«La mujer del César no solo debe ser honesta, sino además parecerlo». Eso es lo que, según algunos historiadores, dijo Julio César cuando repudió a su esposa Pompeya por sospechas, aunque parece que infundadas, de infidelidad. Ignoro si César utilizó la presencia de su mujer en una fiesta de la Bona Dea como excusa para librarse de ella o si, por el contrario, se autoexigió un listón alto en la moralidad que afectaba tanto a él como a su entorno. Es imposible saberlo.No ha sido por acudir a ninguna fiesta, pero lo que se ha puesto en entredicho es la contratación, como funcionaria de libre designación, de la mujer del president de la Generalitat en la Diputación de Valencia. Personalmente, me ha parecido positivo que el president haya dado la cara desde el primer momento y haya tratado de explicar la legalidad de todo el proceso. Seguramente lo sea, al igual que tantas plazas de libre designación, puestos en consejos y otros cargos dependientes de lo público y, por tanto, del poder político de turno.Pero quizá habría que valorar la oportunidad de esa comisión de servicios recordando las palabras de Julio César. Lo que sí ha destapado toda esta polémica es la disparidad de sueldos entre administraciones para puestos similares. De paso, quizá también habría que reflexionar sobre si los políticos de nuestra Comunidad tienen una retribución acorde a sus responsabilidades y si los puestos que ocupan resultan lo suficientemente atractivos para profesionales de reconocido prestigio.Soy de la opinión de que probablemente existe un exceso de cargos políticos o de libre designación dependientes del dinero público. Sin embargo, muchos de estos puestos están, a su vez, mal remunerados por dos motivos. Por un lado, parece que los políticos deben cobrar poco y da cierta vergüenza ajustar sus salarios a la responsabilidad que asumen. Por otro, a muchos «mamporreros» de los partidos les interesa que no haya competencia para poder ocupar dichos puestos con la excusa de que «no hay más personas dispuestas a hacerlo». Lo preocupante es que, en muchas ocasiones, no tenemos a los mejores en los puestos de responsabilidad pública, y eso no es bueno.Lo que más me llama la atención es la virulencia de ciertos políticos y medios de la izquierda al atacar al president de la Generalitat, cuando han permanecido en un silencio casi absoluto en todo lo referente a la mujer del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. O cuando han puesto en duda la honestidad de los técnicos de Recursos Humanos de la Diputación, mientras se silenciaba que otros técnicos del mismo organismo validaron una plaza de grupo A para una persona que no contaba con la titulación necesaria.Pero, en el caso que nos ocupa, todo es un asunto de compatibilizar la exigente vida pública con la familia. Como expolítico que tenía a su familia en Alicante mientras trabajaba en Valencia, comprendo lo adecuado que puede resultar que figuras del nivel de nuestro president tengan a su familia cerca. Ignoro los motivos, pero hay gente en Valencia que cree que cuesta más ir de Valencia a Alicante que al revés. En cualquier caso, no es fácil ejercer una responsabilidad que exige dedicación permanente desde la distancia familiar. La Administración suele ser razonablemente sensible a traslados y permutas por motivos familiares, aunque, obviamente, otra cuestión distinta son las diferencias salariales entre puestos.Sin embargo, que preocupe tanto el traslado de un administrativo de un ayuntamiento a la Diputación, mientras se nombran cargos de gran relevancia, con sueldos elevados y responsabilidades críticas, a personas escasamente preparadas, debería inquietarnos mucho más. Ver a Beatriz Corredor, exministra socialista, como presidenta de Red Eléctrica dando explicaciones sobre el apagón debería hacernos reflexionar. Pero también hemos visto casos como el de un portero de prostíbulo en una comisión de Renfe o la colocación de personas cercanas a cargos públicos en empresas sin desempeñar funciones reales.No se trata de algo exclusivo de un partido. Observando los perfiles políticos e incluso de algunos responsables técnicos que gestionaron la dana, cabe preguntarse si se podrían haber evitado tragedias si quienes tomaron decisiones hubieran contado con una preparación más adecuada.Napoleón, en su batalla más decisiva, Waterloo, prefirió confiar parte de su ejército no al general más preparado, sino al más leal: el mariscal Grouchy, quien, en el momento culminante, permaneció lejos del campo de batalla sin intervenir de forma decisiva. A veces, elegir a la persona inadecuada puede acabar con un imperio. Me temo que, en España, en todos los niveles de la Administración, cada vez cometemos más ese mismo error. «La