La historia de Palos de la Frontera se escribe mirando al Atlántico. Si 1492 colocó a la localidad en los mapas de la Edad Moderna, 1926 confirmó que aquella vocación no era casualidad. Este martes, 24 de febrero, Felipe VI aterriza en la Cuna del Descubrimiento para presidir los actos del centenario del vuelo del Plus Ultra , la segunda gran gesta que partió de las aguas del Tinto. Lo hace, sin embargo, en una fecha que el calendario no había marcado originalmente. La visita real estaba prevista para el pasado 22 de enero, coincidiendo con la efeméride exacta del despegue, pero la tragedia ferroviaria de Adamuz obligó a posponerla. Tras este aplazamiento, una decisión difícil pero necesaria, Palos recupera la agenda con el mismo rigor institucional.No será la primera vez que Don Felipe pise el entorno de La Rábida con el Plus Ultra como motivo, pero sí la primera que lo haga como monarca. Hace exactamente 25 años, el 22 de enero de 2001 , un joven Príncipe de Asturias presidió el 75 aniversario de la travesía. En aquella ocasión, bajo la lluvia y acompañado por el entonces ministro Federico Trillo, Felipe de Borbón recordó cómo su bisabuelo, Alfonso XIII , había soñado con volar en aquel hidroavión. Hoy, el Rey vuelve para cerrar un círculo de un cuarto de siglo y ratificar el vínculo de la Corona con los hitos onubenses.Un programa ajustado al minutoLa agenda de este martes, coordinada entre la Casa Real, el Ejército del Aire y del Espacio y el Ayuntamiento de Palos, comenzará a desplegarse a las 10.30 horas. En ese momento, la Unidad de Música del Acuartelamiento Aéreo de Tablada ofrecerá un concierto que servirá de preámbulo a la llegada del monarca. El aterrizaje de Felipe VI está programado para las 11.35 horas. Será recibido por las autoridades locales y autonómicas en el entorno del Muelle de la Reina , a los pies del monumento al Ícaro, esa figura alada que la República Argentina donó a Palos en 1929 y que hoy luce restaurada para la ocasión.El acto central, de carácter castrense, tendrá lugar a las 12.40 horas. Será el momento de mayor carga simbólica, donde se rendirá homenaje a los cuatro tripulantes que hicieron posible lo imposible: el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. Cuatro hombres que, a bordo de un Dornier Do J «Wal» de fabricación alemana y apenas 16 metros de eslora, conectaron Huelva con Buenos Aires en siete etapas y 59 horas de vuelo efectivo.El broche de oro a la jornada lo pondrá la exhibición aérea prevista para las 13.25 horas. El cielo de Palos, el mismo que vio partir al hidroavión hace cien años, será escenario de las maniobras de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo (PAPEA) y de los helicópteros de la patrulla ASPA; un espectáculo visual, sí, pero también la demostración de la capacidad operativa de un Ejército del Aire que considera el vuelo del 26 como una de sus páginas fundacionales.La dificultad técnica de una locuraPara entender la magnitud de lo que se conmemora este martes, hay que olvidar la tecnología actual. El vuelo del Plus Ultra, más que un viaje, fue una aventura suicida calculada al milímetro. El hidroavión no contaba con cabina presurizada, ni con GPS, ni con sistemas de comunicación por satélite. Su principal innovación técnica fue el uso del radiogoniómetro, un sistema que permitía a la aeronave orientarse mediante señales de radio emitidas desde buques y estaciones terrestres, vital para no perderse en la inmensidad del océano.La ruta cubrió 10.270 kilómetros . Desde Palos a Las Palmas, de allí a Cabo Verde, y luego el salto al vacío: el cruce del Atlántico Sur hasta Fernando de Noronha (Brasil). Fue la etapa más crítica, la que consagró a Ruiz de Alda como uno de los mejores navegantes de su época. Después vendrían Pernambuco, Río de Janeiro, Montevideo y, finalmente, Buenos