El día 19 de marzo saltaron las alarmas en Génova 13. Faltaba una semana para el arranque oficial de la campaña en Castilla y León y los ‘trackings’ eran preocupantes. Vox superaba el 22%. El partido de Santiago Abascal estaba en una ola de crecimiento -lo demostró en Extremadura y Aragón- y en ese momento nada parecía frenarlo. Ni las crisis internas -empezaban a aflorar, pero después irían a más- ni tampoco la imposibilidad de llegar a un acuerdo de gobernabilidad con María Guardiola. Todos los esfuerzos de Vox estaban puestos en la campaña castellano y leonesa para terminar el ciclo en lo alto.El objetivo del PP en esa comunidad autónoma siempre fue mantener los datos de 2022 . No bajar de los 31 procuradores. El resultado de Jorge Azcón el 8 de febrero había dejado un regusto amargo. Era el candidato que todos en el partido veían disparado, con muy buenos datos económicos e inversiones que exhibir. Su carta de presentación no podía ser mejor. Y, sin embargo, perdió votos y se dejó dos escaños. Fue una sorpresa en todo el partido. La campaña aragonesa estuvo muy contaminada con asuntos nacionales sensibles: la regularización de inmigrantes del Gobierno y el acuerdo europeo con el Mercosur también hizo mucho daño. Al día siguiente de esas elecciones, el 9 de febrero, el PP se reunía en la habitual Junta Directiva Nacional en la sede de Madrid. Caras largas a pesar de la victoria y mucha presión mirando a Castilla y León . En el PP había una cierta desesperación. Habían ganado dos elecciones, a mucha distancia de Vox, pero todas las miradas estaban puestas en los resultados de Abascal. En el fondo, como sí reconocen algunos dirigentes, el problema había sido que el adelanto electoral en estas dos autonomías estaba pensado en una doble dirección: que el PSOE sufriera una debacle (ocurrió) y aminorar la dependencia de Vox, dándole una lección a Abascal. Eso no ocurrió porque en la práctica duplicaron su resultado en ambos territorios.En Castilla y León todo era distinto. En el cuartel general de Vox sabían que era muy difícil crecer mucho. Partían de un 17,6% del voto que, de alguna manera, era ficticio. Desde luego, circunstancial. Aquel resultado en febrero de 2022 respondía a una situación muy concreta de guerra abierta en el PP. La debilidad del partido, en plena disputa de Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, empujó a la formación de Abascal a un porcentaje jamás imaginado. De ahí su insistencia en no asumir como pinchazo el 18,9% conseguido. «Hemos crecido y era muy difícil mantener ese nivel», aseguran en el núcleo duro derechista. Las expectativas, sin embargo, apuntaban a niveles más altos. Apenas tuvieron un procurador más y el soñado 20% siempre estuvo ahí . Una barrera que romper al fin.Noticia relacionada general No No Sánchez relega los Presupuestos: «Lo urgente es proteger a nuestros ciudadanos» Enrique SerbetoLo que hizo ‘click’Y en los sondeos internos que manejaba el PP no es que estuviera, es que era más alta. Aquel 19 de febrero en los datos que llegaron a Génova situaban en el 22,6% a Vox. Lo que hizo ‘click’ fue que ese mismo día Abascal abrió la puerta a una repetición electoral. La dirección nacional decidió entonces intervenir. Feijóo tenía claro que debía hablar directamente con su homólogo. No quiso confirmarlo a los periodistas que se lo preguntaron insistentemente. «Haré lo que tenga que hacer», se limitaba a decir.Después de algunos cambios en la agenda prevista, al fin, la llamada se produjo el domingo 22. Duró una hora y la conclusión fue que existía el clima de entendimiento. Después de colgar el teléfono, Feijóo contactó a su jefa de gabinete, Marta Varela , para encargarle el documento marco con los principios rectores para la negociación. Génova intervenía en ese momento la situación, para dar respaldo a sus barones y, sobre todo, tratar de cambiar el marco de la opinión pública. El documento con los diez puntos se remató a lo largo del lunes y ya por la tarde lo hicieron público. Antes lo enviaron a Vox y a los dos presidentes autonómicos incumbidos. Hubo una primera lectura de intervencionismo -poco habitual- de Feijóo. Además, el compromiso era que a partir de ese momento hubiera una delegación nacional sentada en la mesa con Miguel Tellado , el secretario general, y la propia Varela. La jefa de gabinete de Feijóo ya había supervisado de alguna manera otros acuerdos clave como los de la Comunidad Valenciana. Y eso sirvió también para fijar los puntos comunes con Vox que, sin embargo, descolocaron al partido y lo incomodaron. Se vio indudablemente en la reacción de Abascal.Aquel momento fue un punto de inflexión reconocido por muchos dirigentes del PP. Porque desde ese