Uno de los factores por los que el fútbol te ficha es por el abanico de emociones que te ofrece. Si eres cordobesista -incluidos los adoptados, como yo-, lo mismo sientes la euforia de tocar el cielo en Las Tendillas que te quedas pasmado al ver a tu equipo autodestruirse cuando menos se esperaba. Esto último es lo que pasa ahora. Cuando los de Iván Ania caminaban con paso firme hacia el play-off de ascenso, se atrancaron en lo que inicialmente podía ser normal -perder, por ejemplo, dos partidos seguidos- para acabar siendo cazados por lo anormal -encadenar seis derrotas-.La guinda la puso este domingo el choque ante el Burgos , saldado con un humillante 4-0 y en el que el meta local, Ander Cantero, tuvo entrada VIP a ras de césped, porque no le chutamos a puerta hasta el minuto 88. Del enorme fuera de juego en que ha incurrido la escuadra blanquiverde da idea el hecho de que en la última media docena de duelos ha encajado 19 goles y ha marcado 7. Algo se ha roto en el Córdoba.Al CEO del club y experimentado hombre de fútbol (por suerte, estamos en buenas manos), Antonio Monterrubio, le toca zarandear verbalmente -afortunadamente no son los tiempos de Luis Aragonés, que llegaba a hacerlo físicamente y al que siempre tendremos en el recuerdo por hacer de la Roja una selección ganadora- al técnico , que tantas alegrías nos ha dado, y a toda la plantilla . Aludiendo de nuevo al sabio de Hortaleza, que se miren todos a los ojitos las veces que haga falta -el lunes ya hubo una cumbre al más alto nivel- y se unan para regatear a una crisis de esas que te pueden acabar lesionando fatalmente una temporada. El partido del viernes en el Arcángel ante el Mirandés , que bracea desesperado para no ahogarse en el pozo de la Primera Federación, ha adquirido la condición de finalísima . Hay que ganar para que la amenaza del descenso no empiece a presionarnos en bloque alto. Y a la afición, como cordobesista de nuevo cuño, me atrevo a pedirle con humildad que durante los 90 minutos de ese choque -esperemos que no sea un duelo- dejen el lógico cabreo en el banquillo. Que vuelvan a demostrar que son de Primera y ayuden al equipo a acabar con su, eterno, gol en propia puerta. Uno de los factores por los que el fútbol te ficha es por el abanico de emociones que te ofrece. Si eres cordobesista -incluidos los adoptados, como yo-, lo mismo sientes la euforia de tocar el cielo en Las Tendillas que te quedas pasmado al ver a tu equipo autodestruirse cuando menos se esperaba. Esto último es lo que pasa ahora. Cuando los de Iván Ania caminaban con paso firme hacia el play-off de ascenso, se atrancaron en lo que inicialmente podía ser normal -perder, por ejemplo, dos partidos seguidos- para acabar siendo cazados por lo anormal -encadenar seis derrotas-.La guinda la puso este domingo el choque ante el Burgos , saldado con un humillante 4-0 y en el que el meta local, Ander Cantero, tuvo entrada VIP a ras de césped, porque no le chutamos a puerta hasta el minuto 88. Del enorme fuera de juego en que ha incurrido la escuadra blanquiverde da idea el hecho de que en la última media docena de duelos ha encajado 19 goles y ha marcado 7. Algo se ha roto en el Córdoba.Al CEO del club y experimentado hombre de fútbol (por suerte, estamos en buenas manos), Antonio Monterrubio, le toca zarandear verbalmente -afortunadamente no son los tiempos de Luis Aragonés, que llegaba a hacerlo físicamente y al que siempre tendremos en el recuerdo por hacer de la Roja una selección ganadora- al técnico , que tantas alegrías nos ha dado, y a toda la plantilla . Aludiendo de nuevo al sabio de Hortaleza, que se miren todos a los ojitos las veces que haga falta -el lunes ya hubo una cumbre al más alto nivel- y se unan para regatear a una crisis de esas que te pueden acabar lesionando fatalmente una temporada. El partido del viernes en el Arcángel ante el Mirandés , que bracea desesperado para no ahogarse en el pozo de la Primera Federación, ha adquirido la condición de finalísima . Hay que ganar para que la amenaza del descenso no empiece a presionarnos en bloque alto. Y a la afición, como cordobesista de nuevo cuño, me atrevo a pedirle con humildad que durante los 90 minutos de ese choque -esperemos que no sea un duelo- dejen el lógico cabreo en el banquillo. Que vuelvan a demostrar que son de Primera y ayuden al equipo a acabar con su, eterno, gol en propia puerta.
Uno de los factores por los que el fútbol te ficha es por el abanico de emociones que te ofrece. Si eres cordobesista -incluidos los adoptados, como yo-, lo mismo sientes la euforia de tocar el cielo en Las Tendillas que te quedas pasmado al … ver a tu equipo autodestruirse cuando menos se esperaba. Esto último es lo que pasa ahora. Cuando los de Iván Ania caminaban con paso firme hacia el play-off de ascenso, se atrancaron en lo que inicialmente podía ser normal -perder, por ejemplo, dos partidos seguidos- para acabar siendo cazados por lo anormal -encadenar seis derrotas-.
La guinda la puso este domingo el choque ante el Burgos, saldado con un humillante 4-0 y en el que el meta local, Ander Cantero, tuvo entrada VIP a ras de césped, porque no le chutamos a puerta hasta el minuto 88. Del enorme fuera de juego en que ha incurrido la escuadra blanquiverde da idea el hecho de que en la última media docena de duelos ha encajado 19 goles y ha marcado 7. Algo se ha roto en el Córdoba.
Al CEO del club y experimentado hombre de fútbol (por suerte, estamos en buenas manos), Antonio Monterrubio, le toca zarandear verbalmente -afortunadamente no son los tiempos de Luis Aragonés, que llegaba a hacerlo físicamente y al que siempre tendremos en el recuerdo por hacer de la Roja una selección ganadora- al técnico, que tantas alegrías nos ha dado, y a toda la plantilla. Aludiendo de nuevo al sabio de Hortaleza, que se miren todos a los ojitos las veces que haga falta -el lunes ya hubo una cumbre al más alto nivel- y se unan para regatear a una crisis de esas que te pueden acabar lesionando fatalmente una temporada.
El partido del viernes en el Arcángel ante el Mirandés, que bracea desesperado para no ahogarse en el pozo de la Primera Federación, ha adquirido la condición de finalísima. Hay que ganar para que la amenaza del descenso no empiece a presionarnos en bloque alto. Y a la afición, como cordobesista de nuevo cuño, me atrevo a pedirle con humildad que durante los 90 minutos de ese choque -esperemos que no sea un duelo- dejen el lógico cabreo en el banquillo. Que vuelvan a demostrar que son de Primera y ayuden al equipo a acabar con su, eterno, gol en propia puerta.
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