A Borja Giménez Larraz (Zaragoza, 1983) le consuela que la de ABC sea la última entrevista que concede a propósito de los 25 años del asesinato que le arrebató la vida a su padre, Manuel Giménez Abad, entonces presidente del PP aragonés. En el número 9 de la calle Cortes de Aragón, mientras él iba con su progenitor hacia el estadio de la Romareda a ver (eran épocas mejores para el Real Zaragoza) a su equipo predilecto contra el Numancia. Borja acababa de cumplir 17 años y había insistido en asistir a su padre, que se había echado la siesta y que esa tarde de domingo -6 de mayo de 2001- no tenía muchas ganas de moverse de casa. Es curioso: esa insistencia a Borja no le ha pasado factura. Tampoco recurrió a una gran ayuda del psicoanálisis o la terapia, le hizo más falta refugiarse en su familia y sus amigos para pasar el duelo. «Cada miembro de la familia transitó por su camino de dolor. Diferente, cada uno el suyo», reconoce al pensar en sus abuelos, sus tíos, en su madre y también en su hermano mayor, Manuel Giménez Larraz, el que más se parece en carácter a su padre, reconoce. Y esta será la última entrevista tras semanas de ofrendas de flores en la citada calle zaragozana, en la Cámara autonómica, en el Parlamento Europeo… Solo dos días antes de esta conversación que transcurre junto al puente Giménez Abad de la capital aragonesa -otro de los iconográficos tributos al político asesinado-, una delegación encabezada por los hermanos Manuel y Borja (eurodiputado del PP, trabaja en Bruselas desde hace más de diez años), con Jorge Azcón, líder hoy del PP aragonés y el eurodiputado Esteban González Pons, entre otros, le rinden otro homenaje en la cuna del europeísmo en el que Giménez Abad creía a pies juntillas. En el acto se asesta un golpe verbal: «La democracia es frágil». Noticia relacionada general No No Aznar, en el homenaje a Giménez Abad en Zaragoza: «Sin ETA, Bildu no podría hacer presidente a Sánchez» ABCComo si fuera la célebre frase de ‘Hamnet’, «las cosas son difíciles de conquistar y muy fáciles de perder» se repite en la charla con el hijo que presenció los tres disparos que impactaron en el cuerpo con vida del dirigente popular en pleno centro de Zaragoza. Y esas «cosas» son más fáciles de dilapidar si se dejan al socaire de criminales y de sus herederos, aunque no lancen tiros. Pero Borja Giménez, que dice no haberse educado en el odio, no considera a Bildu un interlocutor válido. Esas personas «no aportan nada a la sociedad», dice. La herida que nunca sanaLos Giménez Larraz han conseguido, se podría llegar a afirmar, taponar de algún modo la herida, aunque es una herida que nunca sana , afirma su hijo. Como parte de esta fecha cerrada que son los cinco lustros de la pérdida de su padre, la corporación autonómica aragonesa ha estrenado -con apoyo del Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, entre otras entidades- el documental ‘Por la espalda’, que cuenta con la participación del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, el ministro del Interior en 2001, Mariano Rajoy, y todos los altos mandos policiales que dirigieron la operación de investigación del crimen de Giménez Abad. Y, pese al tiempo transcurrido, no dejan de aparecer nuevos detalles. Tardaron 17 años en dar con el culpable. Se esclareció quién fue el autor material, Mikel Carrera Sarobe, alias ‘Ata’, que era jefe de ETA y de quien todavía no se contaba con una foto, así que pudo usar su arma -la misma, según lo convenido en la organización terrorista- para disparar a otros muchos cargos políticos, periodistas y agentes. La primera vez que lo vio en esa foto a Borja ya no le quedó ni una mínima duda. Era quien disparó ante sus ojos a su padre. El eurodiputado del PP, durante la entrevista en Zaragoza. Dos fotogramas facilitados por la corporación audiovisual aragonesa del documental ‘Por la espalda’ sobre el crimen de Giménez Abad. Ramón Comet / CedidasPero la mujer que le dio soporte, la que le facilitó la pistola, la que huyó con él del corazón de la ciudad aquel domingo de mayo nunca fue condenada por este crimen, porque al sentarse en el banquillo de los acusados, no se encontraron pruebas suficientes en contra de Miren Itxaso Zaldúa alias ‘Sahatsa’ para incriminarla por este atentado. Luego fue detenida por su participación en otros crímenes y permanece entre rejas. Para Borja, durante años cada golpe que lograba desmantelar un poco la banda terrorista era una gran victoria. En 2000 hubo 23 asesinatos, 15 en 2001Durante uno de los últimos homenajes a Giménez Abad, celebrado el pasado 4 de mayo en Zaragoza, José María Aznar hizo repaso del historial sanguinario que hoy ya solo forma parte de la memoria de algunos. 23 personas fueron asesinadas por etarras en el año 2000; en el año 2001, quince personas, Manuel Giménez Abad y otras catorce. Fueron años de plomo, durísimos, en el seno del Gobierno de la nación y en casas de políticos mundanos, tales como el dirigente zaragozano, un gran amante de la montaña, de sus paseos en Jaca, de sus amigos y de las conversaciones sobre asuntos cotidianos como el fútbol con sus hijos Manuel y Borja. Quince familias rotas y para siempre ese mismo año. Hoy, la Fundación Giménez Abad, que dirige el primogénito de los Giménez Larraz, trasciende lo nacional y es conocida también fuera de nuestras fronteras por su propagación de los principios y valores que inspiran la democracia y que evocaba siempre Giménez Abad. En el documental aparecen los rivales políticos de esa Cámara autonómica desde cuya tribuna el político conservador rivalizaba con Javier Sada (PSOE), Jesús Lacasa (Izquierda Unida) y Bizén Fuster (Chunta Aragonesista) y todos coinciden en un mismo atributo de su compañero muerto: pese a las diferencias ideológicas, Giménez Abad siempre defendió el diálogo y encumbró la tolerancia hacia el diferente. Era la encarnación de lo que se llama «tender puentes», aseguran, así que desde el puente del tercer cinturón en Zaragoza que adoptó su nombre le brinda el (pen)último homenaje su hijo Borja Giménez Larraz.Luisa Fernanda Rudi, entrevistada en las Cortes de Aragón, Casa de Giménez Abad, para la cinta ‘Por la espalda’. Cedida—Es muy llamativa la cantidad de homenajes que se han hecho estos días en memoria de su padre. En Zaragoza, Madrid y Bruselas. ¿Sienten el cariño todavía de la gente y del partido 25 años después? —Sentimos un enorme agradecimiento, de la sociedad aragonesa en particular y eso es trasladable al resto de España. También es verdad que estos son días intensos, complicados, nos devuelven a esos días de mucho dolor, de horror. Tener que estar compareciendo y exponiéndonos al público continuamente, hablar de la muerte de tu padre, que es algo tan íntimo, es como desnudar el alma, parece que nos regodeemos en nuestro propio sufrimiento. Pero al mismo tiempo sentimos que es muy necesario también, y estamos realmente muy agradecidos, porque una parte de la sociedad española está haciendo un esfuerzo por mantener viva la memoria del conjunto de las víctimas del terrorismo. Sobre lo que ellas representan para nuestra democracia y como un pilar sobre el que construir la democracia del conjunto de los españoles.«Cada uno transita su camino por el dolor, de forma distinta. Pero la herida nunca sana, nunca cierra, te acompaña siempre. Aun así, siempre digo que aquella tarde quien más perdió fue mi padre, lo perdió todo»—¿Tiene algo que ver el carácter que tenía su padre con que no se olvide su memoria?—Seguro que sí. Es verdad que mi padre era una persona que siempre apostó por los consensos, por tratar de establecer puentes, hacia los que pensaban de otra forma, de forma respetuosa, era muy tolerante. Y eso es algo que llevaba en el ADN. Yo creo que eso sí ha contribuido a que la memoria de mi padre se mantenga viva. La fundación que lleva el nombre de mi padre es un ejemplo claro: es una fundación que está aquí en Aragón, y podemos estar especialmente orgullosos de que una víctima del terrorismo -porque las siglas políticas que representaban han quedado de lado y todas las fuerzas políticas han sabido entender que era mucho más lo que había en juego y que la memoria de mi padre no es la memoria de un partido- sea la memoria democrática del conjunto de los aragoneses que forma parte ya de un pilar importante de esa construcción.—No obstante, desde que murió su padre, la polarización se ha apoderado de la política. Por eso llama tanto la atención que todos los políticos se pongan de acuerdo en algo, incluso en honrar a una misma persona…—Precisamente por eso es por lo que digo que los aragoneses podemos estar especialmente orgullosos. Es verdad que a Aragón siempre nos ha caracterizado esa política de pactos, de tener acuerdos entre diferentes y mi padre simboliza como nadie esa forma de entender la política. Y es un símbolo que trasciende. Que forma parte de la memoria democrática del conjunto de la sociedad.