momento no es que los ‘trackings’ se fueron recuperando, sino que la sensación que quedó fijada fue la de que el PP le había dado la vuelta a la situación. Vox quedaba como el agente político que bloqueaba gobiernos y el PP reeditó su mantra de «voto útil» pero con una evolución: «¿Para qué votar a un partido que no deja que gobierne la derecha?».Mañueco pidió confianza a FeijóoEse movimiento se combinó con una campaña electoral tradicional, conservadora, muy centrada en el territorio y en recorrer pueblo a pueblo, diseñada en Castilla y León. Feijóo participó activamente en ella, especialmente en la última semana. Mañueco quería una campaña conservadora y pedía confianza a su líder nacional en los días más convulsos. El partido se había movilizado y había aprendido de los errores de la campaña de 2022 , que transcurrió entre convulsiones. La mayor sorpresa -por su repercusión en redes sociales- fueron los mensajes de «certezas» y el de «aquí, nueces» -el ‘leitmotiv’ que en la Junta de Castilla y León venían explotando de meses atrás- y que forman parte de una campaña muy medida y pensada por una consultora que Mañueco contrató hace meses para impulsar la campaña electoral. Al final, Castilla y León, que despertaba tantas dudas dentro del PP, puso la guinda a un ciclo electoral que los populares, con sombras, creen que ha cumplido con creces los objetivos. Las tres elecciones se ganaron a mucha distancia del PSOE y queda la joya de la corona, Andalucía, con la que Juanma Moreno librará una batalla crucial. Si mantiene la mayoría absoluta el PP afrontará las siguientes elecciones con mucha más tranquilidad. El día 19 de marzo saltaron las alarmas en Génova 13. Faltaba una semana para el arranque oficial de la campaña en Castilla y León y los ‘trackings’ eran preocupantes. Vox superaba el 22%. El partido de Santiago Abascal estaba en una ola de crecimiento -lo demostró en Extremadura y Aragón- y en ese momento nada parecía frenarlo. Ni las crisis internas -empezaban a aflorar, pero después irían a más- ni tampoco la imposibilidad de llegar a un acuerdo de gobernabilidad con María Guardiola. Todos los esfuerzos de Vox estaban puestos en la campaña castellano y leonesa para terminar el ciclo en lo alto.El objetivo del PP en esa comunidad autónoma siempre fue mantener los datos de 2022 . No bajar de los 31 procuradores. El resultado de Jorge Azcón el 8 de febrero había dejado un regusto amargo. Era el candidato que todos en el partido veían disparado, con muy buenos datos económicos e inversiones que exhibir. Su carta de presentación no podía ser mejor. Y, sin embargo, perdió votos y se dejó dos escaños. Fue una sorpresa en todo el partido. La campaña aragonesa estuvo muy contaminada con asuntos nacionales sensibles: la regularización de inmigrantes del Gobierno y el acuerdo europeo con el Mercosur también hizo mucho daño. Al día siguiente de esas elecciones, el 9 de febrero, el PP se reunía en la habitual Junta Directiva Nacional en la sede de Madrid. Caras largas a pesar de la victoria y mucha presión mirando a Castilla y León . En el PP había una cierta desesperación. Habían ganado dos elecciones, a mucha distancia de Vox, pero todas las miradas estaban puestas en los resultados de Abascal. En el fondo, como sí reconocen algunos dirigentes, el problema había sido que el adelanto electoral en estas dos autonomías estaba pensado en una doble dirección: que el PSOE sufriera una debacle (ocurrió) y aminorar la dependencia de Vox, dándole una lección a Abascal. Eso no ocurrió porque en la práctica duplicaron su resultado en ambos territorios.En Castilla y León todo era distinto. En el cuartel general de Vox sabían que era muy difícil crecer mucho. Partían de un 17,6% del voto que, de alguna manera, era ficticio. Desde luego, circunstancial. Aquel resultado en febrero de 2022 respondía a una situación muy concreta de guerra abierta en el PP. La debilidad del partido, en plena disputa de Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, empujó a la formación de Abascal a un porcentaje jamás imaginado. De ahí su insistencia en no asumir como pinchazo el 18,9% conseguido. «Hemos crecido y era muy difícil mantener ese nivel», aseguran en el núcleo duro derechista. Las expectativas, sin embargo, apuntaban a niveles más altos. Apenas tuvieron un procurador más y el soñado 20% siempre estuvo ahí . Una barrera que romper al fin.Noticia relacionada general No No Sánchez relega los Presupuestos: «Lo urgente es proteger a nuestros ciudadanos» Enrique SerbetoLo que hizo ‘click’Y en los sondeos internos que manejaba el PP no es que estuviera, es que era más alta. Aquel 19 de febrero en los datos que llegaron a Génova situaban en el 22,6% a Vox. Lo