Detenerse a leer un panel junto a un semáforo puede servir para obtener información muy valiosa, aunque a cambio el curioso no dejará de sentir, mientras lo hace, que peatones y conductores le clavan la mirada preguntándose qué diablos está haciendo, por qué está ahí como un pasmarote cuando tiene la luz verde para cruzar. Y encima haciendo fotos, como si aquello fuera un monumento.El semáforo en cuestión está en Puerta Real, en pleno centro de Granada, y ofrece dateos sobre la calidad del aire en la ciudad, recabados de las estaciones medidoras del Palacio de Congresos , situada a unos 500 metros de allí, y del distrito Norte , bastante más lejana. A las seis de la tarde, que es cuando el pasmarote se ha detenido a observar, el panel detalla que la calidad del aire es «extremadamente desfavorable». Algunos minutos después, cuando termina su recuento, sólo es «desfavorable», ha avanzado dos posiciones en el índice de calidad del aire, que tiene seis categorías: de «buena» a «extremadamente desfavorable». Ese mismo panel no sólo ofrece datos que se van actualizando en tiempo real, sino que recuerda cómo ha transcurrido la jornada, por así decirlo. Cosa que sirve para demostrar que lo ocurrido a las seis de la tarde, ese «extremadamente desfavorable», no ha sido un hecho tan puntual. Porque a las dos de la tarde había 382 microgramos por metro cúbico de ozono (O3), cuando el umbral de información –el de referencia, por así decirlo- es de 180 y el de alerta, de 240 . En cuanto al dióxido de nitrógeno (NO2), lo aconsejable, según los parámetros tolerables fijados por la Organización Mundial de la Salud, es no pasar de los 40 ug/m3 y a las cuatro de la tarde se había superado con claridad: 62 microgramos , para ser exactos. Otra imagen del panel, donde se observa que los niveles de ozono superan el máximo aconsejable g. ortegaUna situación que tampoco es nueva en Granada: desde hace años, los expertos avisan de que eso ocurre en varios puntos de la ciudad y hay varios estudios –uno de los últimos, elaborados por la Junta de Andalucía- que coinciden en que el grado de contaminación de Granada es de los más altos de España, sólo superado por Madrid y Barcelona . El portal Calidad del Aire Andalucía, gestionado por la Junta y que, además de información hora a hora, ofrece resúmenes diarios, es también bastante específico y ofrece noticias igual de negativas: para este miércoles 4 de marzo, la situación es «desfavorable» en los dos puntos de medición de la capital y también en el que tiene instalado en Motril, mientras que en el de la ciudad deportiva de Armilla, en el Área Metropolitana, es «muy desfavorable».En esos dos mismos puntos de medición, el de la zona Norte y el del Palacio de Congresos, el Ayuntamiento de Granada también toma datos y establece diariamente el índice de Calidad del Aire de la capital. Es curioso comprobar la evolución en lo que va de año, porque tanto en enero como en febrero, esa calidad ha sido «muy buena» casi todos los días. Pero en los primeros días de marzo ha ido « empeorando mucho ». No hay que darle muchas vueltas para encontrar un motivo: en enero y febrero ha llovido con intensidad en Granada. La lluvia, por utilizar una expresión un punto melancólica, lo lavó todo. En las dos últimas jornadas el cielo está encapotado, pero no rompe a llover. Se esperan lluvias de barro, precipitaciones que arrastran polvo mineral en suspensión, procedente del Sáhara. Eso no mejorará la situación, sino más bien lo contrario. «La lluvia de barro también es contaminación», afirma Juan Antonio Martínez , presidente y coordinador de Ecologistas en Acción en Andalucía, que recuerda que la que se padeció hace tres años «fue tremenda» y que, aunque las autoridades descartaron que supusiera un riesgo para la salud, «se supo que tuvo su origen en un lugar donde Francia había hecho pruebas nucleares, algunos análisis daban un elevado índice de radiactividad». La famosa ‘boina’ de contaminación, una neblina que suele cubrir el cielo de la capital g. ortegaAl margen de cuestiones puntuales, el especialista tiene claro que «puede haber alguna mejora puntual en el aire de Granada que coincida con la llegada de una borrasca, pero la calidad del aire sigue siendo malísima, es de los puntos negros que hay en España y eso se ha demostrado con varios estudios». «Es algo que se ve con claridad. Yo vivo en Motril y, cuando me voy acercando a Granada, veo cómo, pasado el Suspiro del Moro, me voy metiendo en su boina negra », expresa Juan Antonio