El Renault Clio color mistela dejó de aparcar junto a los buzones de Vistahermosa II el pasado 25 de septiembre. Durante años, su llegada anunciaba también la de Olegario Alonso. Aparcaba, se ponía el mono de trabajo, recogía las herramientas de la caseta y comenzaba una jornada que podía transcurrir entre una sopladora, una poda, la limpieza de una calle o una pequeña reparación en una acera. Esta vez fue diferente. Era su último día de trabajo.Olegario, nacido en Valdeverdeja (Toledo) en 1962 y vecino del Polígono, se ha jubilado después de 41 años dedicado al mantenimiento de esta urbanización toledana . Cuatro décadas en las que su trabajo terminó formando parte de la vida cotidiana de un barrio que presenta una peculiaridad desde sus orígenes: el mantenimiento de sus calles no ha sido asumido por el Ayuntamiento.Su historia en Vistahermosa comenzó en 1985. Para entonces habían transcurrido dos décadas desde que Toledo empezó a crecer hacia esta zona próxima a la antigua carretera de Ávila. A partir de 1965 fueron tomando forma Vistahermosa I y II, primero con medio centenar de parcelas y después con algo más del doble. Entre ambas fases rondan actualmente los 500 habitantes.Las dimensiones de las propiedades de Vistahermosa II, con parcelas de entre 3.000 y 4.000 metros cuadrados, hacían necesario atender numerosos trabajos de mantenimiento. Los propietarios decidieron entonces contar con una persona que cuidara la urbanización. Y apareció Olegario.Procedía del mundo rural y tenía experiencia en jardinería. Lo que inicialmente era un puesto de trabajo terminó convirtiéndose en una relación de 41 años con el mismo lugar y con varias generaciones de vecinos.La caseta situada junto a los buzones era su particular centro de operaciones. Allí guardaba las herramientas que utilizaba cada día y desde allí salía para recorrer la urbanizaciónSu cometido tampoco cabía fácilmente en una única definición. Limpiaba las calles y los jardines exteriores, podaba árboles, atendía pequeños trabajos en las aceras y se ocupaba, en definitiva, de aquello que fuera necesario para mantener la urbanización en condiciones.A Olegario era habitual encontrarlo manejando la sopladora o trabajando con la pequeña máquina excavadora. ABCDetrás de esa figura se encuentra también la singular situación administrativa de Vistahermosa II. Según explican los vecinos, el Ayuntamiento no se ha hecho cargo del mantenimiento de sus calles y la urbanización funciona como una «entidad urbanística colaboradora», una denominación cuyo alcance práctico aseguran que nunca han terminado de tener claro.Para Olegario, sin embargo, la realidad diaria era bastante menos administrativa. Había calles que limpiar, árboles que podar y tareas que resolver.En verano empezaba a las siete de la mañana y terminaba a las dos de la tarde. En invierno, la jornada se dividía: de ocho a una y de tres a seis . La caseta situada junto a los buzones era su particular centro de operaciones. Allí guardaba las herramientas que utilizaba cada día y desde allí salía para recorrer la urbanización. Era habitual encontrarlo manejando la sopladora o trabajando con la pequeña máquina excavadora.«Hemos perdido a una gran persona, un gran trabajador, serio y formal que ha cumplido fielmente con su trabajo, ayudando en todo lo que ha podido y algo más a todos los vecinos de la urbanización Epifanio García Tesorero de la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa IIDurante todo ese tiempo, asegura que nunca tuvo problemas con los vecinos. Al contrario. Se ha sentido querido y respetado por las distintas comunidades de propietarios que se han sucedido durante estas cuatro décadas. Y quienes han convivido con él devuelven ahora esa misma consideración.Epifanio García, ‘Epi’, lleva 17 años como tesorero de la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa II y resume la marcha de Olegario con una frase: «Hemos perdido a una gran persona, un gran trabajador, serio y formal que ha cumplido fielmente con su trabajo, ayudando en todo lo que ha podido y algo más a todos los vecinos de la urbanización».Su jubilación abre ahora una cuestión que va más allá de encontrar a alguien que limpie, pode o haga pequeñas reparaciones. Después de cuarenta años, sustituir a quien conocía prácticamente cada rincón de Vistahermosa II no parece sencillo.La intención mayoritaria de los propietarios, según explica García Sánchez, es contratar a partir de ahora una empresa para realizar el mantenimiento . Él tiene sus dudas. «Mucho me temo que va a ser muy difícil sustituir a una persona tan válida como ha sido Olegario», reconoce.Y expresa también su preferencia: «Me gustaría que entrase alguien, no una empresa».Desde el 25 de septiembre, en cualquier caso, algo ha cambiado en la rutina de Vistahermosa II. El trabajo continuará, de una manera u otra . Seguirá siendo necesario limpiar las calles, cuidar los jardines, podar los árboles y resolver esos pequeños problemas que aparecen cada día.Lo que ya no estará allí cada mañana será el Clio color mistela aparcado junto a los buzones. Después de 41 años, Olegario ya no tiene que ponerse el mono de trabajo. El