Hay historias que no se hunden, o no del todo. Ciento veinticuatro años después del desastre del Titanic, su relato sigue reescribiéndose desde nuevos ángulos y uno de ellos parte ahora desde Vigo, donde un equipo de radioaficionados ha decidido mirar hacia un lugar concreto de aquel trasatlántico: la sala de radio. La iniciativa, el I Memorial Titanic, rinde homenaje a los operadores de radio del buque, figuras de enorme peso durante la tragedia pero habitualmente relegadas a un segundo plano en el imaginario que rodea la madrugada del 15 de abril de 1912. «No recordábamos ningún homenaje específico a los telegrafistas del Titanic», explica Carlos Reboreda, presidente de la Unión de Radioaficionados de Vigo y uno de los impulsores del proyecto. Esa ausencia fue el punto de partida de un proyecto que abarca todo el globo.La idea surgió durante una conversación entre compañeros de gremio que derivó en una reflexión compartida: la historia del Titanic no se puede entender sin la radio, una tecnología relativamente reciente por entonces que fue clave para enviar las señales de socorro que permitieron salvar vidas. El memorial se articula a través de contactos radiofónicos que se comparten entre operadores de todo el mundo, una práctica habitual en el mundillo que aquí adquiere dimensión simbólica. Desde Vigo y otras ciudades, la misma señal de aquella noche se lanza al aire para conectar con estaciones de cerca de un centenar de países, reproduciendo aquel esfuerzo desesperado por comunicarse en mitad del océano.Desde el viernes y hasta el miércoles día 15, efeméride del naufragio, la señal se realiza mediante un distintivo de llamada especial, ‘EG1912T’, que se difunde a nivel mundial en todas las frecuencias y modos de transmisión de radioaficionados, entre ellos el mismo lenguaje en el que pidió socorro el Titanic, la telegrafía en código morse: «El ‘EG’ del distintivo nos identifica como España, ‘1912’ nos traslada al año de la singladura del Titanic y la ‘T’ representa al Titanic».Noticia relacionada general No No La «primera red social de Galicia» se despide de su inventor Alejandro GestoDesde que comenzaron las transmisiones, la respuesta no se ha hecho esperar. «Está teniendo una repercusión muy grande», apuntaba el sábado, haciendo balance de las primeras dos jornadas. Varias asociaciones internacionales, algunas con miles de miembros, se interesaron por la iniciativa; nombradamente, la americana ARRL, que cuenta con más de 160.000 miembros, contactó poco después del arranque. Es un proyecto local que mira hacia fuera y, a la vez, se inserta en una comunidad internacional muy activa.A quienes contactan, la Unión les envía una tarjeta conmemorativa. Conocidas como ‘QSL’, habitualmente funcionan como prueba de contacto, pero para algunos aficionados adquiere un gran valor de coleccionismo. Cada una muestra imágenes históricas del Titanic y el envío incluye otra, actual, del pecio. «Es una forma de que la gente no solo participe, sino que se lleve algo tangible de lo que fue aquello», explica Reboreda.Sin protocolos de emergencia, Phillips y Bride siguieron transmitiendo hasta el final, lo que permitió salvar vidasPero más allá de la actividad técnica, el memorial tiene un fuerte componente narrativo. ‘Historia inalámbrica del Titanic’ es un relato que acompaña el proyecto y pone el foco en lo que ocurrió en la sala de radio desde la botadura del barco hasta su hundimiento. Allí, los operadores sostuvieron una red de comunicación que se convirtió en un hilo vital entre el barco y el exterior. En una época en la que la radio era una tecnología incipiente y no había protocolos de emergencia definidos, dos profesionales, Jack Phillips y Harold Bride, no cejaron en su empeño aun cuando el barco ya estaba condenado y «si no fuese por ellos» y la acción de un tercero, Harold Cottam —operador en el barco que inició el rescate, el RMS Frankfurt—, «no se habría salvado nadie», apostilla el presidente de la Unión. Toda esta historia y una amplia cantidad de material gráfico y documental puede encontrarse en el repositorio web habilitado por la Unión de Radioaficionados de Vigo.Antes de la colisiónDurante