Taquicardias, trastornos del sueño, obesidad, diabetes, bajo rendimiento académico, y, en el caso de las chicas, incluso un mayor riesgo de padecer endometriosis. Expertos en nutrición, endocrinos, y pediatras consultados por ABC coinciden en los riesgos científicamente constatados que tienen las bebidas energéticas sobre la salud física y el desarrollo de los jóvenes de nuestro país. En este sentido, celebran, en líneas generales, la medida anunciada ayer por el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, de prohibir en España la venta de estos productos, con un alto contenido en cafeína y azúcares, a los menores de 16 años. A juicio de algunos especialistas, el veto es «insuficiente» y debería extenderse hasta los 18 años -el Ministerio contempla solo prohibirlo en estas edades en los casos de bebidas que tienen más de 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros-, ya que, según precisan, esa proporción la superan la mayoría de estos productos dirigidos a menores. «Esta cantidad es alcanzada por todas las bebidas energéticas, excepto una, que contiene 20 mg. Por eso, la medida anunciada por el Gobierno debería extenderse hasta los 18 años», precisa el doctor Pedro Gorrotxategi, presidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Se escuda en una reciente revisión sobre estos productos realizada por su asociación.«Excepto una de las bebidas estudiadas por la AEPap, las demás tenían entre 32 y 40 mg», arguye el facultativo, que, no obstante, ha declarado que las compañías comercializadoras «lo que harán ahora» es «bajar la cantidad de cafeína». El pediatra endocrino Eduard Mogas , responsable de la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad Infantil del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, coincide con Gorrotxategi en que, dado el alto contenido de azúcares y cafeína que contienen prácticamente la totalidad de estas bebidas, la prohibición quizás debería extenderse hasta la mayoría de edad. Noticia relacionada general No No Las nuevas patologías infantiles que la familia debe vigilar Carlota FominayaEn este sentido, el especialista del hospital barcelonés recuerda en declaraciones a ABC que algunos de estos refrescos «equivalen a tomar tres cafés expreso a la vez y tres o cuatro sobres de azúcar». Eduard Mogas celebra la medida como una «traba más» a los jóvenes para acceder a estos productos y como una forma de «combatir el ambiente que predispone a la obesidad infantil o a otros problemas asociados como la diabetes». Gorrotxategi alerta también de otros efectos. «Las bebidas energéticas producen taquicardia y hacen trabajar al corazón más de lo que corresponde» y en los menores «la repercusión es mayor». A ello se añade, según apunta, la taurina contenida en estas bebidas, que, «además de aumentar el ritmo cardiaco, puede aumentar el riesgo de endometriosis» en las menores.La pediatra y delegada del sindicato Metges de Cataluña (MC) en el Centro de Atención Primaria de Agramunt (Lérida), Margaret Creus , aclara que «estas bebidas no son simples refrescos». «Contienen concentraciones elevadas de cafeína —en ocasiones equivalentes a varios cafés en una sola lata— además de azúcares libres y otros estimulantes como la taurina o el extracto de guaraná, que no es sino otra fuente adicional de cafeína». «En un organismo en desarrollo, pueden provocar alteraciones del sueño, nerviosismo, irritabilidad, cefalea, aumento de la frecuencia cardíaca y elevaciones de la presión arterial» Margaret Creus Pediatra en el Centro de Atención Primaria de Agramunt (Lérida)«En un organismo en desarrollo, esta combinación puede provocar alteraciones del sueño, nerviosismo, irritabilidad, cefalea, aumento de la frecuencia cardíaca y elevaciones de la presión arterial. No hablamos de riesgos hipotéticos, sino de efectos clínicos que observamos en consulta», advierte la pediatra. Añade, además, que la adolescencia constituye una etapa de especial «vulnerabilidad neurobiológica». «El cerebro continúa su maduración, particularmente en las áreas relacionadas con el control de impulsos y la regulación emocional. En este contexto, la exposición habitual a estimulantes puede interferir con