Lo que no ha conseguido la corrupción, lo ha logrado la Inteligencia Artificial (IA). El PNV ha alzado la voz contra el Gobierno ante la «indecencia» que supuso un tuit en el que los socialistas lanzaban simuladamente a su líder Aitor Esteban a la piscina por su optimismo en la negociación estatutaria. La altisonancia con acento euskera —por las malas relaciones en el País Vasco entre la dirección del PSE-EE y los nacionalistas— venía acompasada, además, con dos movimientos en el Congreso: el desmarque en la votación del decreto sobre la prórroga de los alquileres y un aviso en el control a Pedro Sánchez, aludiendo a una «aritmética parlamentaria que le es adversa» y dejando en el aire que el PNV vaya a «acompañarle» hasta el final de la legislatura. Los jeltzales son el canario en la mina de la política nacional . Quienes mejor detectan los elevados niveles de grisú en el ambiente. Esa mezcla de gases incolora e inodora, altamente inflamable y letal, que en contacto con el aire deviene en atmósferas explosivas. Sánchez ha construido su segundo mandato sobre una falacia. El «somos más» que blandió desde una improvisada plataforma a las puertas de Ferraz la noche electoral del 23 de julio, cuando todas las encuestas ya le habían desalojado del poder, se cimentó bajo unos pilares de barro: los de la mayoría progresista. En el Congreso hay una mayoría que le invistió presidente, pero es una mayoría en negativo, una mayoría de oposición a Vox; no en favor de un proyecto de izquierdas. Una mayoría que se puede volver en contra del propio Gobierno. El punto ciego son dos partidos conservadores e integrados en esa aritmética: Junts —que ha procurado hacerse visible en lo que va de legislatura—, pero también el PNV, que lleva meses clamando sobre los síntomas de desgaste que arrastra un gobierno que se afana por proyectar viabilidad ejecutiva para acabar el mandato. La flaqueza parlamentaria del Gobierno es evidente y se certifica en cada derrota que le inflige la mayoría adversa del Congreso. En votaciones rutinarias, pero también en grandes proyectos como la reducción de la jornada laboral o la prórroga de los alquileres. El síntoma que mejor define esta frustración es la incapacidad para presentar —no ya aprobar— unas cuentas públicas. El Gobierno ha vuelto a darse una nueva prórroga, esta vez, al compromiso de diseñar el proyecto presupuestario, que condicionan a la volatilidad del escenario bélico en Oriente Medio. Sin embargo, mientras la aritmética de Sánchez se diluye va tomando cuerpo una mayoría alternativa. Una alternativa que no tiene entidad suficiente para sacarle de La Moncloa, pero sí para imponerle su agenda.Noticia relacionada general No No Moncloa reduce el enfrentamiento con el PNV a una pelea entre socios vascos Ainhoa MartínezEn paralelo a las derrotas registradas por el Ejecutivo se van produciendo movimientos de baja intensidad. Mientras el Gobierno se topa con un muro para prorrogar el tope de los alquileres o revitalizar un escudo social ante la emergencia habitacional, la ley de vivienda y suelo planteada por el PP logra —gracias al apoyo de Vox y Junts y la abstención del PNV— iniciar su tramitación parlamentaria en el Congreso. La propuesta, entre otras medidas, incluye acortar los tiempos de suspensión de los desahucios por vulnerabilidad, de dos a un mes para demandantes físicos y de cuatro a tres meses para jurídicos. Además, el pasado jueves, también se dio luz verde a dos iniciativas de los populares que suponen una enmienda a la línea estratégica del Gobierno, instándole a presentar «de manera inmediata» el proyecto de Presupuestos Generales del Estado de 2026 y a revertir la subida «silenciosa» de impuestos derivada de la inflación. La exigencia de presentar las nuevas cuentas públicas contó con el voto afirmativo del PNV y la abstención de Junts.Hernando, entre bambalinasEl conflicto con el PNV también ha destapado uno de los relevos que estaba pendiente en el PSOE, tras la salida de Santos Cerdán. En la necesidad de escalar la crisis, los nacionalistas vascos revelaron que daban por suspendida una reunión «con Moncloa». La declaración generó cierto estupor en el Gobierno, porque no estaba agendada ninguna cita con Aitor Esteban en el complejo presidencial y vieron en esta apreciación cierta «sobreactuación». La realidad del encuentro era que el presidente de Euskadi Buru Batzar iba a reunirse con Antonio Hernando . La «confusión» se produjo porque el secretario de Estado de Telecomunicaciones es el emisario que el partido ha enviado para la interlocución con los nacionalistas vascos, una labora que —hasta el pasado mes de junio— ostentaba el que fuera secretario de Organización. En la cita en Sabin Etxea también estaba prevista la presencia de Eneko Andueza, secretario general del PSE-EE, porque el asunto a abordar era el Estatuto. Lo