las pruebas en el mar, frente a las costas de Irlanda, el primer contacto por radio que había realizado el trasatlántico había sido impecable, con señales claras y estables, hasta el punto de que la tripulación dio por buenas las pruebas y puso rumbo directo a Southampton. Nadie podía imaginar que, días después, sería la única línea de vida del buque.Al segundo día, el sistema dejó de funcionar y durante casi 48 horas los operadores se vieron obligados a improvisar una reparación compleja —pese a que tenían prohibido manipular los equipos— cuando ya circulaban avisos de hielo en el Atlántico Norte. Una vez lograron restablecer la señal, se encontraron con una avalancha de mensajes acumulados que debían transmitir con urgencia, lo que contribuyó a que algunos avisos clave pasasen desapercibidos. Entre ellos, uno del buque Californian, que se encontraba a apenas 11 millas de su posición y ya había detenido máquinas. Pero el mensaje no llegó a considerarse prioritario por un detalle técnico: le faltaba el indicativo de que se dirigía directamente al capitán y fue descartado. Horas después, el Titanic seguía navegando hacia su destino a velocidad crucero.La desafortunada cadena de decisiones y errores derivó en tragedia. Cuando finalmente se produjo el impacto, los operadores de radio siguieron transmitiendo mensajes durante más de media hora, ajenos a la magnitud del daño. Y, llegada la orden de emitir la señal de socorro, lo hicieron hasta el final. Su trabajo permitió contactar, primero, con el RMS Frankfurt, pero su lejanía y su escasa velocidad lo hacían poco útil. Poco después respondió el Carpathia, con Harold Cottam a bordo, que entendió la gravedad de la situación y puso rumbo al Titanic, al que llegaría cuatro horas más tarde. En paralelo, en la sala de radio, Phillips continuaba transmitiendo el tradicional «CQD» hasta que Harold Bride le propuso alternarlo con el «SOS», una señal más rápida y reconocible que empezaba a imponerse. No significaba «salvad nuestras almas», como suele creerse, sino simplemente una combinación sonora más eficaz en condiciones adversas.El morse, patrimonio inmaterialLa iniciativa también forma parte de una iniciativa más amplia para promover que la telegrafía en código morse sea reconocida como patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO. Una aspiración que conecta pasado y presente: la misma tecnología que permitió emitir el SOS del Titanic sigue viva hoy en comunidades como la que puso en marcha esta iniciativa, que la mantienen y la practican. Y, en ese sentido, el proyecto habla del valor de la memoria tecnológica. De cómo ciertas herramientas que entendemos superadas conservan un significado más allá de su utilidad práctica. Ese vínculo se proyecta ahora a escala global y la señal que fue enviada al mundo hace más de cien años sigue encontrando respuesta. Hay historias que no se hunden, o no del todo. Ciento veinticuatro años después del desastre del Titanic, su relato sigue reescribiéndose desde nuevos ángulos y uno de ellos parte ahora desde Vigo, donde un equipo de radioaficionados ha decidido mirar hacia un lugar concreto de aquel trasatlántico: la sala de radio. La iniciativa, el I Memorial Titanic, rinde homenaje a los operadores de radio del buque, figuras de enorme peso durante la tragedia pero habitualmente relegadas a un segundo plano en el imaginario que rodea la madrugada del 15 de abril de 1912. «No recordábamos ningún homenaje específico a los telegrafistas del Titanic», explica Carlos Reboreda, presidente de la Unión de Radioaficionados de Vigo y uno de los impulsores del proyecto. Esa ausencia fue el punto de partida de un proyecto que abarca todo el globo.La idea surgió durante una conversación entre compañeros de gremio que derivó en una reflexión compartida: la historia del Titanic no se puede entender sin la radio, una tecnología relativamente reciente por entonces que fue clave para enviar las señales de socorro que permitieron salvar vidas. El memorial se articula a través de contactos radiofónicos que se comparten entre operadores de todo el mundo, una práctica habitual en el mundillo que aquí adquiere dimensión