Las DANA y las lluvias torrenciales no son fenómenos nuevos en la cuenca mediterránea. Durante décadas fueron conocidas popularmente como «gota fría», pero sus consecuencias pueden verse agravadas por la forma en que el ser humano ha transformado el territorio.Fernando Rodríguez Correal prefiere hablar de «cambio global» antes que limitar el análisis solamente al cambio climático. Bajo ese concepto incluye el aumento de las temperaturas, pero también los cambios en los usos del suelo, la pérdida de biodiversidad, la sobreexplotación de recursos o la alteración de los ciclos naturales.Entre los factores que pueden multiplicar los daños provocados por las lluvias extremas, el biólogo señala de forma directa la urbanización de suelos inundables , la eliminación de vegetación en las cuencas y el confinamiento de ríos y cauces naturales.—¿El cambio climático está haciendo que las DANA sean más peligrosas y destructivas?—Prefiero recurrir al concepto de cambio global en lugar de cambio climático. El cambio global lo conforman las alteraciones provocadas por el ser humano a escala global. Una de ellas es el cambio climático, junto a otras como los cambios en los usos del suelo, la pérdida de biodiversidad, la alteración de los ciclos biogeoquímicos o la sobreexplotación de los recursos naturales.La ocupación de suelos inundables por usos urbanos, la eliminación de coberturas vegetales en las cuencas de escorrentía o el «confinamiento» de ríos y cauces naturales incrementan los efectos catastróficos de las DANA. Son fenómenos que siempre han existido en otoño en la cuenca mediterránea y que antes conocíamos como «gota fría».—¿Debemos prepararnos en Andalucía ante el riesgo de DANA destructivas este otoño?—El riesgo y sus efectos se han incrementado por dos razones principales: el aumento de las temperaturas en tierra y mar y la modificación e intensificación de usos inadecuados del suelo.Cada año las mediciones baten récords de temperatura del aire y del agua. Este verano se han registrado temperaturas superiores a los 32 grados en las aguas de Baleares. Esa energía en forma de calor vuelve inestables los ciclos y las corrientes de la región mediterránea occidental y altera patrones que conocíamos hasta ahora.—Además de los daños humanos y materiales, ¿qué consecuencias tienen estos fenómenos sobre el territorio?—Las aguas de arroyada tienen una velocidad elevada y arrastran sedimentos y materiales que incrementan su poder destructivo. Ese arrastre elimina vegetación y, especialmente, la capa superficial fértil del suelo.Son suelos que han tardado miles de años en formarse y que pueden perderse en unas horas. Además, estas aguas modifican la topografía, las formas del relieve y, en consecuencia, el paisaje de las cuencas y los cauces.—¿Podemos tener en Andalucía sequías cada vez más largas y, al mismo tiempo, lluvias torrenciales más intensas?—Desafortunadamente, ya hemos llegado a ese punto. Los registros científicos se realizan desde mediados del siglo pasado y, durante ese periodo, los datos son indiscutibles y abrumadores.También lo vemos en las especies y las plantas. Han cambiado los patrones de migración, los periodos de floración, las cosechas y sus plagas. Son indicadores de que el cambio se está produciendo con una intensidad y una velocidad que supera la capacidad de adaptación humana.—¿Qué zonas de Andalucía presentan un mayor riesgo ante lluvias torrenciales?—La costa mediterránea de Andalucía es la que presenta mayor riesgo. Está más próxima al mar, tiene relieves abruptos y fuertes desniveles en pocos kilómetros. Además, existen usos del suelo que han modificado la infiltración y la escorrentía natural del agua y cauces ocupados en ocasiones por infraestructuras, carreteras o zonas urbanas.La Depresión del Guadalquivir, en cambio, tiene un relieve más suave y se encuentra más alejada del Mediterráneo, donde se forman la mayoría de las DANA otoñales, por lo que presenta un riesgo menor.—¿Y Sevilla?—Sevilla se encuentra sobre una gran llanura fluvial de relieve suave y moderado. Por eso no son previsibles desbordamientos con la misma capacidad destructiva que los que pueden producirse en zonas mediterráneas.Existe cierto riesgo de desbordamiento, según los modelos, en torno al eje del Guadalquivir, Tamarguillo y Espartales, así como en algunos tramos del Guadaíra. En esos casos hay que seguir las alertas de la Administración y restringir absolutamente la movilidad.—¿Estamos construyendo nuestras ciudades de una forma incompatible con el clima de las próximas décadas?