Todos los culés tenemos una imagen instalada en nuestro sentimiento barcelonista, un sentimiento que es personal y colectivo a la vez. Y muy a menudo es a partir de este recuerdo que cada uno puede explicar qué es y qué significa el Barça. El 17 de febrero de 1974, el Barça ganaba 0-5 en el campo de nuestro eterno rival. Más allá del hito deportivo, de la exhibición futbolística de aquel equipo maravilloso liderado por Johan Cruyff, aquella gesta explicaba muchas cosas. Yo solo tenía 11 años entonces, pero aquel 0-5 me ha acompañado toda la vida y ha sido una referencia en mi manera de entender el Barça.
Todos los culés tenemos una imagen instalada en nuestro sentimiento barcelonista, un sentimiento que es personal y colectivo a la vez. Y muy a menudo es a partir de este recuerdo que cada uno puede explicar qué es y qué significa el Barça. El 17 de febrero de 1974, el Barça ganaba 0-5 en el campo de nuestro eterno rival. Más allá del hito deportivo, de la exhibición futbolística de aquel equipo maravilloso liderado por Johan Cruyff, aquella gesta explicaba muchas cosas. Yo solo tenía 11 años entonces, pero aquel 0-5 me ha acompañado toda la vida y ha sido una referencia en mi manera de entender el Barça.Seguir leyendo…
Todos los culés tenemos una imagen instalada en nuestro sentimiento barcelonista, un sentimiento que es personal y colectivo a la vez. Y muy a menudo es a partir de este recuerdo que cada uno puede explicar qué es y qué significa el Barça. El 17 de febrero de 1974, el Barça ganaba 0-5 en el campo de nuestro eterno rival. Más allá del hito deportivo, de la exhibición futbolística de aquel equipo maravilloso liderado por Johan Cruyff, aquella gesta explicaba muchas cosas. Yo solo tenía 11 años entonces, pero aquel 0-5 me ha acompañado toda la vida y ha sido una referencia en mi manera de entender el Barça.
En la memoria de mi infancia perdura el recuerdo de la llegada de Johan a Catalunya, acompañado de Danny, una rubia guapísima que nos enamoró en todos. Cruyff lucía peinado y vestimenta al estilo Beatles, un aliento de modernidad en una Catalunya que anhelaba recuperar la libertad. Los de mi grupo queríamos ser como él, intentábamos jugar como él, queríamos correr como él. Era nuestro ídolo. El martes hará diez años que nos dejó, aunque Johan no se ha marchado nunca porque lo tenemos siempre presente, porque cuando hablamos de él lo recordamos inevitablemente con una sonrisa y porque los que lo amamos intentamos reflejarnos en su magisterio en nuestro día a día. Nos enseñó que se puede ganar haciendo las cosas bien, basándonos en la excelencia, al preferir ser los mejores que ser los primeros. Y este es un mensaje que siempre tengo presente a la hora de tomar decisiones, en el Barça y en la vida.
Cruyff fue un alma libre, un genio universal, un innovador, un revolucionario
Cruyff no solo nos enseñó el camino del triunfo en el terreno deportivo sino que también recuperó la moral de la victoria, y no a cualquier precio, la victoria conseguida con brillo, con estilo. Para él, el fútbol tenía que ser un espectáculo, una bella composición artística en torno a una pelota movida con toque y precisión. Así lo supo transmitir primero como jugador y después como entrenador de un equipo de ensueño.

Johan Cruyff fue un alma libre, un genio universal, un innovador, un revolucionario. Nos hizo mejores, y le estaremos eternamente agradecidos. Poco antes de morir nos recordaba que “el fin de semana el Barça siempre tiene que dar algo para que los lunes la gente vuelva feliz al trabajo”. En esta línea estamos, Johan, con un equipo que combina el talento adquirido en la Masia y lo que aportan futbolistas venidos de otras latitudes futbolísticas, todos ellos bajo la atenta dirección de Hansi Flick, cruyffista incluso en la mirada de sus ojos azules. Johan Cruyff fue amado y admirado. Y lo será siempre, porque su huella es eterna. Así que salimos y disfrutamos de la vida, que con los ojos de Johan es maravillosa.
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