simbólica. Desde Vigo y otras ciudades, la misma señal de aquella noche se lanza al aire para conectar con estaciones de cerca de un centenar de países, reproduciendo aquel esfuerzo desesperado por comunicarse en mitad del océano.Desde el viernes y hasta el miércoles día 15, efeméride del naufragio, la señal se realiza mediante un distintivo de llamada especial, ‘EG1912T’, que se difunde a nivel mundial en todas las frecuencias y modos de transmisión de radioaficionados, entre ellos el mismo lenguaje en el que pidió socorro el Titanic, la telegrafía en código morse: «El ‘EG’ del distintivo nos identifica como España, ‘1912’ nos traslada al año de la singladura del Titanic y la ‘T’ representa al Titanic».Noticia relacionada general No No La «primera red social de Galicia» se despide de su inventor Alejandro GestoDesde que comenzaron las transmisiones, la respuesta no se ha hecho esperar. «Está teniendo una repercusión muy grande», apuntaba el sábado, haciendo balance de las primeras dos jornadas. Varias asociaciones internacionales, algunas con miles de miembros, se interesaron por la iniciativa; nombradamente, la americana ARRL, que cuenta con más de 160.000 miembros, contactó poco después del arranque. Es un proyecto local que mira hacia fuera y, a la vez, se inserta en una comunidad internacional muy activa.A quienes contactan, la Unión les envía una tarjeta conmemorativa. Conocidas como ‘QSL’, habitualmente funcionan como prueba de contacto, pero para algunos aficionados adquiere un gran valor de coleccionismo. Cada una muestra imágenes históricas del Titanic y el envío incluye otra, actual, del pecio. «Es una forma de que la gente no solo participe, sino que se lleve algo tangible de lo que fue aquello», explica Reboreda.Sin protocolos de emergencia, Phillips y Bride siguieron transmitiendo hasta el final, lo que permitió salvar vidasPero más allá de la actividad técnica, el memorial tiene un fuerte componente narrativo. ‘Historia inalámbrica del Titanic’ es un relato que acompaña el proyecto y pone el foco en lo que ocurrió en la sala de radio desde la botadura del barco hasta su hundimiento. Allí, los operadores sostuvieron una red de comunicación que se convirtió en un hilo vital entre el barco y el exterior. En una época en la que la radio era una tecnología incipiente y no había protocolos de emergencia definidos, dos profesionales, Jack Phillips y Harold Bride, no cejaron en su empeño aun cuando el barco ya estaba condenado y «si no fuese por ellos» y la acción de un tercero, Harold Cottam —operador en el barco que inició el rescate, el RMS Frankfurt—, «no se habría salvado nadie», apostilla el presidente de la Unión. Toda esta historia y una amplia cantidad de material gráfico y documental puede encontrarse en el repositorio web habilitado por la Unión de Radioaficionados de Vigo.Antes de la colisiónDurante las pruebas en el mar, frente a las costas de Irlanda, el primer contacto por radio que había realizado el trasatlántico había sido impecable, con señales claras y estables, hasta el punto de que la tripulación dio por buenas las pruebas y puso rumbo directo a Southampton. Nadie podía imaginar que, días después, sería la única línea de vida del buque.Al segundo día, el sistema dejó de funcionar y durante casi 48 horas los operadores se vieron obligados a improvisar una reparación compleja —pese a que tenían prohibido manipular los equipos— cuando ya circulaban avisos de hielo en el Atlántico Norte. Una vez lograron restablecer la señal, se encontraron con una avalancha de mensajes acumulados que debían transmitir con urgencia, lo que contribuyó a que algunos avisos clave pasasen desapercibidos. Entre ellos, uno del buque Californian, que se encontraba a apenas 11 millas de su posición y ya había detenido máquinas. Pero el mensaje no llegó a considerarse prioritario por un detalle técnico: le faltaba el indicativo de que se dirigía directamente al capitán y fue descartado. Horas después, el Titanic seguía navegando hacia su destino a velocidad crucero.La desafortunada cadena de decisiones y errores derivó en tragedia. Cuando finalmente se produjo el impacto, los operadores