Cuando en la noche del Martes Santo la Virgen de las Angustias salía al encuentro de su Hijo, frente al Palacio de Santa Cruz, en Valladolid, lo hacía rodeada de un manto de nardos y lisianthus blancos que por la mañana había colocado con mimo el equipo de Leopoldo Adiego, que desde hace más de tres décadas regenta la floristería Rebeca, uno de los establecimientos que trabaja con más hermandades en la capital vallisoletana. Pasado el mediodía del Miércoles Santo, a menos de veinticuatro horas de que el Cristo de la Luz salga en procesión, floristas y cofrades se afanan en colocar bajo sus pies el monte de iris morado. Hace tiempo que recurrieron a este exorno floral fijándose en la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla. Luego, otras cofradías le siguieron los pasos, recuerda Roberto del Cura, encargado de protocolo en la Hermandad Universitaria a la que da nombre la hermosa talla de Gregorio Fernández.Rosas, claveles, lirios, nardos… La elección entre tanta variedad no es casual. Existe todo un código, un lenguaje que se sirve de la sencillez de esta ornamentación no solo para embellecer las tallas sino para dotar de personalidad a cada procesión y reforzar el mensaje de la Pasión. «El iris morado representa el luto, la penitencia, la realeza de Cristo», pero también «el dolor profundo, ya que emula las lágrimas que la Virgen María derrochó sobre el monte», apunta Roberto del Cura. Es lo que cada año tratan de representar bajo los pies del Cristo de la Luz. Coronando el monte púrpura asoma una rosa roja que representa «la sangre que emana de Jesús». Un detalle que, además, está lleno de simbolismo para la hermandad vallisoletana, ya que «es una forma de acordarnos de todos nuestros fallecidos».Leopoldo Adiego, de la Floristería Rebeca, ultimando la ornamentación de la Virgen de las Angustias R. ORTEGAAunque la ornamentación comienza a escasas horas del desfile procesional, lleva detrás el trabajo de casi un año. Pero es a pocas semanas cuando «se comienza a recopilar el material». El primer paso es medir el espacio que ocupará en las andas. «Nosotros podemos llevar unos 600 iris o incluso más», apunta el cofrade, quien detalla que en la elección del adorno se prima la «sencillez y la austeridad dentro de la elegancia». También, que se trate de una planta que hubiera podido existir en el lugar que supuso el origen de la cristiandad: «Sería impensable poner una de origen tropical».No obstante, no siempre se ha recurrido al iris. Hace tiempo en la Semana Santa de Valladolid primaban los claveles: «Era más fácil de encontrar». También más barata, ya que el desembolso de una cofradía en este tipo de ornamentación es importante. «Nos supone en torno a 3.000 euros», apunta el cofrade del Cristo de la Luz al respecto, aunque aclara que este presupuesto está destinado a decorar tanto el paso como la capilla, abierta del Lunes al Miércoles Santo.Diferente si es una virgen o un cristo«Los presupuestos y formas que adornan los pasos han ido cambiando con los tiempos», coincide el florista Leopoldo Adiego. Rosas, liliun, orquídeas e iris son las flores con las que más trabajan ellos. Su elección depende «de si es un paso de una virgen o de un cristo». Rebeca Floristas se encargan esta Semana Santa de la decoración de los pasos de siete cofradías. A cada uno de ellos le dedican, mínimo, «entre dos horas y dos horas y media» y «generalmente somos cuatro personas». Lo hacen con mimo: «Se busca una flor que dure los cinco días y si estropea, se repone».