Tal y como se apuntaba por los discursos de precampaña y del arranque de la propia campaña, el primer debate televisivo a cinco de cara a las elecciones andaluzas del 17 de mayo, en Televisión Española, se ha convertido en una especie de frontón entre los cuatro candidatos de la oposición, a un lado, y el aspirante del PP y presidente de la Junta, Juanma Moreno . El bloque de interés mutuo y antinatura formado por PSOE, Por Andalucía, Adelante y Vox se ha erigido desde el primer momento de la hora y media de programa en una especie de batería militar a base de eslóganes sobre la supuesta degradación de ‘lo público’ más que de ideas concretas o propuestas tangibles, pero el búnker del popular ha funcionado. Lleva meses en la misma tónica, reforzando las posibles grietas y esgrimiendo números incontestables, y el hábito curte. Ante las cámaras solo ha tenido que repetir tarea desde el primer minuto.Moreno ha echado mano de su clásica ‘vía andaluza’ en cuanto al estilo, forzando incluso el aire constructivo y la sonrisa de anuncio, para contrarrestar la agresividad de los oponentes, y también, sobre todo, de los datos económicos de los último años, de crecimiento de empresas, autónomos y reducción del desempleo en lo que tiene que ver con los argumentos más palpables. Orgullo en lo etéreo y estabilidad en lo ponderable. La suma de ambos factores le ha resultado al presidente regional suficiente para llevarse el primer asalto televisivo a los puntos, con una buena estrategia defensiva a base de ideas concisas y contundentes frente a la amalgama de críticas heterogéneas de María Jesús Montero, Manuel Gavira, Antonio Maíllo y José Ignacio García . Al ser el primero de los bloques pactados precisamente de economía, el favorito de las apuestas se ha explayado con un prolijo repaso a los indicadores de los que más puede presumir, que son muchos, o de vivienda. Montero, ahí sí, ha intentado reivindicar lo teóricamente hecho por el Ejecutivo del que ha formado parte hasta hace tres telediarios («al que yo he pertenecido»), pero Moreno le ha recordado una y otra vez los registros regionales (aquí se ha crecido el doble que la media nacional y nadie tiene ya más autónomos…) y en materia de vivienda le ha espetado que era problema decimotercero cuando el PSOE llegó al Gobierno central y ahora es el primero… La sevillana ha tenido que frenar entonces: «Oiga, no hablemos del Gobierno, hablemos de Andalucía». Todo coherencia.Moreno ha recordado una y otra vez el bagaje de Montero en el Gobierno nacional, pero también su pasado más lejano como consejera de sanidad andaluzaDato a dato, cada cuestión que ha abordado Montero ha sido respondida con capítulos del currículum político de Montero: «Su problema es que tiene un pasado, señora Montero» . En las obras públicas, la candidata del PSOE ha salido escaldada con una retahíla de proyectos recuperados por la Junta que estaban literalmente abandonados, desde el Hospital Militar a la Autovía del Almanzora. La socialista, principal rival, es la que más tiene que arriesgar en estos envites, pero ha demostrado de nuevo que tiene que caminar a contrapié. Con eslóganes entrelazados, apenas se refiere a temas nacionales, que nada le convienen, ni a su bagaje como ministra en un gabinete cargado de corrupción e impopularidad. El sanchismo la erosiona cada vez que habla. El representante de Vox ha usado algún turno para recordarle con énfasis el desastre del transporte ferroviario en la comunidad, por ejemplo, o la carencia grave de infraestructuras. Pero al centrar el disparo en el ‘estado de lo público’ en Andalucía, también se le nota que tiene mucho que perder.Obsesionada por convertir la campaña en un plebiscito sobre la sanidad pública, algo que no le está funcionando como quisiera a tenor de los sondeos, en el debate televisivo ha recibido importantes reveses de Moreno en este apartado, que ocupó el segundo de los bloques, el de