Trajeado, enérgico y rodeado de una comitiva presidencial de casi una decena de vehículos aparecía, a punto de que el reloj marcase las diez, aquel que dice venir del futuro que depara a España «de continuar abrazados a las ideas de los socialistas». El presidente argentino, Javier Milei, no pronunciaba tal predicción en un fallido intento de la prensa de conseguir declaraciones antes de que rebasase el portón del Real Casino de Madrid. Lo hacía durante un desayuno informativo del Nueva Economía Fórum, cuyos invitados recibían entre aplausos y con modales refinados su llegada, bajo el foco de decenas de cámaras, por una alfombra roja con el logo de la institución.El escuchado entre las paredes de Alcalá, 15 era un discurso duro, despiadado hacia la izquierda e idólatra del liberalismo. La ferviente crítica que lo caracteriza era esperada durante su mañana de vaivenes por la capital en seguimiento de una agenda que ha deslizado al cortejo entre calles madrileñas en la que ha sido su séptima visita al país desde que las urnas le otorgaron el poder en 2023. Esta vez, la cita ha llegado en el transcurso de la carrera de los partidos hacia las elecciones del 29 de noviembre , que lo han aprovechado como baza electoral. La izquierda, a través de una condena flagrante a su estancia y, la derecha, mediante reuniones con el líder . Su regreso podría ser temprano de confirmarse, aunque todavía no lo ha hecho, su participación en la XXX Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar los días 4 y 5 de noviembre. De tal fecha se separa la actualidad por dos semanas y, sin ansias de anticipar un futuro, Milei no ha dudado en definirse hoy como «liberal libertario acérrimo». Antagónica descripción del «impresentable dictador» que considera al presidente del país que pisa. «Pedrito» o «corrupto» eran otros de los motes que le otorgaba tras expresarse con fiereza sobre la corrupción y su patria que, en la línea discursiva de Trump, pretende «hacer grande nuevamente». Abría los brazos y recolocaba con el índice las gafas que caían sobre su nariz y dejaban desnudos sus ojos en su mirar a los oyentes al cargar contra la prensa argentina –«son la peste, mediocres»–, con críticas de las que no se ha librado la española. A su marcha, el lugar parecía guardar todavía la intensidad de un último «¡viva la libertad, carajo!».Después de salir, terminaba por detenerse ante las decenas de medios que le esperaban y respondía durante casi diez minutos sus preguntas. «Que los españoles voten en favor de sí mismos, que no se suiciden votando socialistas», es su petición final a quienes posarán su papeleta a finales de noviembre porque, dice en referencia a Sánchez, «ese les va a arruinar la vida». Cree, Javier Milei, que los españoles tienen «una deuda con su sangre de sacar a los socialistas a patadas» por ser «cuna del liberalismo». Y escondían sus palabras cierto orgullo cuando le preguntaban por la pancarta desplegada por el Partido Socialista con motivo de su visita esta mañana en su sede, en la que reza «zurdos y orgullosos». Tomaba la crítica como un cumplido –«me encanta»– porque entiende que la respuesta a los «poderes tiránicos» es el florecimiento del liberalismo por el que aboga.Economía y política Si en el Casino era recibido entre honores y voluptuosidades, su siguiente parada era escenario de una protesta, aupada por colectivos como la Organización Estudiantil Socialista de Madrid, Contracorriente o el Partido Comunista de Madrid. El campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos, al que acudía para presentar el Máster Universitario en Economía de la Escuela Austriaca, congregaba decenas de estudiantes que ondeaban banderas palestinas, de la república y rojas por entero mientras clamaban por su expulsión. Así lo hacían Rocío y Carmen, dos estudiantes que condenaban que a quien «está en contra de la universidad pública se le dé la posibilidad de hablar en una». Entre los alumnos, contaban las jóvenes que el tema había sido recurrente en las últimas semanas e incluso profesores y el Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación habían enviado sendos mensajes por correo manifestando su oposición. El despliegue, decían otros, era superior comparado con lo que fue cuando acudieron la presidenta regional o el Rey. Durante su visita, Milei ha cargado contra la izquierda, el Estado y la prensaEntrada la tarde, dirigían primero sus pasos a la fundación Disenso, vinculada a Vox, donde se encontraba a puerta cerrada con su director y eurodiputado Jorge Martín