Irán y EE.UU. reconocían este sábado “avances alentadores” en su negociación indirecta para poner fin a la guerra. Una prórroga de la tregua de sesenta días y un acuerdo preliminar estarían al alcance de la mano, según los mediadores pakistaníes, que ven posible un segundo encuentro en Islamabad entre los contendientes en el plazo de una semana.
El viaje relámpago a Teherán del mariscal pakistaní Asim Munir, “interlocutor principal”, da frutos
Irán y EE.UU. reconocían este sábado “avances alentadores” en su negociación indirecta para poner fin a la guerra. Una prórroga de la tregua de sesenta días y un acuerdo preliminar estarían al alcance de la mano, según los mediadores pakistaníes, que ven posible un segundo encuentro en Islamabad entre los contendientes en el plazo de una semana.
Las últimas 24 horas han sido cruciales, como daba a entender la visita relámpago a Teherán de Asim Munir, el jefe del Ejército de Pakistán que tiene línea directa con Donald Trump. El mismo presidente estadounidense habría renunciado a acudir a la fiesta de bodas de su hijo homónimo, en las Bahamas.
Su secretario de Estado, Marco Rubio, reconocía “avances” desde Nueva Delhi y confiaba en que hubiera “buenas noticias, este mismo sábado o domingo o en un par de días”. Por una vez, el ministerio de Exteriores de Irán, en lugar de echar agua al vino, dijo observar “un acercamiento de posiciones”, en declaraciones televisadas de su portavoz, Esmail Baghai. “Estamos finalizando un protocolo de acuerdo con Washington para cesar las hostilidades”, expresó. Aunque reconoció que este podría demorarse “tres o cuatro días” y que “no necesariamente coincidiremos en las cuestiones importantes”.
Pakistán y Qatar llevan varios días muy encima de este posible “acuerdo preliminar”, que acompañaría la prórroga de la tregua con una apertura gradual del estrecho de Ormuz. Esta debería ir de la mano de un desbloqueo igualmente progresivo de los miles de millones de dólares del estado de iraní confiscados desde 1979. Asimismo, los mediadores estarían intentando cerrar un nuevo cara a cara en Islamabad, entre Irán y EE.UU., “para después de la fiesta del Cordero”. Es decir, a partir del próximo fin de semana.
Se trataría de un acercamiento paso a paso, en que el programa nuclear iraní no formaría parte de las discusiones durante los primeros treinta días, según fuentes conocedoras.
Podría haber buenas noticias este mismo sábado, o el domingo o en un par de días
Asim Munir, a lo largo de su viaje relámpago, habría hablado en un par de ocasiones con el vicepresidente estadounidense JD Vance sobre los progresos de su mediación. El presidente Trump, por su parte, habló con el emir Al Thani, de Qatar, cuyo ministro de Exteriores estaba en Teherán.
El ministro del Interior pakistaní, Mohsin Naqvi, lleva media semana allí. Pero todo el protagonismo ha sido para el mariscal Munir, que nada más aterrizar en la capital iraní, el viernes por la noche, se reunió con el ministro de Exteriores iraní, Abas Araghchi. Este sábado, finalmente, Asim Munir se entrevistó con el presidente de Irán, Masud Pezeshkian, y el presidente del Parlamento, Mohammad Ghalibaf -que fue interlocutor de Vance, hace seis semanas en Islamabad- antes de volar de vuelta a Rawalpindi.
Marco Rubio, que hasta ahora ha ocupado un segundo plano en la catastrófica guerra desencadenada contra Irán, no anda muy lejos, como se ha dicho. Este mismo sábado aterrizó en Calcuta -donde visitó la obra de Madre Teresa- antes de reunirse, por la tarde en Nueva Delhi, con el primer ministro Narendra Modi. Ante de eso, Rubio había confirmado que Pakistán es su “interlocutor principal” con Irán y que estaba “en contacto constante” con Asim Munir.
Donald Trump insiste en que Irán no puede tener, de ninguna de las maneras, la bomba atómica. Irán insiste que esta nunca han sido su objetivo, mientras defiende su derecho a enriquecer uranio. Todas las opciones siguen abiertas, según Trump, incluidas las militares, por mucho que Teherán haya replicado que, en caso de nueva agresión su respuesta sería más amplia y contundente, más allá de Oriente Medio.

Uno de los síntomas de que el conflicto ha entrado en una fase crítica para su resolución es la sucesión de visitas de primer nivel a Pekín, en poco más de una semana. El presidente Xi Jinping, que recibió a Donald Trump la semana pasada y esta semana ha recibido al ruso Vladimir Putin, ejercerá en breve de anfitrión del primer ministro pakistaní, Shehbaz Sharif, que este sábado aterrizaba en China.
Pero sigue habiendo muchos flecos abiertos. Irán insiste en que el fin de las hostilidades en todos los frentes incluye a Líbano. Mientras que EE.UU. no acepta que Irán implante un peaje en Ormuz como reparación de guerra.

Asimismo, el fin del conflicto tiene apóstoles inesperados. El nuevo Aga Jan, líder espiritual de millones de chiíes ismaelitas de todo el mundo, se reunió anteayer con Shehbaz Sharif en Islamabad. El hotel Serena de la capital pakistaní, que acogió el cara a cara entre JD Vance y Mohammad Ghalibaf, forma parte del imperio económico del Aga Jan, que habría corrido con todos los gastos.
Empieza a cundir la sensación, en cualquier caso, de que la guerra no cumplió los objetivos que se habían marcado sus promotores y que su reanudación no haría más que profundizar el desastre, con riesgos inasumibles para la paz y la economía mundiales. En rigor, no todo el mundo ha salido perdiendo. Los grandes exportadores de hidrocarburos de Rusia, EE.UU. y otros países productores alejados del estrecho de Ormuz, han visto como se multiplicaban sus beneficios en los últimos tres meses. Pero el precio de la gasolina también ha subido un 50% en Washington. Casi el doble que en Pekín.
Cabe señalar, por último, que el viaje de Rubio a India tiene que ver con la reunión prevista para los próximos días en Nueva Delhi entre ministros del Quad, el grupo de trabajo sobre seguridad en el Indo-pacífico, formado por Japón, Australia, India y EE.UU., con China en el punto de mira.
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