Al mismo tiempo que mantiene el bloqueo del estrecho de Ormuz, Irán está empezando a golpear las infraestructuras que funcionan como alternativa a esta vía marítima: desde el pasado fin de semana, el régimen de los ayatolás ha atacado en dos ocasiones el puerto de Fujairah, ubicado en el golfo de Omán y utilizado por Emiratos Árabes Unidos para dar salida a parte de su crudo con destino a Asia.
La guerra entra en una nueva fase con ataques a puntos estratégicos como el puerto de Fujairah
Al mismo tiempo que mantiene el bloqueo del estrecho de Ormuz, Irán está empezando a golpear las infraestructuras que funcionan como alternativa a esta vía marítima: desde el pasado fin de semana, el régimen de los ayatolás ha atacado en dos ocasiones el puerto de Fujairah, ubicado en el golfo de Omán y utilizado por Emiratos Árabes Unidos para dar salida a parte de su crudo con destino a Asia.
El primer ataque tuvo lugar el sábado, como respuesta a la ofensiva de Estados Unidos sobre la isla iraní de Jark, y el segundo se produjo el lunes. En ambos casos, Irán recurrió a los drones, su arma preferida para sembrar el caos en esta guerra. El impacto de estos dispositivos aéreos sobre las instalaciones portuarias no causó víctimas ni daños irreversibles, pero obligó a paralizar las operaciones de carga durante unas horas.
El que Irán haya fijado ahora su diana en Fujairah apunta hacia una nueva fase en la contienda. El puerto atacado se encuentra muy cerca de Ormuz, a unas 70 millas náuticas de distancia, y ha adquirido gran importancia desde que estalló la guerra, ya que es una de las pocas vías que permiten mover crudo sin pasar por el estrecho bloqueado por Teherán.
En Fujairah desemboca un oleoducto de unos 360 kilómetros de longitud que transporta petróleo desde los yacimientos de Habshan, en el interior de Emiratos Árabes, los cuales explota la compañía petrolera estatal Adnoc. Según datos de la consultora Kpler, el puerto es el punto de salida de 1,7 millones de barriles diarios de crudo y combustibles refinados, un volumen que equivale a cerca del 1,7% de la demanda mundial.
Asimismo, Fujairah es el segundo centro de abastecimiento de combustible marítimo más grande del mundo después de Singapur. Alrededor del 25% de los buques que transitan por Oriente Medio hacen escala en ese puerto para repostar.
El oleoducto que conecta Habshan con Fujairah se construyó entre el 2008 y el 2012, con la ayuda de China, como medida de precaución por parte de Emiratos Árabes ante un hipotético bloqueo de Ormuz. De hecho, su puesta en servicio coincidió con otro momento de tensiones regionales: entonces, Irán amenazaba con cerrar el estrecho como respuesta a las sanciones impuestas por Occidente por su programa nuclear. Teherán no pasó a la acción, pero aquel episodio sirvió para certificar la conveniencia de la nueva infraestructura.
Ahora, con sus ataques contra Fujairah, el régimen iraní parece querer enviar una señal: si la guerra escala, es capaz de inutilizar el puerto y dejar a Emiratos Árabes sin una importante fuente de ingresos. La economía como arma de presión.
En caso de que el conflicto se intensifique, Irán también podría dirigir sus misiles y drones hacia las instalaciones del otro gran oleoducto de la región que permite sortear Ormuz: el que cruza Arabia Saudí de este a oeste, conectando la costa del golfo Pérsico con la del mar Rojo. Esta canalización de 1.200 kilómetros de longitud es todavía más antigua que la de Fujairah: se construyó en 1981, durante la guerra entre Irán e Irak, un conflicto que también hizo temer por la navegabilidad de Ormuz.
Antes de la crisis actual, el oleoducto saudí transportaba unos 2,8 millones de barriles de crudo al día, y ahora se espera que pueda alcanzar su plena capacidad operativa, cercana a los 7 millones de barriles diarios.
El problema es que un uso más intensivo de esta infraestructura implica desafíos de seguridad: el crudo que desemboca en el lado oeste, en el puerto de Yanbu, luego debe pasar por el estrecho de Bab el-Mandeb, en el extremo sur del mar Rojo. Una zona expuesta a los ataques de los hutíes, el grupo armado al que Irán da soporte en Yemen.
Esta milicia ya ha bombardeado buques mercantes en el pasado, aunque en los últimos meses, tras ser golpeada por Estados Unidos, ha optado por mantener un perfil bajo. Una calma que en cualquier momento podría dar paso a la furia: fuentes cercanas a los hutíes han advertido estos días de que los rebeldes están preparados para bloquear Bab el-Mandeb, vía que concentra un 9% de todos los envíos marítimos de petróleo. Basta con que Teherán dé luz verde.
De momento, Irán se resiste a utilizar esta carta. Pero está claro que, si la guerra se recrudece, puede cambiar de opinión.
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