La Policía ha desterrado el término bandas latinas para hablar de organizaciones juveniles violentas. El motivo, aducen, es que muchos de sus integrantes son nacidos en España, y tantos otros proceden del continente africano, de ahí que también recurran al término «grupo multicultural» por su origen en diferentes países. Su ‘modus operandi’ sí es el mismo: exigir algún tipo de ‘sacrificio’ físico para entrar, inculcando ya de inicio la naturalización en el uso de la violencia. Lo que en ocasiones comienza como simple incivismo de un grupo de adolescentes, muta en apoderarse de espacios -entre otros, deportivos o parques- y agresiones. De ahí, a las armas blancas e incluso el tráfico de drogas para financiar su actividad. Este el caso de los pandilleros bautizados como ‘Los 300’ que operaban en Barcelona y su área metropolitana. Decenas de víctimas de sus agresiones, cuatro tentativas de homicidio, venta de cocaína rosa y marihuana y robos con violencia e intimidación. Para ejecutar sus acciones violentas y el trapicheo, recurrían a menores de edad, los denominados ‘soldados’ en su argot, sabiendo así que, si eran detenidos, eludirían la prisión.Una operación de los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana da por desmantelada esta banda juvenil, tras haber detenido a sus 18 integrantes. Seis de ellos, menores. A pesar de que el dispositivo se llevó a cabo el pasado 19 de mayo, no ha sido hasta este miércoles, cuando los detalles de la investigación se han dado a conocer en rueda de prensa. Precisamente, menos de una semana después de que un menor de 15 años fuese asesinado a tiros en un parque de Barcelona, La Pegaso, en lo que todo apunta a un crimen perpetrado por bandas latinas. Las pesquisas por este caso siguen bajo secreto, y hay ya un detenido que ha ingresado en prisión, pero la Policía sigue buscando a más implicados. Entre otros, uno de los espacios donde operaban ‘Los 300’ también era el parque de La Pegaso, pero, por el momento, desde el Cuerpo rechazan aclarar si la banda tiene relación con el citado suceso. Esta banda, entre cuyos integrantes hay españoles, ecuatorianos, hondureños, peruanos o colombianos, fue incrementando su violencia con el paso del tiempo, ha detallado el inspector de los Mossos, José Ángel Merino, jefe de la División de Investigación Criminal (DIC) en Barcelona. Bien con grupos rivales -las denominadas ‘caídas’, también en su argot-, como facciones de Los Trinitarios o Barrio 18, o con terceros, que nada tenían que ver con el ámbito delincuencial. Sus tentáculos se habían expandido por Sant Martí, Sant Andreu y Nou Barris. Era su territorio y allí ejercían su control, recurriendo a la violencia y la intimidación. Sus acciones las publicitaban en redes sociales -habían hecho incluso algún videoclip- e incluso contaban con ropa con su simbología -‘Los 300’-. Redes que también empleaban como elemento de captación de nuevos integrantes. A la cabeza, un líder. que organizaba y dirigía las acciones violentas: peleas, las tentativas de homicidio a navajazos, los robos o el tráfico de marihuana o cocaína rosa, la denominada ‘tusi’; que combina ketamina y éxtasis, que cocinaban en su propia casa. Las pesquisas permitieron certificar que, con el paso del tiempo, su actividad se volvía cada vez más violenta. De agresiones, a las tentativas de homicidio, por lo que resultó clave contar con material probatorio suficiente para poder desarticular la banda de pandilleros antes de tener que lamentar males mayores. De hecho, entre el material incautado en los registros había una pistola y munición. Según ha precisado Merino, no tienen constancia, al menos durante los meses que ha durado la investigación, que hiciesen uso del arma. La base de esta banda, como ocurre con los pandilleros de origen latino, es la violencia estructural, de forma planificada y sistémica como herramienta del control y dominio del territorio, precisa el intendente Juan Guzmán, jefe de investigación de la Guardia Urbana de Barcelona. Con dos objetivos: reforzar su liderazgo y su estructura jerárquica, para enviar así un «mensaje contudente» a los grupos rivales. En el caso de ‘Los 300’, operaban siempre en grupo. Agresiones, para las que se cubrían el rostro para evitar ser identificados, y recurrían a armas blancas de grandes dimensiones: de machetes a katanas. De forma ocasional, aprovechaban además para robar a sus víctimas, bien el reloj o el móvil. Los 18 detenidos tienen entre 15 y 27 años. De los mayores de edad, siete ya han ingresado en prisión, tras pasar a disposición del juzgado de instrucción 19 de Barcelona. Dos de los menores también han