Aires. La llegada a la capital argentina desató una locura colectiva que aún se recuerda en el país austral. De hecho, la conexión con Argentina estará muy presente este martes: el acto servirá para escenificar el hermanamiento entre Palos y la ciudad de Luján, la localidad bonaerense que custodia el hidroavión original en su complejo museográfico, una pieza que Alfonso XIII donó generosamente y que nunca regresó a España.Más allá de las carabelasEl Rey se encontrará este martes con un pueblo que ha sabido cuidar su memoria. El monumento del Ícaro, el Muelle de la Calzadilla desde donde partió la aeronave y la propia Rábida conforman un paisaje histórico único en España. No existe otro lugar en la geografía nacional que pueda presumir de haber sido el punto de partida de dos expediciones que cambiaron la forma de entender el mundo.La jornada del martes, por lo tanto, promete ser intensa y emotiva. Huelva salda una deuda con su historia aeronáutica y recupera, un mes después, la celebración que el accidente de Adamuz obligó a posponer. El Plus Ultra volverá a ser protagonista, cien años y un mes después, de las conversaciones en una provincia que, cuando mira al mar, sabe que no existen distancias imposibles. La historia de Palos de la Frontera se escribe mirando al Atlántico. Si 1492 colocó a la localidad en los mapas de la Edad Moderna, 1926 confirmó que aquella vocación no era casualidad. Este martes, 24 de febrero, Felipe VI aterriza en la Cuna del Descubrimiento para presidir los actos del centenario del vuelo del Plus Ultra , la segunda gran gesta que partió de las aguas del Tinto. Lo hace, sin embargo, en una fecha que el calendario no había marcado originalmente. La visita real estaba prevista para el pasado 22 de enero, coincidiendo con la efeméride exacta del despegue, pero la tragedia ferroviaria de Adamuz obligó a posponerla. Tras este aplazamiento, una decisión difícil pero necesaria, Palos recupera la agenda con el mismo rigor institucional.No será la primera vez que Don Felipe pise el entorno de La Rábida con el Plus Ultra como motivo, pero sí la primera que lo haga como monarca. Hace exactamente 25 años, el 22 de enero de 2001 , un joven Príncipe de Asturias presidió el 75 aniversario de la travesía. En aquella ocasión, bajo la lluvia y acompañado por el entonces ministro Federico Trillo, Felipe de Borbón recordó cómo su bisabuelo, Alfonso XIII , había soñado con volar en aquel hidroavión. Hoy, el Rey vuelve para cerrar un círculo de un cuarto de siglo y ratificar el vínculo de la Corona con los hitos onubenses.Un programa ajustado al minutoLa agenda de este martes, coordinada entre la Casa Real, el Ejército del Aire y del Espacio y el Ayuntamiento de Palos, comenzará a desplegarse a las 10.30 horas. En ese momento, la Unidad de Música del Acuartelamiento Aéreo de Tablada ofrecerá un concierto que servirá de preámbulo a la llegada del monarca. El aterrizaje de Felipe VI está programado para las 11.35 horas. Será recibido por las autoridades locales y autonómicas en el entorno del Muelle de la Reina , a los pies del monumento al Ícaro, esa figura alada que la República Argentina donó a Palos en 1929 y que hoy luce restaurada para la ocasión.El acto central, de carácter castrense, tendrá lugar a las 12.40 horas. Será el momento de mayor carga simbólica, donde se rendirá homenaje a los cuatro tripulantes que hicieron posible lo imposible: el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. Cuatro hombres que, a bordo de un Dornier Do J «Wal» de fabricación alemana y apenas 16 metros de eslora, conectaron Huelva con Buenos Aires en siete etapas y 59 horas de vuelo efectivo.El broche de oro a la jornada lo pondrá la exhibición aérea prevista para las 13.25 horas. El cielo de Palos, el mismo que vio partir al hidroavión hace cien