A Javier Aguirre algunos le llaman Míster , otros simplemente Javier, algunos Profe y aún se le recuerda como el Vasco . En el estadio Azteca, él que es chilango (nacido en la Ciudad de México) y salió del América, está como en casa. No es el único. La selección de México tiene un idilio con el coloso de Santa Úrsula, el único campo que puede decir que ha inaugurado tres Mundiales. El Tri nunca ha perdido un partido en un Mundial allí, donde el jueves se enfrentará a Ecuador en los dieciseisavos de final.
El Azteca, estadio mítico y fetiche de los anfitriones, se llenará con 80.000 aficionados el jueves ante Ecuador
A Javier Aguirre algunos le llaman Míster , otros simplemente Javier, algunos Profe y aún se le recuerda como el Vasco . En el estadio Azteca, él que es chilango (nacido en la Ciudad de México) y salió del América, está como en casa. No es el único. La selección de México tiene un idilio con el coloso de Santa Úrsula, el único campo que puede decir que ha inaugurado tres Mundiales. El Tri nunca ha perdido un partido en un Mundial allí, donde el jueves se enfrentará a Ecuador en los dieciseisavos de final.
En el Azteca se coronaron Pelé y Maradona, pero en sus paredes también hay colgada una placa que recuerda el gol de Manuel Negrete a Bulgaria en el Mundial de 1986. Fue una asombrosa tijera desde fuera del área. Lo estaba gritando aún Negrete, acabado de incorporar del césped cuando por allí pasó Aguirre y para celebrarlo le dio un pescozón. Una colleja como colofón de quizás el mejor gol del país.
Ese gesto le define a la perfección: espontáneo, cercano, divertido y puñetero. Así ha llegado a estar en cuatro Mundiales ya que éste, a sus 67 años, es su tercero como seleccionador nacional. En todos consiguió clasificar al equipo para la siguiente ronda y esta vez, además, lo hizo alcanzando la perfección: nueve puntos y cero goles encajados. El único.
Quizás porque siempre le ha tocado ser más rescatador que triunfador, tanto en clubs como en las selecciones (también dirigió brevemente a Egipto), no está cómodo con el clima de euforia. “Esa confianza en exceso no me gusta nada. Soy muy escrupuloso y exigente con eso: nada de soberbia. Humildes en la victoria y en la derrota”, receta a sus jugadores. “No hay que quedarse ni en el abucheo ni en el olé, olé”, les enseña.
El Azteca, estadio mítico y fetiche de los anfitriones, se llenará con 80.000 aficionados el jueves ante Ecuador
Pero lo cierto es que el equipo que ha formado ha enganchado a la pasional afición mexicana. De hecho, hay que hacer llamamientos para que no se produzcan aglomeraciones en la rotonda de la escultura del Ángel, en la capital mexicana, cada vez que gana su selección, donde se han llegado a reunir 400.000 personas estos días.
Y se ha conseguido esa identificación en una plantilla sin grandes estrellas (los canijos, como él les llama) pero que Aguirre, que es un gran motivador con su lenguaje directo, ha sabido modelar. Ya ha hecho jugar a 25 de los 26 convocados. Solo le falta el portero Acevedo después de que le diese la oportunidad de jugar a Memo Ochoa en su sexto Mundial en un gran homenaje.
“Vas aprendiendo de tus errores, si no eres un inepto. Y yo me he equivocado mucho”, dice sobre su bagaje. “Soy un entrenador más tranquilo y relajado que en el 2002 y en el 2010”, se presenta. “Antes era bastante más intenso y ordenado. Ahora ya perdí la batalla de los móviles. Ya les permito sacarlos en las comidas y en el vestuario. Estaba hasta la madre de que se me escondían. Soy un entrenador distinto. No presto atención a las cosas nimias”, reconoce.
Amante del béisbol, siempre fue vivo. Desde pequeño. En su colegio de Tepeyac eran buenos en fútbol americano y el entrenador le vio jugando a fútbol. “‘Chavo, vente que necesitamos un pateador’, me dijo. Cuando vi los palos y con los bestias con los que había que lidiar, las tiré todas fuera”, bromeó. Evidentemente no le seleccionaron y así pudo seguir progresando con la pelota redonda. Con esas anécdotas se mete en el bolsillo al vestuario, como siempre, y al entorno, que no veía clara su llegada cuando la Federación también quería a Marcelo Bielsa.
Aguirre nunca logró ganar el cuarto partido como técnico. Ahora tiene un aliado. O 80.000, que son los espectadores que caben en el Azteca. Será el décimo encuentro del Tri en un recinto que nunca le ha fallado. No perdió en los tres partidos del Mundial de 1970 (cayó eliminado en Toluca frente a Italia) ni en los cuatro del Mundial de 1984 (quedó fuera en los penaltis contra Alemania en Monterrey). Este mes de junio derrotó a Sudáfrica (2-0) y a la República Checa (3-0).
Ayudado ahora por Rafa Márquez, que será su sustituto, aspira a que haya otro partido, que también sería en el Azteca. “Lo importante es lo que sigue, lo que viene. No nos vamos a detener ni a pensar que ya cumplimos”.
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