–Le voy a contar una historia graciosa –dice Nicolas Edet mientras conduce la furgoneta.
‘La Vanguardia’ se sumerge en la caravana para disfrutar de la segunda etapa, la que une Tarragona y Barcelona
–Le voy a contar una historia graciosa –dice Nicolas Edet mientras conduce la furgoneta.
Hemos coronado la ascensión de Begues, templo de los ciclistas de la zona, y estamos descendiendo hacia Vallirana. Nos quedan unos 40 kilómetros hasta Montjuïc y vamos tan a gustito ahí adentro, con el aire acondicionado y radio macuto.
(Para el pelotón ya es otra cosa: la serpiente multicolor viene veinte minutos por detrás, avanza a una media de 46 km/h; Pogacar, Del Toro y el resto del UAE se están afilando y los tres escapados tienen los minutos contados).
–¿Le cuento la historia o no? –insiste Nicolas Edet, que me ve algo distraído.
–Cuente, cuente.
–Hace unos años, dos amigos franceses de raza negra pedaleaban por estas carreteras y entonces alguien, desde la cuneta, les voceó: ‘¡Ánimo, ánimo!’. Los dos tipos se miraron entre sí, estupefactos, y se dijeron: ‘Estas carreteras son muy hermosas, geniales para la bicicleta. Pero sus gentes son un poco racistas. ¡Nos llaman animaux!
Y rompe a reír.
Animaux, en francés, se pronuncia ánimo.
Significa animales.
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(…)
A bordo, todos reímos.
Nos reímos, y ya.
No nos durmamos, que por detrás el pelotón viene a todo tren.
A todo tren: esta expresión también viene a cuento. Esta experiencia en la furgoneta la han montado SNCF y TGV, grandes conglomerados ferroviarios franceses (antes de la última etapa del Tour, un tren TGV Inoui llevará al pelotón desde los Alpes hasta París): nos han llevado a la salida en Tarragona, nos han mostrado el village y el paddock, y nos han depositado en la meta en Montjuïc.
En otros tiempos, desde luego antes de tomar el volante de esta furgoneta, Nicolas Edet (38) fue un ciclista estupendo.
Hasta hace tres años, Edet fue un ciclista estupendo; hoy, todo el pelotón le saluda y le abraza
Durante doce temporadas, Nicolas Edet fue ciclista profesional en Cofidis y Arkéa. Disputó ocho Tours, tres Vueltas y dos Giros. Era escalador, nos cuenta, y delfín de Dani Navarro, Jesús Herrada y David Moncoutié.
Hasta hace tres años, Edet fue un ciclista estupendo; hoy, todo el pelotón le saluda y le abraza
Hubiera seguido pedaleando un tiempo más pero se estrelló y la vida se le puso cuesta arriba. Ocurrió en el Giro del 2021, cerca de Treviso. Se rompió el húmero y el codo izquierdos. Seis veces le operaron. Se repuso y siguió exprimiéndose hasta el 2023, aunque ya no levantó el vuelo. Ahora sigue flaco y afilado pero no por la bici, sino porque corre.
–Si me apoyo en el manillar, el brazo me duele mucho.
Nicolas Edet ya no pedalea pero todos en el pelotón le recuerdan y a cada paso que damos por ahí, acalorados en el village y en el paddock, talentos del pasado y el presente le paran y le saludan.
–Mire, ahí va Víctor Hugo Peña, el primer colombiano que llevó el maillot amarillo del Tour, fue en el 2003 –nos dice.
Víctor Hugo Peña (51) se vuelve y le da la mano.
–Y este es José Joaquín Rojas.
Rojas (41) fue otro ciclista importante. Ganó dos Campeonatos de España en ruta y disputó ocho Tours. Se retiró en el 2023, igual que Edet, y ahora hace guardia a las puertas del autocar del Movistar. Es su director deportivo.
Acariciamos las prodigiosas bicis del Movistar mientras charlamos con Rojas, su director deportivo
–¿Cómo te va, José Joaquín? –le pregunta Edet.
–Bueeeeno, nos vamos reponiendo de la contrarreloj por equipos (en la primera etapa, su líder, Cian Uijtdebroeks, se fundió y condicionó al resto de compañeros). Días así tenían que venir. Pero es mejor que los problemas vengan en una etapa como aquella crono, donde el tiempo que cedes es poquito, que en otros días más largos.
Escuchamos la charla de ambos mientras contemplamos las bicicletas de los profesionales, que se tienden a nuestros pies, a la espera de sus riders.
Para el fetichista del ciclismo, la experiencia es insuperable.
Bromeo con Edet, le pregunto:
–Estas bicicletas, ¿no tendrán un motorcito escondido?
Sonríe otra vez. Contesta:
–¡A la furgoneta, nos vamos!
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