el descanso —esencial para el desarrollo físico y cognitivo— y favorecer hábitos poco saludables», apunta Creus y recuerda que las bebidas energéticas no aportan ningún beneficio nutricional en la edad pediátrica. «Desde una perspectiva de salud pública, permitir el acceso libre a estos productos en menores resulta difícilmente justificable. Cuando un producto combina altas dosis de estimulantes y azúcares, carece de utilidad nutricional y presenta riesgos documentados en población vulnerable, la intervención reguladora no es una opción ideológica, sino una medida preventiva coherente», concluye la pediatra del CAP de Agramunt .«Puede causar el efecto contrario»Endocrinos, pediatras y expertos en nutrición coinciden en la necesidad de actuar sobre el problema, pero algunos disienten en la forma de hacerlo. «Desde el punto de vista médico, está claro que, por su composición, estos productos son muy perjudiciales para el crecimiento y el desarrollo de los jóvenes y por eso debe actuarse al respecto, aunque quizás la prohibición no es la forma más efectiva y debe avanzarse en la línea de la formación», asegura Eduard Mogas. La catedrática de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona (UB), Carme Vidal , coincide con Mogas en que la prohibición quizás no es la fórmula y advierte de un «posible efecto rebote». «Los jóvenes son, por naturaleza, rebeldes en estas edades. Puede pasar como con el alcohol que se produzca el efecto contrario y los menores se busquen otras vías para conseguir estas bebidas». «Tenemos niveles de obesidad y de diabetes por encima de la media europea. Está claro que es algo a enmendar, aunque quizás podría mejorarse la formación sobre estos temas u obligar a las empresas a que rebajen las dosis de cafeína y azúcar», puntualiza Vidal. Gorrotxategi también duda que la prohibición del consumo de bebidas energéticas consiga los efectos que busca. «El alcohol está prohibido y hay un porcentaje bastante elevado de chicos y chicas que toman alcohol», apunta.Dejar de asociarlo a la práctica de ejercicio físicoLa experta de la UB coincide con el experto del Vall d’Hebron y Gorrotxategi en la necesidad de acabar también con la idea de que estos productos ayudan a mejorar la actividad física. «Los menores piensan que estos productos son óptimos para el ejercicio pero en realidad generan un problema de salud, por lo que el consumo debería ser cero », señala el presidente de la AEPap. Vidal añade otro aspecto a combatir que es que muchos jóvenes asocian estas bebidas al consumo de alcohol. «Da la falsa sensación de que te despejan pero en realidad los efectos del alcohol persisten y los jóvenes sienten una sensación de seguridad que no es real y puede ser peligrosa», concluye Vidal. Taquicardias, trastornos del sueño, obesidad, diabetes, bajo rendimiento académico, y, en el caso de las chicas, incluso un mayor riesgo de padecer endometriosis. Expertos en nutrición, endocrinos, y pediatras consultados por ABC coinciden en los riesgos científicamente constatados que tienen las bebidas energéticas sobre la salud física y el desarrollo de los jóvenes de nuestro país. En este sentido, celebran, en líneas generales, la medida anunciada ayer por el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, de prohibir en España la venta de estos productos, con un alto contenido en cafeína y azúcares, a los menores de 16 años. A juicio de algunos especialistas, el veto es «insuficiente» y debería extenderse hasta los 18 años -el Ministerio contempla solo prohibirlo en estas edades en los casos de bebidas que tienen más de 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros-, ya que, según precisan, esa proporción la superan la mayoría de estos productos dirigidos a menores. «Esta cantidad es alcanzada por todas las bebidas energéticas, excepto una, que contiene 20 mg. Por eso, la medida anunciada por el Gobierno debería extenderse hasta los 18 años», precisa el doctor Pedro Gorrotxategi, presidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Se escuda en una reciente revisión sobre estos productos realizada por su asociación.