Renault Clio color mistela dejó de aparcar junto a los buzones de Vistahermosa II el pasado 25 de septiembre. Durante años, su llegada anunciaba también la de Olegario Alonso. Aparcaba, se ponía el mono de trabajo, recogía las herramientas de la caseta y comenzaba una jornada que podía transcurrir entre una sopladora, una poda, la limpieza de una calle o una pequeña reparación en una acera. Esta vez fue diferente. Era su último día de trabajo.Olegario, nacido en Valdeverdeja (Toledo) en 1962 y vecino del Polígono, se ha jubilado después de 41 años dedicado al mantenimiento de esta urbanización toledana . Cuatro décadas en las que su trabajo terminó formando parte de la vida cotidiana de un barrio que presenta una peculiaridad desde sus orígenes: el mantenimiento de sus calles no ha sido asumido por el Ayuntamiento.Su historia en Vistahermosa comenzó en 1985. Para entonces habían transcurrido dos décadas desde que Toledo empezó a crecer hacia esta zona próxima a la antigua carretera de Ávila. A partir de 1965 fueron tomando forma Vistahermosa I y II, primero con medio centenar de parcelas y después con algo más del doble. Entre ambas fases rondan actualmente los 500 habitantes.Las dimensiones de las propiedades de Vistahermosa II, con parcelas de entre 3.000 y 4.000 metros cuadrados, hacían necesario atender numerosos trabajos de mantenimiento. Los propietarios decidieron entonces contar con una persona que cuidara la urbanización. Y apareció Olegario.Procedía del mundo rural y tenía experiencia en jardinería. Lo que inicialmente era un puesto de trabajo terminó convirtiéndose en una relación de 41 años con el mismo lugar y con varias generaciones de vecinos.La caseta situada junto a los buzones era su particular centro de operaciones. Allí guardaba las herramientas que utilizaba cada día y desde allí salía para recorrer la urbanizaciónSu cometido tampoco cabía fácilmente en una única definición. Limpiaba las calles y los jardines exteriores, podaba árboles, atendía pequeños trabajos en las aceras y se ocupaba, en definitiva, de aquello que fuera necesario para mantener la urbanización en condiciones.A Olegario era habitual encontrarlo manejando la sopladora o trabajando con la pequeña máquina excavadora. ABCDetrás de esa figura se encuentra también la singular situación administrativa de Vistahermosa II. Según explican los vecinos, el Ayuntamiento no se ha hecho cargo del mantenimiento de sus calles y la urbanización funciona como una «entidad urbanística colaboradora», una denominación cuyo alcance práctico aseguran que nunca han terminado de tener claro.Para Olegario, sin embargo, la realidad diaria era bastante menos administrativa. Había calles que limpiar, árboles que podar y tareas que resolver.En verano empezaba a las siete de la mañana y terminaba a las dos de la tarde. En invierno, la jornada se dividía: de ocho a una y de tres a seis . La caseta situada junto a los buzones era su particular centro de operaciones. Allí guardaba las herramientas que utilizaba cada día y desde allí salía para recorrer la urbanización. Era habitual encontrarlo manejando la sopladora o trabajando con la pequeña máquina excavadora.«Hemos perdido a una gran persona, un gran trabajador, serio y formal que ha cumplido fielmente con su trabajo, ayudando en todo lo que ha podido y algo más a todos los vecinos de la urbanización Epifanio García Tesorero de la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa IIDurante todo ese tiempo, asegura que nunca tuvo problemas con los vecinos. Al contrario. Se ha sentido querido y respetado por las distintas comunidades de propietarios que se han sucedido durante estas cuatro décadas. Y quienes han convivido con él devuelven ahora esa misma consideración.Epifanio García, ‘Epi’, lleva 17 años como tesorero de la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa II y resume la marcha de Olegario con una frase: «Hemos perdido a una gran persona, un gran trabajador, serio y formal que ha cumplido fielmente con su trabajo, ayudando en todo lo que ha podido y algo más a todos los vecinos de la urbanización».Su jubilación abre ahora una cuestión que va más allá de encontrar a alguien que limpie, pode o haga pequeñas reparaciones. Después de cuarenta años, sustituir a quien conocía prácticamente cada rincón de Vistahermosa II no parece sencillo.La intención mayoritaria de los propietarios, según explica García Sánchez, es contratar a partir de ahora una empresa para realizar el mantenimiento . Él tiene sus dudas. «Mucho me temo que va a ser muy difícil sustituir a una persona tan válida como ha sido Olegario», reconoce.Y expresa también su preferencia: «Me gustaría que entrase alguien, no una empresa».Desde el 25 de septiembre, en cualquier caso, algo ha cambiado en la rutina de Vistahermosa II. El trabajo continuará, de una manera u otra . Seguirá siendo necesario limpiar las calles, cuidar los jardines, podar los árboles y resolver esos pequeños problemas que aparecen cada día.Lo que ya no estará allí cada mañana será el Clio color mistela aparcado junto a los buzones. Después de 41 años, Olegario ya no tiene que ponerse el mono de trabajo.