Frías y con el secretario general de la formación, Ignacio Garriga. Entretanto, una videollamada con el líder de los verdes, Santiago Abascal, que se encuentra fuera de la capital en un acto de campaña que ha terminado con cargas policiales . «Dicen que no me querés más», le espetaba, entre risas, en un vídeo difundido por la Oficina del Presidente de la República Argentina a través de sus redes sociales. La secuencia política de la travesía alcanzaba su cenit, y también su final, en un encuentro con la presidenta de la Comunidad de Madrid, que el argentino reconoce como «amiga». Esta última batalla era precisamente una de las incógnitas de la jornada, pues no fue confirmada hasta apenas unas horas antes de producirse. El lugar fijado para la cita no era la Presidencia de la Comunidad en la Puerta del Sol, todavía copada por tiendas de campaña en defensa de la vivienda, sino en la sede de Canal. No acudían estudiantes universitarios de la Rey Juan Carlos entre quienes, durante la mañana, rondaba la idea de continuar allí la protesta.Igual que la de Vox, la reunión acontecía sin prensa y de ella han trascendido imágenes de abrazos y posados difundidas por la propia Comunidad. Entre él y la presidenta regional, decía Milei, no hacen falta exageradas organizaciones, y así justificaba la demora en noticias al respecto. «Una charla», comentaba que tendrían. Todo ello antes de regresar en el avión presidencial, en torno a las 21 horas, rumbo al país en el que dice ver reflejado el futuro de España. Trajeado, enérgico y rodeado de una comitiva presidencial de casi una decena de vehículos aparecía, a punto de que el reloj marcase las diez, aquel que dice venir del futuro que depara a España «de continuar abrazados a las ideas de los socialistas». El presidente argentino, Javier Milei, no pronunciaba tal predicción en un fallido intento de la prensa de conseguir declaraciones antes de que rebasase el portón del Real Casino de Madrid. Lo hacía durante un desayuno informativo del Nueva Economía Fórum, cuyos invitados recibían entre aplausos y con modales refinados su llegada, bajo el foco de decenas de cámaras, por una alfombra roja con el logo de la institución.El escuchado entre las paredes de Alcalá, 15 era un discurso duro, despiadado hacia la izquierda e idólatra del liberalismo. La ferviente crítica que lo caracteriza era esperada durante su mañana de vaivenes por la capital en seguimiento de una agenda que ha deslizado al cortejo entre calles madrileñas en la que ha sido su séptima visita al país desde que las urnas le otorgaron el poder en 2023. Esta vez, la cita ha llegado en el transcurso de la carrera de los partidos hacia las elecciones del 29 de noviembre , que lo han aprovechado como baza electoral. La izquierda, a través de una condena flagrante a su estancia y, la derecha, mediante reuniones con el líder . Su regreso podría ser temprano de confirmarse, aunque todavía no lo ha hecho, su participación en la XXX Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar los días 4 y 5 de noviembre. De tal fecha se separa la actualidad por dos semanas y, sin ansias de anticipar un futuro, Milei no ha dudado en definirse hoy como «liberal libertario acérrimo». Antagónica descripción del «impresentable dictador» que considera al presidente del país que pisa. «Pedrito» o «corrupto» eran otros de los motes que le otorgaba tras expresarse con fiereza sobre la corrupción y su patria que, en la línea discursiva de Trump, pretende «hacer grande nuevamente». Abría los brazos y recolocaba con el índice las gafas que caían sobre su nariz y dejaban desnudos sus ojos en su mirar a los oyentes al cargar contra la prensa argentina –«son la peste, mediocres»–, con críticas de las que no se ha librado la española. A su marcha, el lugar parecía guardar todavía la intensidad de un último «¡viva la libertad, carajo!».Después de salir, terminaba por detenerse ante las decenas de medios que le esperaban y respondía durante casi diez minutos sus preguntas. «Que los españoles voten en favor de sí mismos, que no se suiciden votando socialistas», es su petición final a quienes posarán su papeleta a finales de noviembre porque, dice en referencia a Sánchez, «ese les va a arruinar la vida». Cree, Javier Milei, que los españoles tienen «una deuda con su sangre de sacar a los socialistas a patadas» por ser «cuna del liberalismo». Y escondían sus palabras cierto orgullo cuando le preguntaban por la pancarta desplegada por el Partido Socialista con motivo de su visita esta mañana en su sede, en la que