«El iris morado representa el luto, la penitencia, la realeza de Cristo», pero también «el dolor profundo de la Virgen»En la Cofradía Penitencial de la Virgen de las Angustias tienen la «peculiaridad» de que el adorno del paso «es un obsequio del alcalde de la hermandad de cada año», explica Alejandro Carrión, su secretario. Este «tiene un pequeño margen para su elección», pero lo habitual es que escoja la rosa blanca o color champán». A veces también han recurrido a las calas, «muy difíciles de conseguir, pero cuando se ha logrado quedaba espectacular». Para el Cristo de los Carboneros, que sale en la Procesión de Regla del Viernes Santo, se reservan los iris u otra variedad púrpura. Recuerda que en mayor o menor medida, las imágenes siempre han salido con su exorno floral: «A lo largo de su historia, la cofradía ha tenido situaciones más o menos boyantes y eso se traduce en todo: la participación de los cofrades, su acompañamiento musical, la cera que se utiliza para alumbrar…». Pero aun así, «siempre han salido iluminados y adornados».Frutas y hortalizas en LeónEn la Semana Santa leonesa, la ornamentación floral es una seña de identidad más. Sus composiciones sobresalen fuera de los tronos, creando bellos conjuntos que acompañan el característico ‘baile’ de los pasos a hombros de los papones. Otra de sus peculiaridades es que incorporan frutas y hortalizas, una tradición que comenzó a cobrar fuerza a finales de los setenta y que hoy es uno de los rasgos distintivos de los pasos de la Pasión leonesa. Las frutas se entrelazan con las flores formando guirnaldas, centros y bodegones. Además, la vida del exorno floral no termina cuando se recoge el paso. Al finalizar la procesión, los papones esperan pacientemente el desmontaje de los centros para llevarse un recuerdo a sus casas. Cuando en la noche del Martes Santo la Virgen de las Angustias salía al encuentro de su Hijo, frente al Palacio de Santa Cruz, en Valladolid, lo hacía rodeada de un manto de nardos y lisianthus blancos que por la mañana había colocado con mimo el equipo de Leopoldo Adiego, que desde hace más de tres décadas regenta la floristería Rebeca, uno de los establecimientos que trabaja con más hermandades en la capital vallisoletana. Pasado el mediodía del Miércoles Santo, a menos de veinticuatro horas de que el Cristo de la Luz salga en procesión, floristas y cofrades se afanan en colocar bajo sus pies el monte de iris morado. Hace tiempo que recurrieron a este exorno floral fijándose en la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla. Luego, otras cofradías le siguieron los pasos, recuerda Roberto del Cura, encargado de protocolo en la Hermandad Universitaria a la que da nombre la hermosa talla de Gregorio Fernández.Rosas, claveles, lirios, nardos… La elección entre tanta variedad no es casual. Existe todo un código, un lenguaje que se sirve de la sencillez de esta ornamentación no solo para embellecer las tallas sino para dotar de personalidad a cada procesión y reforzar el mensaje de la Pasión. «El iris morado representa el luto, la penitencia, la realeza de Cristo», pero también «el dolor profundo, ya que emula las lágrimas que la Virgen María derrochó sobre el monte», apunta Roberto del Cura. Es lo que cada año tratan de representar bajo los pies del Cristo de la Luz. Coronando el monte púrpura asoma una rosa roja que representa «la sangre que emana de Jesús». Un detalle que, además, está lleno de simbolismo para la hermandad vallisoletana, ya que «es una forma de acordarnos de todos nuestros fallecidos».Leopoldo Adiego, de la Floristería Rebeca, ultimando la ornamentación de la Virgen de las Angustias R. ORTEGAAunque la ornamentación comienza a escasas horas del desfile procesional, lleva detrás el trabajo de casi un año. Pero es a pocas semanas cuando «se comienza a recopilar el material». El primer paso es medir el espacio que ocupará en las andas. «Nosotros podemos llevar unos 600 iris o incluso más», apunta el cofrade, quien detalla que en la elección del adorno se prima la «sencillez y la austeridad dentro de la elegancia». También, que se trate de una planta que hubiera podido existir en el lugar que supuso el origen de la cristiandad: «Sería impensable poner una de origen tropical».No obstante, no siempre se ha recurrido al iris. Hace tiempo en la Semana Santa de Valladolid primaban los claveles: «Era más fácil de encontrar». También más barata, ya que el desembolso de una cofradía en este tipo de ornamentación es importante. «Nos supone en torno a 3.000 euros», apunta el cofrade del Cristo de la Luz al respecto, aunque aclara que este presupuesto está destinado a decorar tanto el paso como la capilla, abierta del Lunes al Miércoles Santo.Diferente si es una virgen o un cristo«Los presupuestos y formas que adornan los pasos han ido cambiando con los tiempos», coincide el florista Leopoldo Adiego. Rosas, liliun, orquídeas e iris son las flores con las que más trabajan ellos. Su elección depende «de si es un paso de una virgen o de un cristo». Rebeca Floristas se encargan esta Semana Santa de la decoración de los pasos de siete cofradías. A cada uno de ellos le dedican, mínimo, «entre dos horas y dos horas y media» y «generalmente somos cuatro personas». Lo hacen con mimo: «Se busca una flor que dure los cinco días y si estropea, se repone».«El iris morado representa el luto, la penitencia, la realeza de Cristo», pero también «el dolor profundo de la Virgen»En la Cofradía Penitencial de la Virgen de las Angustias tienen la «peculiaridad» de que el adorno del paso «es un obsequio del alcalde de la hermandad de cada año», explica Alejandro Carrión, su secretario. Este «tiene un pequeño margen para su elección», pero lo habitual es que escoja la rosa blanca o color champán». A veces también han recurrido a las calas, «muy difíciles de conseguir, pero cuando se ha logrado quedaba espectacular». Para el Cristo de los Carboneros, que sale en la Procesión de Regla del Viernes Santo, se reservan los iris u otra variedad púrpura. Recuerda que en mayor o menor medida, las imágenes siempre han salido con su exorno floral: «A lo largo de su historia, la cofradía ha tenido situaciones más o menos boyantes y eso se traduce en todo: la participación de los cofrades, su acompañamiento musical, la cera que se utiliza para alumbrar…». Pero aun así, «siempre han salido iluminados y adornados».Frutas y hortalizas en LeónEn la Semana Santa leonesa, la ornamentación floral es una seña de identidad más. Sus composiciones sobresalen fuera de los tronos, creando bellos conjuntos que acompañan el característico ‘baile’ de los pasos a hombros de los papones. Otra de sus peculiaridades es que incorporan frutas y hortalizas, una tradición que comenzó a cobrar fuerza a finales de los setenta y que hoy es uno de los rasgos distintivos de los pasos de la Pasión leonesa. Las frutas se entrelazan con las flores formando guirnaldas, centros y bodegones. Además, la vida del exorno floral no termina cuando se recoge el paso. Al finalizar la procesión, los papones esperan pacientemente el desmontaje de los centros para llevarse un recuerdo a sus casas.
Cuando en la noche del Martes Santo la Virgen de las Angustias salía al encuentro de su Hijo, frente al Palacio de Santa Cruz, en Valladolid, lo hacía rodeada de un manto de nardos y lisianthus blancos que por la mañana había colocado con mimo … el equipo de Leopoldo Adiego, que desde hace más de tres décadas regenta la floristería Rebeca, uno de los establecimientos que trabaja con más hermandades en la capital vallisoletana. Pasado el mediodía del Miércoles Santo, a menos de veinticuatro horas de que el Cristo de la Luz salga en procesión, floristas y cofrades se afanan en colocar bajo sus pies el monte de iris morado. Hace tiempo que recurrieron a este exorno floral fijándose en la Hermandad de los Estudiantes de Sevilla. Luego, otras cofradías le siguieron los pasos, recuerda Roberto del Cura, encargado de protocolo en la Hermandad Universitaria a la que da nombre la hermosa talla de Gregorio Fernández.
