El mundo se halla al borde de precipitarse todavía más en el pozo poco explorado del conflicto bélico en Oriente Medio. La retórica de unos y otros se agudiza. Irán y el grupo militante libanés aliado Hezbolá intensificaron los ataques contra Israel este domingo, después de que el presidente de Estados Unidos amenazara la noche del sábado con destruir infraestructuras críticas de los iraníes.
El mandatario estadounidense fija un plazo de 48 horas para abrir el estrecho
El mundo se halla al borde de precipitarse todavía más en el pozo poco explorado del conflicto bélico en Oriente Medio. La retórica de unos y otros se agudiza. Irán y el grupo militante libanés aliado Hezbolá intensificaron los ataques contra Israel este domingo, después de que el presidente de Estados Unidos amenazara la noche del sábado con destruir infraestructuras críticas de los iraníes.
Las autoridades de la República Islámica prometieron que el estrecho de Ormuz, crucial para el transporte global de petróleo, quedará “completamente cerrado de inmediato” si el presidente Donald Trump cumple su ultimátum de atacar sus centrales eléctricas.
Tras pasar la jornada en el campo de golf y antes de asistir a una fiesta en su club de Mar-a-Lago (Florida), el mandatario estadounidense difundió en su red social que había fijado un plazo de 48 horas para abrir el estrecho que conecta el golfo Pérsico con el resto del mundo, o convertirá en tierra quemada esas infraestructuras clave.
El presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Qalibaf, replicó este domingo que Teherán tomaría represalias contra infraestructuras energéticas de Estados Unidos e Israel, así como contra otras instalaciones en la región.
Rutte defiende la guerra de Trump que los estadounidenses condenan con una mayoría creciente
Misiles iraníes impactaron en Dimona, una ciudad situada a 13 kilómetro de la principal instalación nuclear de Israel, y en la cercana ciudad de Arad al poco de la amenaza de Trump. La respuesta subraya la capacidad de Teherán para causar daños a pesar de tres semanas de devastadores ataques aéreos de EE.UU. e Israel. Más de 2.000 personas han muerto en toda la región, en su mayoría en Irán.
Cada vez hay más analistas que observan el paralelismo entre el presidente Donald Trump y su homólogo ruso, su admirado Vladimir Putin, y su error de cálculo o de soberbia.
El líder del Kremlin emprendió la invasión de Ucrania hace cuatro años con la idea de que, a partir de una supuesta superioridad logística, eso sería pan comido y que los ucranianos recibirían a los invasores con alegría. Ahí siguen. Trump se dirigió al país hace tres fines de semana esta “pequeña excursión” sería cosa de dos o tres días dado su súper poderío militar y animó a los iraníes a tomar las calles y derrocar a los ayatolás. Nada de eso ha ocurrido y la guerra entró en su cuarta semana y, lo que es peor, parece ir a más con ese cruce de desafíos.

Mientras unos resisten, Trump demuestra una vez más que no tenía plan alternativo y que emprendió este conflicto bélico improvisando y contra la opinión de sus asesores.
Así que el presidente de EE.UU. quien hace unos días pidió públicamente a Israel que evitara atacar instalaciones energéticas iraníes por temor a desencadenar una escalada de contraataques, amenaza ahora con golpear las centrales eléctricas de Irán si no se “abría completamente, sin amenazas, el estrecho de Ormuz” en ese plazo de 48 horas. Incluso anunció que los ataques de su ejército contra instalaciones iraníes comenzarán “primero con la más grande”.

La mayor planta de Irán parece ser su única central nuclear operativa, ubicada en Bushehr. Durante décadas, las centrales nucleares se calificaron de objetivos fuera de límites debido al evidente riesgo de una catástrofe ambiental. Estados Unidos ha liderado los esfuerzos para evitar que Rusia y Ucrania disparen cerca de la central nuclear de Zaporiyia desde la invasión rusa de Ucrania.
Bushehr funciona con uranio suministrado por Rusia y es supervisada por el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). No se considera parte del programa de armas nucleares de Irán. El combustible usado es devuelto a Rusia.
Scott Bessent, secretario del Tesoro justificó en la NBC el ultimátum de Trump con un argumento simple: “A veces hay que escalar para desescalar”.
Entre tanto, Mark Rutte, secretario general de la OTAN y fervoroso genuflexo de Trump, avaló el choque bélico. “Sé que hay mucho debate en Estados Unidos y en Europa sobre si esta campaña del presidente contra Irán era necesaria. Y déjenme decirles que sí lo es, es crucial”, sostuvo en la Fox.
Como bien reconoció, los ciudadanos estadounidenses no se rinden como él a la voluntad de Trump. Una última encuesta (CBS/YouGov) indicó que más del 60% de los estadounidenses desaprueban la guerra, por encima del 56% a principios de mes. Además, el 66% describe la guerra una elección, mientras que solo el 34% dice que es una guerra de necesidad.
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