La portavoz de uno de los sindicatos organizadores de la reciente huelga y manifestación del profesorado de primaria y secundaria de Cataluña, declaró -al terminar la última manifestación callejera: esas cuatro columnas que, a la manera italiana, se concentran en la Ciudadela delante del Parlament- que Barcelona «tiembla». Propiamente hablando, los manifestantes consiguieron que Barcelona se colapsara durante un tiempo determinado en algunas vías de la ciudad. Pero, no es menos cierto que una parte de la ciudadanía tiembla ante un profesorado que da la impresión de estar desnortado.Más de un ciudadano quizá se pregunte si, en la coyuntura presente, tiene algún sentido proclamar que «Luchando también se está educando». Según parece, a partir de ahora, la lengua, las matemáticas y el inglés van a convivir con una nueva materia cuyo nombre y contenido respondería al título de Lucha social y callejera. De está manera, la escuela estaría preparando no solo – por poner algún ejemplo- a técnicos, médicos o ingenieros, sino también a sindicalistas y agitadores sociales a la vieja usanza. Vale decir que en la educación concertada y privada no se cultiva semejante materia. Hay maneras de educar.Al respecto, hay que tener en cuenta también que no es solo la educación la que necesita más recursos -cosa cierta-, sino también la sanidad, la economía, la vivienda, la empresa, la agricultura, el comercio, las vías de comunicación, interior la justicia, los estudios universitarios, la investigación y un largo etcétera. ¿Se imaginan que todos los sectores necesitados salieran a la calle? Entonces sí, que temblaría Barcelona y Cataluña . No solo Cataluña, sino un Estado del bienestar que, aunque esté en apuros y esté mal administrado, asigna al departamento de educación más recursos que a otros departamentos.En este contexto, aparecen unos sindicatos que, lejos de defender razonadamente a quien debe defender, manipula -en beneficio propio- a quien se deja manipular. Cuánta razón tiene la socióloga Eva Illouz cuando, en su ensayo La vida emocional del populismo (2023), afirma que el problema de la democracia reside en la manipulación y explotación de las emociones como, por ejemplo, la desconfianza, el resentimiento y la ira. La portavoz de uno de los sindicatos organizadores de la reciente huelga y manifestación del profesorado de primaria y secundaria de Cataluña, declaró -al terminar la última manifestación callejera: esas cuatro columnas que, a la manera italiana, se concentran en la Ciudadela delante del Parlament- que Barcelona «tiembla». Propiamente hablando, los manifestantes consiguieron que Barcelona se colapsara durante un tiempo determinado en algunas vías de la ciudad. Pero, no es menos cierto que una parte de la ciudadanía tiembla ante un profesorado que da la impresión de estar desnortado.Más de un ciudadano quizá se pregunte si, en la coyuntura presente, tiene algún sentido proclamar que «Luchando también se está educando». Según parece, a partir de ahora, la lengua, las matemáticas y el inglés van a convivir con una nueva materia cuyo nombre y contenido respondería al título de Lucha social y callejera. De está manera, la escuela estaría preparando no solo – por poner algún ejemplo- a técnicos, médicos o ingenieros, sino también a sindicalistas y agitadores sociales a la vieja usanza. Vale decir que en la educación concertada y privada no se cultiva semejante materia. Hay maneras de educar.Al respecto, hay que tener en cuenta también que no es solo la educación la que necesita más recursos -cosa cierta-, sino también la sanidad, la economía, la vivienda, la empresa, la agricultura, el comercio, las vías de comunicación, interior la justicia, los estudios universitarios, la investigación y un largo etcétera. ¿Se imaginan que todos los sectores necesitados salieran a la calle? Entonces sí, que temblaría Barcelona y Cataluña . No solo Cataluña, sino un Estado del bienestar que, aunque esté en apuros y esté mal administrado, asigna al departamento de educación más recursos que a otros departamentos.En este contexto, aparecen unos sindicatos que, lejos de defender razonadamente a quien debe defender, manipula -en beneficio propio- a quien se deja manipular. Cuánta razón tiene la socióloga Eva Illouz cuando, en su ensayo La vida emocional del populismo (2023), afirma que el problema de la democracia reside en la manipulación y explotación de las emociones como, por ejemplo, la desconfianza, el resentimiento y la ira.
La portavoz de uno de los sindicatos organizadores de la reciente huelga y manifestación del profesorado de primaria y secundaria de Cataluña, declaró -al terminar la última manifestación callejera: esas cuatro columnas que, a la manera italiana, se concentran en la Ciudadela delante del Parlament- … que Barcelona «tiembla». Propiamente hablando, los manifestantes consiguieron que Barcelona se colapsara durante un tiempo determinado en algunas vías de la ciudad. Pero, no es menos cierto que una parte de la ciudadanía tiembla ante un profesorado que da la impresión de estar desnortado.
Más de un ciudadano quizá se pregunte si, en la coyuntura presente, tiene algún sentido proclamar que «Luchando también se está educando». Según parece, a partir de ahora, la lengua, las matemáticas y el inglés van a convivir con una nueva materia cuyo nombre y contenido respondería al título de Lucha social y callejera. De está manera, la escuela estaría preparando no solo – por poner algún ejemplo- a técnicos, médicos o ingenieros, sino también a sindicalistas y agitadores sociales a la vieja usanza. Vale decir que en la educación concertada y privada no se cultiva semejante materia. Hay maneras de educar.
Al respecto, hay que tener en cuenta también que no es solo la educación la que necesita más recursos -cosa cierta-, sino también la sanidad, la economía, la vivienda, la empresa, la agricultura, el comercio, las vías de comunicación, interior la justicia, los estudios universitarios, la investigación y un largo etcétera. ¿Se imaginan que todos los sectores necesitados salieran a la calle? Entonces sí, que temblaría Barcelona y Cataluña. No solo Cataluña, sino un Estado del bienestar que, aunque esté en apuros y esté mal administrado, asigna al departamento de educación más recursos que a otros departamentos.
En este contexto, aparecen unos sindicatos que, lejos de defender razonadamente a quien debe defender, manipula -en beneficio propio- a quien se deja manipular. Cuánta razón tiene la socióloga Eva Illouz cuando, en su ensayo La vida emocional del populismo (2023), afirma que el problema de la democracia reside en la manipulación y explotación de las emociones como, por ejemplo, la desconfianza, el resentimiento y la ira.
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