Martínez, que entiende que medidas como la Zona de Bajas Emisiones «pueden ser bienintencionadas», pero no están consiguiendo su objetivo «y además de ser sólo un lavado de cara, no parecen democráticas, porque no todo el mundo puede permitirse un coche eléctrico». Restringir el tráfico es una de las medidas que hay que tomar en Granada, pero no la única. «Aparte de las calefacciones y otros factores de origen agrícola, aquí hay un régimen de vientos débil, estamos en una especie de hoyo y la contaminación entra y se queda», explica, para añadir que en una situación similar está la ciudad francesa de Grenoble -donde hay incluso una estación de esquí, como aquí- «y allí se han adoptado medidas que han mejorado mucho las cosas, pero cuando las hemos propuesto para Granada, no nos han hecho ni caso». ¿Qué medidas fueron esas? Pues, entre otras, una Zona de Bajas Emisiones «estricta», un aumento del 30% de la superficie arbolada, peatonalización, fomento del uso de la bici y del transporte público, restricciones al uso de chimeneas y «estufas de leña ineficientes» o un plan para reducir en un 50% el efecto de los gases invernadero. «Todo eso se está aplicando, con resultados favorables. Mientras tanto, en Granada hay un barrio como el Realejo donde van a clase a diario un millar de niños que se distribuyen en cuatro colegios y respiran a diario un aire contaminado. Solucionar eso debería ser una prioridad absoluta, no es una cuestión de izquierda o derecha sino un problema de todos», concluye. Detenerse a leer un panel junto a un semáforo puede servir para obtener información muy valiosa, aunque a cambio el curioso no dejará de sentir, mientras lo hace, que peatones y conductores le clavan la mirada preguntándose qué diablos está haciendo, por qué está ahí como un pasmarote cuando tiene la luz verde para cruzar. Y encima haciendo fotos, como si aquello fuera un monumento.El semáforo en cuestión está en Puerta Real, en pleno centro de Granada, y ofrece dateos sobre la calidad del aire en la ciudad, recabados de las estaciones medidoras del Palacio de Congresos , situada a unos 500 metros de allí, y del distrito Norte , bastante más lejana. A las seis de la tarde, que es cuando el pasmarote se ha detenido a observar, el panel detalla que la calidad del aire es «extremadamente desfavorable». Algunos minutos después, cuando termina su recuento, sólo es «desfavorable», ha avanzado dos posiciones en el índice de calidad del aire, que tiene seis categorías: de «buena» a «extremadamente desfavorable». Ese mismo panel no sólo ofrece datos que se van actualizando en tiempo real, sino que recuerda cómo ha transcurrido la jornada, por así decirlo. Cosa que sirve para demostrar que lo ocurrido a las seis de la tarde, ese «extremadamente desfavorable», no ha sido un hecho tan puntual. Porque a las dos de la tarde había 382 microgramos por metro cúbico de ozono (O3), cuando el umbral de información –el de referencia, por así decirlo- es de 180 y el de alerta, de 240 . En cuanto al dióxido de nitrógeno (NO2), lo aconsejable, según los parámetros tolerables fijados por la Organización Mundial de la Salud, es no pasar de los 40 ug/m3 y a las cuatro de la tarde se había superado con claridad: 62 microgramos , para ser exactos. Otra imagen del panel, donde se observa que los niveles de ozono superan el máximo aconsejable g. ortegaUna situación que tampoco es nueva en Granada: desde hace años, los expertos avisan de que eso ocurre en varios puntos de la ciudad y hay varios estudios –uno de los últimos, elaborados por la Junta de Andalucía- que coinciden en que el grado de contaminación de Granada es de los más altos de España, sólo superado por Madrid y Barcelona . El portal Calidad del Aire Andalucía, gestionado por la Junta y que, además de información hora a hora, ofrece resúmenes diarios, es también bastante específico y ofrece noticias igual de negativas: para este miércoles 4 de marzo, la situación es «desfavorable» en los dos puntos de medición de la capital y también en el que tiene instalado en Motril, mientras que en el de la ciudad deportiva de Armilla, en el Área Metropolitana, es «muy desfavorable».En esos dos mismos puntos de medición, el de la zona Norte y el del Palacio de Congresos, el Ayuntamiento de Granada también toma datos y establece diariamente el índice de Calidad del Aire de la capital. Es curioso comprobar la evolución en lo que va de año, porque tanto en enero como en febrero, esa calidad ha sido «muy buena» casi todos los días. Pero