—Estará cansado de que se lo preguntemos y hace tantos años, pero… ¿cuándo cierra la herida una persona que ha visto como tirotean a su padre?—No cierra nunca. Es un hecho que me acompañará el resto de mi vida, que marcó mi carácter y lo hizo de forma definitiva y para siempre. Me acuerdo de mi padre todos los días, y su asesinato lo llevo interiorizado, no nos va a abandonar y el dolor en estos días de homenajes se intensifica. Esta va a ser la última entrevista que tengo prevista en homenaje de mi padre y cierto siento alivio, al mismo tiempo de la necesidad que tengo de contar, de dar las gracias, de reivindicar la importancia que tiene, no dejan de ser momentos para mí de mucho dolor. —¿Cómo marcó su carácter, de qué forma?—En el momento del asesinato, el apoyo de mi madre, mi familia y amigos tuvo un papel fundamental; recuerdo que mi madre se tragó muchas lágrimas para tratar de devolver la normalidad a mi familia. Mi hermano es verdad que asumió un rol, una responsabilidad que tal vez no le correspondía. Y a mí siempre me llevaron un poco más en ‘palmitas’, pero todos hemos tenido que discurrir nuestro camino de dolor de una forma u otra. Mis abuelos, sus hermanos… La familia ha transitado ese camino de una manera particular. Aun así, yo siempre digo que aquella tarde el que más perdió fue mi padre, el resto nos hemos conseguido reconstruir. Quien lo perdió todo fue mi padre. —¿Marcó su carácter y también su carrera política, ya quería ser en 2001 lo que es usted hoy?—Yo tenía justo 17 años, estaba en el colegio, me gustaba la política pero no me planteaba en ningún caso dedicarme en el futuro a ella. Mi padre era una referencia para mí, me gustaba en ese sentido seguir de cerca su actividad, pero sí que hay algo que es claro: el hecho de que a tu padre lo asesinen por representar la democracia, un proyecto político, las siglas de un partido concreto, eso te empuja, te genera una reacción -diría que hasta natural- de querer tomar en cierto modo su testigo o tratar de defender lo que él defendía cuando lo mataron.Giménez Larraz, durante la conversación con ABC. R. Comet—¿Su hermano en cambio no optó por la política?—No, Manuel es abogado, director jurídico en Telefónica, presidente de la Fundación Manuel Giménez Abad, pero tiene un compromiso político absoluto, también. —¿Se ha reprochado en alguna ocasión después de la muerte de su padre haberle insistido en ir al fútbol esa tarde?—Tal vez sea algo que pueda llevarlo en el interior, no lo sé, pero no ha tenido un enorme coste psicológico en mí. Ya le digo que igual lo llevo, lo arrastro de alguna forma, pero es una realidad que fue así. En el homenaje que hubo aquí en Zaragoza, Javier Arenas dijo que impulsó y animó a mi padre para que fuese presidente del PP aragonés, y él sí que creo que lo llevó dentro clavado, sintió cierta responsabilidad. Para él sí debió tener un coste personal. La realidad es que los terroristas iban detrás de mi padre, no sé si su crimen hubiese sido esa tarde, porque yo le insistí, o al día siguiente, en otra situación. A mí siempre me apetecía compartir ese momento con él, porque era un momento en que aprovechábamos para hablar de nuestras cosas, hablábamos del partido, lo comentábamos mientras volvíamos del estadio caminando y yo apreciaba mucho esos ratos. Mi padre no llevaba escoltas esa tarde. —¿Necesitó mucha ayuda psicológica?—No tuve mucha ayuda en ese sentido. «El Gobierno debe poner más esfuerzos en esclarecer los 300 asesinatos que quedan por resolver. Conceder beneficios penitenciarios a quien no está colaborando con la Justicia para que suceda es una indecencia»—Pues tiene que estar hecho de una gran fortaleza….—He tenido apoyo. Al final, por el hecho en sí de haber presenciado o haber sido espectador del asesinato, lo pienso fríamente y es cierto que parece inasumible para alguien. Tengo claro que desde aquel momento mi vida cambió y lo he tratado de llevar lo mejor posible. —¿Se trata en la actualidad bien a las víctimas del terrorismo?—Lo de estos días en Aragón es una muestra de que sí se trata bien al conjunto de las víctimas del tratamiento, no se puede decir lo mismo de otros lugares como el País Vasco, con la permisividad con homenajes, pancartas de apoyo a los presos de ETA… que no son síntoma de otra cosa más que de la humillación a las víctimas. El problema de lo que está ocurriendo en el País Vasco, donde en las últimas elecciones autonómicas un 33% de los votos fueron a parar a Bildu y que entre la franja de 18 a 34 años la primera fuerza política en votos fue Bildu, es algo que no llega a sanar. Hay una cultura del odio que pervive y persiste y aparejada a esa cultura del odio el partido político que connive con ese ambiente se sitúa a la cabeza y más entre los jóvenes. —Para alguien que ha visto asesinar a su padre, ¿qué significa el artículo 100.2 que están esgrimiendo las autoridades vascas para conceder beneficios penitenciarios a algunos asesinos de ETA?—Fundamentalmente desde el día en que el presidente Pedro Sánchez llegó al poder hay una cultura de blanqueamiento de Bildu, de una formación política que no reniega de su pasado de sangre y esto es lo más grave, no podemos homologar como una fuerza política más a alguien que no condena el terrorismo y todos los asesinatos que cometieron; cuyo coordinador general es Arnaldo Otegi, quien el día que asesinaron a mi padre dijo: ‘Menos lágrimas de cocodrilo y más propuestas de solución al conflicto’. El jefe de Estrategia Política de Bildu es David Pla, que fue detenido un año antes del asesinato de mi padre aquí en Zaragoza recogiendo información, pasó 6 años en la cárcel y luego fue uno de los encapuchados que decretó su ‘perdón’ al resto de los españoles leyendo aquel comunicado donde pusieron fin a la violencia. Con esos atributos éticos y morales, me parece una ignominia que esta gente esté convertida hoy en un interlocutor privilegiado del Gobierno. Lo que más me llama la atención es que esta cuestión no le haya pasado factura que le debía haber pasado, parece un tema esquinado al que nadie atiende, parece que es una cuestión que evocamos cuatro trasnochados, y la realidad es que es un tema fundamental. El recuerdo de las víctimas debería ser un pilar fundamental de la memoria democrática de una nación, del conjunto de la memoria colectiva—¿Cómo se aprende a no odiar?—Tal vez sea por mi forma de ser. Sí que siento que detesto a Bildu, a su —entorno, no tengo el más mínimo interés en establecer una relación con ellos, no aportan nada positivo a la sociedad, pero gracias a Dios si los terroristas lo que pretendían era inocularnos odio, llenarnos de esa ansia de violencia política, fracasaron en su objetivo, y esos principios y valores que nos inculcó mi padre durante tantos paseos a la Romareda, caminatas por la montaña y por Jaca eso ya había calado muy hondo y el odio fue derrotado. Me enorgullezco de que ahora esos mismos principios se los inculcaré a mis hijas, a mis sobrinas y en la medida de la posible a todo el que lo necesite.—Aznar dijo el pasado 4 de mayo en un acto en Zaragoza que Bildu gobierna en España, ¿está de acuerdo?—Tengo claro que Bildu tiene una capacidad de influencia enorme en el Gobierno. Otegi dijo aquella célebre frase de ‘presos por presupuestos’ y después todo se está cumpliendo al milímetro. Me preguntaba usted antes por el tema de los beneficios penitenciarios, del artículo 100.2, detrás de todo esto hay una estrategia calculada al milímetro: primero, el acercamiento de los presos al País Vasco, después el traspaso de competencias y ahora las excarcelaciones y los beneficios preventivos. —El documental ‘Por la espalda’ muestra algo que no se conocía al detalle y son esos 17 años que se tardó en dar con ‘Ata’, el asesino de su padre. ¿Por qué se tardó tanto en esclarecer el crimen de su padre? —No eran capaces de dar con la tecla y encontrar a los responsables. Es verdad que hubo investigaciones, que la Policía Nacional y la Guardia Civil lo pusieron todo de su parte para intentar abrir varias vías, pero… En un momento dado, durante un reconocimiento fotográfico, reconocí a ‘Ata’ en una foto que me mostraron y se reinició toda la investigación. Se fueron entonces abriendo pruebas claves para la resolución.—¿La foto que le mostraron fue a raíz del asesinato de otro político, un concejal?