mujer del César no solo debe ser honesta, sino además parecerlo». Eso es lo que, según algunos historiadores, dijo Julio César cuando repudió a su esposa Pompeya por sospechas, aunque parece que infundadas, de infidelidad. Ignoro si César utilizó la presencia de su mujer en una fiesta de la Bona Dea como excusa para librarse de ella o si, por el contrario, se autoexigió un listón alto en la moralidad que afectaba tanto a él como a su entorno. Es imposible saberlo.No ha sido por acudir a ninguna fiesta, pero lo que se ha puesto en entredicho es la contratación, como funcionaria de libre designación, de la mujer del president de la Generalitat en la Diputación de Valencia. Personalmente, me ha parecido positivo que el president haya dado la cara desde el primer momento y haya tratado de explicar la legalidad de todo el proceso. Seguramente lo sea, al igual que tantas plazas de libre designación, puestos en consejos y otros cargos dependientes de lo público y, por tanto, del poder político de turno.Pero quizá habría que valorar la oportunidad de esa comisión de servicios recordando las palabras de Julio César. Lo que sí ha destapado toda esta polémica es la disparidad de sueldos entre administraciones para puestos similares. De paso, quizá también habría que reflexionar sobre si los políticos de nuestra Comunidad tienen una retribución acorde a sus responsabilidades y si los puestos que ocupan resultan lo suficientemente atractivos para profesionales de reconocido prestigio.Soy de la opinión de que probablemente existe un exceso de cargos políticos o de libre designación dependientes del dinero público. Sin embargo, muchos de estos puestos están, a su vez, mal remunerados por dos motivos. Por un lado, parece que los políticos deben cobrar poco y da cierta vergüenza ajustar sus salarios a la responsabilidad que asumen. Por otro, a muchos «mamporreros» de los partidos les interesa que no haya competencia para poder ocupar dichos puestos con la excusa de que «no hay más personas dispuestas a hacerlo». Lo preocupante es que, en muchas ocasiones, no tenemos a los mejores en los puestos de responsabilidad pública, y eso no es bueno.Lo que más me llama la atención es la virulencia de ciertos políticos y medios de la izquierda al atacar al president de la Generalitat, cuando han permanecido en un silencio casi absoluto en todo lo referente a la mujer del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. O cuando han puesto en duda la honestidad de los técnicos de Recursos Humanos de la Diputación, mientras se silenciaba que otros técnicos del mismo organismo validaron una plaza de grupo A para una persona que no contaba con la titulación necesaria.Pero, en el caso que nos ocupa, todo es un asunto de compatibilizar la exigente vida pública con la familia. Como expolítico que tenía a su familia en Alicante mientras trabajaba en Valencia, comprendo lo adecuado que puede resultar que figuras del nivel de nuestro president tengan a su familia cerca. Ignoro los motivos, pero hay gente en Valencia que cree que cuesta más ir de Valencia a Alicante que al revés. En cualquier caso, no es fácil ejercer una responsabilidad que exige dedicación permanente desde la distancia familiar. La Administración suele ser razonablemente sensible a traslados y permutas por motivos familiares, aunque, obviamente, otra cuestión distinta son las diferencias salariales entre puestos.Sin embargo, que preocupe tanto el traslado de un administrativo de un ayuntamiento a la Diputación, mientras se nombran cargos de gran relevancia, con sueldos elevados y responsabilidades críticas, a personas escasamente preparadas, debería inquietarnos mucho más. Ver a Beatriz Corredor, exministra socialista, como presidenta de Red Eléctrica dando explicaciones sobre el apagón debería hacernos reflexionar. Pero también hemos visto casos como el de un portero de prostíbulo en una comisión de Renfe o la colocación de personas cercanas a cargos públicos en empresas sin desempeñar funciones reales.No se trata de algo exclusivo de un partido. Observando los perfiles políticos e incluso de algunos responsables técnicos que gestionaron la dana, cabe preguntarse si se podrían haber evitado tragedias si quienes tomaron decisiones hubieran contado con una preparación más adecuada.Napoleón, en su batalla más decisiva, Waterloo, prefirió confiar parte de su ejército no al general más preparado, sino al más leal: el mariscal Grouchy, quien, en el momento culminante, permaneció lejos del campo de batalla sin intervenir de forma decisiva. A veces, elegir a la persona inadecuada puede acabar con un imperio. Me temo que, en España, en todos los niveles de la Administración, cada vez cometemos más ese mismo error.
