Llega una patera a una playa de la costa de Kent, se acerca un agente fronterizo británico y dice a sus tripulantes: cuando hayáis acabado con lo vuestro, ¿nos podéis prestar la lancha para una misión militar en el Golfo Pérsico?; están varios marineros esperando para subir a un barco de guerra en el puerto de Portsmouth, donde un cartel advierte: “retrasos por avería en la línea, servicio alternativo de autobuses” (como si fuera Rodalíes); un almirante inglés le dice a otro: tal y como está el precio del petróleo, ¿tú crees que podríamos pedirles a los americanos que remolcasen nuestro portaviones, o está Trump demasiado cabreado?
Con su menor presencia en el Golfo Pérsico en seis dècadas, la Royal Navy es una sombra de lo que era
Llega una patera a una playa de la costa de Kent, se acerca un agente fronterizo británico y dice a sus tripulantes: cuando hayáis acabado con lo vuestro, ¿nos podéis prestar la lancha para una misión militar en el Golfo Pérsico?; están varios marineros esperando para subir a un barco de guerra en el puerto de Portsmouth, donde un cartel advierte: “retrasos por avería en la línea, servicio alternativo de autobuses” (como si fuera Rodalíes); un almirante inglés le dice a otro: tal y como está el precio del petróleo, ¿tú crees que podríamos pedirles a los americanos que remolcasen nuestro portaviones, o está Trump demasiado cabreado?
De las viejas glorias de la Royal Navy, de la batalla de Trafalgar en que a las órdenes de Lord Nelson derrotó a la flota conjunta francoespañola y paró los pies a Napoleón, o de la victoria de sir Francis Drake sobre la Armada Invencible en 1588 para establecer a Inglaterra como superpotencia naval que controlaba los mares, apenas queda una sombra. Hoy es objeto de chistes por su apenas nula prensa en el Golfo Pérsico y el Mar de Arabia (sólo un buque cazaminas), y por ser incapaz de enviar un miserable destructor a Chipre para proteger su base de Akrotiri, que es territorio soberano del Reino Unido, y donde las zonas residenciales en que viven los marinos y sus familias llevan nombres de barrios de Londres: Chelsea, Kensington, Belgravia…
Hasta hace un siglo (después de la I Guerra Mundial), la política oficial del Reino Unido era tener una flota naval más fuerte que sus dos principales rivales al unísono, y ello fue así hasta que se vio superada por el poderío conjunto de los Estados Unidos y Japón. Pero aún así, en 1945, contaba todavía con 929 buques de guerra, 137 submarinos y 850.000 marineros.
Para el Reino Unido es humillante que barcos franceses, españoles y holandeses tengan que proteger a Chipre
Una reducción de su tamaño resultó inevitable tras la victoria sobre el nazismo, pero aún así en 1982, para responder a la amenaza de los militares argentinos a las Malvinas, Londres pudo organizar en tan sólo cuarenta y ocho horas el despliegue de cinco destructores, otros tantos submarinos nucleares y quince fragatas, manteniendo al mismo tiempo un barco de cada clase en el Golfo Pérsico, donde su presencia es ahora la más pequeña en sesenta años.
Tras la caída del muro de Berlín y el colapso de la Unión Soviética, sucesivos gobiernos decidieron que no hacía falta gastar tanto dinero en defensa, y era mejor dedicar el llmado “dividendo de la paz” a partidas de tipo social (hoy el gasto militar anual es de 75.000 millones de euros al año, y el de sanidad 250.000 millones).
Las administraciones de Gordon Brown y David Cameron comenzaron las políticas de austeridad y no ordenaron la construcción ni de una sola fragata para reemplazar a las que iban yendo al dique seco, y la Royal Navy ha ido adelgazando progresivamente en la medida en que los barcos que mueren no son reemplazados por otros, habiéndose llegado a la actual situación humillante, en que navíos franceses, españoles y holandeses han acudido a la defensa de Chipre antes que los británicos (el destructor HMS Dragon está siendo objeto de reparación y mantenimiento, y no se le espera en el Mediterráneo oriental hasta la semana que viene).
La Royal Navy tiene la mitad de barcos que en el 2010 porque los que han ido muriendo no han sido reemplazados
Actualmente la Royal Navy sólo cuenta con siete fragatas, cinco submarinos nucleares y seis destructores (una quinta parte de la flota disponible durante la guerra de las Malvinas, y la mitad que en el 2010). Algunos barcos llevan años sin salir de puerto, con motores defectuosos que se estropean en las aguas cálidas del Oriente Medio. Uno de ellos está encallado desde el 2017 por un problema en el sistema de propulsión de las turbinas al que los mecánicos no encuentran solución.
Dos enormes portaviones sí están operativos, aunque también han sufrido averías varias, pero apenas pueden surcar los mares por falta de buques escolta que los protejan. Keir Starmer ha ofrecido a Trump enviar uno al Golfo Pérsico, pero sólo si va flanqueado por naves de EE.UU. La Casa Blanca ha dicho que para eso mejor que se quede en casa.
La Royal Navy ha sido pionera de la industria de armamento y reina de los mares durante mucho tiempo, ha derrotado a Napoleón y a Felipe II, y sólo ha abandonado las aguas del país tres veces (1782, 1945 y 1982), porque el resto del tiempo no lo ha necesitado. Ahora no lo hace porque no puede.
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