El Renault Clio color mistela dejó de aparcar junto a los buzones de Vistahermosa II el pasado 25 de septiembre. Durante años, su llegada anunciaba también la de Olegario Alonso. Aparcaba, se ponía el mono de trabajo, recogía las herramientas de la caseta y comenzaba … una jornada que podía transcurrir entre una sopladora, una poda, la limpieza de una calle o una pequeña reparación en una acera. Esta vez fue diferente. Era su último día de trabajo.
Olegario, nacido en Valdeverdeja (Toledo) en 1962 y vecino del Polígono, se ha jubilado después de 41 años dedicado al mantenimiento de esta urbanización toledana. Cuatro décadas en las que su trabajo terminó formando parte de la vida cotidiana de un barrio que presenta una peculiaridad desde sus orígenes: el mantenimiento de sus calles no ha sido asumido por el Ayuntamiento.
Su historia en Vistahermosa comenzó en 1985. Para entonces habían transcurrido dos décadas desde que Toledo empezó a crecer hacia esta zona próxima a la antigua carretera de Ávila. A partir de 1965 fueron tomando forma Vistahermosa I y II, primero con medio centenar de parcelas y después con algo más del doble. Entre ambas fases rondan actualmente los 500 habitantes.
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Las dimensiones de las propiedades de Vistahermosa II, con parcelas de entre 3.000 y 4.000 metros cuadrados, hacían necesario atender numerosos trabajos de mantenimiento. Los propietarios decidieron entonces contar con una persona que cuidara la urbanización. Y apareció Olegario.
Procedía del mundo rural y tenía experiencia en jardinería. Lo que inicialmente era un puesto de trabajo terminó convirtiéndose en una relación de 41 años con el mismo lugar y con varias generaciones de vecinos.
La caseta situada junto a los buzones era su particular centro de operaciones. Allí guardaba las herramientas que utilizaba cada día y desde allí salía para recorrer la urbanización
Su cometido tampoco cabía fácilmente en una única definición. Limpiaba las calles y los jardines exteriores, podaba árboles, atendía pequeños trabajos en las aceras y se ocupaba, en definitiva, de aquello que fuera necesario para mantener la urbanización en condiciones.

(ABC)
Detrás de esa figura se encuentra también la singular situación administrativa de Vistahermosa II. Según explican los vecinos, el Ayuntamiento no se ha hecho cargo del mantenimiento de sus calles y la urbanización funciona como una «entidad urbanística colaboradora», una denominación cuyo alcance práctico aseguran que nunca han terminado de tener claro.Para Olegario, sin embargo, la realidad diaria era bastante menos administrativa. Había calles que limpiar, árboles que podar y tareas que resolver.
En verano empezaba a las siete de la mañana y terminaba a las dos de la tarde. En invierno, la jornada se dividía: de ocho a una y de tres a seis. La caseta situada junto a los buzones era su particular centro de operaciones. Allí guardaba las herramientas que utilizaba cada día y desde allí salía para recorrer la urbanización. Era habitual encontrarlo manejando la sopladora o trabajando con la pequeña máquina excavadora.
«Hemos perdido a una gran persona, un gran trabajador, serio y formal que ha cumplido fielmente con su trabajo, ayudando en todo lo que ha podido y algo más a todos los vecinos de la urbanización
Epifanio García
Tesorero de la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa II
Durante todo ese tiempo, asegura que nunca tuvo problemas con los vecinos. Al contrario. Se ha sentido querido y respetado por las distintas comunidades de propietarios que se han sucedido durante estas cuatro décadas. Y quienes han convivido con él devuelven ahora esa misma consideración.
Epifanio García, ‘Epi’, lleva 17 años como tesorero de la Comunidad de Propietarios de Vistahermosa II y resume la marcha de Olegario con una frase: «Hemos perdido a una gran persona, un gran trabajador, serio y formal que ha cumplido fielmente con su trabajo, ayudando en todo lo que ha podido y algo más a todos los vecinos de la urbanización».
Su jubilación abre ahora una cuestión que va más allá de encontrar a alguien que limpie, pode o haga pequeñas reparaciones. Después de cuarenta años, sustituir a quien conocía prácticamente cada rincón de Vistahermosa II no parece sencillo.
La intención mayoritaria de los propietarios, según explica García Sánchez, es contratar a partir de ahora una empresa para realizar el mantenimiento. Él tiene sus dudas. «Mucho me temo que va a ser muy difícil sustituir a una persona tan válida como ha sido Olegario», reconoce.Y expresa también su preferencia: «Me gustaría que entrase alguien, no una empresa».
Desde el 25 de septiembre, en cualquier caso, algo ha cambiado en la rutina de Vistahermosa II. El trabajo continuará, de una manera u otra. Seguirá siendo necesario limpiar las calles, cuidar los jardines, podar los árboles y resolver esos pequeños problemas que aparecen cada día.
Lo que ya no estará allí cada mañana será el Clio color mistela aparcado junto a los buzones. Después de 41 años, Olegario ya no tiene que ponerse el mono de trabajo.
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