—En las últimas dos o tres décadas, la ordenación del territorio y el urbanismo basados en el conocimiento científico ya tienen en cuenta las zonas con riesgo de inundación, limitando sus usos y excluyéndolas como nuevas zonas urbanas.El problema es que todavía existen en Andalucía suelos heredados de antiguos planeamientos urbanísticos que son al mismo tiempo inundables y urbanizables. Es una cuestión para la que tenemos que encontrar soluciones. Las DANA y las lluvias torrenciales no son fenómenos nuevos en la cuenca mediterránea. Durante décadas fueron conocidas popularmente como «gota fría», pero sus consecuencias pueden verse agravadas por la forma en que el ser humano ha transformado el territorio.Fernando Rodríguez Correal prefiere hablar de «cambio global» antes que limitar el análisis solamente al cambio climático. Bajo ese concepto incluye el aumento de las temperaturas, pero también los cambios en los usos del suelo, la pérdida de biodiversidad, la sobreexplotación de recursos o la alteración de los ciclos naturales.Entre los factores que pueden multiplicar los daños provocados por las lluvias extremas, el biólogo señala de forma directa la urbanización de suelos inundables , la eliminación de vegetación en las cuencas y el confinamiento de ríos y cauces naturales.—¿El cambio climático está haciendo que las DANA sean más peligrosas y destructivas?—Prefiero recurrir al concepto de cambio global en lugar de cambio climático. El cambio global lo conforman las alteraciones provocadas por el ser humano a escala global. Una de ellas es el cambio climático, junto a otras como los cambios en los usos del suelo, la pérdida de biodiversidad, la alteración de los ciclos biogeoquímicos o la sobreexplotación de los recursos naturales.La ocupación de suelos inundables por usos urbanos, la eliminación de coberturas vegetales en las cuencas de escorrentía o el «confinamiento» de ríos y cauces naturales incrementan los efectos catastróficos de las DANA. Son fenómenos que siempre han existido en otoño en la cuenca mediterránea y que antes conocíamos como «gota fría».—¿Debemos prepararnos en Andalucía ante el riesgo de DANA destructivas este otoño?—El riesgo y sus efectos se han incrementado por dos razones principales: el aumento de las temperaturas en tierra y mar y la modificación e intensificación de usos inadecuados del suelo.Cada año las mediciones baten récords de temperatura del aire y del agua. Este verano se han registrado temperaturas superiores a los 32 grados en las aguas de Baleares. Esa energía en forma de calor vuelve inestables los ciclos y las corrientes de la región mediterránea occidental y altera patrones que conocíamos hasta ahora.—Además de los daños humanos y materiales, ¿qué consecuencias tienen estos fenómenos sobre el territorio?—Las aguas de arroyada tienen una velocidad elevada y arrastran sedimentos y materiales que incrementan su poder destructivo. Ese arrastre elimina vegetación y, especialmente, la capa superficial fértil del suelo.Son suelos que han tardado miles de años en formarse y que pueden perderse en unas horas. Además, estas aguas modifican la topografía, las formas del relieve y, en consecuencia, el paisaje de las cuencas y los cauces.—¿Podemos tener en Andalucía sequías cada vez más largas y, al mismo tiempo, lluvias torrenciales más intensas?—Desafortunadamente, ya hemos llegado a ese punto. Los registros científicos se realizan desde mediados del siglo pasado y, durante ese periodo, los datos son indiscutibles y abrumadores.También lo vemos en las especies y las plantas. Han cambiado los patrones de migración, los periodos de floración, las cosechas y sus plagas. Son indicadores de que el cambio se está produciendo con una intensidad y una velocidad que supera la capacidad de adaptación humana.—¿Qué zonas de Andalucía presentan un mayor riesgo ante lluvias torrenciales?—La costa mediterránea de Andalucía es la que presenta mayor riesgo. Está más próxima al mar, tiene relieves abruptos y fuertes desniveles en pocos kilómetros. Además, existen usos del suelo que han modificado la infiltración y la escorrentía natural del agua y cauces ocupados en ocasiones por infraestructuras, carreteras o zonas urbanas.La Depresión del Guadalquivir, en cambio, tiene un relieve más suave y se encuentra más alejada del Mediterráneo, donde se forman la mayoría de las DANA otoñales, por lo que presenta un riesgo menor.—¿Y Sevilla?—Sevilla se encuentra sobre una gran llanura fluvial de relieve suave y moderado. Por eso no son previsibles desbordamientos con la misma capacidad destructiva que los que pueden producirse en zonas mediterráneas.Existe cierto riesgo de desbordamiento, según los modelos, en torno al eje del Guadalquivir, Tamarguillo y Espartales, así como en algunos tramos del Guadaíra. En esos casos hay que seguir las alertas de la Administración y restringir absolutamente la movilidad.—¿Estamos construyendo nuestras ciudades de una forma incompatible con el clima de las próximas décadas?—En las últimas dos o tres décadas, la ordenación del territorio y el urbanismo basados en el conocimiento científico ya tienen en cuenta las zonas con riesgo de inundación, limitando sus usos y excluyéndolas como nuevas zonas urbanas.El problema es que todavía existen en Andalucía suelos heredados de antiguos planeamientos urbanísticos que son al mismo tiempo inundables y urbanizables. Es una cuestión para la que tenemos que encontrar soluciones.