la gestión, casi al completo. El popular ha anunciado una ley para garantizar que el presupuesto de sanidad no pueda recortarse recordando a Montero que, como consejera de sanidad, echó a 7.700 profesionales y se rebajaron las cuentas en 1.500 millones . Entonces han llegado los cribados con la muleta de Adelante Andalucía, cuyo portavoz ha pedido más información a voz en grito, y las listas de espera y las citas médicas de boca de la candidata socialista. Maíllo ha tenido ahí su momento predilecto, tanto al pedir información sobre las mujeres afectadas por el diagnóstico dudoso del cribado de cáncer de mama como al subrayar que «Moreno hace negocio con los servicios públicos» y el «desmantelamiento de la sanidad pública, que ha colapsado». El hasta ahora presidente autonómico ha puesto sobre la mesa los cinco acuerdos recientes con todos los actores sociales mientras el Ejecutivo central «tiene incendiadas las calles» con huelgas sanitarias, para luego exponerle a Montero el espectacular aumento de los conciertos sanitarios en su época en esa cartera. «La crisis de los cribados no se tapa con una campaña de imagen, señor Moreno. Es consecuencia del colapso de la sanidad pública », ha insistido la postulante socialista. Adelante Andalucía ha pedido un impuesto a los beneficios de las empresas privadas de salud. «Nadie gestionó peor la sanidad que el PSOE y es una falsedad lo de la privatización», ha insistido Moreno.La tercera de las patas tampoco es que ayudara demasiado a la exvicepresidenta, al tratar sobre financiación autonómica y regeneración democrática sonando de fondo los voces Ábalos y Koldo ante los jueces y señalando al mismísimo Ministerio de Hacienda y con la comparativa de trato recibido por Andalucía frente a comunidades como Cataluña. A pesar de que Montero ha insistido en que «es falso el discurso del agravio», PP y Vox, básicamente, han golpeado duro en ese aspecto. «La señora Montero debe ser la única española que piensa que el modelo de financiación pactado con los independentistas beneficia a Andalucía», ha recalcado el popular para preguntar a la socialista si se trata de una cesión para obtener los votos catalanes para sostener a Sánchez. En ese punto, Gavira ha sido especialmente duro con la exministra, que «ha pactado con los catalanes, cediendo a su chantaje, para mantener los votos que necesitan».La «traición a Andalucía» del socialismo también la ha mantenido Moreno al referirse a la cantidad de impuestos que Montero ha negado justo antes de que Maíllo deje claro que pretende pactar con el PSOE. «Si nos dan los números, nuestro objetivo es echar a la derecha», ha indicado. En el bloque de la financiación, obviamente, el popular se ha crecido y las constantes interrupciones de Montero han demostrado que se trata de su punto más débil. La ‘prioridad nacional’ y la ‘entente’ Maíllo-MonteroVox ha abundado con mucha intensidad en la ‘prioridad nacional’ desde el principio y en esta faceta se encontró con un enemigo directo, García, de manera que los dos grandes partidos han podido eludir con cierta facilidad el espinoso asunto de la inmigración. Maíllo y Montero parecían funcionar con cierta sincronización, como una especie de ‘entente’, para buscar los flancos de Moreno, que se ha mantenido impasible, casi hierático, volcado en una retahíla de datos y documentos favorables a sus intereses y contra el PSOE para intentar mostrar que está en la gestión y no en el grito.Entre tanto ruido y una mezcla tan enorme de temas rápidos, apenas se ha podido pasar de los cuatro lemas fáciles de campaña en un debate un tanto gris, con pocos matices, que en muchos momentos, demasiados, parecía una riña de mensajes grabados con anticipación. Con corsés tan extremadamente apretados, la espontaneidad, la frescura y la originalidad se han convertido en quimeras. Pero eso sí que no es nuevo a estas alturas. La escena es, sigue siendo, totalmente plana. Tal