—Fue a raíz de la detención de ‘Ata’ como nuevo rostro en la jefatura de ETA. ‘Ata’ era uno de los más violentos de la organización, fue uno de los últimos terroristas que arrestaron y en nuevas ruedas de reconocimiento, muchos otros testigos lo reconocieron como autor de otros crímenes en otros lugares; porque era una imagen que no había salido a la luz. Yo vi a ‘Ata’, y había con él una mujer, pero él fue el autor material, fue el que asesinó a mi padre. A ella, que le estaba dando apoyo y recogió la pistola, en el juicio no hubo pruebas suficientes para que se la pudiese condenar y no se la condenó, pero sí todo apunta a que ella estaba junto a él. Manuel Giménez, Cayetana Álvarez de Toledo, Roberta Metsola, Borja Giménez, Jorge Azcón y Esteban González Pons, el pasado 12 de mayo en el homenaje en Bruselas. Fabián Simón—¿Qué significa para usted que ella saliera de rositas por ese atentado?—Todos los indicios policiales indican que ella era la responsable, el fallo judicial dijo lo contrario, que no había pruebas suficientes. Es complicado asumir ese tipo de decisiones, la realidad es que ella fue detenida de nuevo y ahora está en prisión por otros crímenes que arrastra. —¿Cómo se vive 17 años sin enterrar el caso?—Cuando muere un ser querido lo peor es superar la pérdida, que desaparezca tu padre de tu vida. Es cierto que por las circunstancias de su asesinato cuando se detuvo y condenó a ‘Ata’ ayudó a limar algo esa herida, pero la herida que se abrió ese 6 de mayo de 2001 nunca va a sanar. Es un hecho con el que vivimos. Yo personalmente vivía cada detención de comandos, cada golpe que se asestaba a ETA como una victoria personal, más -seguramente- que cualquier otra persona. Porque todo el conjunto de ETA estaba detrás del asesinato de mi padre, obviamente lo personalizo en ese absoluto desgraciado que disparó tres veces, pero todo formaba parte de la misma batalla que trasciende a esa persona. —Su padre era un profundo europeísta, ¿tiene algo que ver su vocación en Bruselas con ese homenaje personal y político que le rinde?—Yo creo que fue una oportunidad buena. Tanto a mi hermano como a mí siempre nos animó a que el futuro nos acercásemos a Europa, que no había fronteras y él siempre consideró que el futuro iba a transitar por la Comunidad Europea. Iba al Comité de la Regiones e iba siempre muy orgulloso. En el homenaje que le dimos el pasado 12 de mayo en Bruselas queríamos poner sobre la mesa que el proyecto europeo se construye sobre los restos de muchas víctimas que conforman nuestro pasado más oscuro y todos los europeos hemos sabido entender que forma parte de nuestra memoria colectiva. Es la principal razón de ser del proyecto europeo: el hecho de reconocer que ninguna idea está por encima de la vida de las personas es la revolución de nuestra civilización. De toda esa memoria, la historia de las víctimas del terrorismo que trataba de destruir nuestras libertades, atentar contra nuestra democracia y nuestro modelo de convivencia, debe formar parte de la memoria el conjunto de los europeos. Tratar de llevar la historia del terror a Bruselas y que se conozca es nuestra intención porque sobre ellos debemos construir nuestro modelo de éxito y de paz. —En casa, en el Palacio de La Aljafería, la Cámara entera respetaba a su padre. ¿Cuál es la receta mágica? ¿Cómo se consigue?—Hay algo en lo que nos hemos equivocado en la política española, algo que no llega a funcionar de la forma correcta. Porque lo que tiene que estar claro es que cada uno puede tener su ideología, su forma de ver el mundo y sus ideas, lo que no es normal es que nos estemos faltando el respeto continuamente unos a otros. Lo normal es que la gente piense de forma distinta, también dentro de tu propia familia ocurre, pero hay que saber diferenciar la ideología de la persona. Yo tengo amigos de todas las ideologías, mi padre también y hay que normalizar ese tipo de relaciones. Discutir, confrontar nuestros proyectos políticos forma parte de la democracia, con vehemencia sí, pero de ahí a no respetarnos los unos a los otros es algo que está fallando y deberíamos recuperar el espíritu de concordia. El mundo no es monolítico y de unipensamiento.—Aplica las recetas de su padre…—Sí. Con los únicos que no hablo es con Bildu.Manuel Giménez y Borja Giménez, los dos hijos del político asesinado hace cinco lustros, en el documental. Cedida por CARTV—Saltando a la actualidad, ¿qué diría su padre del pacto actual del PP con Vox para gobernar Aragón?—Es una pregunta realmente complicada, pero por las condiciones en que se ha hecho el pacto actual no tendría reparos, tal y como se ha hecho, pero no puedo hablar en nombre de mi padre. —¿Y usted qué opina de ese pacto?—La cuestión fundamental son los términos en que se ha alcanzado y las medidas que se han incluido en el programa de gobierno, en términos generales; lo que se ha incluido de forma completa es un proyecto positivo y razonable para Aragón y que representa en gran medida a la fuerza mayoritaria en ese pacto de gobierno que es el PP.—Rechaza convertir a su padre en un héroe—La imagen que proyecta mi padre es la de un ciudadano aragonés más, que representaba un proyecto político determinado, que es justo la antítesis de lo que representan sus asesinos. La imagen que se proyecta no es la de un héroe pero integra elementos edificantes.—¿Si la Justicia es reparadora y ETA ha desaparecido, qué les falta a las víctimas?—Hay un desafío en el que el Estado tiene que persistir: todos ellos, nuestros seres queridos, fueron asesinados por representar los principios y valores de la democracia, por representarnos a todos, cuando asesinaban nos estaban asesinando a todos un poco y lo mínimo que podemos exigir como sociedad es que persista la voluntad de esclarecer los 300 asesinatos que quedan sin resolver. Se deben seguir haciendo esfuerzos. El paso del tiempo levanta de forma natural la presión sobre la investigación de este tipo de sucesos, pero debería asignarse en las Fuerzas de Seguridad una parte específica destinada a intentar arrojar luz sobre esos 300 asesinatos sin respuestas. Además, el tema de los beneficios penitenciarios para gente que no está colaborando con la Justicia para que esto se resuelva es una completa indecencia. A Borja Giménez Larraz (Zaragoza, 1983) le consuela que la de ABC sea la última entrevista que concede a propósito de los 25 años del asesinato que le arrebató la vida a su padre, Manuel Giménez Abad, entonces presidente del PP aragonés. En el número 9 de la calle Cortes de Aragón, mientras él iba con su progenitor hacia el estadio de la Romareda a ver (eran épocas mejores para el Real Zaragoza) a su equipo predilecto contra el Numancia. Borja acababa de cumplir 17 años y había insistido en asistir a su padre, que se había echado la siesta y que esa tarde de domingo -6 de mayo de 2001- no tenía muchas ganas de moverse de casa. Es curioso: esa insistencia a Borja no le ha pasado factura. Tampoco recurrió a una gran ayuda del psicoanálisis o la terapia, le hizo más falta refugiarse en su familia y sus amigos para pasar el duelo. «Cada miembro de la familia transitó por su camino de dolor. Diferente, cada uno el suyo», reconoce al pensar en sus abuelos, sus tíos, en su madre y también en su hermano mayor, Manuel Giménez Larraz, el que más se parece en carácter a su padre, reconoce. Y esta será la última entrevista tras semanas de ofrendas de flores en la citada calle zaragozana, en la Cámara autonómica, en el Parlamento Europeo… Solo dos días antes de esta conversación que transcurre junto al puente Giménez Abad de la capital aragonesa -otro de los iconográficos tributos al político asesinado-, una delegación encabezada por los hermanos Manuel y Borja (eurodiputado del PP, trabaja en Bruselas desde hace más de diez años), con Jorge Azcón, líder hoy del PP aragonés y el eurodiputado Esteban González Pons, entre otros, le rinden otro homenaje en la cuna del europeísmo en el que Giménez Abad creía a pies juntillas. En el acto se asesta un golpe verbal: «La democracia es frágil». Noticia relacionada general No No Aznar, en el homenaje a Giménez Abad en Zaragoza: «Sin ETA, Bildu no podría hacer presidente a Sánchez» ABCComo si fuera la célebre frase de ‘Hamnet’, «las cosas son difíciles de conquistar y muy fáciles de perder» se repite en la charla con el hijo que presenció los tres disparos que impactaron en el cuerpo con vida del dirigente popular en pleno centro de Zaragoza. Y esas «cosas» son más fáciles de dilapidar si se dejan al socaire de criminales y de sus herederos, aunque no lancen tiros. Pero Borja Giménez, que dice no haberse educado en el odio, no considera a Bildu un interlocutor válido. Esas personas «no aportan nada a la sociedad», dice. La herida que nunca sanaLos Giménez Larraz han conseguido, se podría llegar a afirmar, taponar de algún modo la herida, aunque es una herida que nunca sana , afirma su hijo. Como parte de esta fecha cerrada que son los cinco lustros de la pérdida de su padre, la corporación autonómica aragonesa ha estrenado -con apoyo del Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, entre