 1986, y enmudeció en la de Alberto Ruiz Gallardón. Con el paso de los años, cuenta un estudio realizado mano a mano por Baldó y el carillonista, campanólogo y profesor de piano Blai Ciurana (Girona, 1995), ha quedado oculto y envuelto en máquinas de climatización, una posición que perjudica considerablemente su acústica. «Sabemos que sonaba a unas horas en concreto y que han tocado chotis, obras importantes de Madrid», señala Baldó. Entre sus melodías estaban ‘La Gran Vía’, ‘La verbena de la Paloma’, ‘Por la calle de Alcalá’, ‘Madrid’ y Los nardos’. Según fuentes de prensa, durante los primeros años se utilizaba cada día a las 10 de la mañana, a las 12 del mediodía y a las 7 de la tarde, citan. Técnicamente, explican Baldó y Ciurana, en realidad este juego de la Casa de la Villa es un carillón en potencia, porque para cumplir los requisitos de la Federación Mundial de Carillones tendría, además, que disponer de un teclado manual y un pedalero estándar. No obstante, sigue siendo igualmente único, pues en todo el país apenas hay cinco instrumentos de este tipo: Barcelona (1976), situado en el Palau de la Generalitat, San Lorenzo de el Escorial (1673-1988), Zaragoza (1992), Vila-Real (1997) , Córdoba (1900-1997). Y solo tres son de concierto. Los dos jóvenes expertos en campanas, en la azotea de la Casa de la Villa CedidaLa pasión de estos dos jóvenes por el tañir de las campanas y sus propuestas para resucitar el olvidado carillón llegaron a la Comisión de Cultura celebrada la pasada semana de la mano del concejal no adscrito Ignacio Ansaldo, antes en el grupo municipal de Vox, que también destacó el potencial turístico que tiene la puesta en marcha de este instrumento. Desde el área reconocieron que no sabían de la existencia de este conjunto, que no está en el inventario de bienes culturales, sino adscrito a la Presidencia del Pleno. De hecho, hay un contrato de mantenimiento de relojes históricos que incluye este, pero no el carillón. Molesto para algún vecinoFuentes del gobierno municipal explican a este diario que el principal promotor de esta compra fue Juan Barranco, que al igual que su predecesor, Enrique Tierno Galván, «pensaba que el sonido de las campanas era una tradición perdida en la capital y que merecía la pena recuperarla». De hecho, además de las melodías tradicionales ya citadas y el toque horario, estaba previsto que diera conciertos de unos 20-30 minutos de duración o, en las grandes celebraciones y que un carillonista pudiera ejecutar en vivo las piezas que se eligieran, para lo cual existía un teclado a su disposición. «No se sabe a ciencia cierta el motivo por el cual el carillón dejó de tocar y tampoco cuándo dejó de hacerlo de una manera definitiva, si bien sabemos que fue durante el periodo en el que Alberto Ruiz Gallardón era alcalde de Madrid. Según nos han contado, el sonido del carillón molestaba a cierto vecino de la Plaza de la Villa lo que provocó que dejara de sonar», añaden.El carillonista, campanólogo y profesor de piano Blai Ciurana, midiendo el carillón de la Plaza de la Villa Cedida«La tradición del carillón viene de lejos, han existido en el Palacio del Pardo, en el Palacio de Aranjuez y está el del Monasterio del Escorial. No es algo que se pierda, sino que se está tratando de recobrar. En otros rincones de la ciudad existen otros instrumentos similares, algunos en mejores condiciones, pero tienen menos campanas y serían en realidad chimes», cuenta Baldó, que ten su casa tiene cintas de vídeo en las que ya con unos pocos meses de vida se le veía fascinado por el sonido de las campanas. A hacerlas sonar empezó en Torrecuadradilla (Guadalajara), con 7 años, y desde hace más de una década recorre los campanarios de la región tratando de que no se pierda este lenguaje, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2022. Hace dos años fundó la Asociación de Campaneros de Madrid, con la que hace labores de arqueología de estos toques que darían para otra historia.Además de restaurarlo, se podría instalar un teclado manual y conseguir que no solo dé las horas, sino también pequeños conciertosPero volviendo a la de la joya de la Casa de la Villa, estos dos expertos hacen dos propuestas. La primera, que apenas costaría unos pocos millones de euros (pero sería también la menos cultural apuntan), sería restaurarlo y ponerlo en marcha como carillón eléctrico. Podría hacerse realidad con una mera puesta a punto, sustituyendo la centralita de toques y decidiendo qué uso se le quiere dar. Este sería el camino rápido, pero no explotaría el potencial del instrumento. De ahí que ellos apuesten por instalar un teclado manual y convertirlo en un carillón canónico según la Federación Mundial de este instrumento. «Con un instrumento de dos octavas como este no se puede tocar el repertorio universal de concierto, aun así, hay bastante repertorio original y arreglado», destacan . Este plan permitiría, además, dar a conocer la cultura carillonística, arreglar música tradicional y popular local para este instrumento y crear un atractivo turístico. «Nuestra intención es recuperar sería recuperar las horas que tenía de concierto, eso sí, de forma moderada para que no canse. Y que tuviera programación todo el año. Puede tocar piezas de concierto asociadas a la época, como el otoño de Vivaldi, eclesiásticas, populares…», apunta Baldó. «Estos aparatos estaban diseñados para ser disfrutados desde un patio interior, por lo que lo ideal sería sacarlo y llevarlo a algún parque, para poder hacer audiciones y conciertos». Por soñar, por qué no imaginarlo sonando desde el Palacio de Oriente, mirando cara a cara al Teatro Real.
