Cuenta el auto del juez Calama que la trama de José Luis Rodríguez Zapatero podría haberse hecho con más de dos millones de euros en comisiones ilegales. Las cantidades o el entramado societario son, sin embargo, irrelevantes para lo que la figura del ex presidente ha supuesto para este país. El auto de imputación es el inicio de un largo camino judicial que, respetando la presunción de inocencia, llegará cuando tenga que llegar. Lo mollar no está en ese auto sino en la herencia política que Zapatero ha dejado a los españoles y no precisamente la de guía moral a la que ahora se refiere el entorno de Pedro Sánchez.Rodríguez Zapatero fue quien acabó con el más mínimo atisbo de responsabilidad política en este país. Fue quien normalizó la mentira no sólo como práctica política habitual sino que la erigió en un modelo a seguir para conseguir objetivos. Rodríguez Zapatero fue quien acabó con la responsabilidad política porque fue capaz de enfrentar a media España con la otra media no por justicia sino por interés. El ex presidente tendrá ahora responsabilidad penal por haber robado o no millones de euros pero la clave está en que nadie se acuerda ya de exigir la responsabilidad política a la que la situación obliga. Pedro Sánchez es responsable político de la actual situación porque todo sería imposible si su Consejo de Ministros no hubiera aprobado las ayudas en cuestión pero lo más grave no es que hayan facilitado más o menos dinero sino que han blanqueado que un presidente del Gobierno pueda planear por una realidad paralela y artificial sin necesidad de, al menos, sonrojarse. Los negocios de Zapatero, legales o no, pueden ser jugosos o escuálidos pero lo que no es de recibo es que el referente moral del socialismo de Sánchez ligue el nombre de un país a regímenes dictatoriales de todo el orbe.Una vez superado el cabreo que la gente enfrenta al escuchar cómo se ganan millones procedentes de sus impuestos por el mero hecho de «ser vos quien sois» habría que incluir en el auto de imputación la responsabilidad política del ex presidente. Lo de congelar las pensiones, los sueldos de los funcionarios y el mayor hachazo de la historia al estado del bienestar es un juego de niños frente a su verdadera responsabilidad. Zapatero despertó fantasmas muertos, impulsó los populismos de uno y otro extremo por pura aritmética electoral, en definitiva, acabó con la legítima ideología para transformar en hinchas al electorado de uno y otro espectro.Los dos millones, sean o no ciertos, son un detalle nimio en comparación con el enfrentamiento auspiciado desde aquellos gobiernos liderados por Rodríguez Zapatero. En España, igual que en el resto del mundo, siempre habrá izquierdas y derechas. Esa dualidad, garantizada por nuestro estado de derecho nos ha permitido crecer y, sobre todo, convivir como sociedad. Lo que representa Rodríguez Zapatero y su heredero ideológico va más allá porque lo que cuestionan no es la progresía o el conservadurismo sino los propios pilares del Estado. Los grupos antisistema queman contenedores para demostrar su oposición al sistema que nos ampara mientras la herencia política de Zapatero ampara un incendio del sistema de guante blanco, minando la separación de poderes, colonizando instituciones o atacando la libertad de prensa.El auto del juez Calama, gracias a Dios, no puede incluir responsabilidades políticas pero los ciudadanos deberíamos pensar si estamos dispuestos a blanquear una herencia como la del ahora imputado. No es cuestión de que se movilice la derecha o la izquierda, lo que está en juego es que blanquear actitudes políticas como estas nos llevarán a todos a que, a partir de ahora, todos tengamos que darlas por buenas sean quien sea quien las lleve a cabo. Ahí está el drama, descomponer una democracia nos afecta a todos, votemos a quien votemos. Cuenta el auto del juez Calama que la trama de José Luis Rodríguez Zapatero podría haberse hecho con más de dos millones de euros en comisiones ilegales. Las cantidades o el entramado societario son, sin embargo, irrelevantes para lo que la figura del ex presidente ha supuesto para este país. El auto de imputación es el inicio de un largo camino judicial que, respetando la presunción de inocencia, llegará cuando tenga que llegar. Lo mollar no está en ese auto sino en la herencia política que Zapatero ha dejado a los españoles y no precisamente la de guía moral a la que ahora se refiere el entorno de Pedro Sánchez.Rodríguez Zapatero fue quien acabó con el más mínimo atisbo de responsabilidad política en este país. Fue quien normalizó la mentira no sólo como práctica política habitual sino que la erigió en un modelo a seguir para conseguir objetivos. Rodríguez Zapatero fue quien acabó con la responsabilidad política porque fue capaz de enfrentar a media España con la otra media no por justicia sino por interés. El ex presidente tendrá ahora responsabilidad penal por haber robado o no millones de euros pero la clave está en que nadie se acuerda ya de exigir la responsabilidad política a la que la situación obliga. Pedro Sánchez es responsable político de la actual situación porque todo sería imposible si su Consejo de Ministros no hubiera aprobado las ayudas en cuestión pero lo más grave no es que hayan facilitado más o menos dinero sino que han blanqueado que un presidente del Gobierno pueda planear por una realidad paralela y artificial sin necesidad de, al menos, sonrojarse. Los negocios de Zapatero, legales o no, pueden ser jugosos o escuálidos pero lo que no es de recibo es que el referente moral del socialismo de Sánchez ligue el nombre de un país a regímenes dictatoriales de todo el orbe.Una vez superado el cabreo que la gente enfrenta al escuchar cómo se ganan millones procedentes de sus impuestos por el mero