y como se apuntaba por los discursos de precampaña y del arranque de la propia campaña, el primer debate televisivo a cinco de cara a las elecciones andaluzas del 17 de mayo, en Televisión Española, se ha convertido en una especie de frontón entre los cuatro candidatos de la oposición, a un lado, y el aspirante del PP y presidente de la Junta, Juanma Moreno . El bloque de interés mutuo y antinatura formado por PSOE, Por Andalucía, Adelante y Vox se ha erigido desde el primer momento de la hora y media de programa en una especie de batería militar a base de eslóganes sobre la supuesta degradación de ‘lo público’ más que de ideas concretas o propuestas tangibles, pero el búnker del popular ha funcionado. Lleva meses en la misma tónica, reforzando las posibles grietas y esgrimiendo números incontestables, y el hábito curte. Ante las cámaras solo ha tenido que repetir tarea desde el primer minuto.Moreno ha echado mano de su clásica ‘vía andaluza’ en cuanto al estilo, forzando incluso el aire constructivo y la sonrisa de anuncio, para contrarrestar la agresividad de los oponentes, y también, sobre todo, de los datos económicos de los último años, de crecimiento de empresas, autónomos y reducción del desempleo en lo que tiene que ver con los argumentos más palpables. Orgullo en lo etéreo y estabilidad en lo ponderable. La suma de ambos factores le ha resultado al presidente regional suficiente para llevarse el primer asalto televisivo a los puntos, con una buena estrategia defensiva a base de ideas concisas y contundentes frente a la amalgama de críticas heterogéneas de María Jesús Montero, Manuel Gavira, Antonio Maíllo y José Ignacio García . Al ser el primero de los bloques pactados precisamente de economía, el favorito de las apuestas se ha explayado con un prolijo repaso a los indicadores de los que más puede presumir, que son muchos, o de vivienda. Montero, ahí sí, ha intentado reivindicar lo teóricamente hecho por el Ejecutivo del que ha formado parte hasta hace tres telediarios («al que yo he pertenecido»), pero Moreno le ha recordado una y otra vez los registros regionales (aquí se ha crecido el doble que la media nacional y nadie tiene ya más autónomos…) y en materia de vivienda le ha espetado que era problema decimotercero cuando el PSOE llegó al Gobierno central y ahora es el primero… La sevillana ha tenido que frenar entonces: «Oiga, no hablemos del Gobierno, hablemos de Andalucía». Todo coherencia.Moreno ha recordado una y otra vez el bagaje de Montero en el Gobierno nacional, pero también su pasado más lejano como consejera de sanidad andaluzaDato a dato, cada cuestión que ha abordado Montero ha sido respondida con capítulos del currículum político de Montero: «Su problema es que tiene un pasado, señora Montero» . En las obras públicas, la candidata del PSOE ha salido escaldada con una retahíla de proyectos recuperados por la Junta que estaban literalmente abandonados, desde el Hospital Militar a la Autovía del Almanzora. La socialista, principal rival, es la que más tiene que arriesgar en estos envites, pero ha demostrado de nuevo que tiene que caminar a contrapié. Con eslóganes entrelazados, apenas se refiere a temas nacionales, que nada le convienen, ni a su bagaje como ministra en un gabinete cargado de corrupción e impopularidad. El sanchismo la erosiona cada vez que habla. El representante de Vox ha usado algún turno para recordarle con énfasis el desastre del transporte ferroviario en la comunidad, por ejemplo, o la carencia grave de infraestructuras. Pero al centrar el disparo en el ‘estado de lo público’ en Andalucía, también se le nota que tiene mucho que perder.Obsesionada por convertir la campaña en un plebiscito sobre la sanidad pública, algo que no le está funcionando como quisiera a tenor de los sondeos, en el debate televisivo ha recibido importantes reveses de Moreno en este apartado, que ocupó el segundo de los bloques, el de