Con El verano se mueve, programa que estrenó hace unos días Telecinco, Kike Quintana ha vuelto a encontrar su hueco en televisión como fichaje estelar. El reportero está viajando por toda la península en busca de las mejores historias Leer Con El verano se mueve, programa que estrenó hace unos días Telecinco, Kike Quintana ha vuelto a encontrar su hueco en televisión como fichaje estelar. El reportero está viajando por toda la península en busca de las mejores historias Leer
Kike Quintana encara el verano más movido de su carrera. Después de años como colaborador y reportero todoterreno en Mediaset, ahora ha dado el salto convirtiéndose en el número dos de El verano se mueve, el nuevo magacín veraniego de las tardes de Telecinco que cada viernes se emite en directo desde un punto distinto de España. Él es quien llega antes, quien recorre el pueblo, quien encuentra a los personajes y quien prepara el terreno para el directo. Una semana entera de calle, de historias y de improvisación para encontrar las mejores historias de la localidad y recibir a su compañero Ion Aramendi al final de la semana.
Este salto profesional le he llegado en un momento vital marcado por el nacimiento de su primera hija. El papel de Kike Quintana puede parecer sencillo, pero no lo es: conectar con la gente de la calle. «Paso de colaborador de un programa a conducir una furgoneta, que no es poco…», afirma entre risas, pero sabe que su papel va mucho más allá de ponerse al volante. «Espero hacer algo más que conducir, claro, pero esa es mi función. Ahí estoy, dando vueltas, buscando retos, personajes, cosas… lo que surja».
Su semana es un maratón: llegar al destino, recorrer todas sus calles, hablar con vecinos, detectar perfiles potentes y encontrar ese lugar que funcione en directo. «Durante la semana estoy buscando historias y el sitio ideal. El jueves es cuando se anuncia el destino y el viernes hacemos allí el directo». Su trabajo es convertir cada pueblo en un plató con vida propia.
El formato es flexible y se adapta a lo que ocurra en cada sitio: «Va a haber retos y muchas cosas. El programa se va descubriendo según avance. Hay cosas planteadas, es fresco, atractivo… pero nada cerrado. Como la gente es la protagonista, según los perfiles que encontremos haremos una cosa u otra».
Para él, la clave está en la calle. En mirar, escuchar y dejar que el lugar marque el ritmo. Cuando le preguntamos si esto es como hacer un casting gigante, lo tiene claro: «Los mejores personajes están por descubrir». Y añade: «Prefiero estar 12 horas en exteriores que ocho en una redacción. Mi idea es esa, buscar, ver el sitio, ver a las personas… y hacer que el viernes se haga el mejor programa posible».
Una parte importante de su éxito es su conexión con la gente desde sus tiempos en el programa TardeAR y es que Quintana tiene ese magnetismo natural que funciona tanto en cámara como fuera de ella. Eso sí, admite que su público son, sobre todo, señoras: «Me dicen dos cosas: primero, que soy más guapo y más delgado al natural. Ya empezamos bien (risas). Luego, después de dos besos, siempre me dan algún consejo. Les enseño fotos de la niña, hablo con ellas… tengo mucho pico y siempre me las gano. Por eso este puesto es perfecto para mí, A mí me gusta la normalidad. Interactúo mucho con la gente que me escribe por Instagram, hago preguntas y respuestas… Muchas señoras, que son mi público, me dicen que me ven como yerno«.
«Ana Rosa, mi tía, dice que meto mucha caña en el chat familiar»
Se ríe cuando le preguntamos si es un yerno díscolo. «No, yo era el sobrino díscolo. Lo del yerno es para las señoras». Y ahí aparece, inevitablemente, Ana Rosa Quintana, su tía: «Ella dice que sigo metiendo caña… aunque ahora en el chat familiar. Pero en la calle soy una persona normal, cercana y cariñosa. Al menos lo intento», afirma.
Es consciente que en las diferentes localidades que visitará se encontrará de todo, desde gente que quiere salir a toda costa en televisión a personas a las que habrá que insistir: «Tengo que ir buscando. La idea es encontrar en cada pueblo ese perfil que digas: ‘No me puedo ir sin conocer a esta persona’. Ese es el reto. Hay gente que se te tira a la cámara y otros que es difícil que se dejen ver«.
