El ciclismo, siempre a la intemperie y a merced del cielo y de las inclemencias del tiempo, tuvo que plegarse a las duras condiciones climatológicas, con tormenta eléctrica y una fuerte granizada, que obligaron a anular la tercera etapa de la Vuelta a España y a posponer la primera gran batalla de los favoritos.
A falta de 15 kilómetros para la meta, los ciclistas, liderados por Pogacar, deciden parar ante las duras condiciones climatológicas
El ciclismo, siempre a la intemperie y a merced del cielo y de las inclemencias del tiempo, tuvo que plegarse a las duras condiciones climatológicas, con tormenta eléctrica y una fuerte granizada, que obligaron a anular la tercera etapa de la Vuelta a España y a posponer la primera gran batalla de los favoritos.
Cuando solo faltaba un descenso y el puerto de Font Romeu, el que iba a ser el primer final en alto de la ronda española, la carrera tuvo que pararse. Una granizada monumental frenó al pelotón en seco. A 15 kilómetros de la línea de meta, los ciclistas no pudieron continuar. Nunca llegaron a la llegada. La piedra que caía les obligó a poner el pie en el suelo y detener la marcha. No solo por el dolor en el cuerpo del impacto de las bolas de granizo y por su salud debido al frío sino también por el peligro para la práctica del ciclismo.
El motivo de la Vuelta
La organización considera que el suelo del descenso y la subida final había quedado impracticable y era un peligro
Los corredores buscaron protección a cubierto en el primer lugar que vieron en el recorrido, a pie de carretera. Lo encontraron en el hotel Village Club Les Sorbiers Mont-Louis, donde les socorrieron con toallas y les dieron refugio para que entrasen en calor. Poco a poco empezaron a llegar los coches de los equipos con más ropa de abrigo (chalecos y mangas largas) para los ciclistas pudiesen cambiarse las prendas chopadas por otras secas. Ahí mismo, en el hall, en las escaleras, en los sofás del zonas comunes del establecimiento e incluso al lado de la mesa de billar los ciclistas, se adecentaban y se alimentaban.
Pronto llegó la cancelación de la etapa por parte de la organización, que reaccionó rápido al ver que el suelo había quedado impracticable en la parte final del recorrido. Era la única solución lógica.
“Por la seguridad de los corredores, la etapa 3 ha sido cancelada debido al granizo y las condiciones meteorológicas adversas. No habrá ganador de etapa ni ceremonia de podio”, comunicaba la Vuelta a España a todos los implicados.
La etapa, que había arrancado en Grissan, en territorio francés, tuvo de todo en cuanto a meteorología. Sol y calor por la mañana, viento en el llano, lluvia al principio del puerto y hasta granizo al final del Mont Louis. Llegó la montaña y en el primer puerto largo esperaba una tormenta de verano, que descargó sobre los ciclistas a medida que iban subiendo y subiendo, hasta los 1.566 metros sobre el nivel del mar en los que se coronaba la ascensión.
Al mando
Pogacar hizo gestos de reducir la marcha e instó a los ciclistas a resguardarse en un hotel a pie de carretera
La cabeza de carrera la formaban el luxemburgués Mats Wenzel (Kern Pharma) y el italiano Lorenzo Fortunato (Astaná). Ellos pasaron los primeros por la pancarta del premio de la montaña con medio minuto de ventaja sobre el pelotón, del que el equipo UAE llevaba mucho rato tirando para tener controlados a los escapados y para preparar el terreno de un más que posible y probable ataque del líder, Tadej Pogacar, que parecía que iba a buscar su segunda victoria de etapa en tres días.
Novak e Ivo Oliveira ya habían hecho su trabajo en el llano. Cuando la carretera se empinaba con el larguísimo col de Mont-Louis, de casi 20 kilómetros, les tocaba a Vermaerke y Sivakov, mientras el equipo Emirates aún se guardaba a Vine, a João Almeida y al joven Pablo Torres para más hacia delante.
Sin embargo ya no habría posibilidad de desplegar todo el potencial de la táctica del UAE. La lluvia se había transformado en granizo. Y a unos 15 kilómetros del final, el propio Pogacar y otros pesos pesados del pelotón vieron que la situación era insostenible. El líder tomó el liderazgo. Con la mano empezó a hacer gestos de reducir la velocidad, de que había parar. A su izquierda vio una caseta, el citado hotel, y el líder señaló hacia allí, como recomendando a todo el pelotón (o lo que quedaba de él) resguardarse en él. No había nada más que decir. Los comisarios no tardaron en darle la razón. Así pues, la primera batalla tendrá lugar este martes en Andorra: tres puertos de Primera y uno de Tercera en 105 km.
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