reza «zurdos y orgullosos». Tomaba la crítica como un cumplido –«me encanta»– porque entiende que la respuesta a los «poderes tiránicos» es el florecimiento del liberalismo por el que aboga.Economía y política Si en el Casino era recibido entre honores y voluptuosidades, su siguiente parada era escenario de una protesta, aupada por colectivos como la Organización Estudiantil Socialista de Madrid, Contracorriente o el Partido Comunista de Madrid. El campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos, al que acudía para presentar el Máster Universitario en Economía de la Escuela Austriaca, congregaba decenas de estudiantes que ondeaban banderas palestinas, de la república y rojas por entero mientras clamaban por su expulsión. Así lo hacían Rocío y Carmen, dos estudiantes que condenaban que a quien «está en contra de la universidad pública se le dé la posibilidad de hablar en una». Entre los alumnos, contaban las jóvenes que el tema había sido recurrente en las últimas semanas e incluso profesores y el Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación habían enviado sendos mensajes por correo manifestando su oposición. El despliegue, decían otros, era superior comparado con lo que fue cuando acudieron la presidenta regional o el Rey. Durante su visita, Milei ha cargado contra la izquierda, el Estado y la prensaEntrada la tarde, dirigían primero sus pasos a la fundación Disenso, vinculada a Vox, donde se encontraba a puerta cerrada con su director y eurodiputado Jorge Martín Frías y con el secretario general de la formación, Ignacio Garriga. Entretanto, una videollamada con el líder de los verdes, Santiago Abascal, que se encuentra fuera de la capital en un acto de campaña que ha terminado con cargas policiales . «Dicen que no me querés más», le espetaba, entre risas, en un vídeo difundido por la Oficina del Presidente de la República Argentina a través de sus redes sociales. La secuencia política de la travesía alcanzaba su cenit, y también su final, en un encuentro con la presidenta de la Comunidad de Madrid, que el argentino reconoce como «amiga». Esta última batalla era precisamente una de las incógnitas de la jornada, pues no fue confirmada hasta apenas unas horas antes de producirse. El lugar fijado para la cita no era la Presidencia de la Comunidad en la Puerta del Sol, todavía copada por tiendas de campaña en defensa de la vivienda, sino en la sede de Canal. No acudían estudiantes universitarios de la Rey Juan Carlos entre quienes, durante la mañana, rondaba la idea de continuar allí la protesta.Igual que la de Vox, la reunión acontecía sin prensa y de ella han trascendido imágenes de abrazos y posados difundidas por la propia Comunidad. Entre él y la presidenta regional, decía Milei, no hacen falta exageradas organizaciones, y así justificaba la demora en noticias al respecto. «Una charla», comentaba que tendrían. Todo ello antes de regresar en el avión presidencial, en torno a las 21 horas, rumbo al país en el que dice ver reflejado el futuro de España.
Trajeado, enérgico y rodeado de una comitiva presidencial de casi una decena de vehículos aparecía, a punto de que el reloj marcase las diez, aquel que dice venir del futuro que depara a España «de continuar abrazados a las ideas de los socialistas». El presidente … argentino, Javier Milei, no pronunciaba tal predicción en un fallido intento de la prensa de conseguir declaraciones antes de que rebasase el portón del Real Casino de Madrid. Lo hacía durante un desayuno informativo del Nueva Economía Fórum, cuyos invitados recibían entre aplausos y con modales refinados su llegada, bajo el foco de decenas de cámaras, por una alfombra roja con el logo de la institución.
El escuchado entre las paredes de Alcalá, 15 era un discurso duro, despiadado hacia la izquierda e idólatra del liberalismo. La ferviente crítica que lo caracteriza era esperada durante su mañana de vaivenes por la capital en seguimiento de una agenda que ha deslizado al cortejo entre calles madrileñas en la que ha sido su séptima visita al país desde que las urnas le otorgaron el poder en 2023. Esta vez, la cita ha llegado en el transcurso de la carrera de los partidos hacia las elecciones del 29 de noviembre, que lo han aprovechado como baza electoral. La izquierda, a través de una condena flagrante a su estancia y, la derecha, mediante reuniones con el líder. Su regreso podría ser temprano de confirmarse, aunque todavía no lo ha hecho, su participación en la XXX Cumbre Iberoamericana, que tendrá lugar los días 4 y 5 de noviembre.