ingresado en un centro en régimen cerrado. El tráfico de drogas era «el motor de financiación» del grupo. Gracias a esos beneficios incrementaban su arsenal de armas blancas. Las redes era su plataforma y su altavoz. «Transmitían su identidad basada en la confrontación y la glorificación de la violencia», apunta Guzmán. Tras el líder estaban los denominados ‘coordinadores’, encargados de ejecutar las acciones decididas por el cabecilla y, por último, los soldados: a cargo de la violencia. Muchas veces, menores de edad. Por eso los Cuerpos policiales subrayan que es vital, en la detección de la captación, la policía de proximidad, tener referentes de seguridad ciudadana, pero también información temprana de educadores y asociaciones, sobre todo, para evitar que los jóvenes puedan ser captados por este tipo de bandas. Entre otros, a las puertas de los institutos. Las siete entradas y registros, cuatro en Barcelona, dos en Montcada, y una en Ripollet. se saldaron, además de con las 18 detenciones, con la incautación de una pistola, machetes de grandes dimensiones, esprais de defensa y diversos pasamontañas. Entre los arrestados hay una mujer. El inspector Merino ha precisado que investigaciones como estas no sólo ayudan a combatir el fenómeno delincuencial, sino que aportan información de inteligencia para entender las dinámicas de estos grupos y su evolución. El Cuerpo contaba con una unidad especializada en bandas latinas, tras el auge de los 2000, y los diversos incidentes -asesinatos incluidos-. Ahora los Mossos constatan que vuelve a ser un fenómeno «al alza», también por los flujos migratorios -entre otros, desde Estados Unidos-, y quieren estar preparados para combatirlo y desarrollar una «estrategia global». La Policía ha desterrado el término bandas latinas para hablar de organizaciones juveniles violentas. El motivo, aducen, es que muchos de sus integrantes son nacidos en España, y tantos otros proceden del continente africano, de ahí que también recurran al término «grupo multicultural» por su origen en diferentes países. Su ‘modus operandi’ sí es el mismo: exigir algún tipo de ‘sacrificio’ físico para entrar, inculcando ya de inicio la naturalización en el uso de la violencia. Lo que en ocasiones comienza como simple incivismo de un grupo de adolescentes, muta en apoderarse de espacios -entre otros, deportivos o parques- y agresiones. De ahí, a las armas blancas e incluso el tráfico de drogas para financiar su actividad. Este el caso de los pandilleros bautizados como ‘Los 300’ que operaban en Barcelona y su área metropolitana. Decenas de víctimas de sus agresiones, cuatro tentativas de homicidio, venta de cocaína rosa y marihuana y robos con violencia e intimidación. Para ejecutar sus acciones violentas y el trapicheo, recurrían a menores de edad, los denominados ‘soldados’ en su argot, sabiendo así que, si eran detenidos, eludirían la prisión.Una operación de los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana da por desmantelada esta banda juvenil, tras haber detenido a sus 18 integrantes. Seis de ellos, menores. A pesar de que el dispositivo se llevó a cabo el pasado 19 de mayo, no ha sido hasta este miércoles, cuando los detalles de la investigación se han dado a conocer en rueda de prensa. Precisamente, menos de una semana después de que un menor de 15 años fuese asesinado a tiros en un parque de Barcelona, La Pegaso, en lo que todo apunta a un crimen perpetrado por bandas latinas. Las pesquisas por este caso siguen bajo secreto, y hay ya un detenido que ha ingresado en prisión, pero la Policía sigue buscando a más implicados. Entre otros, uno de los espacios donde operaban ‘Los 300’ también era el parque de La Pegaso, pero, por el momento, desde el Cuerpo rechazan aclarar si la banda tiene relación con el citado suceso. Esta banda, entre cuyos integrantes hay españoles, ecuatorianos, hondureños, peruanos o colombianos, fue incrementando su violencia con el paso del tiempo, ha detallado el inspector de los Mossos, José Ángel Merino, jefe de la División de Investigación Criminal (DIC) en Barcelona. Bien con grupos rivales -las denominadas ‘caídas’, también en su argot-, como facciones de Los Trinitarios o Barrio 18, o con terceros, que nada tenían que ver con el ámbito delincuencial. Sus tentáculos se habían expandido por Sant Martí, Sant Andreu y Nou Barris. Era su territorio y allí ejercían su control, recurriendo a la violencia y la intimidación. Sus acciones las publicitaban en redes sociales -habían hecho incluso algún videoclip- e incluso contaban con ropa con su simbología -‘Los 300’-. Redes que también empleaban como elemento de