La bandera británica sigue en lo alto del edificio, pero la placa ya no está. Unos operarios retiraron este jueves el rótulo de “Consulado General Británico” de la sede de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este, que pasa a llamarse “Misión del Reino Unido en Jerusalén”. El cambio de nombre es el precio de un acuerdo de última hora.
Las sanciones británicas sobre los asentamientos y colonos en Cisjordania provocan la expulsión de diplomáticos
La bandera británica sigue en lo alto del edificio, pero la placa ya no está. Unos operarios retiraron este jueves el rótulo de “Consulado General Británico” de la sede de Sheikh Jarrah, en Jerusalén Este, que pasa a llamarse “Misión del Reino Unido en Jerusalén”. El cambio de nombre es el precio de un acuerdo de última hora.
Ese mismo día expiraba el plazo de 30 días que Israel había dado a Londres para cerrar una oficina abierta en 1839, más de un siglo antes de la creación del Estado judío.
El pacto, alcanzado la noche del miércoles, evita el cierre pero desmantela el consulado. Veinte diplomáticos, entre ellos el cónsul general, abandonan el país. Solo siete seguirán en el edificio, propiedad del Gobierno británico, y no podrán ejercer funciones consulares. La embajada en Tel Aviv, que gestiona las relaciones con Israel, no se ve afectada.
El ministro de Exteriores israelí, Gideon Saar, presentó la medida como una respuesta a “una serie creciente de medidas unilaterales contra Israel” del Gobierno laborista. “No es posible actuar contra Israel sin que Israel tome las medidas apropiadas. No queríamos llegar a este punto”, advirtió.
Su homólogo británico, Ed Miliband, replicó que Londres no reconoce a Israel el derecho legal de cerrar una sede situada en la parte de la ciudad que ocupó en 1967 y se anexionó sin reconocimiento internacional. La misión, aseguró, seguirá con “su trabajo con el pueblo palestino”. Aun así, se comprometió a no tomar represalias mientras duren las conversaciones. En los últimos días se especulaba con la expulsión de 27 diplomáticos israelíes de Londres.
El origen de la crisis está en Cisjordania. El mes pasado, Miliband anunció la ampliación de las sanciones contra los asentamientos, coordinada con otros diez países, entre ellos Francia y Canadá. Ya no se limitarán a los colonos violentos y podrán alcanzar a quienes construyan o financien las colonias.
Londres prohibirá también el comercio de productos de los asentamientos y ha restringido algunas exportaciones de armas. Saar calificó el paquete de “hostil” y respondió con el ultimátum al consulado. El Reino Unido tuvo que retirar a decenas de diplomáticos y militares, entre ellos doce destinados en el centro de coordinación internacional para Gaza en Kiryat Gat. Israel, por su parte, no ha tomado medidas por el momento contra París ni Ottawa. La relación entre dos socios estrechos en economía, seguridad e inteligencia toca fondo tras tres años de críticas británicas por la guerra de Gaza y la violencia de los colonos.
La amenaza ya inquieta a la banca israelí. Según el diario israelí Haaretz, la Asociación de Bancos de Israel teme que las sanciones británicas alcancen a las entidades que financien la construcción en E1, el corredor entre Jerusalén Este y el asentamiento de Maale Adumim que partiría Cisjordania en dos. El Gobierno ha convocado tres concursos de construcción de viviendas en la zona. El plazo del primero cierra el 19 de octubre, una semana antes de las elecciones, y el segundo se abrirá el 25, mientras los bancos aún no han aclarado si darán avales a las constructoras.
El hasta ahora consulado se encuentra en un lugar especialmente sensible, Sheikh Jarrah, un barrio árabe donde Israel planea ampliar los asentamientos y que alberga la mayoría de los consulados que atienden a los palestinos, entre ellos el de España. La sede británica gestionaba las relaciones con los palestinos de Jerusalén, Cisjordania y Gaza. “Nuestro edificio sigue abierto y nuestro personal continúa con una labor importante”, insistió el ministro británico para Oriente Medio, Stephen Doughty.
La tensión diplomática también ha afectado a las relaciones con otros países europeos. En mayo del 2024, tras el reconocimiento del Estado palestino, el entonces ministro de Exteriores israelí, Israel Katz, prohibió al consulado español en Jerusalén atender a los palestinos de Cisjordania. Israel retiró a su embajadora en Madrid y, por el momento, no ha nombrado sustituto.
En septiembre del 2025, después de que Israel vetara la entrada a las ministras Yolanda Díaz y Sira Rego, Madrid llamó a consultas a su embajadora, Ana María Salomón, y en marzo la cesó. Ambos países se representan hoy mediante encargados de negocios. La bandera británica, por ahora, sigue en su sitio.
El gobierno de Andy Burnham ha ido más lejos que los europeos, que han sido incapaces de consensuar una postura ante las acciones que cometen los colonos en Cisjordania. Pese a las declaraciones de Francia y Alemania, Bruselas se muestra impotente a la hora de desarrollar una política común.
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