que no ha conseguido la corrupción, lo ha logrado la Inteligencia Artificial (IA). El PNV ha alzado la voz contra el Gobierno ante la «indecencia» que supuso un tuit en el que los socialistas lanzaban simuladamente a su líder Aitor Esteban a la piscina por su optimismo en la negociación estatutaria. La altisonancia con acento euskera —por las malas relaciones en el País Vasco entre la dirección del PSE-EE y los nacionalistas— venía acompasada, además, con dos movimientos en el Congreso: el desmarque en la votación del decreto sobre la prórroga de los alquileres y un aviso en el control a Pedro Sánchez, aludiendo a una «aritmética parlamentaria que le es adversa» y dejando en el aire que el PNV vaya a «acompañarle» hasta el final de la legislatura. Los jeltzales son el canario en la mina de la política nacional . Quienes mejor detectan los elevados niveles de grisú en el ambiente. Esa mezcla de gases incolora e inodora, altamente inflamable y letal, que en contacto con el aire deviene en atmósferas explosivas. Sánchez ha construido su segundo mandato sobre una falacia. El «somos más» que blandió desde una improvisada plataforma a las puertas de Ferraz la noche electoral del 23 de julio, cuando todas las encuestas ya le habían desalojado del poder, se cimentó bajo unos pilares de barro: los de la mayoría progresista. En el Congreso hay una mayoría que le invistió presidente, pero es una mayoría en negativo, una mayoría de oposición a Vox; no en favor de un proyecto de izquierdas. Una mayoría que se puede volver en contra del propio Gobierno. El punto ciego son dos partidos conservadores e integrados en esa aritmética: Junts —que ha procurado hacerse visible en lo que va de legislatura—, pero también el PNV, que lleva meses clamando sobre los síntomas de desgaste que arrastra un gobierno que se afana por proyectar viabilidad ejecutiva para acabar el mandato. La flaqueza parlamentaria del Gobierno es evidente y se certifica en cada derrota que le inflige la mayoría adversa del Congreso. En votaciones rutinarias, pero también en grandes proyectos como la reducción de la jornada laboral o la prórroga de los alquileres. El síntoma que mejor define esta frustración es la incapacidad para presentar —no ya aprobar— unas cuentas públicas. El Gobierno ha vuelto a darse una nueva prórroga, esta vez, al compromiso de diseñar el proyecto presupuestario, que condicionan a la volatilidad del escenario bélico en Oriente Medio. Sin embargo, mientras la aritmética de Sánchez se diluye va tomando cuerpo una mayoría alternativa. Una alternativa que no tiene entidad suficiente para sacarle de La Moncloa, pero sí para imponerle su agenda.Noticia relacionada general No No Moncloa reduce el enfrentamiento con el PNV a una pelea entre socios vascos Ainhoa MartínezEn paralelo a las derrotas registradas por el Ejecutivo se van produciendo movimientos de baja intensidad. Mientras el Gobierno se topa con un muro para prorrogar el tope de los alquileres o revitalizar un escudo social ante la emergencia habitacional, la ley de vivienda y suelo planteada por el PP logra —gracias al apoyo de Vox y Junts y la abstención del PNV— iniciar su tramitación parlamentaria en el Congreso. La propuesta, entre otras medidas, incluye acortar los tiempos de suspensión de los desahucios por vulnerabilidad, de dos a un mes para demandantes físicos y de cuatro a tres meses para jurídicos. Además, el pasado jueves, también se dio luz verde a dos iniciativas de los populares que suponen una enmienda a la línea estratégica del Gobierno, instándole a presentar «de manera inmediata» el proyecto de Presupuestos Generales del Estado de 2026 y a revertir la subida «silenciosa» de impuestos derivada de la inflación. La exigencia de presentar las nuevas cuentas públicas contó con el voto afirmativo del PNV y la abstención de Junts.Hernando, entre bambalinasEl conflicto con el PNV también ha destapado uno de los relevos que estaba pendiente en el PSOE, tras la salida de Santos Cerdán. En la necesidad de escalar la crisis, los nacionalistas vascos revelaron que daban por suspendida una reunión «con Moncloa». La declaración generó cierto estupor en el Gobierno, porque no estaba agendada ninguna cita con Aitor Esteban en el complejo presidencial y vieron en esta apreciación cierta «sobreactuación». La realidad del encuentro era que el presidente de Euskadi Buru Batzar iba a reunirse con Antonio Hernando . La «confusión» se produjo porque el secretario de Estado de Telecomunicaciones es el emisario que el partido ha enviado para la interlocución con los nacionalistas vascos, una labora que —hasta el pasado mes de junio— ostentaba el que fuera secretario de Organización. En la cita en Sabin Etxea también estaba prevista la presencia de Eneko Andueza, secretario general del PSE-EE, porque el asunto a abordar era el Estatuto.
