El museo ARoS de Dinamarca estrena el mayor Skyspace del artista estadounidense hasta la fecha. Leer El museo ARoS de Dinamarca estrena el mayor Skyspace del artista estadounidense hasta la fecha. Leer
Mirar al cielo es un gesto trivial, cotidiano. Pero James Turrell lleva más de 50 años demostrando que también puede ser una vivencia extraordinaria. El artista, maestro en desafiar los límites de la percepción, inauguró el pasado viernes As Seen Below – The Dome en el museo ARoS de Aarhus (Dinamarca).
La instalación, una gran cámara abierta al firmamento, invita a detenerse, observar y descubrir cómo la luz, el color y el paso del tiempo pueden alterar aquello que creemos estar viendo. La obra -el Skyspace número 100– es descrita por el propio artista como la más ambiciosa de su trayectoria: con una cúpula de 16 metros de diámetro, es el mayor Skyspace integrado en un museo.
La invitación a sentarse, guardar silencio y contemplar forma parte del ADN de su obra. Criado en una familia cuáquera, donde la reflexión ocupaba un lugar central, el artista estudió matemáticas y psicología de la percepción antes de dedicarse al arte. Con apenas 16 años obtuvo su licencia de piloto, y fue desde el aire donde descubrió muchos de los fenómenos atmosféricos.
En la década de 1960, cuando comenzó a experimentar con la luz, la idea de que una obra pudiera consistir en una experiencia perceptiva resultaba revolucionaria. Más de medio siglo después, sus instalaciones siguen invitando al espectador a cuestionar algo tan aparentemente simple como el acto de mirar. Presente desde los Alpes suizos hasta los Andes argentinos, su intuición pionera ha acabado convirtiéndose en una de las propuestas artísticas más influyentes de las últimas décadas.
La experiencia exige tiempo. Los visitantes acceden a una cámara circular y toman asiento bajo una gran abertura en el techo. El interior del espacio se ilumina gradualmente y las paredes adquieren tonalidades cambiantes: fucsia, melocotón, índigo o un tenue azul verdoso. A medida que los colores se suceden, el cielo parece modificar también su aspecto… pero ¿cambia?
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