El alquiler vacacional, como el tradicional, está por las nubes, incluso en la costa andaluza, que ha sido la elección preferente cada verano por la cercanía y por los precios competitivos. Pero esa percepción se va desdibujando cuando se topa uno con la realidad. La media de la renta por una semana en la costa gaditana o la malagueña, las más frecuentadas por los andaluces, se acerca ya a los 1.500 euros, según tasadoras como Tecnitasa, un dinero que da para dos meses de hipoteca en muchos de los hogares o para poner a punto el coche o la derrama de la comunidad si toca este año. A eso se suma la factura de la gasolina, que no ha dejado de subir desde que comenzó la guerra en Irán, la de la cesta de la compra o el ticket del restaurante. Para una escapada en verano hay que sacar la calculadora y asumir la dura realidad y es que los números no cierran. Ni la paga extra de julio permite darse el lujo en el que se ha convertido viajar en vacaciones, como explican María José Reyes y Joaquín Rodríguez , una pareja que acaba de recibir las llaves de su nuevo piso en la urbanización sevillana de Palmas Altas y que este verano lo pasará en la piscina del bloque. «Con la ilusión que tenemos, casi ni nos importa porque queda mucho por hacer. Entre buscar los muebles, decorar y disfrutar de nuestra casa después de tanto esfuerzo y tanto tiempo esperando se nos van a pasar las vacaciones volando», dice con cierto optimismo. «Pero tampoco nos ha quedado otra, entre la entrada y los gastos tenemos la cuenta a cero», asume con resignación. No podemos permitirnos ni bajar al bar a tomar unas tapas«, continúa María José, ingeniera informática de 36 años que acaba de firmar su primera hipoteca. El verano se va a pasar entre visitas a las tiendas de decoración y mirando las ofertas del supermercado. «Por suerte tenemos la piscina y una buena terraza. Si el calor nos lo permite, vamos a disfrutar de muchas noches imaginando que estamos en un resort. No hay otra», apunta con ironía su pareja, con la que comparte la misma profesión. Aún no tienen hijos, pero es el siguiente reto en el calendario y si llegan la cosa se complica porque asumen que «los gastos van a crecer y seguramente sea más difícil si cabe encajar una escapada». En las mismas está Ángel Sánchez , periodista de profesión, que se trasladó a Sevilla hace poco más de un año y después de unos meses buscando alquiler en la ciudad ha terminado comprando un piso en la urbanización nazarena de Entrenúcleos. Aún con el salón y algunas habitaciones a medio amueblar ni se plantea organizar unas vacaciones. «Solíamos irnos la familia cada verano al extranjero, pero tal como estamos este año y con los precios que nos encontramos, nos quedamos en casa». «Hemos mirado opciones, pero te cobran un disparate por habitaciones que son un auténtico cuchitril. Ni nos lo planteamos»Ángel dividía el mes de vacaciones entre la escapada fuera de España y algunos días en la costa, recuerda con nostalgia que «el año pasado por estas fechas estaba visitando con mi mujer y mi hija Praga, pero me temo que este va a ser muy distinto, haremos paseos en bici por el barrio, iremos al cine de verano en Dos Hermanas y seguramente algunos días puntuales a las playas más cercanas». A pesar de tratarse de un matrimonio con trabajo estable y con una situación económica desahogada, los gastos que han asumido los últimos meses y la subida de los precios van a complicar cualquier opción de salir fuera, ni siquiera para participar en el encuentro familiar que organizan cada año en Zahara de los Atunes. Su hermana tiene allí un apartamento y la familia se desplazaba con una reserva en un hotel para verse. «Hemos mirado, pero cobran un disparate por habitaciones que son auténticos cuchitriles. Ni nos lo planteamos». Como él están muchos de sus vecinos que tras la mudanza y la entrada no se van a mover de la piscina de la urbanización. «Al menos aquí tenemos ese desahogo», reconoce. Peor situación tienen Amparo López y su marido Nicolás , dos jubilados que este año se han quedado sin plaza en el Imserso y pasarán los próximos meses en su casa de Castilleja de la Cuesta. Admite que lo único que se permiten es apuntarse algunos días al autobús que sale desde el centro de la localidad a las playas de Huelva. «La semana que viene vamos a Mazagón y así iremos dejando pasar el verano, aliviándonos un poco del calor». Para dos pensionistas los precios actuales son inasumibles. «La paga extra la hemos dedicado a arreglar algunas cosas en casa como el aire acondicionado, que es más urgente que las vacaciones», admiten.