captación de nuevos integrantes. A la cabeza, un líder. que organizaba y dirigía las acciones violentas: peleas, las tentativas de homicidio a navajazos, los robos o el tráfico de marihuana o cocaína rosa, la denominada ‘tusi’; que combina ketamina y éxtasis, que cocinaban en su propia casa. Las pesquisas permitieron certificar que, con el paso del tiempo, su actividad se volvía cada vez más violenta. De agresiones, a las tentativas de homicidio, por lo que resultó clave contar con material probatorio suficiente para poder desarticular la banda de pandilleros antes de tener que lamentar males mayores. De hecho, entre el material incautado en los registros había una pistola y munición. Según ha precisado Merino, no tienen constancia, al menos durante los meses que ha durado la investigación, que hiciesen uso del arma. La base de esta banda, como ocurre con los pandilleros de origen latino, es la violencia estructural, de forma planificada y sistémica como herramienta del control y dominio del territorio, precisa el intendente Juan Guzmán, jefe de investigación de la Guardia Urbana de Barcelona. Con dos objetivos: reforzar su liderazgo y su estructura jerárquica, para enviar así un «mensaje contudente» a los grupos rivales. En el caso de ‘Los 300’, operaban siempre en grupo. Agresiones, para las que se cubrían el rostro para evitar ser identificados, y recurrían a armas blancas de grandes dimensiones: de machetes a katanas. De forma ocasional, aprovechaban además para robar a sus víctimas, bien el reloj o el móvil. Los 18 detenidos tienen entre 15 y 27 años. De los mayores de edad, siete ya han ingresado en prisión, tras pasar a disposición del juzgado de instrucción 19 de Barcelona. Dos de los menores también han ingresado en un centro en régimen cerrado. El tráfico de drogas era «el motor de financiación» del grupo. Gracias a esos beneficios incrementaban su arsenal de armas blancas. Las redes era su plataforma y su altavoz. «Transmitían su identidad basada en la confrontación y la glorificación de la violencia», apunta Guzmán. Tras el líder estaban los denominados ‘coordinadores’, encargados de ejecutar las acciones decididas por el cabecilla y, por último, los soldados: a cargo de la violencia. Muchas veces, menores de edad. Por eso los Cuerpos policiales subrayan que es vital, en la detección de la captación, la policía de proximidad, tener referentes de seguridad ciudadana, pero también información temprana de educadores y asociaciones, sobre todo, para evitar que los jóvenes puedan ser captados por este tipo de bandas. Entre otros, a las puertas de los institutos. Las siete entradas y registros, cuatro en Barcelona, dos en Montcada, y una en Ripollet. se saldaron, además de con las 18 detenciones, con la incautación de una pistola, machetes de grandes dimensiones, esprais de defensa y diversos pasamontañas. Entre los arrestados hay una mujer. El inspector Merino ha precisado que investigaciones como estas no sólo ayudan a combatir el fenómeno delincuencial, sino que aportan información de inteligencia para entender las dinámicas de estos grupos y su evolución. El Cuerpo contaba con una unidad especializada en bandas latinas, tras el auge de los 2000, y los diversos incidentes -asesinatos incluidos-. Ahora los Mossos constatan que vuelve a ser un fenómeno «al alza», también por los flujos migratorios -entre otros, desde Estados Unidos-, y quieren estar preparados para combatirlo y desarrollar una «estrategia global».
La Policía ha desterrado el término bandas latinas para hablar de organizaciones juveniles violentas. El motivo, aducen, es que muchos de sus integrantes son nacidos en España, y tantos otros proceden del continente africano, de ahí que también recurran al término «grupo multicultural» por … su origen en diferentes países. Su ‘modus operandi’ sí es el mismo: exigir algún tipo de ‘sacrificio’ físico para entrar, inculcando ya de inicio la naturalización en el uso de la violencia. Lo que en ocasiones comienza como simple incivismo de un grupo de adolescentes, muta en apoderarse de espacios -entre otros, deportivos o parques- y agresiones. De ahí, a las armas blancas e incluso el tráfico de drogas para financiar su actividad. Este el caso de los pandilleros bautizados como ‘Los 300’ que operaban en Barcelona y su área metropolitana. Decenas de víctimas de sus agresiones, cuatro tentativas de homicidio, venta de cocaína rosa y marihuana y robos con violencia e intimidación. Para ejecutar sus acciones violentas y el trapicheo, recurrían a menores de edad, los denominados ‘soldados’ en su argot, sabiendo así que, si eran detenidos, eludirían la prisión.