años, será escenario de las maniobras de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo (PAPEA) y de los helicópteros de la patrulla ASPA; un espectáculo visual, sí, pero también la demostración de la capacidad operativa de un Ejército del Aire que considera el vuelo del 26 como una de sus páginas fundacionales.La dificultad técnica de una locuraPara entender la magnitud de lo que se conmemora este martes, hay que olvidar la tecnología actual. El vuelo del Plus Ultra, más que un viaje, fue una aventura suicida calculada al milímetro. El hidroavión no contaba con cabina presurizada, ni con GPS, ni con sistemas de comunicación por satélite. Su principal innovación técnica fue el uso del radiogoniómetro, un sistema que permitía a la aeronave orientarse mediante señales de radio emitidas desde buques y estaciones terrestres, vital para no perderse en la inmensidad del océano.La ruta cubrió 10.270 kilómetros . Desde Palos a Las Palmas, de allí a Cabo Verde, y luego el salto al vacío: el cruce del Atlántico Sur hasta Fernando de Noronha (Brasil). Fue la etapa más crítica, la que consagró a Ruiz de Alda como uno de los mejores navegantes de su época. Después vendrían Pernambuco, Río de Janeiro, Montevideo y, finalmente, Buenos Aires. La llegada a la capital argentina desató una locura colectiva que aún se recuerda en el país austral. De hecho, la conexión con Argentina estará muy presente este martes: el acto servirá para escenificar el hermanamiento entre Palos y la ciudad de Luján, la localidad bonaerense que custodia el hidroavión original en su complejo museográfico, una pieza que Alfonso XIII donó generosamente y que nunca regresó a España.Más allá de las carabelasEl Rey se encontrará este martes con un pueblo que ha sabido cuidar su memoria. El monumento del Ícaro, el Muelle de la Calzadilla desde donde partió la aeronave y la propia Rábida conforman un paisaje histórico único en España. No existe otro lugar en la geografía nacional que pueda presumir de haber sido el punto de partida de dos expediciones que cambiaron la forma de entender el mundo.La jornada del martes, por lo tanto, promete ser intensa y emotiva. Huelva salda una deuda con su historia aeronáutica y recupera, un mes después, la celebración que el accidente de Adamuz obligó a posponer. El Plus Ultra volverá a ser protagonista, cien años y un mes después, de las conversaciones en una provincia que, cuando mira al mar, sabe que no existen distancias imposibles.
La historia de Palos de la Frontera se escribe mirando al Atlántico. Si 1492 colocó a la localidad en los mapas de la Edad Moderna, 1926 confirmó que aquella vocación no era casualidad. Este martes, 24 de febrero, Felipe VI aterriza en la … Cuna del Descubrimiento para presidir los actos del centenario del vuelo del Plus Ultra, la segunda gran gesta que partió de las aguas del Tinto. Lo hace, sin embargo, en una fecha que el calendario no había marcado originalmente. La visita real estaba prevista para el pasado 22 de enero, coincidiendo con la efeméride exacta del despegue, pero la tragedia ferroviaria de Adamuz obligó a posponerla. Tras este aplazamiento, una decisión difícil pero necesaria, Palos recupera la agenda con el mismo rigor institucional.
No será la primera vez que Don Felipe pise el entorno de La Rábida con el Plus Ultra como motivo, pero sí la primera que lo haga como monarca. Hace exactamente 25 años, el 22 de enero de 2001, un joven Príncipe de Asturias presidió el 75 aniversario de la travesía. En aquella ocasión, bajo la lluvia y acompañado por el entonces ministro Federico Trillo, Felipe de Borbón recordó cómo su bisabuelo, Alfonso XIII, había soñado con volar en aquel hidroavión. Hoy, el Rey vuelve para cerrar un círculo de un cuarto de siglo y ratificar el vínculo de la Corona con los hitos onubenses.