«Antes con 1.500 euros tenías el verano hecho, la mitad te costaba el piso en Chipiona y la otra te lo gastabas en cenar alguna vez en la calle y comprar la comida, pero ahora con ese dinero sólo te da para el alquiler», apunta Amparo, que es la que siempre ha planeado las vacaciones. «Lo tenemos complicado para salir». El alquiler vacacional, como el tradicional, está por las nubes, incluso en la costa andaluza, que ha sido la elección preferente cada verano por la cercanía y por los precios competitivos. Pero esa percepción se va desdibujando cuando se topa uno con la realidad. La media de la renta por una semana en la costa gaditana o la malagueña, las más frecuentadas por los andaluces, se acerca ya a los 1.500 euros, según tasadoras como Tecnitasa, un dinero que da para dos meses de hipoteca en muchos de los hogares o para poner a punto el coche o la derrama de la comunidad si toca este año. A eso se suma la factura de la gasolina, que no ha dejado de subir desde que comenzó la guerra en Irán, la de la cesta de la compra o el ticket del restaurante. Para una escapada en verano hay que sacar la calculadora y asumir la dura realidad y es que los números no cierran. Ni la paga extra de julio permite darse el lujo en el que se ha convertido viajar en vacaciones, como explican María José Reyes y Joaquín Rodríguez , una pareja que acaba de recibir las llaves de su nuevo piso en la urbanización sevillana de Palmas Altas y que este verano lo pasará en la piscina del bloque. «Con la ilusión que tenemos, casi ni nos importa porque queda mucho por hacer. Entre buscar los muebles, decorar y disfrutar de nuestra casa después de tanto esfuerzo y tanto tiempo esperando se nos van a pasar las vacaciones volando», dice con cierto optimismo. «Pero tampoco nos ha quedado otra, entre la entrada y los gastos tenemos la cuenta a cero», asume con resignación. No podemos permitirnos ni bajar al bar a tomar unas tapas«, continúa María José, ingeniera informática de 36 años que acaba de firmar su primera hipoteca. El verano se va a pasar entre visitas a las tiendas de decoración y mirando las ofertas del supermercado. «Por suerte tenemos la piscina y una buena terraza. Si el calor nos lo permite, vamos a disfrutar de muchas noches imaginando que estamos en un resort. No hay otra», apunta con ironía su pareja, con la que comparte la misma profesión. Aún no tienen hijos, pero es el siguiente reto en el calendario y si llegan la cosa se complica porque asumen que «los gastos van a crecer y seguramente sea más difícil si cabe encajar una escapada». En las mismas está Ángel Sánchez , periodista de profesión, que se trasladó a Sevilla hace poco más de un año y después de unos meses buscando alquiler en la ciudad ha terminado comprando un piso en la urbanización nazarena de Entrenúcleos. Aún con el salón y algunas habitaciones a medio amueblar ni se plantea organizar unas vacaciones. «Solíamos irnos la familia cada verano al extranjero, pero tal como estamos este año y con los precios que nos encontramos, nos quedamos en casa». «Hemos mirado opciones, pero te cobran un disparate por habitaciones que son un auténtico cuchitril. Ni nos lo planteamos»Ángel dividía el mes de vacaciones entre la escapada fuera de España y algunos días en la costa, recuerda con nostalgia que «el año pasado por estas fechas estaba visitando con mi mujer y mi hija Praga, pero me temo que este va a ser muy distinto, haremos paseos en bici por el barrio, iremos al cine de verano en Dos Hermanas y seguramente algunos días puntuales a las playas más cercanas». A pesar de tratarse de un matrimonio con trabajo estable y con una situación económica desahogada, los gastos que han asumido los últimos meses y la subida de los precios van a complicar cualquier opción de salir fuera, ni siquiera para participar en el encuentro familiar que organizan cada año en Zahara de los Atunes. Su hermana tiene allí un apartamento y la familia se desplazaba con una reserva en un hotel para verse. «Hemos mirado, pero cobran un disparate por habitaciones que son auténticos cuchitriles. Ni nos lo planteamos». Como él están muchos de sus vecinos que tras la mudanza y la entrada no se van a mover de la piscina de la urbanización. «Al menos aquí tenemos ese desahogo», reconoce. Peor situación tienen Amparo López y su marido Nicolás , dos jubilados que este año se han quedado sin plaza en el Imserso y pasarán los próximos meses en su casa de Castilleja de la Cuesta. Admite que lo único que se permiten es apuntarse algunos días al autobús que sale desde el centro de la localidad a las playas de Huelva. «La semana que viene vamos a Mazagón y así iremos dejando pasar el verano, aliviándonos un poco del calor». Para dos pensionistas los precios actuales son inasumibles. «La paga extra la hemos dedicado a arreglar algunas cosas en casa como el aire acondicionado, que es más urgente que las vacaciones», admiten.«Antes con 1.500 euros tenías el verano hecho, la mitad te costaba el piso en Chipiona y la otra te lo gastabas en cenar alguna vez en la calle y comprar la comida, pero ahora con ese dinero sólo te da para el alquiler», apunta Amparo, que es la que siempre ha planeado las vacaciones. «Lo tenemos complicado para salir».