«La mujer del César no solo debe ser honesta, sino además parecerlo». Eso es lo que, según algunos historiadores, dijo Julio César cuando repudió a su esposa Pompeya por sospechas, aunque parece que infundadas, de infidelidad. Ignoro si César utilizó la presencia de su … mujer en una fiesta de la Bona Dea como excusa para librarse de ella o si, por el contrario, se autoexigió un listón alto en la moralidad que afectaba tanto a él como a su entorno. Es imposible saberlo.
No ha sido por acudir a ninguna fiesta, pero lo que se ha puesto en entredicho es la contratación, como funcionaria de libre designación, de la mujer del president de la Generalitat en la Diputación de Valencia. Personalmente, me ha parecido positivo que el president haya dado la cara desde el primer momento y haya tratado de explicar la legalidad de todo el proceso. Seguramente lo sea, al igual que tantas plazas de libre designación, puestos en consejos y otros cargos dependientes de lo público y, por tanto, del poder político de turno.
Pero quizá habría que valorar la oportunidad de esa comisión de servicios recordando las palabras de Julio César. Lo que sí ha destapado toda esta polémica es la disparidad de sueldos entre administraciones para puestos similares. De paso, quizá también habría que reflexionar sobre si los políticos de nuestra Comunidad tienen una retribución acorde a sus responsabilidades y si los puestos que ocupan resultan lo suficientemente atractivos para profesionales de reconocido prestigio.
Soy de la opinión de que probablemente existe un exceso de cargos políticos o de libre designación dependientes del dinero público. Sin embargo, muchos de estos puestos están, a su vez, mal remunerados por dos motivos. Por un lado, parece que los políticos deben cobrar poco y da cierta vergüenza ajustar sus salarios a la responsabilidad que asumen. Por otro, a muchos «mamporreros» de los partidos les interesa que no haya competencia para poder ocupar dichos puestos con la excusa de que «no hay más personas dispuestas a hacerlo». Lo preocupante es que, en muchas ocasiones, no tenemos a los mejores en los puestos de responsabilidad pública, y eso no es bueno.
Lo que más me llama la atención es la virulencia de ciertos políticos y medios de la izquierda al atacar al president de la Generalitat, cuando han permanecido en un silencio casi absoluto en todo lo referente a la mujer del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. O cuando han puesto en duda la honestidad de los técnicos de Recursos Humanos de la Diputación, mientras se silenciaba que otros técnicos del mismo organismo validaron una plaza de grupo A para una persona que no contaba con la titulación necesaria.
Pero, en el caso que nos ocupa, todo es un asunto de compatibilizar la exigente vida pública con la familia. Como expolítico que tenía a su familia en Alicante mientras trabajaba en Valencia, comprendo lo adecuado que puede resultar que figuras del nivel de nuestro president tengan a su familia cerca. Ignoro los motivos, pero hay gente en Valencia que cree que cuesta más ir de Valencia a Alicante que al revés. En cualquier caso, no es fácil ejercer una responsabilidad que exige dedicación permanente desde la distancia familiar. La Administración suele ser razonablemente sensible a traslados y permutas por motivos familiares, aunque, obviamente, otra cuestión distinta son las diferencias salariales entre puestos.
Sin embargo, que preocupe tanto el traslado de un administrativo de un ayuntamiento a la Diputación, mientras se nombran cargos de gran relevancia, con sueldos elevados y responsabilidades críticas, a personas escasamente preparadas, debería inquietarnos mucho más. Ver a Beatriz Corredor, exministra socialista, como presidenta de Red Eléctrica dando explicaciones sobre el apagón debería hacernos reflexionar. Pero también hemos visto casos como el de un portero de prostíbulo en una comisión de Renfe o la colocación de personas cercanas a cargos públicos en empresas sin desempeñar funciones reales.
No se trata de algo exclusivo de un partido. Observando los perfiles políticos e incluso de algunos responsables técnicos que gestionaron la dana, cabe preguntarse si se podrían haber evitado tragedias si quienes tomaron decisiones hubieran contado con una preparación más adecuada.
Napoleón, en su batalla más decisiva, Waterloo, prefirió confiar parte de su ejército no al general más preparado, sino al más leal: el mariscal Grouchy, quien, en el momento culminante, permaneció lejos del campo de batalla sin intervenir de forma decisiva. A veces, elegir a la persona inadecuada puede acabar con un imperio. Me temo que, en España, en todos los niveles de la Administración, cada vez cometemos más ese mismo error.
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