Un programa ajustado al minuto
La agenda de este martes, coordinada entre la Casa Real, el Ejército del Aire y del Espacio y el Ayuntamiento de Palos, comenzará a desplegarse a las 10.30 horas. En ese momento, la Unidad de Música del Acuartelamiento Aéreo de Tablada ofrecerá un concierto que servirá de preámbulo a la llegada del monarca. El aterrizaje de Felipe VI está programado para las 11.35 horas. Será recibido por las autoridades locales y autonómicas en el entorno del Muelle de la Reina, a los pies del monumento al Ícaro, esa figura alada que la República Argentina donó a Palos en 1929 y que hoy luce restaurada para la ocasión.
El acto central, de carácter castrense, tendrá lugar a las 12.40 horas. Será el momento de mayor carga simbólica, donde se rendirá homenaje a los cuatro tripulantes que hicieron posible lo imposible: el comandante Ramón Franco, el capitán Julio Ruiz de Alda, el teniente de navío Juan Manuel Durán y el mecánico Pablo Rada. Cuatro hombres que, a bordo de un Dornier Do J «Wal» de fabricación alemana y apenas 16 metros de eslora, conectaron Huelva con Buenos Aires en siete etapas y 59 horas de vuelo efectivo.
El broche de oro a la jornada lo pondrá la exhibición aérea prevista para las 13.25 horas. El cielo de Palos, el mismo que vio partir al hidroavión hace cien años, será escenario de las maniobras de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo (PAPEA) y de los helicópteros de la patrulla ASPA; un espectáculo visual, sí, pero también la demostración de la capacidad operativa de un Ejército del Aire que considera el vuelo del 26 como una de sus páginas fundacionales.
La dificultad técnica de una locura
Para entender la magnitud de lo que se conmemora este martes, hay que olvidar la tecnología actual. El vuelo del Plus Ultra, más que un viaje, fue una aventura suicida calculada al milímetro. El hidroavión no contaba con cabina presurizada, ni con GPS, ni con sistemas de comunicación por satélite. Su principal innovación técnica fue el uso del radiogoniómetro, un sistema que permitía a la aeronave orientarse mediante señales de radio emitidas desde buques y estaciones terrestres, vital para no perderse en la inmensidad del océano.
La ruta cubrió 10.270 kilómetros. Desde Palos a Las Palmas, de allí a Cabo Verde, y luego el salto al vacío: el cruce del Atlántico Sur hasta Fernando de Noronha (Brasil). Fue la etapa más crítica, la que consagró a Ruiz de Alda como uno de los mejores navegantes de su época. Después vendrían Pernambuco, Río de Janeiro, Montevideo y, finalmente, Buenos Aires. La llegada a la capital argentina desató una locura colectiva que aún se recuerda en el país austral. De hecho, la conexión con Argentina estará muy presente este martes: el acto servirá para escenificar el hermanamiento entre Palos y la ciudad de Luján, la localidad bonaerense que custodia el hidroavión original en su complejo museográfico, una pieza que Alfonso XIII donó generosamente y que nunca regresó a España.
Más allá de las carabelas
El Rey se encontrará este martes con un pueblo que ha sabido cuidar su memoria. El monumento del Ícaro, el Muelle de la Calzadilla desde donde partió la aeronave y la propia Rábida conforman un paisaje histórico único en España. No existe otro lugar en la geografía nacional que pueda presumir de haber sido el punto de partida de dos expediciones que cambiaron la forma de entender el mundo.
La jornada del martes, por lo tanto, promete ser intensa y emotiva. Huelva salda una deuda con su historia aeronáutica y recupera, un mes después, la celebración que el accidente de Adamuz obligó a posponer. El Plus Ultra volverá a ser protagonista, cien años y un mes después, de las conversaciones en una provincia que, cuando mira al mar, sabe que no existen distancias imposibles.
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