la gestión, casi al completo. El popular ha anunciado una ley para garantizar que el presupuesto de sanidad no pueda recortarse recordando a Montero que, como consejera de sanidad, echó a 7.700 profesionales y se rebajaron las cuentas en 1.500 millones . Entonces han llegado los cribados con la muleta de Adelante Andalucía, cuyo portavoz ha pedido más información a voz en grito, y las listas de espera y las citas médicas de boca de la candidata socialista. Maíllo ha tenido ahí su momento predilecto, tanto al pedir información sobre las mujeres afectadas por el diagnóstico dudoso del cribado de cáncer de mama como al subrayar que «Moreno hace negocio con los servicios públicos» y el «desmantelamiento de la sanidad pública, que ha colapsado». El hasta ahora presidente autonómico ha puesto sobre la mesa los cinco acuerdos recientes con todos los actores sociales mientras el Ejecutivo central «tiene incendiadas las calles» con huelgas sanitarias, para luego exponerle a Montero el espectacular aumento de los conciertos sanitarios en su época en esa cartera. «La crisis de los cribados no se tapa con una campaña de imagen, señor Moreno. Es consecuencia del colapso de la sanidad pública », ha insistido la postulante socialista. Adelante Andalucía ha pedido un impuesto a los beneficios de las empresas privadas de salud. «Nadie gestionó peor la sanidad que el PSOE y es una falsedad lo de la privatización», ha insistido Moreno.La tercera de las patas tampoco es que ayudara demasiado a la exvicepresidenta, al tratar sobre financiación autonómica y regeneración democrática sonando de fondo los voces Ábalos y Koldo ante los jueces y señalando al mismísimo Ministerio de Hacienda y con la comparativa de trato recibido por Andalucía frente a comunidades como Cataluña. A pesar de que Montero ha insistido en que «es falso el discurso del agravio», PP y Vox, básicamente, han golpeado duro en ese aspecto. «La señora Montero debe ser la única española que piensa que el modelo de financiación pactado con los independentistas beneficia a Andalucía», ha recalcado el popular para preguntar a la socialista si se trata de una cesión para obtener los votos catalanes para sostener a Sánchez. En ese punto, Gavira ha sido especialmente duro con la exministra, que «ha pactado con los catalanes, cediendo a su chantaje, para mantener los votos que necesitan».La «traición a Andalucía» del socialismo también la ha mantenido Moreno al referirse a la cantidad de impuestos que Montero ha negado justo antes de que Maíllo deje claro que pretende pactar con el PSOE. «Si nos dan los números, nuestro objetivo es echar a la derecha», ha indicado. En el bloque de la financiación, obviamente, el popular se ha crecido y las constantes interrupciones de Montero han demostrado que se trata de su punto más débil. La ‘prioridad nacional’ y la ‘entente’ Maíllo-MonteroVox ha abundado con mucha intensidad en la ‘prioridad nacional’ desde el principio y en esta faceta se encontró con un enemigo directo, García, de manera que los dos grandes partidos han podido eludir con cierta facilidad el espinoso asunto de la inmigración. Maíllo y Montero parecían funcionar con cierta sincronización, como una especie de ‘entente’, para buscar los flancos de Moreno, que se ha mantenido impasible, casi hierático, volcado en una retahíla de datos y documentos favorables a sus intereses y contra el PSOE para intentar mostrar que está en la gestión y no en el grito.Entre tanto ruido y una mezcla tan enorme de temas rápidos, apenas se ha podido pasar de los cuatro lemas fáciles de campaña en un debate un tanto gris, con pocos matices, que en muchos momentos, demasiados, parecía una riña de mensajes grabados con anticipación. Con corsés tan extremadamente apretados, la espontaneidad, la frescura y la originalidad se han convertido en quimeras. Pero eso sí que no es nuevo a estas alturas. La escena es, sigue siendo, totalmente plana.
