De la mano del C.E.Europa y de la U.E. Sant Andreu y de una rivalidad que la próxima temporada podría vivir un nuevo episodio en la Primera Federación, el fútbol de barriada parece vivir una época de renacimiento en una ciudad en la que, a diferencia de lo que sucede en Madrid, la enormidad del Barça no deja apenas opciones para que puedan desarrollarse proyectos con aspiraciones de hacerse un hueco en las competiciones de cierto nivel.
De la mano del C.E.Europa y de la U.E. Sant Andreu y de una rivalidad que la próxima temporada podría vivir un nuevo episodio en la Primera Federación, el fútbol de barriada parece vivir una época de renacimiento en una ciudad en la que, a diferencia de lo que sucede en Madrid, la enormidad del Barça no deja apenas opciones para que puedan desarrollarse proyectos con aspiraciones de hacerse un hueco en las competiciones de cierto nivel.Seguir leyendo…
De la mano del C.E.Europa y de la U.E. Sant Andreu y de una rivalidad que la próxima temporada podría vivir un nuevo episodio en la Primera Federación, el fútbol de barriada parece vivir una época de renacimiento en una ciudad en la que, a diferencia de lo que sucede en Madrid, la enormidad del Barça no deja apenas opciones para que puedan desarrollarse proyectos con aspiraciones de hacerse un hueco en las competiciones de cierto nivel.

Se da la bendita paradoja de que el ascenso del club andreuenc a la tercera categoría del fútbol español va a acabar favoreciendo también los intereses de su más acérrimo rival. En una fecha todavía indeterminada, pero que no debería retrasarse mucho más allá del inicio de la temporada 26-27, los primeros equipos de los escapolats y los quadribarrats podrán disputar sus encuentros sobre el nuevo césped natural o híbrido de sus feudos del Nou Sardenya y del Narcís Sala. Este es el compromiso adquirido por el alcalde Collboni, que lleva implícito el uso por parte de los equipos de formación de estas dos entidades de otros campos de titularidad municipal. Un complicado encaje de bolillos con muchos flecos aún por resolver pero que, sin duda, es una buena noticia para la ciudad y resultaba casi una obligación para un gobierno municipal del PSC que, a un año de las próximas elecciones, no podía arriesgarse a una sublevación de dos entidades con gran arraigo social en sus respectivos barrios.
A la espera de comprobar qué intereses reales hay detrás de iniciativas como la de Leo Messi en Cornellà o la de Jordi Alba y Thiago Alcántara en l’Hospitalet, el buen momento del Europa y el Sant Andreu corrige, aunque todavía mínimamente, una gran anomalía futbolística de una Barcelona que, como señalaba Rafael Niubó en su libro Barcelona i l’esport y recordaba esta semana el presidente de la Unió de Federacions Esportives Catalanes (UFEC), Gerard Esteva, en las últimas décadas ha visto desaparecer 17 campos de fútbol.
A un año de las elecciones, Collboni no tenía otra opción que atender a Europa y Sant Andreu
Dos equipos en Primera División –uno de ellos realojado en el Baix Llobregat– y detrás un abismo. Y a ello a pesar del carácter resiliente de los principales clubes de la ciudad, que en la gran mayoría de los casos han logrado la hazaña de sobrevivir en condiciones a menudo muy precarias durante más de un siglo. Basta repasar la fecha de fundación: Barça (1899), Espanyol (1900), Europa (1907), Sant Andreu, Martinenc y Júpiter (1909), Sants y Horta (1922), Montañesa (1927)… Casi todos ellos han mantenido a lo largo de su larga historia una dimensión institucional de representantes deportivos de unos barrios que, a pesar de globalizaciones, expats , turismo depredador, banalización y deshumanización general de esta ciudad (como de tantas otras), conservan todavía cierto carácter identitario e incluso una pizca de orgullo de pueblo.
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