En un momento en el que cada vez más personas eliminan los lácteos de su dieta por influencia de tendencias alimentarias o creencias sin respaldo científico, el especialista en Endocrinología y Nutrición y en Medicina de la Educación Física y el Deporte Antonio Escribano Zafra hace un llamamiento a distinguir entre la evidencia médica y los mitos que rodean a estos alimentos.El profesional, que ha coordinado el área de nutrición de más de una veintena de equipos de fútbol, explica que el consumo de leche y derivados forma parte de la evolución de la especie humana desde hace entre 10.000 y 12.000 años, coincidiendo con el desarrollo de la ganadería. Según señala, este cambio favoreció una mutación genética que permitió a gran parte de la población producir lactasa , la enzima necesaria para digerir la lactosa.No obstante, Escribano, que actualmente forma parte del equipo sanitario del Hospital Centro de Andalucía, alerta sobre el creciente número de personas que se autodiagnostican intolerancia sin una valoración médica. «¿Cómo se sabe si uno es intolerante? Con una analítica . No simplemente pensando que te sienta mal significa que ya seas intolerante», afirma.El experto también advierte del incremento del consumo de leche sin lactosa entre personas que no presentan intolerancia. En su opinión, esta práctica puede resultar contraproducente. «Cuando alguien que tolera bien la lactosa toma leche sin lactosa, deja de fabricar la lactasa , que es la enzima que la digiere, y puede acabar volviéndose intolerante», explica.Bebidas vegetales en el centro del debateOtro de los aspectos sobre los que incide el endocrino es la creciente equiparación entre las bebidas vegetales y la leche de origen animal. A su juicio, se trata de una confusión frecuente entre los consumidores.«El hecho de que haya hoy día supuestas bebidas que son leche no es real, porque no son leche», sostiene. En este sentido, explica que productos elaborados a partir de almendras, soja o anacardos son, en realidad, bebidas obtenidas del prensado de semillas o frutos secos y que nutricionalmente no pueden considerarse equivalentes a la leche.Escribano defiende el valor nutricional de los alimentos de origen animal dentro de una dieta equilibrada y recuerda que la leche aporta proteínas de alto valor biológico. «La leche, junto con el huevo, el pescado y la carne, contiene proteína animal que a nosotros nos sienta muy bien», señala.Salvo que exista una contraindicación médica o un diagnóstico específico de intolerancia o alergia, el especialista recomienda mantener un consumo habitual de lácteos, con una ingesta aproximada de dos o tres vasos de leche al día, además de otros productos como el queso, al considerar que constituyen «un arma excelente» para la salud. En un momento en el que cada vez más personas eliminan los lácteos de su dieta por influencia de tendencias alimentarias o creencias sin respaldo científico, el especialista en Endocrinología y Nutrición y en Medicina de la Educación Física y el Deporte Antonio Escribano Zafra hace un llamamiento a distinguir entre la evidencia médica y los mitos que rodean a estos alimentos.El profesional, que ha coordinado el área de nutrición de más de una veintena de equipos de fútbol, explica que el consumo de leche y derivados forma parte de la evolución de la especie humana desde hace entre 10.000 y 12.000 años, coincidiendo con el desarrollo de la ganadería. Según señala, este cambio favoreció una mutación genética que permitió a gran parte de la población producir lactasa , la enzima necesaria para digerir la lactosa.No obstante, Escribano, que actualmente forma parte del equipo sanitario del Hospital Centro de Andalucía, alerta sobre el creciente número de personas que se autodiagnostican intolerancia sin una valoración médica. «¿Cómo se sabe si uno es intolerante? Con una analítica . No simplemente pensando que te sienta mal significa que ya seas intolerante», afirma.El experto también advierte del incremento del consumo de leche sin lactosa entre personas que no presentan intolerancia. En su opinión, esta práctica puede resultar contraproducente. «Cuando alguien que tolera bien la lactosa toma leche sin lactosa, deja de fabricar la lactasa , que es la enzima que la digiere, y puede acabar volviéndose intolerante», explica.Bebidas vegetales en el centro del debateOtro de los aspectos sobre los que incide el endocrino es la creciente equiparación entre las bebidas vegetales y la leche de origen animal. A su juicio, se trata de una confusión frecuente entre los consumidores.