El padre Fran, el párroco de Vélez-Málaga acusado de abusos sexuales, se ha sentado este lunes en el banquillo de los acusados. Protegida por una mampara y con un hilo de voz tembloroso y roto por el trauma, la que fuera su pareja y descubriera sus violaciones, narró cómo encontró los vídeos , cómo los catalogaba y cómo nadie le hizo caso cuando pidió ayuda. En la Navidad de 2022, el sacerdote viajó a Málaga a ver si familia, y ella se quedó en la casa parroquial de Melilla donde hacían vida de pareja, buscó un disco duro para ver una película y halló un infierno de violaciones. Rota por los recuerdos la testigo narró como cuando enchufó el disco duro a la televisión para ver una película la imagen que halló la sobrepasó. «En ese momento directamente salió una foto de una chica a la que yo conozco, porque estuvimos de viaje juntas. En esa foto está drogada, dormida, sentada en el coche con el cinturón puesto y le introducía los dedos en sus partes», ha asegurado la denunciantes, que dijo que identificó la mano del párroco porque conoce «cada lunar de su cuerpo». «No me puedo olvidar de esa imagen», aseguró la joven, antes de decir que vio otra carpeta con otro nombre que conocía. «Intenté echar para atrás y había vídeos. Me asusté y me fui a mi casa. Al día siguiente volví, porque quería verlo. Puse el disco en la tele y salieron más carpetas», ha añadido la mujer, que dice que encontró fotos de una conocida dormida. «Su estado no era normal», ha recordado, mientras explicaba lo que se vía en las imágenes y cómo lo reconoció al ver «una mancha» que tiene en el pene, después de haberle mandado en fotos en una conversación «subida de tono». Esa misma noche, la denunciante se llevó el disco duro para hacer una copia de seguridad. Al enchufarlo al ordenador vio que «estaban todas las carpetas clasificadas por nombres de las chicas», ha explicado esta testigo. La mujer sitúa los hechos en la casa de Vélez-Málaga y otra en la casa parroquial de Ardales. «Los hacía cuando quedaba con ellas de viaje o se iba de boda. No podía creer lo que estaba viendo. Estaban privadas de sentido», ha añadido esta mujer, que recuerda sobre todo uno de los casos, al que dice que «la destrozaba». « Estaba completamente muerta . Esa imagen no me la puedo quitar de la cabeza; tengo pesadillas con estas cosas», ha apuntado sobre el contenido de las cinco carpetas inidentificadas con los nombres de las víctimas. Intento de suicidioLa denunciante muestra su desamparo, achaca a la denuncia de este caso que se le negara el sacramento de la confirmación y dice que el Obispado miró hacia otro lado. En su declaración como testigo ha señalado que intentó reunirse hasta en cinco ocasiones con el Vicario de Melilla hasta que consiguió que los atendiera, pero que no denunció. «Quería solucionarlo por la Iglesia», ha aseverado, mientras relataba que mandó dos cartas al obispo de Málaga e intentó que la recibiera sin éxito para denunciar un caso por el piden al párroco 73 años de prisión y en el que se ha rechazado un acuerdo de conformidad. La testigo cuenta como cuando volvió el párroco a Melilla lo encaró y cómo se convirtió en un calvario. Ahí relata como el cura se autolesionaba cuando se ponía nervioso o pelaba con ella, además cómo intentó «chantajearla». La acusada asegura que el sacerdote tomaba drogas, aunque las evidencias solo son conversaciones de WhatsApp con la palabra «mercancía». Finalmente, tras un intento de suicidio se decidió a denunciar ante la Policía Nacional. Primero con una amigo que intentó llevarse los archivos en una memoria, pero no había capacidad. A los pocos días regresó y se llevó el ordenador con la copia de seguridad del disco duro original. El padre Fran, el párroco de Vélez-Málaga acusado de abusos sexuales, se ha sentado este lunes en el banquillo de los acusados. Protegida por una mampara y con un hilo de voz tembloroso y roto por el trauma, la que fuera su pareja y descubriera sus violaciones, narró cómo encontró los vídeos , cómo los catalogaba y cómo nadie le hizo caso cuando pidió ayuda. En la Navidad de 2022, el sacerdote viajó a Málaga a ver si familia, y ella se quedó en la casa parroquial de Melilla donde hacían vida de pareja, buscó un disco duro para ver una película y halló un infierno de violaciones. Rota por los recuerdos la testigo narró como cuando enchufó el disco duro a la televisión para ver una película la imagen que halló la sobrepasó. «En ese momento directamente salió una foto de una chica a la que yo conozco, porque estuvimos de viaje juntas. En esa foto está drogada, dormida, sentada en el coche con el cinturón puesto y le introducía los dedos en sus partes», ha asegurado la denunciantes, que dijo que identificó la mano del párroco porque conoce «cada lunar de su cuerpo». «No me puedo olvidar de esa imagen», aseguró la joven, antes de decir que vio otra carpeta con otro nombre que conocía. «Intenté echar para atrás y había vídeos. Me asusté y me fui a mi casa. Al día siguiente volví, porque quería verlo. Puse el disco en la tele y salieron más carpetas», ha añadido la mujer, que dice que encontró fotos de una conocida dormida. «Su estado no era normal», ha recordado, mientras explicaba lo que se vía en las imágenes y cómo lo reconoció al ver «una mancha» que tiene en el pene, después de haberle mandado en fotos en una conversación «subida de tono». Esa misma noche, la denunciante se llevó el disco duro para hacer una copia de seguridad. Al enchufarlo al ordenador vio que «estaban todas las carpetas clasificadas por nombres de las chicas», ha explicado esta