de radio siguieron transmitiendo mensajes durante más de media hora, ajenos a la magnitud del daño. Y, llegada la orden de emitir la señal de socorro, lo hicieron hasta el final. Su trabajo permitió contactar, primero, con el RMS Frankfurt, pero su lejanía y su escasa velocidad lo hacían poco útil. Poco después respondió el Carpathia, con Harold Cottam a bordo, que entendió la gravedad de la situación y puso rumbo al Titanic, al que llegaría cuatro horas más tarde. En paralelo, en la sala de radio, Phillips continuaba transmitiendo el tradicional «CQD» hasta que Harold Bride le propuso alternarlo con el «SOS», una señal más rápida y reconocible que empezaba a imponerse. No significaba «salvad nuestras almas», como suele creerse, sino simplemente una combinación sonora más eficaz en condiciones adversas.El morse, patrimonio inmaterialLa iniciativa también forma parte de una iniciativa más amplia para promover que la telegrafía en código morse sea reconocida como patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO. Una aspiración que conecta pasado y presente: la misma tecnología que permitió emitir el SOS del Titanic sigue viva hoy en comunidades como la que puso en marcha esta iniciativa, que la mantienen y la practican. Y, en ese sentido, el proyecto habla del valor de la memoria tecnológica. De cómo ciertas herramientas que entendemos superadas conservan un significado más allá de su utilidad práctica. Ese vínculo se proyecta ahora a escala global y la señal que fue enviada al mundo hace más de cien años sigue encontrando respuesta.
Hay historias que no se hunden, o no del todo. Ciento veinticuatro años después del desastre del Titanic, su relato sigue reescribiéndose desde nuevos ángulos y uno de ellos parte ahora desde Vigo, donde un equipo de radioaficionados ha decidido mirar hacia un lugar concreto … de aquel trasatlántico: la sala de radio. La iniciativa, el I Memorial Titanic, rinde homenaje a los operadores de radio del buque, figuras de enorme peso durante la tragedia pero habitualmente relegadas a un segundo plano en el imaginario que rodea la madrugada del 15 de abril de 1912. «No recordábamos ningún homenaje específico a los telegrafistas del Titanic», explica Carlos Reboreda, presidente de la Unión de Radioaficionados de Vigo y uno de los impulsores del proyecto. Esa ausencia fue el punto de partida de un proyecto que abarca todo el globo.
La idea surgió durante una conversación entre compañeros de gremio que derivó en una reflexión compartida: la historia del Titanic no se puede entender sin la radio, una tecnología relativamente reciente por entonces que fue clave para enviar las señales de socorro que permitieron salvar vidas. El memorial se articula a través de contactos radiofónicos que se comparten entre operadores de todo el mundo, una práctica habitual en el mundillo que aquí adquiere dimensión simbólica. Desde Vigo y otras ciudades, la misma señal de aquella noche se lanza al aire para conectar con estaciones de cerca de un centenar de países, reproduciendo aquel esfuerzo desesperado por comunicarse en mitad del océano.
Desde el viernes y hasta el miércoles día 15, efeméride del naufragio, la señal se realiza mediante un distintivo de llamada especial, ‘EG1912T’, que se difunde a nivel mundial en todas las frecuencias y modos de transmisión de radioaficionados, entre ellos el mismo lenguaje en el que pidió socorro el Titanic, la telegrafía en código morse: «El ‘EG’ del distintivo nos identifica como España, ‘1912’ nos traslada al año de la singladura del Titanic y la ‘T’ representa al Titanic».
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Alejandro Gesto
Desde que comenzaron las transmisiones, la respuesta no se ha hecho esperar. «Está teniendo una repercusión muy grande», apuntaba el sábado, haciendo balance de las primeras dos jornadas. Varias asociaciones internacionales, algunas con miles de miembros, se interesaron por la iniciativa; nombradamente, la americana ARRL, que cuenta con más de 160.000 miembros, contactó poco después del arranque. Es un proyecto local que mira hacia fuera y, a la vez, se inserta en una comunidad internacional muy activa.