otras entidades- el documental ‘Por la espalda’, que cuenta con la participación del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, el ministro del Interior en 2001, Mariano Rajoy, y todos los altos mandos policiales que dirigieron la operación de investigación del crimen de Giménez Abad. Y, pese al tiempo transcurrido, no dejan de aparecer nuevos detalles. Tardaron 17 años en dar con el culpable. Se esclareció quién fue el autor material, Mikel Carrera Sarobe, alias ‘Ata’, que era jefe de ETA y de quien todavía no se contaba con una foto, así que pudo usar su arma -la misma, según lo convenido en la organización terrorista- para disparar a otros muchos cargos políticos, periodistas y agentes. La primera vez que lo vio en esa foto a Borja ya no le quedó ni una mínima duda. Era quien disparó ante sus ojos a su padre. El eurodiputado del PP, durante la entrevista en Zaragoza. Dos fotogramas facilitados por la corporación audiovisual aragonesa del documental ‘Por la espalda’ sobre el crimen de Giménez Abad. Ramón Comet / CedidasPero la mujer que le dio soporte, la que le facilitó la pistola, la que huyó con él del corazón de la ciudad aquel domingo de mayo nunca fue condenada por este crimen, porque al sentarse en el banquillo de los acusados, no se encontraron pruebas suficientes en contra de Miren Itxaso Zaldúa alias ‘Sahatsa’ para incriminarla por este atentado. Luego fue detenida por su participación en otros crímenes y permanece entre rejas. Para Borja, durante años cada golpe que lograba desmantelar un poco la banda terrorista era una gran victoria. En 2000 hubo 23 asesinatos, 15 en 2001Durante uno de los últimos homenajes a Giménez Abad, celebrado el pasado 4 de mayo en Zaragoza, José María Aznar hizo repaso del historial sanguinario que hoy ya solo forma parte de la memoria de algunos. 23 personas fueron asesinadas por etarras en el año 2000; en el año 2001, quince personas, Manuel Giménez Abad y otras catorce. Fueron años de plomo, durísimos, en el seno del Gobierno de la nación y en casas de políticos mundanos, tales como el dirigente zaragozano, un gran amante de la montaña, de sus paseos en Jaca, de sus amigos y de las conversaciones sobre asuntos cotidianos como el fútbol con sus hijos Manuel y Borja. Quince familias rotas y para siempre ese mismo año. Hoy, la Fundación Giménez Abad, que dirige el primogénito de los Giménez Larraz, trasciende lo nacional y es conocida también fuera de nuestras fronteras por su propagación de los principios y valores que inspiran la democracia y que evocaba siempre Giménez Abad. En el documental aparecen los rivales políticos de esa Cámara autonómica desde cuya tribuna el político conservador rivalizaba con Javier Sada (PSOE), Jesús Lacasa (Izquierda Unida) y Bizén Fuster (Chunta Aragonesista) y todos coinciden en un mismo atributo de su compañero muerto: pese a las diferencias ideológicas, Giménez Abad siempre defendió el diálogo y encumbró la tolerancia hacia el diferente. Era la encarnación de lo que se llama «tender puentes», aseguran, así que desde el puente del tercer cinturón en Zaragoza que adoptó su nombre le brinda el (pen)último homenaje su hijo Borja Giménez Larraz.Luisa Fernanda Rudi, entrevistada en las Cortes de Aragón, Casa de Giménez Abad, para la cinta ‘Por la espalda’. Cedida—Es muy llamativa la cantidad de homenajes que se han hecho estos días en memoria de su padre. En Zaragoza, Madrid y Bruselas. ¿Sienten el cariño todavía de la gente y del partido 25 años después? —Sentimos un enorme agradecimiento, de la sociedad aragonesa en particular y eso es trasladable al resto de España. También es verdad que estos son días intensos, complicados, nos devuelven a esos días de mucho dolor, de horror. Tener que estar compareciendo y exponiéndonos al público continuamente, hablar de la muerte de tu padre, que es algo tan íntimo, es como desnudar el alma, parece que nos regodeemos en nuestro propio sufrimiento. Pero al mismo tiempo sentimos que es muy necesario también, y estamos realmente muy agradecidos, porque una parte de la sociedad española está haciendo un esfuerzo por mantener viva la memoria del conjunto de las víctimas del terrorismo. Sobre lo que ellas representan para nuestra democracia y como un pilar sobre el que construir la democracia del conjunto de los españoles.«Cada uno transita su camino por el dolor, de forma distinta. Pero la herida nunca sana, nunca cierra, te acompaña siempre. Aun así, siempre digo que aquella tarde quien más perdió fue mi padre, lo perdió todo»—¿Tiene algo que ver el carácter que tenía su padre con que no se olvide su memoria?—Seguro que sí. Es verdad que mi padre era una persona que siempre apostó por los consensos, por tratar de establecer puentes, hacia los que pensaban de otra forma, de forma respetuosa, era muy tolerante. Y eso es algo que llevaba en el ADN. Yo creo que eso sí ha contribuido a que la memoria de mi padre se mantenga viva. La fundación que lleva el nombre de mi padre es un ejemplo claro: es una fundación que está aquí en Aragón, y podemos estar especialmente orgullosos de que una víctima del terrorismo -porque las siglas políticas que representaban han quedado de lado y todas las fuerzas políticas han sabido entender que era mucho más lo que había en juego y que la memoria de mi padre no es la memoria de un partido- sea la memoria democrática del conjunto de los aragoneses que forma parte ya de un pilar importante de esa construcción.—No obstante, desde que murió su padre, la polarización se ha apoderado de la política. Por eso llama tanto la atención que todos los políticos se pongan de acuerdo en algo, incluso en honrar a una misma persona…—Precisamente por eso es por lo que digo que los aragoneses podemos estar especialmente orgullosos. Es verdad que a Aragón siempre nos ha caracterizado esa política de pactos, de tener acuerdos entre diferentes y mi padre simboliza como nadie esa forma de entender la política. Y es un símbolo que trasciende. Que forma parte de la memoria democrática del conjunto de la sociedad.—Estará cansado de que se lo preguntemos y hace tantos años, pero… ¿cuándo cierra la herida una persona que ha visto como tirotean a su padre?—No cierra nunca. Es un hecho que me acompañará el resto de mi vida, que marcó mi carácter y lo hizo de forma definitiva y para siempre. Me acuerdo de mi padre todos los días, y su asesinato lo llevo interiorizado, no nos va a abandonar y el dolor en estos días de homenajes se intensifica. Esta va a ser la última entrevista que tengo prevista en homenaje de mi padre y cierto siento alivio, al mismo tiempo de la necesidad que tengo de contar, de dar las gracias, de reivindicar la importancia que tiene, no dejan de ser momentos para mí de mucho dolor. —¿Cómo marcó su carácter, de qué forma?—En el momento del asesinato, el apoyo de mi madre, mi familia y amigos tuvo un papel fundamental; recuerdo que mi madre se tragó muchas lágrimas para tratar de devolver la normalidad a mi familia. Mi hermano es verdad que asumió un rol, una responsabilidad que tal vez no le correspondía. Y a mí siempre me llevaron un poco más en ‘palmitas’, pero todos hemos tenido que discurrir nuestro camino de dolor de una forma u otra. Mis abuelos, sus hermanos… La familia ha transitado ese camino de una manera particular. Aun así, yo siempre digo que aquella tarde el que más perdió fue mi padre, el resto nos hemos conseguido reconstruir. Quien lo perdió todo fue mi padre. —¿Marcó su carácter y también su carrera política, ya quería ser en 2001 lo que es usted hoy?—Yo tenía justo 17 años, estaba en el colegio, me gustaba la política pero no me planteaba en ningún caso dedicarme en el futuro a ella. Mi padre era una referencia para mí, me gustaba en ese sentido seguir de cerca su actividad, pero sí que hay algo que es claro: el hecho de que a tu padre lo asesinen por representar la democracia, un proyecto político, las siglas de un partido concreto, eso te empuja, te genera una reacción -diría que hasta natural- de querer tomar en cierto modo su testigo o tratar de defender lo que él defendía cuando lo mataron.Giménez Larraz, durante la conversación con ABC. R. Comet—¿Su hermano en cambio no optó por la política?—No, Manuel es abogado, director jurídico en Telefónica, presidente de la Fundación Manuel Giménez Abad, pero tiene un compromiso político absoluto, también. —¿Se ha reprochado en alguna ocasión después de la muerte de su padre haberle insistido en ir al fútbol esa tarde?