que hizo ‘click’ fue que ese mismo día Abascal abrió la puerta a una repetición electoral. La dirección nacional decidió entonces intervenir. Feijóo tenía claro que debía hablar directamente con su homólogo. No quiso confirmarlo a los periodistas que se lo preguntaron insistentemente. «Haré lo que tenga que hacer», se limitaba a decir.Después de algunos cambios en la agenda prevista, al fin, la llamada se produjo el domingo 22. Duró una hora y la conclusión fue que existía el clima de entendimiento. Después de colgar el teléfono, Feijóo contactó a su jefa de gabinete, Marta Varela , para encargarle el documento marco con los principios rectores para la negociación. Génova intervenía en ese momento la situación, para dar respaldo a sus barones y, sobre todo, tratar de cambiar el marco de la opinión pública. El documento con los diez puntos se remató a lo largo del lunes y ya por la tarde lo hicieron público. Antes lo enviaron a Vox y a los dos presidentes autonómicos incumbidos. Hubo una primera lectura de intervencionismo -poco habitual- de Feijóo. Además, el compromiso era que a partir de ese momento hubiera una delegación nacional sentada en la mesa con Miguel Tellado , el secretario general, y la propia Varela. La jefa de gabinete de Feijóo ya había supervisado de alguna manera otros acuerdos clave como los de la Comunidad Valenciana. Y eso sirvió también para fijar los puntos comunes con Vox que, sin embargo, descolocaron al partido y lo incomodaron. Se vio indudablemente en la reacción de Abascal.Aquel momento fue un punto de inflexión reconocido por muchos dirigentes del PP. Porque desde ese momento no es que los ‘trackings’ se fueron recuperando, sino que la sensación que quedó fijada fue la de que el PP le había dado la vuelta a la situación. Vox quedaba como el agente político que bloqueaba gobiernos y el PP reeditó su mantra de «voto útil» pero con una evolución: «¿Para qué votar a un partido que no deja que gobierne la derecha?».Mañueco pidió confianza a FeijóoEse movimiento se combinó con una campaña electoral tradicional, conservadora, muy centrada en el territorio y en recorrer pueblo a pueblo, diseñada en Castilla y León. Feijóo participó activamente en ella, especialmente en la última semana. Mañueco quería una campaña conservadora y pedía confianza a su líder nacional en los días más convulsos. El partido se había movilizado y había aprendido de los errores de la campaña de 2022 , que transcurrió entre convulsiones. La mayor sorpresa -por su repercusión en redes sociales- fueron los mensajes de «certezas» y el de «aquí, nueces» -el ‘leitmotiv’ que en la Junta de Castilla y León venían explotando de meses atrás- y que forman parte de una campaña muy medida y pensada por una consultora que Mañueco contrató hace meses para impulsar la campaña electoral. Al final, Castilla y León, que despertaba tantas dudas dentro del PP, puso la guinda a un ciclo electoral que los populares, con sombras, creen que ha cumplido con creces los objetivos. Las tres elecciones se ganaron a mucha distancia del PSOE y queda la joya de la corona, Andalucía, con la que Juanma Moreno librará una batalla crucial. Si mantiene la mayoría absoluta el PP afrontará las siguientes elecciones con mucha más tranquilidad.
El día 19 de marzo saltaron las alarmas en Génova 13. Faltaba una semana para el arranque oficial de la campaña en Castilla y León y los ‘trackings’ eran preocupantes. Vox superaba el 22%. El partido de Santiago Abascal estaba en una ola de crecimiento – … lo demostró en Extremadura y Aragón- y en ese momento nada parecía frenarlo. Ni las crisis internas -empezaban a aflorar, pero después irían a más- ni tampoco la imposibilidad de llegar a un acuerdo de gobernabilidad con María Guardiola. Todos los esfuerzos de Vox estaban puestos en la campaña castellano y leonesa para terminar el ciclo en lo alto.
El objetivo del PP en esa comunidad autónoma siempre fue mantener los datos de 2022. No bajar de los 31 procuradores. El resultado de Jorge Azcón el 8 de febrero había dejado un regusto amargo. Era el candidato que todos en el partido veían disparado, con muy buenos datos económicos e inversiones que exhibir. Su carta de presentación no podía ser mejor. Y, sin embargo, perdió votos y se dejó dos escaños. Fue una sorpresa en todo el partido. La campaña aragonesa estuvo muy contaminada con asuntos nacionales sensibles: la regularización de inmigrantes del Gobierno y el acuerdo europeo con el Mercosur también hizo mucho daño. Al día siguiente de esas elecciones, el 9 de febrero, el PP se reunía en la habitual Junta Directiva Nacional en la sede de Madrid. Caras largas a pesar de la victoria y mucha presión mirando a Castilla y León.