«Excepto una de las bebidas estudiadas por la AEPap, las demás tenían entre 32 y 40 mg», arguye el facultativo, que, no obstante, ha declarado que las compañías comercializadoras «lo que harán ahora» es «bajar la cantidad de cafeína». El pediatra endocrino Eduard Mogas , responsable de la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad Infantil del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, coincide con Gorrotxategi en que, dado el alto contenido de azúcares y cafeína que contienen prácticamente la totalidad de estas bebidas, la prohibición quizás debería extenderse hasta la mayoría de edad. Noticia relacionada general No No Las nuevas patologías infantiles que la familia debe vigilar Carlota FominayaEn este sentido, el especialista del hospital barcelonés recuerda en declaraciones a ABC que algunos de estos refrescos «equivalen a tomar tres cafés expreso a la vez y tres o cuatro sobres de azúcar». Eduard Mogas celebra la medida como una «traba más» a los jóvenes para acceder a estos productos y como una forma de «combatir el ambiente que predispone a la obesidad infantil o a otros problemas asociados como la diabetes». Gorrotxategi alerta también de otros efectos. «Las bebidas energéticas producen taquicardia y hacen trabajar al corazón más de lo que corresponde» y en los menores «la repercusión es mayor». A ello se añade, según apunta, la taurina contenida en estas bebidas, que, «además de aumentar el ritmo cardiaco, puede aumentar el riesgo de endometriosis» en las menores.La pediatra y delegada del sindicato Metges de Cataluña (MC) en el Centro de Atención Primaria de Agramunt (Lérida), Margaret Creus , aclara que «estas bebidas no son simples refrescos». «Contienen concentraciones elevadas de cafeína —en ocasiones equivalentes a varios cafés en una sola lata— además de azúcares libres y otros estimulantes como la taurina o el extracto de guaraná, que no es sino otra fuente adicional de cafeína». «En un organismo en desarrollo, pueden provocar alteraciones del sueño, nerviosismo, irritabilidad, cefalea, aumento de la frecuencia cardíaca y elevaciones de la presión arterial» Margaret Creus Pediatra en el Centro de Atención Primaria de Agramunt (Lérida)«En un organismo en desarrollo, esta combinación puede provocar alteraciones del sueño, nerviosismo, irritabilidad, cefalea, aumento de la frecuencia cardíaca y elevaciones de la presión arterial. No hablamos de riesgos hipotéticos, sino de efectos clínicos que observamos en consulta», advierte la pediatra. Añade, además, que la adolescencia constituye una etapa de especial «vulnerabilidad neurobiológica». «El cerebro continúa su maduración, particularmente en las áreas relacionadas con el control de impulsos y la regulación emocional. En este contexto, la exposición habitual a estimulantes puede interferir con el descanso —esencial para el desarrollo físico y cognitivo— y favorecer hábitos poco saludables», apunta Creus y recuerda que las bebidas energéticas no aportan ningún beneficio nutricional en la edad pediátrica. «Desde una perspectiva de salud pública, permitir el acceso libre a estos productos en menores resulta difícilmente justificable. Cuando un producto combina altas dosis de estimulantes y azúcares, carece de utilidad nutricional y presenta riesgos documentados en población vulnerable, la intervención reguladora no es una opción ideológica, sino una medida preventiva coherente», concluye la pediatra del CAP de Agramunt .«Puede causar el efecto contrario»Endocrinos, pediatras y expertos en nutrición coinciden en la necesidad de actuar sobre el problema, pero algunos disienten en la forma de hacerlo. «Desde el punto de vista médico, está claro que, por su composición, estos productos son muy perjudiciales para el crecimiento y el desarrollo de los jóvenes y por eso debe actuarse al respecto, aunque quizás la prohibición no es la forma más efectiva y debe avanzarse en la línea de la formación», asegura Eduard Mogas. La catedrática de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona (UB), Carme Vidal , coincide con Mogas en que la prohibición quizás no es la fórmula y advierte de un «posible efecto rebote». «Los jóvenes son, por naturaleza, rebeldes en estas edades. Puede pasar como con el alcohol que se