Parecía imposible, pero pasó.
La plataforma deberá convertir sus promesas en hechos sin perder su unidad
Parecía imposible, pero pasó.
El movimiento de protesta estudiantil de Serbia, surgido hace casi dos años para exigir la rendición de cuentas por un derrumbe mortal en una estación de tren, logró vencer el pasado domingo en las urnas al partido del conservador Aleksandar Vucic, quien monopolizaba el poder desde el 2014.
Lo hizo, además, de forma incontestable: con el 52,6% de los votos frente al 39,2% de su rival –lo que se traducirá en una mayoría absoluta en el Parlamento– y con el aval de una participación electoral muy elevada, cercana al 70%.
Pero, tras lograr este histórico (e inédito) giro político, la corriente articulada en torno a la plataforma Lista Estudiantil se enfrenta a un reto todavía más complejo: convertir sus demandas en acción de gobierno.
El programa del movimiento fue consensuado mediante un proceso asambleario y se resume en once puntos. Los cuatro primeros se centran en la lucha contra la corrupción, la idea fuerza de las protestas iniciadas en el otoño del 2024, e incluyen propuestas como la creación de una unidad policial fiscal inmune a las injerencias externas, la despolitización de los medios de comunicación y la auditoría de todos los proyectos estatales de infraestructuras. Asimismo, la plataforma promete acabar con el clientelismo en el sector público, una mayor inversión en educación y mejoras en los ámbitos laboral y sanitario.
Unas medidas ambiciosas, que buscan marcar un punto de inflexión en un país que durante más de una década ha sido cautivo de los intereses del Partido Progresista Serbio, y que requieren de un Ejecutivo bien engrasado. Y ahí surge la duda: ¿cómo se va a organizar la Lista Estudiantil para llevarlas a cabo, si se tiene en cuenta que el movimiento carece de liderazgos claros y se estructura de forma horizontal?
Todos los candidatos de la plataforma fueron elegidos por consenso mediante un proceso asambleario. Los estudiantes –que renunciaron a formar parte de la lista electoral– querían que los escogidos trascendieran el ámbito universitario y que representaran a las distintas sensibilidades del país. Así, entre los que obtendrán un escaño figuran personalidades tan heterogéneas como la leyenda del baloncesto Dejan Bodiroga, el actor Tihomir Stanic o el exgobernador del Banco de Serbia Dejan Soskic. Ninguno es más importante que los demás, y eso incluye al hombre que encabeza la lista, el cardiólogo y profesor Ilija Srdanovic, uno de los muchos académicos que integran la plataforma.

“Ahora vamos a ver cómo se maneja este movimiento con el poder, que es vertical”, dice a este diario Mira Milosevic, investigadora principal para los Balcanes del Real Instituto Elcano, quien, no obstante, considera que la Lista Estudiantil cuenta con personas “muy capacitadas” para ejecutar la tarea más urgente del nuevo Ejecutivo: el desmantelamiento del entramado de corruptelas tejido por Vuvic.
El balcanólogo Miguel Roán también piensa que la horizontalidad del movimiento no tiene por qué ser un lastre a la hora de cumplir con su principal objetivo, que “no es tanto gobernar como limpiar las instituciones”, pero sí que advierte de un obstáculo a largo plazo, derivado de la mezcolanza ideológica de la plataforma.
“El problema vendrá cuando tengan que ejercer política de manera proactiva en cuestiones sensibles para el nacionalismo serbio, como es la relación con la Unión Europea, Rusia, China y EE.UU.”, dice este analista, quien recuerda que, en campaña, la Lista Estudiantil ha orillado estos temas más divisivos en aras de la unidad.
“Seguro que habrá fragmentación”, pronostica Milosevic. “La cuestión es si esto va a perjudicar la transición hacia un sistema más democrático o va a contribuir a crear un sistema multipartidista real. Si el movimiento cumple sus promesas, esto va a ser un periodo transitorio para crear unas condiciones sanas para la competitividad política, y en un futuro muy cercano puede que se celebren otras elecciones a las que concurran formaciones surgidas de este movimiento”.
Otro interrogante es si la ciudadanía va a ser paciente en la nueva etapa que comienza ahora. El movimiento estudiantil ha sabido insuflar esperanza al país, pero de la ilusión al desencanto hay solo un paso. Lo saben bien los propios serbios, que años atrás vieron cómo el proceso reformista iniciado tras la caída de Slobodan Milosevic en el 2000 quedó truncado.
“Las posibilidades de decepción son muy elevadas. La cuestión es que la sociedad ha preferido el riesgo de decepcionarse a mantener al gobierno de Vucic”, responde Roán, quien agrega que ahora estamos en un momento muy distinto al de los primeros dosmiles. “Ahora hay una nueva generación política que no sufre los complejos de la generación anterior y, por tanto, puede mirar hacia el futuro con optimismo”.
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