En el PP había una cierta desesperación. Habían ganado dos elecciones, a mucha distancia de Vox, pero todas las miradas estaban puestas en los resultados de Abascal. En el fondo, como sí reconocen algunos dirigentes, el problema había sido que el adelanto electoral en estas dos autonomías estaba pensado en una doble dirección: que el PSOE sufriera una debacle (ocurrió) y aminorar la dependencia de Vox, dándole una lección a Abascal. Eso no ocurrió porque en la práctica duplicaron su resultado en ambos territorios.
En Castilla y León todo era distinto. En el cuartel general de Vox sabían que era muy difícil crecer mucho. Partían de un 17,6% del voto que, de alguna manera, era ficticio. Desde luego, circunstancial. Aquel resultado en febrero de 2022 respondía a una situación muy concreta de guerra abierta en el PP. La debilidad del partido, en plena disputa de Pablo Casado e Isabel Díaz Ayuso, empujó a la formación de Abascal a un porcentaje jamás imaginado. De ahí su insistencia en no asumir como pinchazo el 18,9% conseguido. «Hemos crecido y era muy difícil mantener ese nivel», aseguran en el núcleo duro derechista. Las expectativas, sin embargo, apuntaban a niveles más altos. Apenas tuvieron un procurador más y el soñado 20% siempre estuvo ahí. Una barrera que romper al fin.
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Lo que hizo ‘click’
Y en los sondeos internos que manejaba el PP no es que estuviera, es que era más alta. Aquel 19 de febrero en los datos que llegaron a Génova situaban en el 22,6% a Vox. Lo que hizo ‘click’ fue que ese mismo día Abascal abrió la puerta a una repetición electoral. La dirección nacional decidió entonces intervenir. Feijóo tenía claro que debía hablar directamente con su homólogo. No quiso confirmarlo a los periodistas que se lo preguntaron insistentemente. «Haré lo que tenga que hacer», se limitaba a decir.
Después de algunos cambios en la agenda prevista, al fin, la llamada se produjo el domingo 22. Duró una hora y la conclusión fue que existía el clima de entendimiento. Después de colgar el teléfono, Feijóo contactó a su jefa de gabinete, Marta Varela, para encargarle el documento marco con los principios rectores para la negociación. Génova intervenía en ese momento la situación, para dar respaldo a sus barones y, sobre todo, tratar de cambiar el marco de la opinión pública. El documento con los diez puntos se remató a lo largo del lunes y ya por la tarde lo hicieron público. Antes lo enviaron a Vox y a los dos presidentes autonómicos incumbidos.
Hubo una primera lectura de intervencionismo -poco habitual- de Feijóo. Además, el compromiso era que a partir de ese momento hubiera una delegación nacional sentada en la mesa con Miguel Tellado, el secretario general, y la propia Varela. La jefa de gabinete de Feijóo ya había supervisado de alguna manera otros acuerdos clave como los de la Comunidad Valenciana. Y eso sirvió también para fijar los puntos comunes con Vox que, sin embargo, descolocaron al partido y lo incomodaron. Se vio indudablemente en la reacción de Abascal.
Aquel momento fue un punto de inflexión reconocido por muchos dirigentes del PP. Porque desde ese momento no es que los ‘trackings’ se fueron recuperando, sino que la sensación que quedó fijada fue la de que el PP le había dado la vuelta a la situación. Vox quedaba como el agente político que bloqueaba gobiernos y el PP reeditó su mantra de «voto útil» pero con una evolución: «¿Para qué votar a un partido que no deja que gobierne la derecha?».
Mañueco pidió confianza a Feijóo
Ese movimiento se combinó con una campaña electoral tradicional, conservadora, muy centrada en el territorio y en recorrer pueblo a pueblo, diseñada en Castilla y León. Feijóo participó activamente en ella, especialmente en la última semana. Mañueco quería una campaña conservadora y pedía confianza a su líder nacional en los días más convulsos. El partido se había movilizado y había aprendido de los errores de la campaña de 2022, que transcurrió entre convulsiones.
La mayor sorpresa -por su repercusión en redes sociales- fueron los mensajes de «certezas» y el de «aquí, nueces» -el ‘leitmotiv’ que en la Junta de Castilla y León venían explotando de meses atrás- y que forman parte de una campaña muy medida y pensada por una consultora que Mañueco contrató hace meses para impulsar la campaña electoral.
Al final, Castilla y León, que despertaba tantas dudas dentro del PP, puso la guinda a un ciclo electoral que los populares, con sombras, creen que ha cumplido con creces los objetivos. Las tres elecciones se ganaron a mucha distancia del PSOE y queda la joya de la corona, Andalucía, con la que Juanma Moreno librará una batalla crucial. Si mantiene la mayoría absoluta el PP afrontará las siguientes elecciones con mucha más tranquilidad.
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