produzca el efecto contrario y los menores se busquen otras vías para conseguir estas bebidas». «Tenemos niveles de obesidad y de diabetes por encima de la media europea. Está claro que es algo a enmendar, aunque quizás podría mejorarse la formación sobre estos temas u obligar a las empresas a que rebajen las dosis de cafeína y azúcar», puntualiza Vidal. Gorrotxategi también duda que la prohibición del consumo de bebidas energéticas consiga los efectos que busca. «El alcohol está prohibido y hay un porcentaje bastante elevado de chicos y chicas que toman alcohol», apunta.Dejar de asociarlo a la práctica de ejercicio físicoLa experta de la UB coincide con el experto del Vall d’Hebron y Gorrotxategi en la necesidad de acabar también con la idea de que estos productos ayudan a mejorar la actividad física. «Los menores piensan que estos productos son óptimos para el ejercicio pero en realidad generan un problema de salud, por lo que el consumo debería ser cero », señala el presidente de la AEPap. Vidal añade otro aspecto a combatir que es que muchos jóvenes asocian estas bebidas al consumo de alcohol. «Da la falsa sensación de que te despejan pero en realidad los efectos del alcohol persisten y los jóvenes sienten una sensación de seguridad que no es real y puede ser peligrosa», concluye Vidal.
Taquicardias, trastornos del sueño, obesidad, diabetes, bajo rendimiento académico, y, en el caso de las chicas, incluso un mayor riesgo de padecer endometriosis. Expertos en nutrición, endocrinos, y pediatras consultados por ABC coinciden en los riesgos científicamente constatados que tienen las bebidas energéticas sobre … la salud física y el desarrollo de los jóvenes de nuestro país. En este sentido, celebran, en líneas generales, la medida anunciada ayer por el ministro de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030, Pablo Bustinduy, de prohibir en España la venta de estos productos, con un alto contenido en cafeína y azúcares, a los menores de 16 años.
A juicio de algunos especialistas, el veto es «insuficiente» y debería extenderse hasta los 18 años -el Ministerio contempla solo prohibirlo en estas edades en los casos de bebidas que tienen más de 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros-, ya que, según precisan, esa proporción la superan la mayoría de estos productos dirigidos a menores. «Esta cantidad es alcanzada por todas las bebidas energéticas, excepto una, que contiene 20 mg. Por eso, la medida anunciada por el Gobierno debería extenderse hasta los 18 años», precisa el doctor Pedro Gorrotxategi, presidente de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap). Se escuda en una reciente revisión sobre estos productos realizada por su asociación.
«Excepto una de las bebidas estudiadas por la AEPap, las demás tenían entre 32 y 40 mg», arguye el facultativo, que, no obstante, ha declarado que las compañías comercializadoras «lo que harán ahora» es «bajar la cantidad de cafeína». El pediatra endocrino Eduard Mogas, responsable de la Unidad de Tratamiento Integral de la Obesidad Infantil del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, coincide con Gorrotxategi en que, dado el alto contenido de azúcares y cafeína que contienen prácticamente la totalidad de estas bebidas, la prohibición quizás debería extenderse hasta la mayoría de edad.
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Carlota Fominaya
En este sentido, el especialista del hospital barcelonés recuerda en declaraciones a ABC que algunos de estos refrescos «equivalen a tomar tres cafés expreso a la vez y tres o cuatro sobres de azúcar». Eduard Mogas celebra la medida como una «traba más» a los jóvenes para acceder a estos productos y como una forma de «combatir el ambiente que predispone a la obesidad infantil o a otros problemas asociados como la diabetes». Gorrotxategi alerta también de otros efectos. «Las bebidas energéticas producen taquicardia y hacen trabajar al corazón más de lo que corresponde» y en los menores «la repercusión es mayor». A ello se añade, según apunta, la taurina contenida en estas bebidas, que, «además de aumentar el ritmo cardiaco, puede aumentar el riesgo de endometriosis» en las menores.