Las DANA y las lluvias torrenciales no son fenómenos nuevos en la cuenca mediterránea. Durante décadas fueron conocidas popularmente como «gota fría», pero sus consecuencias pueden verse agravadas por la forma en que el ser humano ha transformado el territorio.
Fernando Rodríguez Correal prefiere hablar de «cambio global» antes que limitar el análisis solamente al cambio climático. Bajo ese concepto incluye el aumento de las temperaturas, pero también los cambios en los usos del suelo, la pérdida de biodiversidad, la sobreexplotación de recursos o la alteración de los ciclos naturales.
Entre los factores que pueden multiplicar los daños provocados por las lluvias extremas, el biólogo señala de forma directa la urbanización de suelos inundables, la eliminación de vegetación en las cuencas y el confinamiento de ríos y cauces naturales.
—¿El cambio climático está haciendo que las DANA sean más peligrosas y destructivas?
—Prefiero recurrir al concepto de cambio global en lugar de cambio climático. El cambio global lo conforman las alteraciones provocadas por el ser humano a escala global. Una de ellas es el cambio climático, junto a otras como los cambios en los usos del suelo, la pérdida de biodiversidad, la alteración de los ciclos biogeoquímicos o la sobreexplotación de los recursos naturales.
La ocupación de suelos inundables por usos urbanos, la eliminación de coberturas vegetales en las cuencas de escorrentía o el «confinamiento» de ríos y cauces naturales incrementan los efectos catastróficos de las DANA. Son fenómenos que siempre han existido en otoño en la cuenca mediterránea y que antes conocíamos como «gota fría».
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—¿Debemos prepararnos en Andalucía ante el riesgo de DANA destructivas este otoño?
—El riesgo y sus efectos se han incrementado por dos razones principales: el aumento de las temperaturas en tierra y mar y la modificación e intensificación de usos inadecuados del suelo.
Cada año las mediciones baten récords de temperatura del aire y del agua. Este verano se han registrado temperaturas superiores a los 32 grados en las aguas de Baleares. Esa energía en forma de calor vuelve inestables los ciclos y las corrientes de la región mediterránea occidental y altera patrones que conocíamos hasta ahora.
—Además de los daños humanos y materiales, ¿qué consecuencias tienen estos fenómenos sobre el territorio?
—Las aguas de arroyada tienen una velocidad elevada y arrastran sedimentos y materiales que incrementan su poder destructivo. Ese arrastre elimina vegetación y, especialmente, la capa superficial fértil del suelo.
Son suelos que han tardado miles de años en formarse y que pueden perderse en unas horas. Además, estas aguas modifican la topografía, las formas del relieve y, en consecuencia, el paisaje de las cuencas y los cauces.
—¿Podemos tener en Andalucía sequías cada vez más largas y, al mismo tiempo, lluvias torrenciales más intensas?
—Desafortunadamente, ya hemos llegado a ese punto. Los registros científicos se realizan desde mediados del siglo pasado y, durante ese periodo, los datos son indiscutibles y abrumadores.
También lo vemos en las especies y las plantas. Han cambiado los patrones de migración, los periodos de floración, las cosechas y sus plagas. Son indicadores de que el cambio se está produciendo con una intensidad y una velocidad que supera la capacidad de adaptación humana.
—¿Qué zonas de Andalucía presentan un mayor riesgo ante lluvias torrenciales?
—La costa mediterránea de Andalucía es la que presenta mayor riesgo. Está más próxima al mar, tiene relieves abruptos y fuertes desniveles en pocos kilómetros. Además, existen usos del suelo que han modificado la infiltración y la escorrentía natural del agua y cauces ocupados en ocasiones por infraestructuras, carreteras o zonas urbanas.
La Depresión del Guadalquivir, en cambio, tiene un relieve más suave y se encuentra más alejada del Mediterráneo, donde se forman la mayoría de las DANA otoñales, por lo que presenta un riesgo menor.
—¿Y Sevilla?
—Sevilla se encuentra sobre una gran llanura fluvial de relieve suave y moderado. Por eso no son previsibles desbordamientos con la misma capacidad destructiva que los que pueden producirse en zonas mediterráneas.
Existe cierto riesgo de desbordamiento, según los modelos, en torno al eje del Guadalquivir, Tamarguillo y Espartales, así como en algunos tramos del Guadaíra. En esos casos hay que seguir las alertas de la Administración y restringir absolutamente la movilidad.
—¿Estamos construyendo nuestras ciudades de una forma incompatible con el clima de las próximas décadas?
—En las últimas dos o tres décadas, la ordenación del territorio y el urbanismo basados en el conocimiento científico ya tienen en cuenta las zonas con riesgo de inundación, limitando sus usos y excluyéndolas como nuevas zonas urbanas.
El problema es que todavía existen en Andalucía suelos heredados de antiguos planeamientos urbanísticos que son al mismo tiempo inundables y urbanizables. Es una cuestión para la que tenemos que encontrar soluciones.
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