«Hemos de seguir, pactando lo que sea necesario. ¿Cuál es la alternativa? ¿Elecciones, para perderlas? Se trata de estar en el gobierno». Esta es la reflexión de un alto cargo del PSC, con mando en plaza, para justificar la situación política que se vive en Cataluña. Tras perder el órdago planteado a Oriol Junqueras y dejar a la Generalitat sin presupuestos para este año, Salvador Illa activa el modo supervivencia, al estilo Pedro Sánchez.El presidente de la Generalitat no tiene pensado convocar a los ciudadanos a las urnas, a pesar de haber amagado con ello hace unas semanas como parte de la estrategia del órdago lanzado contra los de Junqueras, y trata de vender como un éxito lo que es, a todas luces, un fiasco político: ser el primer presidente autonómico catalán que retira el proyecto de presupuestos para evitar que el Parlament lo desautorice.Devaluada su credibilidad, especialmente, con sus socios de investidura, Illa optó, este jueves, por aprobar un suplemento de crédito de 6.000 millones de euros -el máximo posible- para evitar una nueva negociación con Junqueras y los Comuns, que lidera Jéssica Albiach, cada semana hasta junio o julio, fecha en la que confía que ERC dé su brazo a torcer y pueda contar con ellos para aprobar las cuentas de un 2026 camino de su finitud.Noticia relacionada general No No ERC exprimirá a Illa con nuevas cesiones para aprobarle los Presupuestos Daniel TerceroEl mensaje mayoritario de los cuadros socialistas es el mismo: toca volver a los cuarteles de invierno y esperar. Illa gana cuatro meses y se atrinchera en el Palacio de la Generalitat. El ejemplo a seguir es el del presidente del Gobierno y, aunque las formas y el disimulo de uno y otro no son los mismos, lo que ayer era digno de elogio, aprobar el proyecto presupuestario para que el Parlament lo debata, hoy es: «¡Hemos salvado los muebles!».Sin embargo, la relación PSC-ERC no será la misma a partir de ahora. Junqueras, tal y como avanzó ABC la semana pasada, se siente engañado por Illa y la consejera de Economía y Finanzas, Alícia Romero. Fue en la reunión de enero con Sánchez, en la Moncloa, cuando el líder de ERC se dio cuenta de que la cesión del 100% del IRPF a Cataluña -según lo había pactado con el PSC- no se llevaría a cabo «ni ahora, ni después de las elecciones andaluzas».Un alivio de 6.000 millones El Parlament tramitó este jueves la renuncia del Govern al proyecto de presupuestos para 2026 y, a su vez, el ejecutivo autonómico aprobó un suplemento de crédito de 5,988 millones de euros para, sobre todo, pagar las nóminas de los funcionarios los próximos meses. Con este suplemento de crédito también se cumplirá con los incrementos de las plantillas ya aprobados, pero no sumar más funcionarios. Y se sufragarán los «incrementos salariales» de los agentes de los Mossos d’Esquadra y los profesores, tal y como se ha pactado en los últimos meses. Este alivio económico, igualmente, dará solución a «los incrementos tendenciales de los departamentos», según informó la consejera Romero, es decir, a los programas y los proyectos ya aprobados y que han incrementado su gasto. Por ejemplo, el Plan Nacional por la Lengua, los recursos ligados a la dependencia, los gastos en farmacia y, entre otros, las ayudas al alquiler. De la misma manera, se dará salida a los compromisos plurianuales del Govern, como el plan de barrios, al que podrán destinar 200 millones de euros, pero no los 400 que contemplaban el proyecto de presupuestos retirado.Los socialistas catalanes, intermediarios entre ERC y el Gobierno, trataron de engatusar a los de Junqueras, sabiendo que ni en Moncloa ni en Ferraz están por la labor de romper la caja común traspasando todo el IRPF a la Generalitat, y a pesar de esto insistieron a los independentistas en que, tras las elecciones en Andalucía, el tema se desencallaría. Todo es posible con este Ejecutivo, pero ahora mismo es un «no, ni ahora, ni nunca».En 2005, el entonces consejero de Gobernación, Joan Carretero (ERC), para detallar el caos en el que se movía el primer tripartito de Pasqual Maragall (PSC), del que formaba parte, dijo que el Govern se había «instalado en una especie de Dragon Khan», en referencia a la montaña rusa con más subidas, bajadas y ‘loops’ de Port Aventura. Mònica Sales (Junts) recurrió a esta