A quienes contactan, la Unión les envía una tarjeta conmemorativa. Conocidas como ‘QSL’, habitualmente funcionan como prueba de contacto, pero para algunos aficionados adquiere un gran valor de coleccionismo. Cada una muestra imágenes históricas del Titanic y el envío incluye otra, actual, del pecio. «Es una forma de que la gente no solo participe, sino que se lleve algo tangible de lo que fue aquello», explica Reboreda.
Sin protocolos de emergencia, Phillips y Bride siguieron transmitiendo hasta el final, lo que permitió salvar vidas
Pero más allá de la actividad técnica, el memorial tiene un fuerte componente narrativo. ‘Historia inalámbrica del Titanic’ es un relato que acompaña el proyecto y pone el foco en lo que ocurrió en la sala de radio desde la botadura del barco hasta su hundimiento. Allí, los operadores sostuvieron una red de comunicación que se convirtió en un hilo vital entre el barco y el exterior. En una época en la que la radio era una tecnología incipiente y no había protocolos de emergencia definidos, dos profesionales, Jack Phillips y Harold Bride, no cejaron en su empeño aun cuando el barco ya estaba condenado y «si no fuese por ellos» y la acción de un tercero, Harold Cottam —operador en el barco que inició el rescate, el RMS Frankfurt—, «no se habría salvado nadie», apostilla el presidente de la Unión. Toda esta historia y una amplia cantidad de material gráfico y documental puede encontrarse en el repositorio web habilitado por la Unión de Radioaficionados de Vigo.
Antes de la colisión
Durante las pruebas en el mar, frente a las costas de Irlanda, el primer contacto por radio que había realizado el trasatlántico había sido impecable, con señales claras y estables, hasta el punto de que la tripulación dio por buenas las pruebas y puso rumbo directo a Southampton. Nadie podía imaginar que, días después, sería la única línea de vida del buque.
Al segundo día, el sistema dejó de funcionar y durante casi 48 horas los operadores se vieron obligados a improvisar una reparación compleja —pese a que tenían prohibido manipular los equipos— cuando ya circulaban avisos de hielo en el Atlántico Norte. Una vez lograron restablecer la señal, se encontraron con una avalancha de mensajes acumulados que debían transmitir con urgencia, lo que contribuyó a que algunos avisos clave pasasen desapercibidos. Entre ellos, uno del buque Californian, que se encontraba a apenas 11 millas de su posición y ya había detenido máquinas. Pero el mensaje no llegó a considerarse prioritario por un detalle técnico: le faltaba el indicativo de que se dirigía directamente al capitán y fue descartado. Horas después, el Titanic seguía navegando hacia su destino a velocidad crucero.
La desafortunada cadena de decisiones y errores derivó en tragedia. Cuando finalmente se produjo el impacto, los operadores de radio siguieron transmitiendo mensajes durante más de media hora, ajenos a la magnitud del daño. Y, llegada la orden de emitir la señal de socorro, lo hicieron hasta el final. Su trabajo permitió contactar, primero, con el RMS Frankfurt, pero su lejanía y su escasa velocidad lo hacían poco útil. Poco después respondió el Carpathia, con Harold Cottam a bordo, que entendió la gravedad de la situación y puso rumbo al Titanic, al que llegaría cuatro horas más tarde. En paralelo, en la sala de radio, Phillips continuaba transmitiendo el tradicional «CQD» hasta que Harold Bride le propuso alternarlo con el «SOS», una señal más rápida y reconocible que empezaba a imponerse. No significaba «salvad nuestras almas», como suele creerse, sino simplemente una combinación sonora más eficaz en condiciones adversas.
El morse, patrimonio inmaterial
La iniciativa también forma parte de una iniciativa más amplia para promover que la telegrafía en código morse sea reconocida como patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO. Una aspiración que conecta pasado y presente: la misma tecnología que permitió emitir el SOS del Titanic sigue viva hoy en comunidades como la que puso en marcha esta iniciativa, que la mantienen y la practican. Y, en ese sentido, el proyecto habla del valor de la memoria tecnológica. De cómo ciertas herramientas que entendemos superadas conservan un significado más allá de su utilidad práctica. Ese vínculo se proyecta ahora a escala global y la señal que fue enviada al mundo hace más de cien años sigue encontrando respuesta.
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