Una operación de los Mossos d’Esquadra y la Guardia Urbana da por desmantelada esta banda juvenil, tras haber detenido a sus 18 integrantes. Seis de ellos, menores. A pesar de que el dispositivo se llevó a cabo el pasado 19 de mayo, no ha sido hasta este miércoles, cuando los detalles de la investigación se han dado a conocer en rueda de prensa. Precisamente, menos de una semana después de que un menor de 15 años fuese asesinado a tiros en un parque de Barcelona, La Pegaso, en lo que todo apunta a un crimen perpetrado por bandas latinas. Las pesquisas por este caso siguen bajo secreto, y hay ya un detenido que ha ingresado en prisión, pero la Policía sigue buscando a más implicados. Entre otros, uno de los espacios donde operaban ‘Los 300’ también era el parque de La Pegaso, pero, por el momento, desde el Cuerpo rechazan aclarar si la banda tiene relación con el citado suceso.
Esta banda, entre cuyos integrantes hay españoles, ecuatorianos, hondureños, peruanos o colombianos, fue incrementando su violencia con el paso del tiempo, ha detallado el inspector de los Mossos, José Ángel Merino, jefe de la División de Investigación Criminal (DIC) en Barcelona. Bien con grupos rivales -las denominadas ‘caídas’, también en su argot-, como facciones de Los Trinitarios o Barrio 18, o con terceros, que nada tenían que ver con el ámbito delincuencial. Sus tentáculos se habían expandido por Sant Martí, Sant Andreu y Nou Barris. Era su territorio y allí ejercían su control, recurriendo a la violencia y la intimidación.
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Sus acciones las publicitaban en redes sociales -habían hecho incluso algún videoclip- e incluso contaban con ropa con su simbología -‘Los 300’-. Redes que también empleaban como elemento de captación de nuevos integrantes. A la cabeza, un líder. que organizaba y dirigía las acciones violentas: peleas, las tentativas de homicidio a navajazos, los robos o el tráfico de marihuana o cocaína rosa, la denominada ‘tusi’; que combina ketamina y éxtasis, que cocinaban en su propia casa.
Las pesquisas permitieron certificar que, con el paso del tiempo, su actividad se volvía cada vez más violenta. De agresiones, a las tentativas de homicidio, por lo que resultó clave contar con material probatorio suficiente para poder desarticular la banda de pandilleros antes de tener que lamentar males mayores. De hecho, entre el material incautado en los registros había una pistola y munición. Según ha precisado Merino, no tienen constancia, al menos durante los meses que ha durado la investigación, que hiciesen uso del arma.
La base de esta banda, como ocurre con los pandilleros de origen latino, es la violencia estructural, de forma planificada y sistémica como herramienta del control y dominio del territorio, precisa el intendente Juan Guzmán, jefe de investigación de la Guardia Urbana de Barcelona. Con dos objetivos: reforzar su liderazgo y su estructura jerárquica, para enviar así un «mensaje contudente» a los grupos rivales.
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En el caso de ‘Los 300’, operaban siempre en grupo. Agresiones, para las que se cubrían el rostro para evitar ser identificados, y recurrían a armas blancas de grandes dimensiones: de machetes a katanas. De forma ocasional, aprovechaban además para robar a sus víctimas, bien el reloj o el móvil. Los 18 detenidos tienen entre 15 y 27 años. De los mayores de edad, siete ya han ingresado en prisión, tras pasar a disposición del juzgado de instrucción 19 de Barcelona. Dos de los menores también han ingresado en un centro en régimen cerrado.
El tráfico de drogas era «el motor de financiación» del grupo. Gracias a esos beneficios incrementaban su arsenal de armas blancas. Las redes era su plataforma y su altavoz. «Transmitían su identidad basada en la confrontación y la glorificación de la violencia», apunta Guzmán. Tras el líder estaban los denominados ‘coordinadores’, encargados de ejecutar las acciones decididas por el cabecilla y, por último, los soldados: a cargo de la violencia. Muchas veces, menores de edad.
Por eso los Cuerpos policiales subrayan que es vital, en la detección de la captación, la policía de proximidad, tener referentes de seguridad ciudadana, pero también información temprana de educadores y asociaciones, sobre todo, para evitar que los jóvenes puedan ser captados por este tipo de bandas. Entre otros, a las puertas de los institutos.
Las siete entradas y registros, cuatro en Barcelona, dos en Montcada, y una en Ripollet. se saldaron, además de con las 18 detenciones, con la incautación de una pistola, machetes de grandes dimensiones, esprais de defensa y diversos pasamontañas. Entre los arrestados hay una mujer.
El inspector Merino ha precisado que investigaciones como estas no sólo ayudan a combatir el fenómeno delincuencial, sino que aportan información de inteligencia para entender las dinámicas de estos grupos y su evolución. El Cuerpo contaba con una unidad especializada en bandas latinas, tras el auge de los 2000, y los diversos incidentes -asesinatos incluidos-. Ahora los Mossos constatan que vuelve a ser un fenómeno «al alza», también por los flujos migratorios -entre otros, desde Estados Unidos-, y quieren estar preparados para combatirlo y desarrollar una «estrategia global».
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