alegoría hace unos días en el Parlament para definir al ejecutivo de Illa.Cataluña, en 2026, no está instalada en el Dragon Khan, pero sí viaja en un Rodalies, las Cercanías catalanas, que no sabe ni cuando sale ni cuando llega, en caso de que no se cierre todo el servicio por el desprendimiento de un muro adyacente a la vía o un fallo informático. Illa tiene una cámara catalana cuya aritmética no puede mejorar (mayoría de izquierdas y no independentista), pero cada día que pasa muestra su debilidad política.Noticia relacionada general No No Illa retira los Presupuestos para tratar de llegar a un acuerdo con ERC Àlex GubernLa nueva normalidad consiste en esto. Y también en asegurar que no habría «ni amnistía, ni nada de eso», para luego defenderla con uñas y dientes; utilizar electoralmente el cumplimiento de las sentencias lingüísticas, para nada más llegar a la Generalitat suscribir un pacto con ERC más excluyente; y prometer que lo primero que haría sería aprobar unos presupuestos, para llegar a la mitad de la legislatura con suplementos de crédito.Resistir. Este es el objetivo de Illa para encarar la segunda parte de la legislatura. Pero resistir para estar en condiciones de llegar a 2028 con el relato amoldado a las necesidades de los socialistas: vivienda, seguridad, educación y movilidad. Porque si, por un lado, Illa no tiene pensando convocar elecciones, por el otro, ni ERC ni Comuns harán nada para tumbar al ejecutivo, más allá de conseguir triunfos que puedan exhibir. «Hemos de seguir, pactando lo que sea necesario. ¿Cuál es la alternativa? ¿Elecciones, para perderlas? Se trata de estar en el gobierno». Esta es la reflexión de un alto cargo del PSC, con mando en plaza, para justificar la situación política que se vive en Cataluña. Tras perder el órdago planteado a Oriol Junqueras y dejar a la Generalitat sin presupuestos para este año, Salvador Illa activa el modo supervivencia, al estilo Pedro Sánchez.El presidente de la Generalitat no tiene pensado convocar a los ciudadanos a las urnas, a pesar de haber amagado con ello hace unas semanas como parte de la estrategia del órdago lanzado contra los de Junqueras, y trata de vender como un éxito lo que es, a todas luces, un fiasco político: ser el primer presidente autonómico catalán que retira el proyecto de presupuestos para evitar que el Parlament lo desautorice.Devaluada su credibilidad, especialmente, con sus socios de investidura, Illa optó, este jueves, por aprobar un suplemento de crédito de 6.000 millones de euros -el máximo posible- para evitar una nueva negociación con Junqueras y los Comuns, que lidera Jéssica Albiach, cada semana hasta junio o julio, fecha en la que confía que ERC dé su brazo a torcer y pueda contar con ellos para aprobar las cuentas de un 2026 camino de su finitud.Noticia relacionada general No No ERC exprimirá a Illa con nuevas cesiones para aprobarle los Presupuestos Daniel TerceroEl mensaje mayoritario de los cuadros socialistas es el mismo: toca volver a los cuarteles de invierno y esperar. Illa gana cuatro meses y se atrinchera en el Palacio de la Generalitat. El ejemplo a seguir es el del presidente del Gobierno y, aunque las formas y el disimulo de uno y otro no son los mismos, lo que ayer era digno de elogio, aprobar el proyecto presupuestario para que el Parlament lo debata, hoy es: «¡Hemos salvado los muebles!».Sin embargo, la relación PSC-ERC no será la misma a partir de ahora. Junqueras, tal y como avanzó ABC la semana pasada, se siente engañado por Illa y la consejera de Economía y Finanzas, Alícia Romero. Fue en la reunión de enero con Sánchez, en la Moncloa, cuando el líder de ERC se dio cuenta de que la cesión del 100% del IRPF a Cataluña -según lo había pactado con el PSC- no se llevaría a cabo «ni ahora, ni después de las elecciones andaluzas».Un alivio de 6.000 millones El Parlament tramitó este jueves la renuncia del Govern al proyecto de presupuestos para 2026 y, a su vez, el ejecutivo autonómico aprobó un suplemento de crédito de 5,988 millones de euros para, sobre todo, pagar las nóminas de los funcionarios los próximos meses. Con este suplemento de crédito también se cumplirá con los incrementos de las plantillas ya aprobados, pero no sumar más funcionarios. Y se sufragarán los «incrementos salariales» de los agentes