testigo. La mujer sitúa los hechos en la casa de Vélez-Málaga y otra en la casa parroquial de Ardales. «Los hacía cuando quedaba con ellas de viaje o se iba de boda. No podía creer lo que estaba viendo. Estaban privadas de sentido», ha añadido esta mujer, que recuerda sobre todo uno de los casos, al que dice que «la destrozaba». « Estaba completamente muerta . Esa imagen no me la puedo quitar de la cabeza; tengo pesadillas con estas cosas», ha apuntado sobre el contenido de las cinco carpetas inidentificadas con los nombres de las víctimas. Intento de suicidioLa denunciante muestra su desamparo, achaca a la denuncia de este caso que se le negara el sacramento de la confirmación y dice que el Obispado miró hacia otro lado. En su declaración como testigo ha señalado que intentó reunirse hasta en cinco ocasiones con el Vicario de Melilla hasta que consiguió que los atendiera, pero que no denunció. «Quería solucionarlo por la Iglesia», ha aseverado, mientras relataba que mandó dos cartas al obispo de Málaga e intentó que la recibiera sin éxito para denunciar un caso por el piden al párroco 73 años de prisión y en el que se ha rechazado un acuerdo de conformidad. La testigo cuenta como cuando volvió el párroco a Melilla lo encaró y cómo se convirtió en un calvario. Ahí relata como el cura se autolesionaba cuando se ponía nervioso o pelaba con ella, además cómo intentó «chantajearla». La acusada asegura que el sacerdote tomaba drogas, aunque las evidencias solo son conversaciones de WhatsApp con la palabra «mercancía». Finalmente, tras un intento de suicidio se decidió a denunciar ante la Policía Nacional. Primero con una amigo que intentó llevarse los archivos en una memoria, pero no había capacidad. A los pocos días regresó y se llevó el ordenador con la copia de seguridad del disco duro original.
El padre Fran, el párroco de Vélez-Málaga acusado de abusos sexuales, se ha sentado este lunes en el banquillo de los acusados. Protegida por una mampara y con un hilo de voz tembloroso y roto por el trauma, la que fuera su pareja y … descubriera sus violaciones, narró cómo encontró los vídeos, cómo los catalogaba y cómo nadie le hizo caso cuando pidió ayuda. En la Navidad de 2022, el sacerdote viajó a Málaga a ver si familia, y ella se quedó en la casa parroquial de Melilla donde hacían vida de pareja, buscó un disco duro para ver una película y halló un infierno de violaciones.
Rota por los recuerdos la testigo narró como cuando enchufó el disco duro a la televisión para ver una película la imagen que halló la sobrepasó. «En ese momento directamente salió una foto de una chica a la que yo conozco, porque estuvimos de viaje juntas. En esa foto está drogada, dormida, sentada en el coche con el cinturón puesto y le introducía los dedos en sus partes», ha asegurado la denunciantes, que dijo que identificó la mano del párroco porque conoce «cada lunar de su cuerpo».
«No me puedo olvidar de esa imagen», aseguró la joven, antes de decir que vio otra carpeta con otro nombre que conocía. «Intenté echar para atrás y había vídeos. Me asusté y me fui a mi casa. Al día siguiente volví, porque quería verlo. Puse el disco en la tele y salieron más carpetas», ha añadido la mujer, que dice que encontró fotos de una conocida dormida. «Su estado no era normal», ha recordado, mientras explicaba lo que se vía en las imágenes y cómo lo reconoció al ver «una mancha» que tiene en el pene, después de haberle mandado en fotos en una conversación «subida de tono».
Esa misma noche, la denunciante se llevó el disco duro para hacer una copia de seguridad. Al enchufarlo al ordenador vio que «estaban todas las carpetas clasificadas por nombres de las chicas», ha explicado esta testigo.
La mujer sitúa los hechos en la casa de Vélez-Málaga y otra en la casa parroquial de Ardales. «Los hacía cuando quedaba con ellas de viaje o se iba de boda. No podía creer lo que estaba viendo. Estaban privadas de sentido», ha añadido esta mujer, que recuerda sobre todo uno de los casos, al que dice que «la destrozaba». «Estaba completamente muerta. Esa imagen no me la puedo quitar de la cabeza; tengo pesadillas con estas cosas», ha apuntado sobre el contenido de las cinco carpetas inidentificadas con los nombres de las víctimas.
Intento de suicidio
La denunciante muestra su desamparo, achaca a la denuncia de este caso que se le negara el sacramento de la confirmación y dice que el Obispado miró hacia otro lado. En su declaración como testigo ha señalado que intentó reunirse hasta en cinco ocasiones con el Vicario de Melilla hasta que consiguió que los atendiera, pero que no denunció.
«Quería solucionarlo por la Iglesia», ha aseverado, mientras relataba que mandó dos cartas al obispo de Málaga e intentó que la recibiera sin éxito para denunciar un caso por el piden al párroco 73 años de prisión y en el que se ha rechazado un acuerdo de conformidad.
La testigo cuenta como cuando volvió el párroco a Melilla lo encaró y cómo se convirtió en un calvario. Ahí relata como el cura se autolesionaba cuando se ponía nervioso o pelaba con ella, además cómo intentó «chantajearla». La acusada asegura que el sacerdote tomaba drogas, aunque las evidencias solo son conversaciones de WhatsApp con la palabra «mercancía».
Finalmente, tras un intento de suicidio se decidió a denunciar ante la Policía Nacional. Primero con una amigo que intentó llevarse los archivos en una memoria, pero no había capacidad. A los pocos días regresó y se llevó el ordenador con la copia de seguridad del disco duro original.
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