Lamentable fue la primera parte del Barcelona, donde mostró todo aquello que es penalizado en el fútbol moderno. Fue como ver a un equipo evolucionar en el 2026 como uno de 1980. Y eso, evidentemente, se penaliza con una paliza. De ahí los cuatro goles que recibieron los visitantes, y que pudieron ser más con los dos mano a mano que perdonaron Griezmann y Julián Álvarez.
Lamentable fue la primera parte del Barcelona, donde mostró todo aquello que es penalizado en el fútbol moderno. Fue como ver a un equipo evolucionar en el 2026 como uno de 1980. Y eso, evidentemente, se penaliza con una paliza. De ahí los cuatro goles que recibieron los visitantes, y que pudieron ser más con los dos mano a mano que perdonaron Griezmann y Julián Álvarez.Seguir leyendo…
Lamentable fue la primera parte del Barcelona, donde mostró todo aquello que es penalizado en el fútbol moderno. Fue como ver a un equipo evolucionar en el 2026 como uno de 1980. Y eso, evidentemente, se penaliza con una paliza. De ahí los cuatro goles que recibieron los visitantes, y que pudieron ser más con los dos mano a mano que perdonaron Griezmann y Julián Álvarez.
Si ofensivamente hoy en día es clave ser capaz de tomar decisiones a una gran velocidad que sorprendan a tu rival, a nivel defensivo hay que estar preparado mentalmente para lo que sucederá dos pases antes en el manejo del rival. El comportamiento de los locales fue totalmente antagónico al de los jugadores del Barcelona. Exquisitos los madrileños, nefastos los blaugrana; y esa diferencia se reflejó en el marcador. Todos los balones divididos fueron para los de Simeone, y ese dato estadístico tiene muchísima más importancia que, por ejemplo, la posesión del balón. Porque ganar el balón dividido tiene la recompensa de superar una línea rival, y el poseedor entonces tiene tiempo para elevar la cabeza y hacer una asistencia más que decente. Y esa fue la fosa que se cavó el equipo de Flick. Es la gran asignatura pendiente desde hace tiempo. Y de ahí el recital de un hombre como Griezmann, muy capaz en el primer control orientado para buscar perfilarse para asistir.
Las ausencias de Pedri y de Raphinha, incluso a día de hoy la de Rashford, pesan mucho en el Barcelona
No se puede jugar a la espera de lo que suceda, hay que intuir lo que va a suceder. La velocidad a día de hoy es un tema mucho más mental que físico. Si esperas responder con tu físico, siempre llegas tarde. Por eso un jugador como Koke, que físicamente ya es muy débil, superó a todos los centrocampistas rivales.
El FC Barcelona fue de nuevo incapaz de controlar el partido cuando no lleva la iniciativa. Y eso es un argumento para dudar de sus posibilidades en la Champions League, porque evidentemente los partidos que pueden llegar ya son con rivales que durante 20 o 30 minutos van a llevar esa iniciativa, y a los blaugrana no se les ve capaces de enfrentarse a esa realidad. Hay demasiada distancia entre líneas, y el centro del campo está desaparecido. Y eso se agrava con la incapacidad de manejar el esférico para bajar el ritmo del partido. Demasiadas ventajas para un Atlético de Madrid que lo bordó con su intensidad característica y con los jugadores creativos a su máximo nivel.
Es cierto que las ausencias de Pedri y de Raphinha, incluso a día de hoy Rashford, pesan mucho en el Barcelona. El brasileño porque es el claro ejemplo de la intensidad y la intuición, y el canario porque es el mejor centrocampista del mundo.
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