Si por mi fuera, los jugadores visitantes podrían seguir provocando al público mediante métodos tradicionales: cortes de manga, rascamiento de las llamadas partes nobles , lenguaje de signos no académico o, recientemente, el sistema Dumbo –llevarse las manos a las orejas para escuchar mejor al público– y el de exigir silencio, como si estuviéramos en un templo de la opera.
Si por mi fuera, los jugadores visitantes podrían seguir provocando al público mediante métodos tradicionales: cortes de manga, rascamiento de las llamadas partes nobles , lenguaje de signos no académico o, recientemente, el sistema Dumbo –llevarse las manos a las orejas para escuchar mejor al público– y el de exigir silencio, como si estuviéramos en un templo de la opera.Seguir leyendo…
Si por mi fuera, los jugadores visitantes podrían seguir provocando al público mediante métodos tradicionales: cortes de manga, rascamiento de las llamadas partes nobles , lenguaje de signos no académico o, recientemente, el sistema Dumbo –llevarse las manos a las orejas para escuchar mejor al público– y el de exigir silencio, como si estuviéramos en un templo de la opera.
El fútbol, sin embargo, evoluciona, y hoy la etiqueta exige buenos modales, solidaridad y hermandad, de modo que el lunes un futbolista del Sevilla, Isaac Romero, lebrijano de Lebrija, fue expulsado en el minuto 95 por llevarse un dedo a los labios para reclamar silencio al público del Levante, ya de por sí mosqueado porque el tal Romero acababa de marcar el 2-3. La alegría del golazo duró poco. El colegiado Cordero Vega mostró la segunda amarilla a Romero, obligado a abandonar el campo, al que había entrado en el minuto 68. Para colmo, el Levante anotó en el minuto 100 y el duelo finalizó en tablas, con enfado del banquillo sevillista, que restó importancia al gesto, a diferencia de la afición granota , cuya reacción fue lanzar objetos al terreno de juego sin puntería, por lo que no hubo que lamentar desperfectos humanos.
Hemos abierto un melón peligroso: sancionar las celebraciones de los goles si ofenden al público
¿Se trata de una nueva norma igual para todos, se llamen Isaac Romero o Lamine Yamal, o fueron las cosas de Cordero Vega, gran árbitro y mejor persona? Al primer futbolista de la era moderna que se le recuerda el gesto de autos fue a Raúl González, que mandó callar al Camp Nou un 13 de octubre de 1999 después de anotar el gol del empare en el minuto 86. Esos minutos, como el caso de Romero, en que el público no está para farolillos.
Al parecer, los árbitros aspiran esta temporada a liquidar la interacción entre futbolistas y público, cosa que a mi juicio tenía su gracia siempre y cuando los espectadores entendiesen que un partido de fútbol tiene algo de teatrillo. Corren tiempos hipersensibles y habrá tarjetas por las celebraciones provocativas, lo cual no deja de abrir un melón, a saber si con resultados contraproducentes, porque lo que el futbolista entiende como una demostración de júbilo al público le parecerá una afrenta.
Aparte de pedir silencio al respetable, ¿serán causa de tarjeta ciertos bailes y coreografías a los que se entregan los futbolistas mirando a los graderíos? Porque hoy se celebran los goles de formas muy raras, y habrá quien juzgue más ofensivo marcarse una samba con movimientos pélvicos que el gesto del silencio, muy visto. Y ahí entrará la discreción arbitral, y con ella los agravios, la disparidad de criterios y la creencia que estas expulsiones solo se las decretan a los lebrijanos.
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