—Tal vez sea algo que pueda llevarlo en el interior, no lo sé, pero no ha tenido un enorme coste psicológico en mí. Ya le digo que igual lo llevo, lo arrastro de alguna forma, pero es una realidad que fue así. En el homenaje que hubo aquí en Zaragoza, Javier Arenas dijo que impulsó y animó a mi padre para que fuese presidente del PP aragonés, y él sí que creo que lo llevó dentro clavado, sintió cierta responsabilidad. Para él sí debió tener un coste personal. La realidad es que los terroristas iban detrás de mi padre, no sé si su crimen hubiese sido esa tarde, porque yo le insistí, o al día siguiente, en otra situación. A mí siempre me apetecía compartir ese momento con él, porque era un momento en que aprovechábamos para hablar de nuestras cosas, hablábamos del partido, lo comentábamos mientras volvíamos del estadio caminando y yo apreciaba mucho esos ratos. Mi padre no llevaba escoltas esa tarde. —¿Necesitó mucha ayuda psicológica?—No tuve mucha ayuda en ese sentido. «El Gobierno debe poner más esfuerzos en esclarecer los 300 asesinatos que quedan por resolver. Conceder beneficios penitenciarios a quien no está colaborando con la Justicia para que suceda es una indecencia»—Pues tiene que estar hecho de una gran fortaleza….—He tenido apoyo. Al final, por el hecho en sí de haber presenciado o haber sido espectador del asesinato, lo pienso fríamente y es cierto que parece inasumible para alguien. Tengo claro que desde aquel momento mi vida cambió y lo he tratado de llevar lo mejor posible. —¿Se trata en la actualidad bien a las víctimas del terrorismo?—Lo de estos días en Aragón es una muestra de que sí se trata bien al conjunto de las víctimas del tratamiento, no se puede decir lo mismo de otros lugares como el País Vasco, con la permisividad con homenajes, pancartas de apoyo a los presos de ETA… que no son síntoma de otra cosa más que de la humillación a las víctimas. El problema de lo que está ocurriendo en el País Vasco, donde en las últimas elecciones autonómicas un 33% de los votos fueron a parar a Bildu y que entre la franja de 18 a 34 años la primera fuerza política en votos fue Bildu, es algo que no llega a sanar. Hay una cultura del odio que pervive y persiste y aparejada a esa cultura del odio el partido político que connive con ese ambiente se sitúa a la cabeza y más entre los jóvenes. —Para alguien que ha visto asesinar a su padre, ¿qué significa el artículo 100.2 que están esgrimiendo las autoridades vascas para conceder beneficios penitenciarios a algunos asesinos de ETA?—Fundamentalmente desde el día en que el presidente Pedro Sánchez llegó al poder hay una cultura de blanqueamiento de Bildu, de una formación política que no reniega de su pasado de sangre y esto es lo más grave, no podemos homologar como una fuerza política más a alguien que no condena el terrorismo y todos los asesinatos que cometieron; cuyo coordinador general es Arnaldo Otegi, quien el día que asesinaron a mi padre dijo: ‘Menos lágrimas de cocodrilo y más propuestas de solución al conflicto’. El jefe de Estrategia Política de Bildu es David Pla, que fue detenido un año antes del asesinato de mi padre aquí en Zaragoza recogiendo información, pasó 6 años en la cárcel y luego fue uno de los encapuchados que decretó su ‘perdón’ al resto de los españoles leyendo aquel comunicado donde pusieron fin a la violencia. Con esos atributos éticos y morales, me parece una ignominia que esta gente esté convertida hoy en un interlocutor privilegiado del Gobierno. Lo que más me llama la atención es que esta cuestión no le haya pasado factura que le debía haber pasado, parece un tema esquinado al que nadie atiende, parece que es una cuestión que evocamos cuatro trasnochados, y la realidad es que es un tema fundamental. El recuerdo de las víctimas debería ser un pilar fundamental de la memoria democrática de una nación, del conjunto de la memoria colectiva—¿Cómo se aprende a no odiar?—Tal vez sea por mi forma de ser. Sí que siento que detesto a Bildu, a su —entorno, no tengo el más mínimo interés en establecer una relación con ellos, no aportan nada positivo a la sociedad, pero gracias a Dios si los terroristas lo que pretendían era inocularnos odio, llenarnos de esa ansia de violencia política, fracasaron en su objetivo, y esos principios y valores que nos inculcó mi padre durante tantos paseos a la Romareda, caminatas por la montaña y por Jaca eso ya había calado muy hondo y el odio fue derrotado. Me enorgullezco de que ahora esos mismos principios se los inculcaré a mis hijas, a mis sobrinas y en la medida de la posible a todo el que lo necesite.—Aznar dijo el pasado 4 de mayo en un acto en Zaragoza que Bildu gobierna en España, ¿está de acuerdo?—Tengo claro que Bildu tiene una capacidad de influencia enorme en el Gobierno. Otegi dijo aquella célebre frase de ‘presos por presupuestos’ y después todo se está cumpliendo al milímetro. Me preguntaba usted antes por el tema de los beneficios penitenciarios, del artículo 100.2, detrás de todo esto hay una estrategia calculada al milímetro: primero, el acercamiento de los presos al País Vasco, después el traspaso de competencias y ahora las excarcelaciones y los beneficios preventivos. —El documental ‘Por la espalda’ muestra algo que no se conocía al detalle y son esos 17 años que se tardó en dar con ‘Ata’, el asesino de su padre. ¿Por qué se tardó tanto en esclarecer el crimen de su padre? —No eran capaces de dar con la tecla y encontrar a los responsables. Es verdad que hubo investigaciones, que la Policía Nacional y la Guardia Civil lo pusieron todo de su parte para intentar abrir varias vías, pero… En un momento dado, durante un reconocimiento fotográfico, reconocí a ‘Ata’ en una foto que me mostraron y se reinició toda la investigación. Se fueron entonces abriendo pruebas claves para la resolución.—¿La foto que le mostraron fue a raíz del asesinato de otro político, un concejal?—Fue a raíz de la detención de ‘Ata’ como nuevo rostro en la jefatura de ETA. ‘Ata’ era uno de los más violentos de la organización, fue uno de los últimos terroristas que arrestaron y en nuevas ruedas de reconocimiento, muchos otros testigos lo reconocieron como autor de otros crímenes en otros lugares; porque era una imagen que no había salido a la luz. Yo vi a ‘Ata’, y había con él una mujer, pero él fue el autor material, fue el que asesinó a mi padre. A ella, que le estaba dando apoyo y recogió la pistola, en el juicio no hubo pruebas suficientes para que se la pudiese condenar y no se la condenó, pero sí todo apunta a que ella estaba junto a él. Manuel Giménez, Cayetana Álvarez de Toledo, Roberta Metsola, Borja Giménez, Jorge Azcón y Esteban González Pons, el pasado 12 de mayo en el homenaje en Bruselas. Fabián Simón—¿Qué significa para usted que ella saliera de rositas por ese atentado?—Todos los indicios policiales indican que ella era la responsable, el fallo judicial dijo lo contrario, que no había pruebas suficientes. Es complicado asumir ese tipo de decisiones, la realidad es que ella fue detenida de nuevo y ahora está en prisión por otros crímenes que arrastra. —¿Cómo se vive 17 años sin enterrar el caso?—Cuando muere un ser querido lo peor es superar la pérdida, que desaparezca tu padre de tu vida. Es cierto que por las circunstancias de su asesinato cuando se detuvo y condenó a ‘Ata’ ayudó a limar algo esa herida, pero la herida que se abrió ese 6 de mayo de 2001 nunca va a sanar. Es un hecho con el que vivimos. Yo personalmente vivía cada detención de comandos, cada golpe que se asestaba a ETA como una victoria personal, más -seguramente- que cualquier otra persona. Porque todo el conjunto de ETA estaba detrás del asesinato de mi padre, obviamente lo personalizo en ese absoluto desgraciado que disparó tres veces, pero todo formaba parte de la misma batalla que trasciende a esa persona. —Su padre era un profundo europeísta, ¿tiene algo que ver su vocación en Bruselas con ese homenaje personal y político que le rinde?—Yo creo que fue una oportunidad buena. Tanto a mi hermano como a mí siempre nos animó a que el futuro nos acercásemos a Europa, que no había fronteras y él siempre consideró que el futuro iba a transitar por la Comunidad Europea. Iba al Comité de la Regiones e iba siempre muy orgulloso. En el homenaje que le dimos el pasado 12 de mayo en Bruselas queríamos poner sobre la mesa que el proyecto europeo se construye sobre los restos de muchas víctimas que conforman nuestro pasado más oscuro y todos los europeos hemos sabido entender que forma parte de nuestra memoria colectiva. Es la principal razón de ser del proyecto europeo: el hecho de reconocer que ninguna idea está por encima de la vida de las personas es la revolución de nuestra civilización. De toda esa memoria, la historia de las víctimas del terrorismo que trataba de destruir nuestras libertades, atentar contra nuestra democracia y nuestro modelo de convivencia, debe formar parte de la memoria el conjunto de los europeos. Tratar de llevar la historia del terror a Bruselas y que se conozca es nuestra intención porque sobre ellos debemos construir nuestro modelo de éxito y de paz. —En casa, en el Palacio de La Aljafería, la Cámara entera respetaba a su padre. ¿Cuál es la receta mágica? ¿Cómo se consigue?