Tal y como se apuntaba por los discursos de precampaña y del arranque de la propia campaña, el primer debate televisivo a cinco de cara a las elecciones andaluzas del 17 de mayo, en Televisión Española, se ha convertido en una especie de frontón entre … los cuatro candidatos de la oposición, a un lado, y el aspirante del PP y presidente de la Junta, Juanma Moreno. El bloque de interés mutuo y antinatura formado por PSOE, Por Andalucía, Adelante y Vox se ha erigido desde el primer momento de la hora y media de programa en una especie de batería militar a base de eslóganes sobre la supuesta degradación de ‘lo público’ más que de ideas concretas o propuestas tangibles, pero el búnker del popular ha funcionado. Lleva meses en la misma tónica, reforzando las posibles grietas y esgrimiendo números incontestables, y el hábito curte. Ante las cámaras solo ha tenido que repetir tarea desde el primer minuto.
Moreno ha echado mano de su clásica ‘vía andaluza’ en cuanto al estilo, forzando incluso el aire constructivo y la sonrisa de anuncio, para contrarrestar la agresividad de los oponentes, y también, sobre todo, de los datos económicos de los último años, de crecimiento de empresas, autónomos y reducción del desempleo en lo que tiene que ver con los argumentos más palpables. Orgullo en lo etéreo y estabilidad en lo ponderable. La suma de ambos factores le ha resultado al presidente regional suficiente para llevarse el primer asalto televisivo a los puntos, con una buena estrategia defensiva a base de ideas concisas y contundentes frente a la amalgama de críticas heterogéneas de María Jesús Montero, Manuel Gavira, Antonio Maíllo y José Ignacio García. Al ser el primero de los bloques pactados precisamente de economía, el favorito de las apuestas se ha explayado con un prolijo repaso a los indicadores de los que más puede presumir, que son muchos, o de vivienda. Montero, ahí sí, ha intentado reivindicar lo teóricamente hecho por el Ejecutivo del que ha formado parte hasta hace tres telediarios («al que yo he pertenecido»), pero Moreno le ha recordado una y otra vez los registros regionales (aquí se ha crecido el doble que la media nacional y nadie tiene ya más autónomos…) y en materia de vivienda le ha espetado que era problema decimotercero cuando el PSOE llegó al Gobierno central y ahora es el primero… La sevillana ha tenido que frenar entonces: «Oiga, no hablemos del Gobierno, hablemos de Andalucía». Todo coherencia.
Moreno ha recordado una y otra vez el bagaje de Montero en el Gobierno nacional, pero también su pasado más lejano como consejera de sanidad andaluza
Dato a dato, cada cuestión que ha abordado Montero ha sido respondida con capítulos del currículum político de Montero: «Su problema es que tiene un pasado, señora Montero». En las obras públicas, la candidata del PSOE ha salido escaldada con una retahíla de proyectos recuperados por la Junta que estaban literalmente abandonados, desde el Hospital Militar a la Autovía del Almanzora. La socialista, principal rival, es la que más tiene que arriesgar en estos envites, pero ha demostrado de nuevo que tiene que caminar a contrapié. Con eslóganes entrelazados, apenas se refiere a temas nacionales, que nada le convienen, ni a su bagaje como ministra en un gabinete cargado de corrupción e impopularidad. El sanchismo la erosiona cada vez que habla. El representante de Vox ha usado algún turno para recordarle con énfasis el desastre del transporte ferroviario en la comunidad, por ejemplo, o la carencia grave de infraestructuras. Pero al centrar el disparo en el ‘estado de lo público’ en Andalucía, también se le nota que tiene mucho que perder.
