En Netflix no se puede decir que estén de enhorabuena. Si el otro día comentábamos que Berlín, la precuela de La casa de papel, había sufrido un claro desgaste entre la primera y la segunda temporada (para ser exactos, un 49,9% de bajada de audiencia), esta realidad afecta a otras series en las mismas circunstancias como Asesinato para principiantes, Bronca, Una nueva jugada o Las cuatro estaciones, que tuvieron descensos del 76%, el 58%, el 43% y el 63% respectivamente en el lanzamiento de sus segundas temporadas.
‘Las cuatro estaciones’ ha visto una caída vertiginosa de audiencia con una segunda temporada correcta
En Netflix no se puede decir que estén de enhorabuena. Si el otro día comentábamos que Berlín, la precuela de La casa de papel, había sufrido un claro desgaste entre la primera y la segunda temporada (para ser exactos, un 49,9% de bajada de audiencia), esta realidad afecta a otras series en las mismas circunstancias como Asesinato para principiantes, Bronca, Una nueva jugada o Las cuatro estaciones, que tuvieron descensos del 76%, el 58%, el 43% y el 63% respectivamente en el lanzamiento de sus segundas temporadas.
En el caso de Las cuatro estaciones, que conste, la pérdida de interés o de confianza es una lástima por lo que representa el título. La comedia, creada por un peso pesado de la televisión americana como Tina Fey (multipremiadísima por 30 Rock) con Lang Fisher (Yo nunca) y Tracey Wifgield (Great News), quizá no es el imán de premios que podía esperar la plataforma de contenidos al tener asociado el nombre de Fey. Pero representa un modelo de comedia adulto, comercial, fácil de ver y con suficiente chicha de la crisis de la mediana edad como para aportar su granito de arena al catálogo de Netflix.

Las cuatro estaciones tiene una estructura característica pero sin encorsetar las posibilidades creativas de la ficción. Cada temporada de ocho episodios se centra en los cuatro fines de semana (repartidos por las diferentes estaciones) que deciden pasar juntos un grupo de amigos. Son tres matrimonios: Kate (Tina Fey) y Jack (Will Forte), Nick (Steve Carell) y Anne (Kerri Kenney-Silver), y Claude (Marco Calvani) y Danny (Colman Domingo). A veces la excusa es la visita a la universidad de las hijas, pasar el fin de semana en la segunda residencia de unos de ellos, celebrar Acción de Gracias o una escapada de fin de semana a la playa.
En la primera temporada, la explosión del matrimonio de Nick y Anne brindó un conflicto central de peso que incorporó a Erika Henningsen como Ginny, la nueva novia de Nick. Los chistes y situaciones quizá no eran muy afilados pero en cada dinámica de la serie había tramas interesantes y los actores las sacaban adelante: desde lo que comporta la separación de un matrimonio para un grupo de amigos al duelo de una relación o cómo enfrentarse a la crisis de los 50 de un amigo (o hasta qué punto se pueden juzgar las ganas de vivir nuevas experiencias a partir de esa edad).

A pesar de la bajada de audiencia, la segunda temporada posiblemente ha estado mejor engrasada al crear una relación casi maternal inesperada entre Anne y Ginny; la disección de una amistad más íntima que las respectivas relaciones sentimentales (la de Kate y Danny); el renacer de Anne como mujer más allá de su estatus de divorciada, despechada o viuda; el dilema de si tener hijos ya no es una opción razonable por una cuestión de edad (y no de voluntad); o, de una forma más desdibujada, la distancia peligrosamente progresiva entre un matrimonio cuando ya no tienen los hijos en casa.
O sea, sin ser perfecta, Las cuatro estaciones ofrece una comedia agradable y con conflictos bien abordados (y nombres de peso), llenando el hueco dejado por la simpatiquísima Grace and Frankie. Que la bajada de audiencia no nos impida tener más dosis de comedia solvente y adulta para pasar el rato entre thrillers, dramas folletinescos y conflictos juveniles.
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