—Hay algo en lo que nos hemos equivocado en la política española, algo que no llega a funcionar de la forma correcta. Porque lo que tiene que estar claro es que cada uno puede tener su ideología, su forma de ver el mundo y sus ideas, lo que no es normal es que nos estemos faltando el respeto continuamente unos a otros. Lo normal es que la gente piense de forma distinta, también dentro de tu propia familia ocurre, pero hay que saber diferenciar la ideología de la persona. Yo tengo amigos de todas las ideologías, mi padre también y hay que normalizar ese tipo de relaciones. Discutir, confrontar nuestros proyectos políticos forma parte de la democracia, con vehemencia sí, pero de ahí a no respetarnos los unos a los otros es algo que está fallando y deberíamos recuperar el espíritu de concordia. El mundo no es monolítico y de unipensamiento.—Aplica las recetas de su padre…—Sí. Con los únicos que no hablo es con Bildu.Manuel Giménez y Borja Giménez, los dos hijos del político asesinado hace cinco lustros, en el documental. Cedida por CARTV—Saltando a la actualidad, ¿qué diría su padre del pacto actual del PP con Vox para gobernar Aragón?—Es una pregunta realmente complicada, pero por las condiciones en que se ha hecho el pacto actual no tendría reparos, tal y como se ha hecho, pero no puedo hablar en nombre de mi padre. —¿Y usted qué opina de ese pacto?—La cuestión fundamental son los términos en que se ha alcanzado y las medidas que se han incluido en el programa de gobierno, en términos generales; lo que se ha incluido de forma completa es un proyecto positivo y razonable para Aragón y que representa en gran medida a la fuerza mayoritaria en ese pacto de gobierno que es el PP.—Rechaza convertir a su padre en un héroe—La imagen que proyecta mi padre es la de un ciudadano aragonés más, que representaba un proyecto político determinado, que es justo la antítesis de lo que representan sus asesinos. La imagen que se proyecta no es la de un héroe pero integra elementos edificantes.—¿Si la Justicia es reparadora y ETA ha desaparecido, qué les falta a las víctimas?—Hay un desafío en el que el Estado tiene que persistir: todos ellos, nuestros seres queridos, fueron asesinados por representar los principios y valores de la democracia, por representarnos a todos, cuando asesinaban nos estaban asesinando a todos un poco y lo mínimo que podemos exigir como sociedad es que persista la voluntad de esclarecer los 300 asesinatos que quedan sin resolver. Se deben seguir haciendo esfuerzos. El paso del tiempo levanta de forma natural la presión sobre la investigación de este tipo de sucesos, pero debería asignarse en las Fuerzas de Seguridad una parte específica destinada a intentar arrojar luz sobre esos 300 asesinatos sin respuestas. Además, el tema de los beneficios penitenciarios para gente que no está colaborando con la Justicia para que esto se resuelva es una completa indecencia.
A Borja Giménez Larraz (Zaragoza, 1983) le consuela que la de ABC sea la última entrevista que concede a propósito de los 25 años del asesinato que le arrebató la vida a su padre, Manuel Giménez Abad, entonces presidente del PP aragonés. En … el número 9 de la calle Cortes de Aragón, mientras él iba con su progenitor hacia el estadio de la Romareda a ver (eran épocas mejores para el Real Zaragoza) a su equipo predilecto contra el Numancia.
Borja acababa de cumplir 17 años y había insistido en asistir a su padre, que se había echado la siesta y que esa tarde de domingo -6 de mayo de 2001- no tenía muchas ganas de moverse de casa. Es curioso: esa insistencia a Borja no le ha pasado factura. Tampoco recurrió a una gran ayuda del psicoanálisis o la terapia, le hizo más falta refugiarse en su familia y sus amigos para pasar el duelo. «Cada miembro de la familia transitó por su camino de dolor. Diferente, cada uno el suyo», reconoce al pensar en sus abuelos, sus tíos, en su madre y también en su hermano mayor, Manuel Giménez Larraz, el que más se parece en carácter a su padre, reconoce.
Y esta será la última entrevista tras semanas de ofrendas de flores en la citada calle zaragozana, en la Cámara autonómica, en el Parlamento Europeo… Solo dos días antes de esta conversación que transcurre junto al puente Giménez Abad de la capital aragonesa -otro de los iconográficos tributos al político asesinado-, una delegación encabezada por los hermanos Manuel y Borja (eurodiputado del PP, trabaja en Bruselas desde hace más de diez años), con Jorge Azcón, líder hoy del PP aragonés y el eurodiputado Esteban González Pons, entre otros, le rinden otro homenaje en la cuna del europeísmo en el que Giménez Abad creía a pies juntillas. En el acto se asesta un golpe verbal: «La democracia es frágil».
Como si fuera la célebre frase de ‘Hamnet’, «las cosas son difíciles de conquistar y muy fáciles de perder» se repite en la charla con el hijo que presenció los tres disparos que impactaron en el cuerpo con vida del dirigente popular en pleno centro de Zaragoza. Y esas «cosas» son más fáciles de dilapidar si se dejan al socaire de criminales y de sus herederos, aunque no lancen tiros. Pero Borja Giménez, que dice no haberse educado en el odio, no considera a Bildu un interlocutor válido. Esas personas «no aportan nada a la sociedad», dice.
La herida que nunca sana
Los Giménez Larraz han conseguido, se podría llegar a afirmar, taponar de algún modo la herida, aunque es una herida que nunca sana, afirma su hijo.
Como parte de esta fecha cerrada que son los cinco lustros de la pérdida de su padre, la corporación autonómica aragonesa ha estrenado -con apoyo del Gobierno de Aragón y el Ayuntamiento de Zaragoza, entre otras entidades- el documental ‘Por la espalda’, que cuenta con la participación del entonces presidente del Gobierno, José María Aznar, el ministro del Interior en 2001, Mariano Rajoy, y todos los altos mandos policiales que dirigieron la operación de investigación del crimen de Giménez Abad. Y, pese al tiempo transcurrido, no dejan de aparecer nuevos detalles. Tardaron 17 años en dar con el culpable. Se esclareció quién fue el autor material, Mikel Carrera Sarobe, alias ‘Ata’, que era jefe de ETA y de quien todavía no se contaba con una foto, así que pudo usar su arma -la misma, según lo convenido en la organización terrorista- para disparar a otros muchos cargos políticos, periodistas y agentes. La primera vez que lo vio en esa foto a Borja ya no le quedó ni una mínima duda. Era quien disparó ante sus ojos a su padre.
(Ramón Comet / Cedidas)
Pero la mujer que le dio soporte, la que le facilitó la pistola, la que huyó con él del corazón de la ciudad aquel domingo de mayo nunca fue condenada por este crimen, porque al sentarse en el banquillo de los acusados, no se encontraron pruebas suficientes en contra de Miren Itxaso Zaldúa alias ‘Sahatsa’ para incriminarla por este atentado. Luego fue detenida por su participación en otros crímenes y permanece entre rejas. Para Borja, durante años cada golpe que lograba desmantelar un poco la banda terrorista era una gran victoria.
En 2000 hubo 23 asesinatos, 15 en 2001
Durante uno de los últimos homenajes a Giménez Abad, celebrado el pasado 4 de mayo en Zaragoza, José María Aznar hizo repaso del historial sanguinario que hoy ya solo forma parte de la memoria de algunos. 23 personas fueron asesinadas por etarras en el año 2000; en el año 2001, quince personas, Manuel Giménez Abad y otras catorce. Fueron años de plomo, durísimos, en el seno del Gobierno de la nación y en casas de políticos mundanos, tales como el dirigente zaragozano, un gran amante de la montaña, de sus paseos en Jaca, de sus amigos y de las conversaciones sobre asuntos cotidianos como el fútbol con sus hijos Manuel y Borja. Quince familias rotas y para siempre ese mismo año.
Hoy, la Fundación Giménez Abad, que dirige el primogénito de los Giménez Larraz, trasciende lo nacional y es conocida también fuera de nuestras fronteras por su propagación de los principios y valores que inspiran la democracia y que evocaba siempre Giménez Abad. En el documental aparecen los rivales políticos de esa Cámara autonómica desde cuya tribuna el político conservador rivalizaba con Javier Sada (PSOE), Jesús Lacasa (Izquierda Unida) y Bizén Fuster (Chunta Aragonesista) y todos coinciden en un mismo atributo de su compañero muerto: pese a las diferencias ideológicas, Giménez Abad siempre defendió el diálogo y encumbró la tolerancia hacia el diferente. Era la encarnación de lo que se llama «tender puentes», aseguran, así que desde el puente del tercer cinturón en Zaragoza que adoptó su nombre le brinda el (pen)último homenaje su hijo Borja Giménez Larraz.