Obsesionada por convertir la campaña en un plebiscito sobre la sanidad pública, algo que no le está funcionando como quisiera a tenor de los sondeos, en el debate televisivo ha recibido importantes reveses de Moreno en este apartado, que ocupó el segundo de los bloques, el de la gestión, casi al completo. El popular ha anunciado una ley para garantizar que el presupuesto de sanidad no pueda recortarse recordando a Montero que, como consejera de sanidad, echó a 7.700 profesionales y se rebajaron las cuentas en 1.500 millones. Entonces han llegado los cribados con la muleta de Adelante Andalucía, cuyo portavoz ha pedido más información a voz en grito, y las listas de espera y las citas médicas de boca de la candidata socialista. Maíllo ha tenido ahí su momento predilecto, tanto al pedir información sobre las mujeres afectadas por el diagnóstico dudoso del cribado de cáncer de mama como al subrayar que «Moreno hace negocio con los servicios públicos» y el «desmantelamiento de la sanidad pública, que ha colapsado».
El hasta ahora presidente autonómico ha puesto sobre la mesa los cinco acuerdos recientes con todos los actores sociales mientras el Ejecutivo central «tiene incendiadas las calles» con huelgas sanitarias, para luego exponerle a Montero el espectacular aumento de los conciertos sanitarios en su época en esa cartera. «La crisis de los cribados no se tapa con una campaña de imagen, señor Moreno. Es consecuencia del colapso de la sanidad pública», ha insistido la postulante socialista. Adelante Andalucía ha pedido un impuesto a los beneficios de las empresas privadas de salud. «Nadie gestionó peor la sanidad que el PSOE y es una falsedad lo de la privatización», ha insistido Moreno.
La tercera de las patas tampoco es que ayudara demasiado a la exvicepresidenta, al tratar sobre financiación autonómica y regeneración democrática sonando de fondo los voces Ábalos y Koldo ante los jueces y señalando al mismísimo Ministerio de Hacienda y con la comparativa de trato recibido por Andalucía frente a comunidades como Cataluña. A pesar de que Montero ha insistido en que «es falso el discurso del agravio», PP y Vox, básicamente, han golpeado duro en ese aspecto. «La señora Montero debe ser la única española que piensa que el modelo de financiación pactado con los independentistas beneficia a Andalucía», ha recalcado el popular para preguntar a la socialista si se trata de una cesión para obtener los votos catalanes para sostener a Sánchez. En ese punto, Gavira ha sido especialmente duro con la exministra, que «ha pactado con los catalanes, cediendo a su chantaje, para mantener los votos que necesitan».
La «traición a Andalucía» del socialismo también la ha mantenido Moreno al referirse a la cantidad de impuestos que Montero ha negado justo antes de que Maíllo deje claro que pretende pactar con el PSOE. «Si nos dan los números, nuestro objetivo es echar a la derecha», ha indicado. En el bloque de la financiación, obviamente, el popular se ha crecido y las constantes interrupciones de Montero han demostrado que se trata de su punto más débil.
La ‘prioridad nacional’ y la ‘entente’ Maíllo-Montero
Vox ha abundado con mucha intensidad en la ‘prioridad nacional’ desde el principio y en esta faceta se encontró con un enemigo directo, García, de manera que los dos grandes partidos han podido eludir con cierta facilidad el espinoso asunto de la inmigración. Maíllo y Montero parecían funcionar con cierta sincronización, como una especie de ‘entente’, para buscar los flancos de Moreno, que se ha mantenido impasible, casi hierático, volcado en una retahíla de datos y documentos favorables a sus intereses y contra el PSOE para intentar mostrar que está en la gestión y no en el grito.
Entre tanto ruido y una mezcla tan enorme de temas rápidos, apenas se ha podido pasar de los cuatro lemas fáciles de campaña en un debate un tanto gris, con pocos matices, que en muchos momentos, demasiados, parecía una riña de mensajes grabados con anticipación. Con corsés tan extremadamente apretados, la espontaneidad, la frescura y la originalidad se han convertido en quimeras. Pero eso sí que no es nuevo a estas alturas. La escena es, sigue siendo, totalmente plana.
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