Este mes concluiré mi mandato como Comisionado General de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas que lleva más de 75 años proporcionando servicios básicos de carácter público para las personas refugiadas de Palestina en todo Oriente Medio.
Este mes concluiré mi mandato como Comisionado General de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas que lleva más de 75 años proporcionando servicios básicos de carácter público para las personas refugiadas de Palestina en todo Oriente Medio.Seguir leyendo…
Este mes concluiré mi mandato como Comisionado General de la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas que lleva más de 75 años proporcionando servicios básicos de carácter público para las personas refugiadas de Palestina en todo Oriente Medio.
Mientras el mundo lucha por salir del atolladero de Gaza y la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán amenaza con afectar a toda la región, me preocupa profundamente el futuro de las personas refugiadas palestinas y del sistema multilateral en general.
Tras haber soportado más de dos años de implacables ataques físicos, políticos y legales, con mayor intensidad en el territorio Palestino ocupado, la UNRWA ha llegado a un punto de quiebre. Los riesgos para los derechos de las personas palestinas y la estabilidad de la región son inmensos.
En diciembre del 2023, en medio de la escalada de brutalidad de la ofensiva sobre Gaza, escribí al presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas para decirle que, en mis 35 años de trabajo en emergencias complejas, nunca había tenido que informar del asesinato de 130 miembros del personal, ni para predecir el asesinato de muchos más. No imaginaba entonces que el número de compañeros y compañeras asesinadas se triplicaría —el número de muertos supera ahora los 390—, ni que tantos otros sufrirían lesiones que les cambiarían la vida o serían detenidos arbitrariamente y torturados.

Cientos de instalaciones de la UNRWA en Gaza han sido dañadas o destruidas. El Parlamento de Israel aprobó una ley para poner fin a la presencia de la Agencia en la Jerusalén Este ocupada, lo que incluye el cierre forzoso de escuelas y centros de salud y el corte de los suministros de agua y electricidad en nuestras instalaciones. La sede de la UNRWA en Jerusalén Este fue ocupada, saqueada e incendiada, y altos funcionarios israelíes celebraron la destrucción tanto in situ como en Internet. Un representante político de Jerusalén pidió que se “aniquilara” al personal de la UNRWA.
Resulta incomprensible que se haya permitido que una entidad de Naciones Unidas sea atacada como lo ha sido la UNRWA —lo que constituye una violación del derecho internacional— con total impunidad, y que el personal y las comunidades palestinas paguen un precio inaceptable.
Una campaña de desinformación bien orquestada por el Gobierno de Israel alega violaciones de la neutralidad en toda la Agencia y afirma que la UNRWA ya no trabaja en el territorio Palestino ocupado, donde en realidad sigue siendo un agente fundamental de atención sanitaria primaria, educación, agua potable, saneamiento e higiene. Estas afirmaciones malintencionadas, que han sido desmentidas en repetidas ocasiones, tienen por objeto erosionar el apoyo internacional a la Agencia, debilitando los derechos de las personas refugiadas palestinas en las cuestiones relativas al estatuto final en el conflicto entre Israel y Palestina.
La UNRWA no tiene un mandato político. Sin embargo, su registro de refugiados y los archivos que documentan su desplazamiento histórico son fundamentales para proteger los derechos de las personas palestinas en las determinaciones sobre el estatuto definitivo. Por eso la eliminación de la Agencia se convirtió en un objetivo explícito de la ofensiva en Gaza y por eso continúan los esfuerzos en esta línea.
La semana pasada volví a escribir al presidente de la Asamblea General de Naciones Unidas e insté a los Estados miembros a aprovechar la plantilla de profesionales y los conocimientos especializados de la UNRWA como activos clave para la aplicación satisfactoria de la resolución 2803 del Consejo de Seguridad. Esto evitaría que se repitiera el desastroso error que supuso eliminar toda la administración civil en Irak en 2003, lo que devastó las perspectivas de recuperación y de una paz duradera.
Más allá de Gaza, la UNRWA es un recurso vital para proteger los derechos de las personas refugiadas palestinas en toda la región y abordar la cuestión palestina, que viene de lejos. Sin embargo, sin un apoyo político y financiero inmediato y sólido, la Agencia pronto llegará al límite de su viabilidad. Un colapso desordenado de la UNRWA alimentaría la inseguridad, haciendo recaer toda la responsabilidad de la prestación de servicios a las personas refugiadas de Palestina en el territorio Palestino ocupado sobre Israel, como potencia ocupante, e imponiendo una enorme carga a Líbano, Siria y Jordania como países de acogida. El sufrimiento de las personas refugiadas de Palestina, que han soportado generaciones de desplazamiento y miseria, se vería agravado.
Es espantoso que, a pesar del papel crucial de la UNRWA, la Agencia no haya sido protegida adecuadamente por la comunidad internacional. En cambio, se ha permitido que se convierta en un campo de batalla indirecto en el conflicto entre Israel y Palestina, y que se haya declarado culpable hasta que se demuestre lo contrario. Si bien quienes ordenaron y llevaron a cabo acciones vergonzosas contra la UNRWA son los principales culpables, todos aquellos que pretenden apoyar el derecho internacional deberían considerar su responsabilidad.
Naciones Unidas se creó para “preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”. Hoy, al contemplar el sufrimiento humano en el territorio Palestino ocupado, en Israel y más allá, alcanzar los objetivos de la Carta de Naciones Unidas requiere claridad moral y un liderazgo basado en principios.
El abyecto fracaso a la hora de organizar una respuesta multilateral eficaz y basada en el derecho internacional en Gaza permitió una guerra fuera de los límites legales internacionales —una que ahora se está extendiendo por todo Oriente Medio y más allá—. Este fracaso ha normalizado el desprecio por el orden internacional basado en normas.
La UNRWA podría dejar de existir pronto, con consecuencias devastadoras no solo para millones de personas refugiadas, sino también para la paz y la estabilidad regionales y para el marco internacional basado en normas que tanto nos ha costado construir. Debemos actuar —no a destiempo, sino ahora— para movilizar una amplia coalición decidida a defender el derecho internacional y el multilateralismo.
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