Rosas, claveles, lirios, nardos… La elección entre tanta variedad no es casual. Existe todo un código, un lenguaje que se sirve de la sencillez de esta ornamentación no solo para embellecer las tallas sino para dotar de personalidad a cada procesión y reforzar el mensaje de la Pasión. «El iris morado representa el luto, la penitencia, la realeza de Cristo», pero también «el dolor profundo, ya que emula las lágrimas que la Virgen María derrochó sobre el monte», apunta Roberto del Cura. Es lo que cada año tratan de representar bajo los pies del Cristo de la Luz. Coronando el monte púrpura asoma una rosa roja que representa «la sangre que emana de Jesús». Un detalle que, además, está lleno de simbolismo para la hermandad vallisoletana, ya que «es una forma de acordarnos de todos nuestros fallecidos».

(R. ORTEGA)
Aunque la ornamentación comienza a escasas horas del desfile procesional, lleva detrás el trabajo de casi un año. Pero es a pocas semanas cuando «se comienza a recopilar el material». El primer paso es medir el espacio que ocupará en las andas. «Nosotros podemos llevar unos 600 iris o incluso más», apunta el cofrade, quien detalla que en la elección del adorno se prima la «sencillez y la austeridad dentro de la elegancia». También, que se trate de una planta que hubiera podido existir en el lugar que supuso el origen de la cristiandad: «Sería impensable poner una de origen tropical».
No obstante, no siempre se ha recurrido al iris. Hace tiempo en la Semana Santa de Valladolid primaban los claveles: «Era más fácil de encontrar». También más barata, ya que el desembolso de una cofradía en este tipo de ornamentación es importante. «Nos supone en torno a 3.000 euros», apunta el cofrade del Cristo de la Luz al respecto, aunque aclara que este presupuesto está destinado a decorar tanto el paso como la capilla, abierta del Lunes al Miércoles Santo.
Diferente si es una virgen o un cristo
«Los presupuestos y formas que adornan los pasos han ido cambiando con los tiempos», coincide el florista Leopoldo Adiego. Rosas, liliun, orquídeas e iris son las flores con las que más trabajan ellos. Su elección depende «de si es un paso de una virgen o de un cristo». Rebeca Floristas se encargan esta Semana Santa de la decoración de los pasos de siete cofradías. A cada uno de ellos le dedican, mínimo, «entre dos horas y dos horas y media» y «generalmente somos cuatro personas». Lo hacen con mimo: «Se busca una flor que dure los cinco días y si estropea, se repone».
«El iris morado representa el luto, la penitencia, la realeza de Cristo», pero también «el dolor profundo de la Virgen»
En la Cofradía Penitencial de la Virgen de las Angustias tienen la «peculiaridad» de que el adorno del paso «es un obsequio del alcalde de la hermandad de cada año», explica Alejandro Carrión, su secretario. Este «tiene un pequeño margen para su elección», pero lo habitual es que escoja la rosa blanca o color champán». A veces también han recurrido a las calas, «muy difíciles de conseguir, pero cuando se ha logrado quedaba espectacular». Para el Cristo de los Carboneros, que sale en la Procesión de Regla del Viernes Santo, se reservan los iris u otra variedad púrpura. Recuerda que en mayor o menor medida, las imágenes siempre han salido con su exorno floral: «A lo largo de su historia, la cofradía ha tenido situaciones más o menos boyantes y eso se traduce en todo: la participación de los cofrades, su acompañamiento musical, la cera que se utiliza para alumbrar…». Pero aun así, «siempre han salido iluminados y adornados».
Frutas y hortalizas en León
En la Semana Santa leonesa, la ornamentación floral es una seña de identidad más. Sus composiciones sobresalen fuera de los tronos, creando bellos conjuntos que acompañan el característico ‘baile’ de los pasos a hombros de los papones. Otra de sus peculiaridades es que incorporan frutas y hortalizas, una tradición que comenzó a cobrar fuerza a finales de los setenta y que hoy es uno de los rasgos distintivos de los pasos de la Pasión leonesa. Las frutas se entrelazan con las flores formando guirnaldas, centros y bodegones. Además, la vida del exorno floral no termina cuando se recoge el paso. Al finalizar la procesión, los papones esperan pacientemente el desmontaje de los centros para llevarse un recuerdo a sus casas.
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