La palabra carillón suena a Nochevieja, a Campanadas. «Pero eso fue una invención de TVE para designar a la bola que baja con su particular soniquete de la Puerta del Sol; un mecanismo que en realidad servía para sincronizar todos los relojes del barrio. Un … carillón, con una sola r, como la palabra cariño, es en realidad un instrumento de teclado y de percusión formado por campanas afinadas», cuenta Luis Baldó, campanero en sus ratos libres, que lleva desde los 14 años tratando de sacar del silencio a los templos de la región. De hecho, conoce el 80% de los campanarios del centro histórico de Madrid. Uno de sus últimos hallazgos, confiesa, es el carillón de la Casa de la Villa, adquirido en 1986 y mudo desde hace unos veinte años, que descubrió gracias a un viejo recorte de periódico y que ahora quiere resucitar. De rescatarse, sería el único de la capital.
«Yo soy del norte de la región y he ido descubriendo la ciudad gracias a las campanas. Cuando vi que este carillón estaba en un edificio municipal tiré la toalla, pensé que era innacesible, pero poco a poco fui conociendo gente que me ayudó a llegar hasta el instrumento. Ya lo había visto en fotografías y en persona era algo más grande de lo que esperaba, pero lo que me dio mucha pena, sobre todo, fue verlo en desuso», explica este joven campanero de 29 años.
El conjunto consta de 25 campanas y está concebido para ser tocado exclusivamente de forma eléctrica. Las cinco mayores se llaman Almudena, Atocha, Casta, Paloma y Susana, nombres más castizos imposible. Están situadas en una estructura rectangular de acero de unos cuatro metros de altura con tres niveles. Según ‘El País’, que recogía en una breve noticia la instalación del carillón en la azotea del viejo ayuntamiento de la capital, este instrumento pesa cerca de 4.000 kilos y costó seis millones y medio de las antiguas pesetas. «Las campanas tienen que sonar muy bien, porque están hechas por una de las mejores empresas del mundo, la Petit & Fritsen (Países Bajos). Y están afinadas», apunta.
Se instaló en la época del alcalde Juan Barranco, concretamente el 29 de agosto de 1986, y enmudeció en la de Alberto Ruiz Gallardón. Con el paso de los años, cuenta un estudio realizado mano a mano por Baldó y el carillonista, campanólogo y profesor de piano Blai Ciurana (Girona, 1995), ha quedado oculto y envuelto en máquinas de climatización, una posición que perjudica considerablemente su acústica. «Sabemos que sonaba a unas horas en concreto y que han tocado chotis, obras importantes de Madrid», señala Baldó. Entre sus melodías estaban ‘La Gran Vía’, ‘La verbena de la Paloma’, ‘Por la calle de Alcalá’, ‘Madrid’ y Los nardos’. Según fuentes de prensa, durante los primeros años se utilizaba cada día a las 10 de la mañana, a las 12 del mediodía y a las 7 de la tarde, citan.