«El hecho de que haya hoy día supuestas bebidas que son leche no es real, porque no son leche», sostiene. En este sentido, explica que productos elaborados a partir de almendras, soja o anacardos son, en realidad, bebidas obtenidas del prensado de semillas o frutos secos y que nutricionalmente no pueden considerarse equivalentes a la leche.Escribano defiende el valor nutricional de los alimentos de origen animal dentro de una dieta equilibrada y recuerda que la leche aporta proteínas de alto valor biológico. «La leche, junto con el huevo, el pescado y la carne, contiene proteína animal que a nosotros nos sienta muy bien», señala.Salvo que exista una contraindicación médica o un diagnóstico específico de intolerancia o alergia, el especialista recomienda mantener un consumo habitual de lácteos, con una ingesta aproximada de dos o tres vasos de leche al día, además de otros productos como el queso, al considerar que constituyen «un arma excelente» para la salud.
En un momento en el que cada vez más personas eliminan los lácteos de su dieta por influencia de tendencias alimentarias o creencias sin respaldo científico, el especialista en Endocrinología y Nutrición y en Medicina de la Educación Física y el Deporte Antonio Escribano Zafra … hace un llamamiento a distinguir entre la evidencia médica y los mitos que rodean a estos alimentos.
El profesional, que ha coordinado el área de nutrición de más de una veintena de equipos de fútbol, explica que el consumo de leche y derivados forma parte de la evolución de la especie humana desde hace entre 10.000 y 12.000 años, coincidiendo con el desarrollo de la ganadería. Según señala, este cambio favoreció una mutación genética que permitió a gran parte de la población producir lactasa, la enzima necesaria para digerir la lactosa.
No obstante, Escribano, que actualmente forma parte del equipo sanitario del Hospital Centro de Andalucía, alerta sobre el creciente número de personas que se autodiagnostican intolerancia sin una valoración médica. «¿Cómo se sabe si uno es intolerante? Con una analítica. No simplemente pensando que te sienta mal significa que ya seas intolerante», afirma.
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El experto también advierte del incremento del consumo de leche sin lactosa entre personas que no presentan intolerancia. En su opinión, esta práctica puede resultar contraproducente. «Cuando alguien que tolera bien la lactosa toma leche sin lactosa, deja de fabricar la lactasa, que es la enzima que la digiere, y puede acabar volviéndose intolerante», explica.
Bebidas vegetales en el centro del debate
Otro de los aspectos sobre los que incide el endocrino es la creciente equiparación entre las bebidas vegetales y la leche de origen animal. A su juicio, se trata de una confusión frecuente entre los consumidores.
«El hecho de que haya hoy día supuestas bebidas que son leche no es real, porque no son leche», sostiene. En este sentido, explica que productos elaborados a partir de almendras, soja o anacardos son, en realidad, bebidas obtenidas del prensado de semillas o frutos secos y que nutricionalmente no pueden considerarse equivalentes a la leche.
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Escribano defiende el valor nutricional de los alimentos de origen animal dentro de una dieta equilibrada y recuerda que la leche aporta proteínas de alto valor biológico. «La leche, junto con el huevo, el pescado y la carne, contiene proteína animal que a nosotros nos sienta muy bien», señala.
Salvo que exista una contraindicación médica o un diagnóstico específico de intolerancia o alergia, el especialista recomienda mantener un consumo habitual de lácteos, con una ingesta aproximada de dos o tres vasos de leche al día, además de otros productos como el queso, al considerar que constituyen «un arma excelente» para la salud.
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