De tal fecha se separa la actualidad por dos semanas y, sin ansias de anticipar un futuro, Milei no ha dudado en definirse hoy como «liberal libertario acérrimo». Antagónica descripción del «impresentable dictador» que considera al presidente del país que pisa. «Pedrito» o «corrupto» eran otros de los motes que le otorgaba tras expresarse con fiereza sobre la corrupción y su patria que, en la línea discursiva de Trump, pretende «hacer grande nuevamente». Abría los brazos y recolocaba con el índice las gafas que caían sobre su nariz y dejaban desnudos sus ojos en su mirar a los oyentes al cargar contra la prensa argentina –«son la peste, mediocres»–, con críticas de las que no se ha librado la española. A su marcha, el lugar parecía guardar todavía la intensidad de un último «¡viva la libertad, carajo!».
Noticia relacionada
Después de salir, terminaba por detenerse ante las decenas de medios que le esperaban y respondía durante casi diez minutos sus preguntas. «Que los españoles voten en favor de sí mismos, que no se suiciden votando socialistas», es su petición final a quienes posarán su papeleta a finales de noviembre porque, dice en referencia a Sánchez, «ese les va a arruinar la vida». Cree, Javier Milei, que los españoles tienen «una deuda con su sangre de sacar a los socialistas a patadas» por ser «cuna del liberalismo». Y escondían sus palabras cierto orgullo cuando le preguntaban por la pancarta desplegada por el Partido Socialista con motivo de su visita esta mañana en su sede, en la que reza «zurdos y orgullosos». Tomaba la crítica como un cumplido –«me encanta»– porque entiende que la respuesta a los «poderes tiránicos» es el florecimiento del liberalismo por el que aboga.
Economía y política
Si en el Casino era recibido entre honores y voluptuosidades, su siguiente parada era escenario de una protesta, aupada por colectivos como la Organización Estudiantil Socialista de Madrid, Contracorriente o el Partido Comunista de Madrid. El campus de Vicálvaro de la Universidad Rey Juan Carlos, al que acudía para presentar el Máster Universitario en Economía de la Escuela Austriaca, congregaba decenas de estudiantes que ondeaban banderas palestinas, de la república y rojas por entero mientras clamaban por su expulsión.
Newsletter
Así lo hacían Rocío y Carmen, dos estudiantes que condenaban que a quien «está en contra de la universidad pública se le dé la posibilidad de hablar en una». Entre los alumnos, contaban las jóvenes que el tema había sido recurrente en las últimas semanas e incluso profesores y el Decano de la Facultad de Ciencias de la Comunicación habían enviado sendos mensajes por correo manifestando su oposición. El despliegue, decían otros, era superior comparado con lo que fue cuando acudieron la presidenta regional o el Rey.
Durante su visita, Milei ha cargado contra la izquierda, el Estado y la prensa
Entrada la tarde, dirigían primero sus pasos a la fundación Disenso, vinculada a Vox, donde se encontraba a puerta cerrada con su director y eurodiputado Jorge Martín Frías y con el secretario general de la formación, Ignacio Garriga. Entretanto, una videollamada con el líder de los verdes, Santiago Abascal, que se encuentra fuera de la capital en un acto de campaña que ha terminado con cargas policiales. «Dicen que no me querés más», le espetaba, entre risas, en un vídeo difundido por la Oficina del Presidente de la República Argentina a través de sus redes sociales.
La secuencia política de la travesía alcanzaba su cenit, y también su final, en un encuentro con la presidenta de la Comunidad de Madrid, que el argentino reconoce como «amiga». Esta última batalla era precisamente una de las incógnitas de la jornada, pues no fue confirmada hasta apenas unas horas antes de producirse. El lugar fijado para la cita no era la Presidencia de la Comunidad en la Puerta del Sol, todavía copada por tiendas de campaña en defensa de la vivienda, sino en la sede de Canal. No acudían estudiantes universitarios de la Rey Juan Carlos entre quienes, durante la mañana, rondaba la idea de continuar allí la protesta.
Igual que la de Vox, la reunión acontecía sin prensa y de ella han trascendido imágenes de abrazos y posados difundidas por la propia Comunidad. Entre él y la presidenta regional, decía Milei, no hacen falta exageradas organizaciones, y así justificaba la demora en noticias al respecto. «Una charla», comentaba que tendrían. Todo ello antes de regresar en el avión presidencial, en torno a las 21 horas, rumbo al país en el que dice ver reflejado el futuro de España.
RSS de noticias de espana