El alquiler vacacional, como el tradicional, está por las nubes, incluso en la costa andaluza, que ha sido la elección preferente cada verano por la cercanía y por los precios competitivos. Pero esa percepción se va desdibujando cuando se topa uno con la realidad. La … media de la renta por una semana en la costa gaditana o la malagueña, las más frecuentadas por los andaluces, se acerca ya a los 1.500 euros, según tasadoras como Tecnitasa, un dinero que da para dos meses de hipoteca en muchos de los hogares o para poner a punto el coche o la derrama de la comunidad si toca este año.
A eso se suma la factura de la gasolina, que no ha dejado de subir desde que comenzó la guerra en Irán, la de la cesta de la compra o el ticket del restaurante. Para una escapada en verano hay que sacar la calculadora y asumir la dura realidad y es que los números no cierran. Ni la paga extra de julio permite darse el lujo en el que se ha convertido viajar en vacaciones, como explican María José Reyes y Joaquín Rodríguez, una pareja que acaba de recibir las llaves de su nuevo piso en la urbanización sevillana de Palmas Altas y que este verano lo pasará en la piscina del bloque.
«Con la ilusión que tenemos, casi ni nos importa porque queda mucho por hacer. Entre buscar los muebles, decorar y disfrutar de nuestra casa después de tanto esfuerzo y tanto tiempo esperando se nos van a pasar las vacaciones volando», dice con cierto optimismo. «Pero tampoco nos ha quedado otra, entre la entrada y los gastos tenemos la cuenta a cero», asume con resignación. No podemos permitirnos ni bajar al bar a tomar unas tapas«, continúa María José, ingeniera informática de 36 años que acaba de firmar su primera hipoteca.
El verano se va a pasar entre visitas a las tiendas de decoración y mirando las ofertas del supermercado. «Por suerte tenemos la piscina y una buena terraza. Si el calor nos lo permite, vamos a disfrutar de muchas noches imaginando que estamos en un resort. No hay otra», apunta con ironía su pareja, con la que comparte la misma profesión. Aún no tienen hijos, pero es el siguiente reto en el calendario y si llegan la cosa se complica porque asumen que «los gastos van a crecer y seguramente sea más difícil si cabe encajar una escapada».
En las mismas está Ángel Sánchez, periodista de profesión, que se trasladó a Sevilla hace poco más de un año y después de unos meses buscando alquiler en la ciudad ha terminado comprando un piso en la urbanización nazarena de Entrenúcleos. Aún con el salón y algunas habitaciones a medio amueblar ni se plantea organizar unas vacaciones. «Solíamos irnos la familia cada verano al extranjero, pero tal como estamos este año y con los precios que nos encontramos, nos quedamos en casa».
«Hemos mirado opciones, pero te cobran un disparate por habitaciones que son un auténtico cuchitril. Ni nos lo planteamos»
Ángel dividía el mes de vacaciones entre la escapada fuera de España y algunos días en la costa, recuerda con nostalgia que «el año pasado por estas fechas estaba visitando con mi mujer y mi hija Praga, pero me temo que este va a ser muy distinto, haremos paseos en bici por el barrio, iremos al cine de verano en Dos Hermanas y seguramente algunos días puntuales a las playas más cercanas». A pesar de tratarse de un matrimonio con trabajo estable y con una situación económica desahogada, los gastos que han asumido los últimos meses y la subida de los precios van a complicar cualquier opción de salir fuera, ni siquiera para participar en el encuentro familiar que organizan cada año en Zahara de los Atunes. Su hermana tiene allí un apartamento y la familia se desplazaba con una reserva en un hotel para verse. «Hemos mirado, pero cobran un disparate por habitaciones que son auténticos cuchitriles. Ni nos lo planteamos».
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Como él están muchos de sus vecinos que tras la mudanza y la entrada no se van a mover de la piscina de la urbanización. «Al menos aquí tenemos ese desahogo», reconoce. Peor situación tienen Amparo López y su marido Nicolás, dos jubilados que este año se han quedado sin plaza en el Imserso y pasarán los próximos meses en su casa de Castilleja de la Cuesta. Admite que lo único que se permiten es apuntarse algunos días al autobús que sale desde el centro de la localidad a las playas de Huelva. «La semana que viene vamos a Mazagón y así iremos dejando pasar el verano, aliviándonos un poco del calor». Para dos pensionistas los precios actuales son inasumibles. «La paga extra la hemos dedicado a arreglar algunas cosas en casa como el aire acondicionado, que es más urgente que las vacaciones», admiten.
«Antes con 1.500 euros tenías el verano hecho, la mitad te costaba el piso en Chipiona y la otra te lo gastabas en cenar alguna vez en la calle y comprar la comida, pero ahora con ese dinero sólo te da para el alquiler», apunta Amparo, que es la que siempre ha planeado las vacaciones. «Lo tenemos complicado para salir».
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