en los primeros días de marzo ha ido « empeorando mucho ». No hay que darle muchas vueltas para encontrar un motivo: en enero y febrero ha llovido con intensidad en Granada. La lluvia, por utilizar una expresión un punto melancólica, lo lavó todo. En las dos últimas jornadas el cielo está encapotado, pero no rompe a llover. Se esperan lluvias de barro, precipitaciones que arrastran polvo mineral en suspensión, procedente del Sáhara. Eso no mejorará la situación, sino más bien lo contrario. «La lluvia de barro también es contaminación», afirma Juan Antonio Martínez , presidente y coordinador de Ecologistas en Acción en Andalucía, que recuerda que la que se padeció hace tres años «fue tremenda» y que, aunque las autoridades descartaron que supusiera un riesgo para la salud, «se supo que tuvo su origen en un lugar donde Francia había hecho pruebas nucleares, algunos análisis daban un elevado índice de radiactividad». La famosa ‘boina’ de contaminación, una neblina que suele cubrir el cielo de la capital g. ortegaAl margen de cuestiones puntuales, el especialista tiene claro que «puede haber alguna mejora puntual en el aire de Granada que coincida con la llegada de una borrasca, pero la calidad del aire sigue siendo malísima, es de los puntos negros que hay en España y eso se ha demostrado con varios estudios». «Es algo que se ve con claridad. Yo vivo en Motril y, cuando me voy acercando a Granada, veo cómo, pasado el Suspiro del Moro, me voy metiendo en su boina negra », expresa Juan Antonio Martínez, que entiende que medidas como la Zona de Bajas Emisiones «pueden ser bienintencionadas», pero no están consiguiendo su objetivo «y además de ser sólo un lavado de cara, no parecen democráticas, porque no todo el mundo puede permitirse un coche eléctrico». Restringir el tráfico es una de las medidas que hay que tomar en Granada, pero no la única. «Aparte de las calefacciones y otros factores de origen agrícola, aquí hay un régimen de vientos débil, estamos en una especie de hoyo y la contaminación entra y se queda», explica, para añadir que en una situación similar está la ciudad francesa de Grenoble -donde hay incluso una estación de esquí, como aquí- «y allí se han adoptado medidas que han mejorado mucho las cosas, pero cuando las hemos propuesto para Granada, no nos han hecho ni caso». ¿Qué medidas fueron esas? Pues, entre otras, una Zona de Bajas Emisiones «estricta», un aumento del 30% de la superficie arbolada, peatonalización, fomento del uso de la bici y del transporte público, restricciones al uso de chimeneas y «estufas de leña ineficientes» o un plan para reducir en un 50% el efecto de los gases invernadero. «Todo eso se está aplicando, con resultados favorables. Mientras tanto, en Granada hay un barrio como el Realejo donde van a clase a diario un millar de niños que se distribuyen en cuatro colegios y respiran a diario un aire contaminado. Solucionar eso debería ser una prioridad absoluta, no es una cuestión de izquierda o derecha sino un problema de todos», concluye.
Detenerse a leer un panel junto a un semáforo puede servir para obtener información muy valiosa, aunque a cambio el curioso no dejará de sentir, mientras lo hace, que peatones y conductores le clavan la mirada preguntándose qué diablos está haciendo, por qué está ahí … como un pasmarote cuando tiene la luz verde para cruzar. Y encima haciendo fotos, como si aquello fuera un monumento.
El semáforo en cuestión está en Puerta Real, en pleno centro de Granada, y ofrece dateos sobre la calidad del aire en la ciudad, recabados de las estaciones medidoras del Palacio de Congresos, situada a unos 500 metros de allí, y del distrito Norte, bastante más lejana.
A las seis de la tarde, que es cuando el pasmarote se ha detenido a observar, el panel detalla que la calidad del aire es «extremadamente desfavorable». Algunos minutos después, cuando termina su recuento, sólo es «desfavorable», ha avanzado dos posiciones en el índice de calidad del aire, que tiene seis categorías: de «buena» a «extremadamente desfavorable».
Ese mismo panel no sólo ofrece datos que se van actualizando en tiempo real, sino que recuerda cómo ha transcurrido la jornada, por así decirlo. Cosa que sirve para demostrar que lo ocurrido a las seis de la tarde, ese «extremadamente desfavorable», no ha sido un hecho tan puntual. Porque a las dos de la tarde había 382 microgramos por metro cúbico de ozono (O3), cuando el umbral de información –el de referencia, por así decirlo- es de 180 y el de alerta, de 240.