de los Mossos d’Esquadra y los profesores, tal y como se ha pactado en los últimos meses. Este alivio económico, igualmente, dará solución a «los incrementos tendenciales de los departamentos», según informó la consejera Romero, es decir, a los programas y los proyectos ya aprobados y que han incrementado su gasto. Por ejemplo, el Plan Nacional por la Lengua, los recursos ligados a la dependencia, los gastos en farmacia y, entre otros, las ayudas al alquiler. De la misma manera, se dará salida a los compromisos plurianuales del Govern, como el plan de barrios, al que podrán destinar 200 millones de euros, pero no los 400 que contemplaban el proyecto de presupuestos retirado.Los socialistas catalanes, intermediarios entre ERC y el Gobierno, trataron de engatusar a los de Junqueras, sabiendo que ni en Moncloa ni en Ferraz están por la labor de romper la caja común traspasando todo el IRPF a la Generalitat, y a pesar de esto insistieron a los independentistas en que, tras las elecciones en Andalucía, el tema se desencallaría. Todo es posible con este Ejecutivo, pero ahora mismo es un «no, ni ahora, ni nunca».En 2005, el entonces consejero de Gobernación, Joan Carretero (ERC), para detallar el caos en el que se movía el primer tripartito de Pasqual Maragall (PSC), del que formaba parte, dijo que el Govern se había «instalado en una especie de Dragon Khan», en referencia a la montaña rusa con más subidas, bajadas y ‘loops’ de Port Aventura. Mònica Sales (Junts) recurrió a esta alegoría hace unos días en el Parlament para definir al ejecutivo de Illa.Cataluña, en 2026, no está instalada en el Dragon Khan, pero sí viaja en un Rodalies, las Cercanías catalanas, que no sabe ni cuando sale ni cuando llega, en caso de que no se cierre todo el servicio por el desprendimiento de un muro adyacente a la vía o un fallo informático. Illa tiene una cámara catalana cuya aritmética no puede mejorar (mayoría de izquierdas y no independentista), pero cada día que pasa muestra su debilidad política.Noticia relacionada general No No Illa retira los Presupuestos para tratar de llegar a un acuerdo con ERC Àlex GubernLa nueva normalidad consiste en esto. Y también en asegurar que no habría «ni amnistía, ni nada de eso», para luego defenderla con uñas y dientes; utilizar electoralmente el cumplimiento de las sentencias lingüísticas, para nada más llegar a la Generalitat suscribir un pacto con ERC más excluyente; y prometer que lo primero que haría sería aprobar unos presupuestos, para llegar a la mitad de la legislatura con suplementos de crédito.Resistir. Este es el objetivo de Illa para encarar la segunda parte de la legislatura. Pero resistir para estar en condiciones de llegar a 2028 con el relato amoldado a las necesidades de los socialistas: vivienda, seguridad, educación y movilidad. Porque si, por un lado, Illa no tiene pensando convocar elecciones, por el otro, ni ERC ni Comuns harán nada para tumbar al ejecutivo, más allá de conseguir triunfos que puedan exhibir.
«Hemos de seguir, pactando lo que sea necesario. ¿Cuál es la alternativa? ¿Elecciones, para perderlas? Se trata de estar en el gobierno». Esta es la reflexión de un alto cargo del PSC, con mando en plaza, para justificar la situación política que se vive … en Cataluña. Tras perder el órdago planteado a Oriol Junqueras y dejar a la Generalitat sin presupuestos para este año, Salvador Illa activa el modo supervivencia, al estilo Pedro Sánchez.
El presidente de la Generalitat no tiene pensado convocar a los ciudadanos a las urnas, a pesar de haber amagado con ello hace unas semanas como parte de la estrategia del órdago lanzado contra los de Junqueras, y trata de vender como un éxito lo que es, a todas luces, un fiasco político: ser el primer presidente autonómico catalán que retira el proyecto de presupuestos para evitar que el Parlament lo desautorice.
Devaluada su credibilidad, especialmente, con sus socios de investidura, Illa optó, este jueves, por aprobar un suplemento de crédito de 6.000 millones de euros -el máximo posible- para evitar una nueva negociación con Junqueras y los Comuns, que lidera Jéssica Albiach, cada semana hasta junio o julio, fecha en la que confía que ERC dé su brazo a torcer y pueda contar con ellos para aprobar las cuentas de un 2026 camino de su finitud.