(Cedida)
—Es muy llamativa la cantidad de homenajes que se han hecho estos días en memoria de su padre. En Zaragoza, Madrid y Bruselas. ¿Sienten el cariño todavía de la gente y del partido 25 años después?
—Sentimos un enorme agradecimiento, de la sociedad aragonesa en particular y eso es trasladable al resto de España. También es verdad que estos son días intensos, complicados, nos devuelven a esos días de mucho dolor, de horror. Tener que estar compareciendo y exponiéndonos al público continuamente, hablar de la muerte de tu padre, que es algo tan íntimo, es como desnudar el alma, parece que nos regodeemos en nuestro propio sufrimiento. Pero al mismo tiempo sentimos que es muy necesario también, y estamos realmente muy agradecidos, porque una parte de la sociedad española está haciendo un esfuerzo por mantener viva la memoria del conjunto de las víctimas del terrorismo. Sobre lo que ellas representan para nuestra democracia y como un pilar sobre el que construir la democracia del conjunto de los españoles.
«Cada uno transita su camino por el dolor, de forma distinta. Pero la herida nunca sana, nunca cierra, te acompaña siempre. Aun así, siempre digo que aquella tarde quien más perdió fue mi padre, lo perdió todo»
—¿Tiene algo que ver el carácter que tenía su padre con que no se olvide su memoria?
—Seguro que sí. Es verdad que mi padre era una persona que siempre apostó por los consensos, por tratar de establecer puentes, hacia los que pensaban de otra forma, de forma respetuosa, era muy tolerante. Y eso es algo que llevaba en el ADN. Yo creo que eso sí ha contribuido a que la memoria de mi padre se mantenga viva. La fundación que lleva el nombre de mi padre es un ejemplo claro: es una fundación que está aquí en Aragón, y podemos estar especialmente orgullosos de que una víctima del terrorismo -porque las siglas políticas que representaban han quedado de lado y todas las fuerzas políticas han sabido entender que era mucho más lo que había en juego y que la memoria de mi padre no es la memoria de un partido- sea la memoria democrática del conjunto de los aragoneses que forma parte ya de un pilar importante de esa construcción.
—No obstante, desde que murió su padre, la polarización se ha apoderado de la política. Por eso llama tanto la atención que todos los políticos se pongan de acuerdo en algo, incluso en honrar a una misma persona…
—Precisamente por eso es por lo que digo que los aragoneses podemos estar especialmente orgullosos. Es verdad que a Aragón siempre nos ha caracterizado esa política de pactos, de tener acuerdos entre diferentes y mi padre simboliza como nadie esa forma de entender la política. Y es un símbolo que trasciende. Que forma parte de la memoria democrática del conjunto de la sociedad.
—Estará cansado de que se lo preguntemos y hace tantos años, pero… ¿cuándo cierra la herida una persona que ha visto como tirotean a su padre?
—No cierra nunca. Es un hecho que me acompañará el resto de mi vida, que marcó mi carácter y lo hizo de forma definitiva y para siempre. Me acuerdo de mi padre todos los días, y su asesinato lo llevo interiorizado, no nos va a abandonar y el dolor en estos días de homenajes se intensifica. Esta va a ser la última entrevista que tengo prevista en homenaje de mi padre y cierto siento alivio, al mismo tiempo de la necesidad que tengo de contar, de dar las gracias, de reivindicar la importancia que tiene, no dejan de ser momentos para mí de mucho dolor.
—¿Cómo marcó su carácter, de qué forma?
—En el momento del asesinato, el apoyo de mi madre, mi familia y amigos tuvo un papel fundamental; recuerdo que mi madre se tragó muchas lágrimas para tratar de devolver la normalidad a mi familia. Mi hermano es verdad que asumió un rol, una responsabilidad que tal vez no le correspondía. Y a mí siempre me llevaron un poco más en ‘palmitas’, pero todos hemos tenido que discurrir nuestro camino de dolor de una forma u otra. Mis abuelos, sus hermanos… La familia ha transitado ese camino de una manera particular. Aun así, yo siempre digo que aquella tarde el que más perdió fue mi padre, el resto nos hemos conseguido reconstruir. Quien lo perdió todo fue mi padre.
—¿Marcó su carácter y también su carrera política, ya quería ser en 2001 lo que es usted hoy?
—Yo tenía justo 17 años, estaba en el colegio, me gustaba la política pero no me planteaba en ningún caso dedicarme en el futuro a ella. Mi padre era una referencia para mí, me gustaba en ese sentido seguir de cerca su actividad, pero sí que hay algo que es claro: el hecho de que a tu padre lo asesinen por representar la democracia, un proyecto político, las siglas de un partido concreto, eso te empuja, te genera una reacción -diría que hasta natural- de querer tomar en cierto modo su testigo o tratar de defender lo que él defendía cuando lo mataron.
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(R. Comet)
—¿Su hermano en cambio no optó por la política?
—No, Manuel es abogado, director jurídico en Telefónica, presidente de la Fundación Manuel Giménez Abad, pero tiene un compromiso político absoluto, también.
—¿Se ha reprochado en alguna ocasión después de la muerte de su padre haberle insistido en ir al fútbol esa tarde?
—Tal vez sea algo que pueda llevarlo en el interior, no lo sé, pero no ha tenido un enorme coste psicológico en mí. Ya le digo que igual lo llevo, lo arrastro de alguna forma, pero es una realidad que fue así. En el homenaje que hubo aquí en Zaragoza, Javier Arenas dijo que impulsó y animó a mi padre para que fuese presidente del PP aragonés, y él sí que creo que lo llevó dentro clavado, sintió cierta responsabilidad. Para él sí debió tener un coste personal. La realidad es que los terroristas iban detrás de mi padre, no sé si su crimen hubiese sido esa tarde, porque yo le insistí, o al día siguiente, en otra situación. A mí siempre me apetecía compartir ese momento con él, porque era un momento en que aprovechábamos para hablar de nuestras cosas, hablábamos del partido, lo comentábamos mientras volvíamos del estadio caminando y yo apreciaba mucho esos ratos. Mi padre no llevaba escoltas esa tarde.
—¿Necesitó mucha ayuda psicológica?
—No tuve mucha ayuda en ese sentido.
«El Gobierno debe poner más esfuerzos en esclarecer los 300 asesinatos que quedan por resolver. Conceder beneficios penitenciarios a quien no está colaborando con la Justicia para que suceda es una indecencia»
—Pues tiene que estar hecho de una gran fortaleza….
—He tenido apoyo. Al final, por el hecho en sí de haber presenciado o haber sido espectador del asesinato, lo pienso fríamente y es cierto que parece inasumible para alguien. Tengo claro que desde aquel momento mi vida cambió y lo he tratado de llevar lo mejor posible.
—¿Se trata en la actualidad bien a las víctimas del terrorismo?
—Lo de estos días en Aragón es una muestra de que sí se trata bien al conjunto de las víctimas del tratamiento, no se puede decir lo mismo de otros lugares como el País Vasco, con la permisividad con homenajes, pancartas de apoyo a los presos de ETA… que no son síntoma de otra cosa más que de la humillación a las víctimas. El problema de lo que está ocurriendo en el País Vasco, donde en las últimas elecciones autonómicas un 33% de los votos fueron a parar a Bildu y que entre la franja de 18 a 34 años la primera fuerza política en votos fue Bildu, es algo que no llega a sanar. Hay una cultura del odio que pervive y persiste y aparejada a esa cultura del odio el partido político que connive con ese ambiente se sitúa a la cabeza y más entre los jóvenes.
—Para alguien que ha visto asesinar a su padre, ¿qué significa el artículo 100.2 que están esgrimiendo las autoridades vascas para conceder beneficios penitenciarios a algunos asesinos de ETA?