Cuando le llegó la propuesta, vivió un momento de contradicción emocional. «Tenía el corazón partido, como la canción de Alejandro Sanz», confiesa. Por un lado, el proyecto le parecía un sueño: «Para mí, el fin de este proyecto es que sean unas vacaciones pagadas: ponerme la pulserita, llegar a septiembre moreno y guapo, con el carrete lleno de fotos y aventuras».
Pero por otro lado, su vida personal atraviesa un momento especial porque es padre primerizo: «Tengo una niña de cuatro meses. Hemos estado toda la baja juntos y ahora toca conciliar. Yo me llevo la parte fascinante, pero mi mujer no: ella se queda con un bebé y un caniche. Esa es la parte peor. Ojalá puedan venir a algún destino».
Confiesa que la paternidad le ha cambiado. «Hago lo que puedo. Tengo una mujer muy generosa. Las madres nos llevan nueve meses de ventaja a los padres. Yo me quedé alucinado con cómo mi mujer era madre todo el rato. Yo me sentía súper torpe», reconoce. Ahora, cuatro meses después, todo empieza a encajar: «Ya está todo más integrado. La niña ya es más interactiva, se ríe… Está súper espabilada. Ahí ha salido la madre (risas). Estoy absolutamente enamorado». Y añade, entre risas: «Mi mujer es muy guapa, pero yo quiero que mi niña sea igual que yo, y creo que lo estoy consiguiendo«.
La parte dura de este nuevo trabajo es la distancia con su familia y revela que separarse de su hija «es lo peor»: «Se me cae la baba con mi niña, estoy entregado. El otro día dormí fuera por trabajo por primera vez y lo pasé fatal. Es como un desarraigo nuevo». Ana Rosa Quintana, madrina de la niña, también está fascinada: «Ella está ejerciendo un poco de abuela. Cada cambio se lo mando: fotos, vídeos… todo. A veces la niña mira la tele por los colores y parece que está viendo a la ‘titayaya'».
Sobre la paternidad, lo tiene claro: «No. Es distinto. Nuevo. Un reto más potente que este. Esto va a ser disfrute. Lo otro es disfrute y aprendizaje». Y sobre su tía, su renovación con Mediaset y su futuro, se mantiene prudente: «Yo bastante tengo con lo mío como para ocuparme de la jefa. Ella es un referente absoluto y hará lo que considere. Tiene una energía que me dobla por seis o siete. Yo bastante tengo con mi vida personal y profesional».
«No me siento identificado con el término ‘famoso'»
Quintana ha hecho mucha tele detrás de la cámara, ha sido guionista, colaborador, reportero… Y ahora vive un salto que podría abrirle nuevas puertas. Pero él prefiere no pensar demasiado en el futuro por si el programa continúa en parrilla después del verano: «No sé ni lo que voy a comer mañana. Imagínate septiembre. La tele es así: te dejas llevar. Y más ahora que soy padre, que estoy madurando mucho».
Sobre la fama, mantiene su ironía habitual: «Lo de ser conocido es relativo. Voy a ser el sobrino de Ana Rosa toda la vida y estoy orgulloso. Soy un tío normal que aparece en televisión, pero no me define. Soy guionista, hago colaboraciones, soy ácido, irónico… pero no me siento identificado con el término ‘famoso’. Hay gente que me reconoce, claro, pero tampoco soy Isabel Preysler. El día que me veas en portada del ¡Hola!, hablamos».
¿Y participar en un reality como Supervivientes? No lo descarta: «Desde que soy padre me veo más valiente. No me cierro puertas. Eso sí, el hambre lo llevo regular así que no sé cómo llevaría participar en el reality». Por último, cuando le preguntamos por talentos ocultos, vuelve a tirar de humor: «Comer. Ese es conocido. El que me gustaría tener es comer y no engordar. Eso está por inventar». Luego se pone serio: «A pesar de parecer seguro o ácido, soy tremendamente leal y cariñoso. Intento cuidar a mi gente. Soy muy gallinita en mi núcleo familiar, como mi tía. Por eso este proyecto me preocupa: voy a estar lejos y no podré controlar cómo está mi niña, mi mujer y mi caniche», concluye.
Televisión // elmundo