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El mensaje mayoritario de los cuadros socialistas es el mismo: toca volver a los cuarteles de invierno y esperar. Illa gana cuatro meses y se atrinchera en el Palacio de la Generalitat. El ejemplo a seguir es el del presidente del Gobierno y, aunque las formas y el disimulo de uno y otro no son los mismos, lo que ayer era digno de elogio, aprobar el proyecto presupuestario para que el Parlament lo debata, hoy es: «¡Hemos salvado los muebles!».
Sin embargo, la relación PSC-ERC no será la misma a partir de ahora. Junqueras, tal y como avanzó ABC la semana pasada, se siente engañado por Illa y la consejera de Economía y Finanzas, Alícia Romero. Fue en la reunión de enero con Sánchez, en la Moncloa, cuando el líder de ERC se dio cuenta de que la cesión del 100% del IRPF a Cataluña -según lo había pactado con el PSC- no se llevaría a cabo «ni ahora, ni después de las elecciones andaluzas».
Un alivio de 6.000 millones
El Parlament tramitó este jueves la renuncia del Govern al proyecto de presupuestos para 2026 y, a su vez, el ejecutivo autonómico aprobó un suplemento de crédito de 5,988 millones de euros para, sobre todo, pagar las nóminas de los funcionarios los próximos meses. Con este suplemento de crédito también se cumplirá con los incrementos de las plantillas ya aprobados, pero no sumar más funcionarios. Y se sufragarán los «incrementos salariales» de los agentes de los Mossos d’Esquadra y los profesores, tal y como se ha pactado en los últimos meses. Este alivio económico, igualmente, dará solución a «los incrementos tendenciales de los departamentos», según informó la consejera Romero, es decir, a los programas y los proyectos ya aprobados y que han incrementado su gasto. Por ejemplo, el Plan Nacional por la Lengua, los recursos ligados a la dependencia, los gastos en farmacia y, entre otros, las ayudas al alquiler. De la misma manera, se dará salida a los compromisos plurianuales del Govern, como el plan de barrios, al que podrán destinar 200 millones de euros, pero no los 400 que contemplaban el proyecto de presupuestos retirado.
Los socialistas catalanes, intermediarios entre ERC y el Gobierno, trataron de engatusar a los de Junqueras, sabiendo que ni en Moncloa ni en Ferraz están por la labor de romper la caja común traspasando todo el IRPF a la Generalitat, y a pesar de esto insistieron a los independentistas en que, tras las elecciones en Andalucía, el tema se desencallaría. Todo es posible con este Ejecutivo, pero ahora mismo es un «no, ni ahora, ni nunca».
En 2005, el entonces consejero de Gobernación, Joan Carretero (ERC), para detallar el caos en el que se movía el primer tripartito de Pasqual Maragall (PSC), del que formaba parte, dijo que el Govern se había «instalado en una especie de Dragon Khan», en referencia a la montaña rusa con más subidas, bajadas y ‘loops’ de Port Aventura. Mònica Sales (Junts) recurrió a esta alegoría hace unos días en el Parlament para definir al ejecutivo de Illa.
Cataluña, en 2026, no está instalada en el Dragon Khan, pero sí viaja en un Rodalies, las Cercanías catalanas, que no sabe ni cuando sale ni cuando llega, en caso de que no se cierre todo el servicio por el desprendimiento de un muro adyacente a la vía o un fallo informático. Illa tiene una cámara catalana cuya aritmética no puede mejorar (mayoría de izquierdas y no independentista), pero cada día que pasa muestra su debilidad política.
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La nueva normalidad consiste en esto. Y también en asegurar que no habría «ni amnistía, ni nada de eso», para luego defenderla con uñas y dientes; utilizar electoralmente el cumplimiento de las sentencias lingüísticas, para nada más llegar a la Generalitat suscribir un pacto con ERC más excluyente; y prometer que lo primero que haría sería aprobar unos presupuestos, para llegar a la mitad de la legislatura con suplementos de crédito.
Resistir. Este es el objetivo de Illa para encarar la segunda parte de la legislatura. Pero resistir para estar en condiciones de llegar a 2028 con el relato amoldado a las necesidades de los socialistas: vivienda, seguridad, educación y movilidad. Porque si, por un lado, Illa no tiene pensando convocar elecciones, por el otro, ni ERC ni Comuns harán nada para tumbar al ejecutivo, más allá de conseguir triunfos que puedan exhibir.
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