La pediatra y delegada del sindicato Metges de Cataluña (MC) en el Centro de Atención Primaria de Agramunt (Lérida), Margaret Creus, aclara que «estas bebidas no son simples refrescos». «Contienen concentraciones elevadas de cafeína —en ocasiones equivalentes a varios cafés en una sola lata— además de azúcares libres y otros estimulantes como la taurina o el extracto de guaraná, que no es sino otra fuente adicional de cafeína».
«En un organismo en desarrollo, pueden provocar alteraciones del sueño, nerviosismo, irritabilidad, cefalea, aumento de la frecuencia cardíaca y elevaciones de la presión arterial»
Margaret Creus
Pediatra en el Centro de Atención Primaria de Agramunt (Lérida)
«En un organismo en desarrollo, esta combinación puede provocar alteraciones del sueño, nerviosismo, irritabilidad, cefalea, aumento de la frecuencia cardíaca y elevaciones de la presión arterial. No hablamos de riesgos hipotéticos, sino de efectos clínicos que observamos en consulta», advierte la pediatra. Añade, además, que la adolescencia constituye una etapa de especial «vulnerabilidad neurobiológica».
«El cerebro continúa su maduración, particularmente en las áreas relacionadas con el control de impulsos y la regulación emocional. En este contexto, la exposición habitual a estimulantes puede interferir con el descanso —esencial para el desarrollo físico y cognitivo— y favorecer hábitos poco saludables», apunta Creus y recuerda que las bebidas energéticas no aportan ningún beneficio nutricional en la edad pediátrica.
«Desde una perspectiva de salud pública, permitir el acceso libre a estos productos en menores resulta difícilmente justificable. Cuando un producto combina altas dosis de estimulantes y azúcares, carece de utilidad nutricional y presenta riesgos documentados en población vulnerable, la intervención reguladora no es una opción ideológica, sino una medida preventiva coherente», concluye la pediatra del CAP de Agramunt.
«Puede causar el efecto contrario»
Endocrinos, pediatras y expertos en nutrición coinciden en la necesidad de actuar sobre el problema, pero algunos disienten en la forma de hacerlo. «Desde el punto de vista médico, está claro que, por su composición, estos productos son muy perjudiciales para el crecimiento y el desarrollo de los jóvenes y por eso debe actuarse al respecto, aunque quizás la prohibición no es la forma más efectiva y debe avanzarse en la línea de la formación», asegura Eduard Mogas. La catedrática de Nutrición y Bromatología de la Universidad de Barcelona (UB), Carme Vidal, coincide con Mogas en que la prohibición quizás no es la fórmula y advierte de un «posible efecto rebote».
«Los jóvenes son, por naturaleza, rebeldes en estas edades. Puede pasar como con el alcohol que se produzca el efecto contrario y los menores se busquen otras vías para conseguir estas bebidas». «Tenemos niveles de obesidad y de diabetes por encima de la media europea. Está claro que es algo a enmendar, aunque quizás podría mejorarse la formación sobre estos temas u obligar a las empresas a que rebajen las dosis de cafeína y azúcar», puntualiza Vidal. Gorrotxategi también duda que la prohibición del consumo de bebidas energéticas consiga los efectos que busca. «El alcohol está prohibido y hay un porcentaje bastante elevado de chicos y chicas que toman alcohol», apunta.
Dejar de asociarlo a la práctica de ejercicio físico
La experta de la UB coincide con el experto del Vall d’Hebron y Gorrotxategi en la necesidad de acabar también con la idea de que estos productos ayudan a mejorar la actividad física. «Los menores piensan que estos productos son óptimos para el ejercicio pero en realidad generan un problema de salud, por lo que el consumo debería ser cero», señala el presidente de la AEPap. Vidal añade otro aspecto a combatir que es que muchos jóvenes asocian estas bebidas al consumo de alcohol. «Da la falsa sensación de que te despejan pero en realidad los efectos del alcohol persisten y los jóvenes sienten una sensación de seguridad que no es real y puede ser peligrosa», concluye Vidal.
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