Lo que no ha conseguido la corrupción, lo ha logrado la Inteligencia Artificial (IA). El PNV ha alzado la voz contra el Gobierno ante la «indecencia» que supuso un tuit en el que los socialistas lanzaban simuladamente a su líder Aitor Esteban a la piscina … por su optimismo en la negociación estatutaria. La altisonancia con acento euskera —por las malas relaciones en el País Vasco entre la dirección del PSE-EE y los nacionalistas— venía acompasada, además, con dos movimientos en el Congreso: el desmarque en la votación del decreto sobre la prórroga de los alquileres y un aviso en el control a Pedro Sánchez, aludiendo a una «aritmética parlamentaria que le es adversa» y dejando en el aire que el PNV vaya a «acompañarle» hasta el final de la legislatura. Los jeltzales son el canario en la mina de la política nacional. Quienes mejor detectan los elevados niveles de grisú en el ambiente. Esa mezcla de gases incolora e inodora, altamente inflamable y letal, que en contacto con el aire deviene en atmósferas explosivas.
Sánchez ha construido su segundo mandato sobre una falacia. El «somos más» que blandió desde una improvisada plataforma a las puertas de Ferraz la noche electoral del 23 de julio, cuando todas las encuestas ya le habían desalojado del poder, se cimentó bajo unos pilares de barro: los de la mayoría progresista. En el Congreso hay una mayoría que le invistió presidente, pero es una mayoría en negativo, una mayoría de oposición a Vox; no en favor de un proyecto de izquierdas. Una mayoría que se puede volver en contra del propio Gobierno. El punto ciego son dos partidos conservadores e integrados en esa aritmética: Junts —que ha procurado hacerse visible en lo que va de legislatura—, pero también el PNV, que lleva meses clamando sobre los síntomas de desgaste que arrastra un gobierno que se afana por proyectar viabilidad ejecutiva para acabar el mandato.
La flaqueza parlamentaria del Gobierno es evidente y se certifica en cada derrota que le inflige la mayoría adversa del Congreso. En votaciones rutinarias, pero también en grandes proyectos como la reducción de la jornada laboral o la prórroga de los alquileres. El síntoma que mejor define esta frustración es la incapacidad para presentar —no ya aprobar— unas cuentas públicas. El Gobierno ha vuelto a darse una nueva prórroga, esta vez, al compromiso de diseñar el proyecto presupuestario, que condicionan a la volatilidad del escenario bélico en Oriente Medio. Sin embargo, mientras la aritmética de Sánchez se diluye va tomando cuerpo una mayoría alternativa. Una alternativa que no tiene entidad suficiente para sacarle de La Moncloa, pero sí para imponerle su agenda.
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En paralelo a las derrotas registradas por el Ejecutivo se van produciendo movimientos de baja intensidad. Mientras el Gobierno se topa con un muro para prorrogar el tope de los alquileres o revitalizar un escudo social ante la emergencia habitacional, la ley de vivienda y suelo planteada por el PP logra —gracias al apoyo de Vox y Junts y la abstención del PNV— iniciar su tramitación parlamentaria en el Congreso. La propuesta, entre otras medidas, incluye acortar los tiempos de suspensión de los desahucios por vulnerabilidad, de dos a un mes para demandantes físicos y de cuatro a tres meses para jurídicos. Además, el pasado jueves, también se dio luz verde a dos iniciativas de los populares que suponen una enmienda a la línea estratégica del Gobierno, instándole a presentar «de manera inmediata» el proyecto de Presupuestos Generales del Estado de 2026 y a revertir la subida «silenciosa» de impuestos derivada de la inflación. La exigencia de presentar las nuevas cuentas públicas contó con el voto afirmativo del PNV y la abstención de Junts.
Hernando, entre bambalinas
El conflicto con el PNV también ha destapado uno de los relevos que estaba pendiente en el PSOE, tras la salida de Santos Cerdán. En la necesidad de escalar la crisis, los nacionalistas vascos revelaron que daban por suspendida una reunión «con Moncloa». La declaración generó cierto estupor en el Gobierno, porque no estaba agendada ninguna cita con Aitor Esteban en el complejo presidencial y vieron en esta apreciación cierta «sobreactuación». La realidad del encuentro era que el presidente de Euskadi Buru Batzar iba a reunirse con Antonio Hernando. La «confusión» se produjo porque el secretario de Estado de Telecomunicaciones es el emisario que el partido ha enviado para la interlocución con los nacionalistas vascos, una labora que —hasta el pasado mes de junio— ostentaba el que fuera secretario de Organización. En la cita en Sabin Etxea también estaba prevista la presencia de Eneko Andueza, secretario general del PSE-EE, porque el asunto a abordar era el Estatuto.
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