—Fundamentalmente desde el día en que el presidente Pedro Sánchez llegó al poder hay una cultura de blanqueamiento de Bildu, de una formación política que no reniega de su pasado de sangre y esto es lo más grave, no podemos homologar como una fuerza política más a alguien que no condena el terrorismo y todos los asesinatos que cometieron; cuyo coordinador general es Arnaldo Otegi, quien el día que asesinaron a mi padre dijo: ‘Menos lágrimas de cocodrilo y más propuestas de solución al conflicto’. El jefe de Estrategia Política de Bildu es David Pla, que fue detenido un año antes del asesinato de mi padre aquí en Zaragoza recogiendo información, pasó 6 años en la cárcel y luego fue uno de los encapuchados que decretó su ‘perdón’ al resto de los españoles leyendo aquel comunicado donde pusieron fin a la violencia. Con esos atributos éticos y morales, me parece una ignominia que esta gente esté convertida hoy en un interlocutor privilegiado del Gobierno. Lo que más me llama la atención es que esta cuestión no le haya pasado factura que le debía haber pasado, parece un tema esquinado al que nadie atiende, parece que es una cuestión que evocamos cuatro trasnochados, y la realidad es que es un tema fundamental. El recuerdo de las víctimas debería ser un pilar fundamental de la memoria democrática de una nación, del conjunto de la memoria colectiva
—¿Cómo se aprende a no odiar?
—Tal vez sea por mi forma de ser. Sí que siento que detesto a Bildu, a su —entorno, no tengo el más mínimo interés en establecer una relación con ellos, no aportan nada positivo a la sociedad, pero gracias a Dios si los terroristas lo que pretendían era inocularnos odio, llenarnos de esa ansia de violencia política, fracasaron en su objetivo, y esos principios y valores que nos inculcó mi padre durante tantos paseos a la Romareda, caminatas por la montaña y por Jaca eso ya había calado muy hondo y el odio fue derrotado. Me enorgullezco de que ahora esos mismos principios se los inculcaré a mis hijas, a mis sobrinas y en la medida de la posible a todo el que lo necesite.
—Aznar dijo el pasado 4 de mayo en un acto en Zaragoza que Bildu gobierna en España, ¿está de acuerdo?
—Tengo claro que Bildu tiene una capacidad de influencia enorme en el Gobierno. Otegi dijo aquella célebre frase de ‘presos por presupuestos’ y después todo se está cumpliendo al milímetro. Me preguntaba usted antes por el tema de los beneficios penitenciarios, del artículo 100.2, detrás de todo esto hay una estrategia calculada al milímetro: primero, el acercamiento de los presos al País Vasco, después el traspaso de competencias y ahora las excarcelaciones y los beneficios preventivos.
—El documental ‘Por la espalda’ muestra algo que no se conocía al detalle y son esos 17 años que se tardó en dar con ‘Ata’, el asesino de su padre. ¿Por qué se tardó tanto en esclarecer el crimen de su padre?
—No eran capaces de dar con la tecla y encontrar a los responsables. Es verdad que hubo investigaciones, que la Policía Nacional y la Guardia Civil lo pusieron todo de su parte para intentar abrir varias vías, pero… En un momento dado, durante un reconocimiento fotográfico, reconocí a ‘Ata’ en una foto que me mostraron y se reinició toda la investigación. Se fueron entonces abriendo pruebas claves para la resolución.
—¿La foto que le mostraron fue a raíz del asesinato de otro político, un concejal?
—Fue a raíz de la detención de ‘Ata’ como nuevo rostro en la jefatura de ETA. ‘Ata’ era uno de los más violentos de la organización, fue uno de los últimos terroristas que arrestaron y en nuevas ruedas de reconocimiento, muchos otros testigos lo reconocieron como autor de otros crímenes en otros lugares; porque era una imagen que no había salido a la luz. Yo vi a ‘Ata’, y había con él una mujer, pero él fue el autor material, fue el que asesinó a mi padre. A ella, que le estaba dando apoyo y recogió la pistola, en el juicio no hubo pruebas suficientes para que se la pudiese condenar y no se la condenó, pero sí todo apunta a que ella estaba junto a él.

(Fabián Simón)
—¿Qué significa para usted que ella saliera de rositas por ese atentado?
—Todos los indicios policiales indican que ella era la responsable, el fallo judicial dijo lo contrario, que no había pruebas suficientes. Es complicado asumir ese tipo de decisiones, la realidad es que ella fue detenida de nuevo y ahora está en prisión por otros crímenes que arrastra.
—¿Cómo se vive 17 años sin enterrar el caso?
—Cuando muere un ser querido lo peor es superar la pérdida, que desaparezca tu padre de tu vida. Es cierto que por las circunstancias de su asesinato cuando se detuvo y condenó a ‘Ata’ ayudó a limar algo esa herida, pero la herida que se abrió ese 6 de mayo de 2001 nunca va a sanar. Es un hecho con el que vivimos. Yo personalmente vivía cada detención de comandos, cada golpe que se asestaba a ETA como una victoria personal, más -seguramente- que cualquier otra persona. Porque todo el conjunto de ETA estaba detrás del asesinato de mi padre, obviamente lo personalizo en ese absoluto desgraciado que disparó tres veces, pero todo formaba parte de la misma batalla que trasciende a esa persona.
—Su padre era un profundo europeísta, ¿tiene algo que ver su vocación en Bruselas con ese homenaje personal y político que le rinde?
—Yo creo que fue una oportunidad buena. Tanto a mi hermano como a mí siempre nos animó a que el futuro nos acercásemos a Europa, que no había fronteras y él siempre consideró que el futuro iba a transitar por la Comunidad Europea. Iba al Comité de la Regiones e iba siempre muy orgulloso. En el homenaje que le dimos el pasado 12 de mayo en Bruselas queríamos poner sobre la mesa que el proyecto europeo se construye sobre los restos de muchas víctimas que conforman nuestro pasado más oscuro y todos los europeos hemos sabido entender que forma parte de nuestra memoria colectiva. Es la principal razón de ser del proyecto europeo: el hecho de reconocer que ninguna idea está por encima de la vida de las personas es la revolución de nuestra civilización. De toda esa memoria, la historia de las víctimas del terrorismo que trataba de destruir nuestras libertades, atentar contra nuestra democracia y nuestro modelo de convivencia, debe formar parte de la memoria el conjunto de los europeos. Tratar de llevar la historia del terror a Bruselas y que se conozca es nuestra intención porque sobre ellos debemos construir nuestro modelo de éxito y de paz.
—En casa, en el Palacio de La Aljafería, la Cámara entera respetaba a su padre. ¿Cuál es la receta mágica? ¿Cómo se consigue?
—Hay algo en lo que nos hemos equivocado en la política española, algo que no llega a funcionar de la forma correcta. Porque lo que tiene que estar claro es que cada uno puede tener su ideología, su forma de ver el mundo y sus ideas, lo que no es normal es que nos estemos faltando el respeto continuamente unos a otros. Lo normal es que la gente piense de forma distinta, también dentro de tu propia familia ocurre, pero hay que saber diferenciar la ideología de la persona. Yo tengo amigos de todas las ideologías, mi padre también y hay que normalizar ese tipo de relaciones. Discutir, confrontar nuestros proyectos políticos forma parte de la democracia, con vehemencia sí, pero de ahí a no respetarnos los unos a los otros es algo que está fallando y deberíamos recuperar el espíritu de concordia. El mundo no es monolítico y de unipensamiento.
—Aplica las recetas de su padre…
—Sí. Con los únicos que no hablo es con Bildu.

(Cedida por CARTV)
—Saltando a la actualidad, ¿qué diría su padre del pacto actual del PP con Vox para gobernar Aragón?
—Es una pregunta realmente complicada, pero por las condiciones en que se ha hecho el pacto actual no tendría reparos, tal y como se ha hecho, pero no puedo hablar en nombre de mi padre.
—¿Y usted qué opina de ese pacto?
—La cuestión fundamental son los términos en que se ha alcanzado y las medidas que se han incluido en el programa de gobierno, en términos generales; lo que se ha incluido de forma completa es un proyecto positivo y razonable para Aragón y que representa en gran medida a la fuerza mayoritaria en ese pacto de gobierno que es el PP.
—Rechaza convertir a su padre en un héroe
—La imagen que proyecta mi padre es la de un ciudadano aragonés más, que representaba un proyecto político determinado, que es justo la antítesis de lo que representan sus asesinos. La imagen que se proyecta no es la de un héroe pero integra elementos edificantes.
—¿Si la Justicia es reparadora y ETA ha desaparecido, qué les falta a las víctimas?
—Hay un desafío en el que el Estado tiene que persistir: todos ellos, nuestros seres queridos, fueron asesinados por representar los principios y valores de la democracia, por representarnos a todos, cuando asesinaban nos estaban asesinando a todos un poco y lo mínimo que podemos exigir como sociedad es que persista la voluntad de esclarecer los 300 asesinatos que quedan sin resolver. Se deben seguir haciendo esfuerzos. El paso del tiempo levanta de forma natural la presión sobre la investigación de este tipo de sucesos, pero debería asignarse en las Fuerzas de Seguridad una parte específica destinada a intentar arrojar luz sobre esos 300 asesinatos sin respuestas. Además, el tema de los beneficios penitenciarios para gente que no está colaborando con la Justicia para que esto se resuelva es una completa indecencia.
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