hecho de «ser vos quien sois» habría que incluir en el auto de imputación la responsabilidad política del ex presidente. Lo de congelar las pensiones, los sueldos de los funcionarios y el mayor hachazo de la historia al estado del bienestar es un juego de niños frente a su verdadera responsabilidad. Zapatero despertó fantasmas muertos, impulsó los populismos de uno y otro extremo por pura aritmética electoral, en definitiva, acabó con la legítima ideología para transformar en hinchas al electorado de uno y otro espectro.Los dos millones, sean o no ciertos, son un detalle nimio en comparación con el enfrentamiento auspiciado desde aquellos gobiernos liderados por Rodríguez Zapatero. En España, igual que en el resto del mundo, siempre habrá izquierdas y derechas. Esa dualidad, garantizada por nuestro estado de derecho nos ha permitido crecer y, sobre todo, convivir como sociedad. Lo que representa Rodríguez Zapatero y su heredero ideológico va más allá porque lo que cuestionan no es la progresía o el conservadurismo sino los propios pilares del Estado. Los grupos antisistema queman contenedores para demostrar su oposición al sistema que nos ampara mientras la herencia política de Zapatero ampara un incendio del sistema de guante blanco, minando la separación de poderes, colonizando instituciones o atacando la libertad de prensa.El auto del juez Calama, gracias a Dios, no puede incluir responsabilidades políticas pero los ciudadanos deberíamos pensar si estamos dispuestos a blanquear una herencia como la del ahora imputado. No es cuestión de que se movilice la derecha o la izquierda, lo que está en juego es que blanquear actitudes políticas como estas nos llevarán a todos a que, a partir de ahora, todos tengamos que darlas por buenas sean quien sea quien las lleve a cabo. Ahí está el drama, descomponer una democracia nos afecta a todos, votemos a quien votemos.
Cuenta el auto del juez Calama que la trama de José Luis Rodríguez Zapatero podría haberse hecho con más de dos millones de euros en comisiones ilegales. Las cantidades o el entramado societario son, sin embargo, irrelevantes para lo que la figura del ex presidente … ha supuesto para este país. El auto de imputación es el inicio de un largo camino judicial que, respetando la presunción de inocencia, llegará cuando tenga que llegar. Lo mollar no está en ese auto sino en la herencia política que Zapatero ha dejado a los españoles y no precisamente la de guía moral a la que ahora se refiere el entorno de Pedro Sánchez.
Rodríguez Zapatero fue quien acabó con el más mínimo atisbo de responsabilidad política en este país. Fue quien normalizó la mentira no sólo como práctica política habitual sino que la erigió en un modelo a seguir para conseguir objetivos. Rodríguez Zapatero fue quien acabó con la responsabilidad política porque fue capaz de enfrentar a media España con la otra media no por justicia sino por interés. El ex presidente tendrá ahora responsabilidad penal por haber robado o no millones de euros pero la clave está en que nadie se acuerda ya de exigir la responsabilidad política a la que la situación obliga. Pedro Sánchez es responsable político de la actual situación porque todo sería imposible si su Consejo de Ministros no hubiera aprobado las ayudas en cuestión pero lo más grave no es que hayan facilitado más o menos dinero sino que han blanqueado que un presidente del Gobierno pueda planear por una realidad paralela y artificial sin necesidad de, al menos, sonrojarse. Los negocios de Zapatero, legales o no, pueden ser jugosos o escuálidos pero lo que no es de recibo es que el referente moral del socialismo de Sánchez ligue el nombre de un país a regímenes dictatoriales de todo el orbe.
Una vez superado el cabreo que la gente enfrenta al escuchar cómo se ganan millones procedentes de sus impuestos por el mero hecho de «ser vos quien sois» habría que incluir en el auto de imputación la responsabilidad política del ex presidente. Lo de congelar las pensiones, los sueldos de los funcionarios y el mayor hachazo de la historia al estado del bienestar es un juego de niños frente a su verdadera responsabilidad. Zapatero despertó fantasmas muertos, impulsó los populismos de uno y otro extremo por pura aritmética electoral, en definitiva, acabó con la legítima ideología para transformar en hinchas al electorado de uno y otro espectro.
Los dos millones, sean o no ciertos, son un detalle nimio en comparación con el enfrentamiento auspiciado desde aquellos gobiernos liderados por Rodríguez Zapatero. En España, igual que en el resto del mundo, siempre habrá izquierdas y derechas. Esa dualidad, garantizada por nuestro estado de derecho nos ha permitido crecer y, sobre todo, convivir como sociedad. Lo que representa Rodríguez Zapatero y su heredero ideológico va más allá porque lo que cuestionan no es la progresía o el conservadurismo sino los propios pilares del Estado. Los grupos antisistema queman contenedores para demostrar su oposición al sistema que nos ampara mientras la herencia política de Zapatero ampara un incendio del sistema de guante blanco, minando la separación de poderes, colonizando instituciones o atacando la libertad de prensa.
El auto del juez Calama, gracias a Dios, no puede incluir responsabilidades políticas pero los ciudadanos deberíamos pensar si estamos dispuestos a blanquear una herencia como la del ahora imputado. No es cuestión de que se movilice la derecha o la izquierda, lo que está en juego es que blanquear actitudes políticas como estas nos llevarán a todos a que, a partir de ahora, todos tengamos que darlas por buenas sean quien sea quien las lleve a cabo. Ahí está el drama, descomponer una democracia nos afecta a todos, votemos a quien votemos.
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