Técnicamente, explican Baldó y Ciurana, en realidad este juego de la Casa de la Villa es un carillón en potencia, porque para cumplir los requisitos de la Federación Mundial de Carillones tendría, además, que disponer de un teclado manual y un pedalero estándar. No obstante, sigue siendo igualmente único, pues en todo el país apenas hay cinco instrumentos de este tipo: Barcelona (1976), situado en el Palau de la Generalitat, San Lorenzo de el Escorial (1673-1988), Zaragoza (1992), Vila-Real (1997) , Córdoba (1900-1997). Y solo tres son de concierto.
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(Cedida)
La pasión de estos dos jóvenes por el tañir de las campanas y sus propuestas para resucitar el olvidado carillón llegaron a la Comisión de Cultura celebrada la pasada semana de la mano del concejal no adscrito Ignacio Ansaldo, antes en el grupo municipal de Vox, que también destacó el potencial turístico que tiene la puesta en marcha de este instrumento. Desde el área reconocieron que no sabían de la existencia de este conjunto, que no está en el inventario de bienes culturales, sino adscrito a la Presidencia del Pleno. De hecho, hay un contrato de mantenimiento de relojes históricos que incluye este, pero no el carillón.
Molesto para algún vecino
Fuentes del gobierno municipal explican a este diario que el principal promotor de esta compra fue Juan Barranco, que al igual que su predecesor, Enrique Tierno Galván, «pensaba que el sonido de las campanas era una tradición perdida en la capital y que merecía la pena recuperarla». De hecho, además de las melodías tradicionales ya citadas y el toque horario, estaba previsto que diera conciertos de unos 20-30 minutos de duración o, en las grandes celebraciones y que un carillonista pudiera ejecutar en vivo las piezas que se eligieran, para lo cual existía un teclado a su disposición. «No se sabe a ciencia cierta el motivo por el cual el carillón dejó de tocar y tampoco cuándo dejó de hacerlo de una manera definitiva, si bien sabemos que fue durante el periodo en el que Alberto Ruiz Gallardón era alcalde de Madrid. Según nos han contado, el sonido del carillón molestaba a cierto vecino de la Plaza de la Villa lo que provocó que dejara de sonar», añaden.
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(Cedida)
«La tradición del carillón viene de lejos, han existido en el Palacio del Pardo, en el Palacio de Aranjuez y está el del Monasterio del Escorial. No es algo que se pierda, sino que se está tratando de recobrar. En otros rincones de la ciudad existen otros instrumentos similares, algunos en mejores condiciones, pero tienen menos campanas y serían en realidad chimes», cuenta Baldó, que ten su casa tiene cintas de vídeo en las que ya con unos pocos meses de vida se le veía fascinado por el sonido de las campanas. A hacerlas sonar empezó en Torrecuadradilla (Guadalajara), con 7 años, y desde hace más de una década recorre los campanarios de la región tratando de que no se pierda este lenguaje, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad desde 2022. Hace dos años fundó la Asociación de Campaneros de Madrid, con la que hace labores de arqueología de estos toques que darían para otra historia.
Además de restaurarlo, se podría instalar un teclado manual y conseguir que no solo dé las horas, sino también pequeños conciertos
Pero volviendo a la de la joya de la Casa de la Villa, estos dos expertos hacen dos propuestas. La primera, que apenas costaría unos pocos millones de euros (pero sería también la menos cultural apuntan), sería restaurarlo y ponerlo en marcha como carillón eléctrico. Podría hacerse realidad con una mera puesta a punto, sustituyendo la centralita de toques y decidiendo qué uso se le quiere dar.
Este sería el camino rápido, pero no explotaría el potencial del instrumento. De ahí que ellos apuesten por instalar un teclado manual y convertirlo en un carillón canónico según la Federación Mundial de este instrumento. «Con un instrumento de dos octavas como este no se puede tocar el repertorio universal de concierto, aun así, hay bastante repertorio original y arreglado», destacan . Este plan permitiría, además, dar a conocer la cultura carillonística, arreglar música tradicional y popular local para este instrumento y crear un atractivo turístico. «Nuestra intención es recuperar sería recuperar las horas que tenía de concierto, eso sí, de forma moderada para que no canse. Y que tuviera programación todo el año. Puede tocar piezas de concierto asociadas a la época, como el otoño de Vivaldi, eclesiásticas, populares…», apunta Baldó. «Estos aparatos estaban diseñados para ser disfrutados desde un patio interior, por lo que lo ideal sería sacarlo y llevarlo a algún parque, para poder hacer audiciones y conciertos». Por soñar, por qué no imaginarlo sonando desde el Palacio de Oriente, mirando cara a cara al Teatro Real.
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