En cuanto al dióxido de nitrógeno (NO2), lo aconsejable, según los parámetros tolerables fijados por la Organización Mundial de la Salud, es no pasar de los 40 ug/m3 y a las cuatro de la tarde se había superado con claridad: 62 microgramos, para ser exactos.

(g. ortega)
Una situación que tampoco es nueva en Granada: desde hace años, los expertos avisan de que eso ocurre en varios puntos de la ciudad y hay varios estudios –uno de los últimos, elaborados por la Junta de Andalucía- que coinciden en que el grado de contaminación de Granada es de los más altos de España, sólo superado por Madrid y Barcelona.
El portal Calidad del Aire Andalucía, gestionado por la Junta y que, además de información hora a hora, ofrece resúmenes diarios, es también bastante específico y ofrece noticias igual de negativas: para este miércoles 4 de marzo, la situación es «desfavorable» en los dos puntos de medición de la capital y también en el que tiene instalado en Motril, mientras que en el de la ciudad deportiva de Armilla, en el Área Metropolitana, es «muy desfavorable».
En esos dos mismos puntos de medición, el de la zona Norte y el del Palacio de Congresos, el Ayuntamiento de Granada también toma datos y establece diariamente el índice de Calidad del Aire de la capital. Es curioso comprobar la evolución en lo que va de año, porque tanto en enero como en febrero, esa calidad ha sido «muy buena» casi todos los días. Pero en los primeros días de marzo ha ido «empeorando mucho».
No hay que darle muchas vueltas para encontrar un motivo: en enero y febrero ha llovido con intensidad en Granada. La lluvia, por utilizar una expresión un punto melancólica, lo lavó todo. En las dos últimas jornadas el cielo está encapotado, pero no rompe a llover. Se esperan lluvias de barro, precipitaciones que arrastran polvo mineral en suspensión, procedente del Sáhara. Eso no mejorará la situación, sino más bien lo contrario.
«La lluvia de barro también es contaminación», afirma Juan Antonio Martínez, presidente y coordinador de Ecologistas en Acción en Andalucía, que recuerda que la que se padeció hace tres años «fue tremenda» y que, aunque las autoridades descartaron que supusiera un riesgo para la salud, «se supo que tuvo su origen en un lugar donde Francia había hecho pruebas nucleares, algunos análisis daban un elevado índice de radiactividad».

(g. ortega)
Al margen de cuestiones puntuales, el especialista tiene claro que «puede haber alguna mejora puntual en el aire de Granada que coincida con la llegada de una borrasca, pero la calidad del aire sigue siendo malísima, es de los puntos negros que hay en España y eso se ha demostrado con varios estudios».
«Es algo que se ve con claridad. Yo vivo en Motril y, cuando me voy acercando a Granada, veo cómo, pasado el Suspiro del Moro, me voy metiendo en su boina negra», expresa Juan Antonio Martínez, que entiende que medidas como la Zona de Bajas Emisiones «pueden ser bienintencionadas», pero no están consiguiendo su objetivo «y además de ser sólo un lavado de cara, no parecen democráticas, porque no todo el mundo puede permitirse un coche eléctrico».
Restringir el tráfico es una de las medidas que hay que tomar en Granada, pero no la única. «Aparte de las calefacciones y otros factores de origen agrícola, aquí hay un régimen de vientos débil, estamos en una especie de hoyo y la contaminación entra y se queda», explica, para añadir que en una situación similar está la ciudad francesa de Grenoble -donde hay incluso una estación de esquí, como aquí- «y allí se han adoptado medidas que han mejorado mucho las cosas, pero cuando las hemos propuesto para Granada, no nos han hecho ni caso».
¿Qué medidas fueron esas? Pues, entre otras, una Zona de Bajas Emisiones «estricta», un aumento del 30% de la superficie arbolada, peatonalización, fomento del uso de la bici y del transporte público, restricciones al uso de chimeneas y «estufas de leña ineficientes» o un plan para reducir en un 50% el efecto de los gases invernadero.
«Todo eso se está aplicando, con resultados favorables. Mientras tanto, en Granada hay un barrio como el Realejo donde van a clase a diario un millar de niños que se distribuyen en cuatro colegios y respiran a diario un aire contaminado. Solucionar eso debería ser una prioridad absoluta, no es una cuestión de izquierda o derecha sino un problema de todos», concluye.
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