Arrancó MasterChef 14 y no defraudó. Las personalidades de los 16 elegidos para esta edición no es que vayan a chocar es que va a ser como un Chernobyl dentro de una cocina. A Dios gracias que la llegada de Decilious Martha es como un bálsamo en medio del caos Leer Arrancó MasterChef 14 y no defraudó. Las personalidades de los 16 elegidos para esta edición no es que vayan a chocar es que va a ser como un Chernobyl dentro de una cocina. A Dios gracias que la llegada de Decilious Martha es como un bálsamo en medio del caos Leer
Arrancó MasterChef 14 a las diez y media de la noche, como un reloj suizo -gracias, gracias y mil veces gracias-; arrancó con un emotivo recuerdo a Esther González, la directora de casting culpable de tantos buenos ratos en el talent; arrancó con una pequeña mención de Pepe Rodríguez a Samantha Vallejo-Nágera -«seguirá dando guerra»-; arrancó con el aterrizaje de Delicious Martha -llegó y cocinó-; y arrancó con una guerra sin cuartel -como no podía ser de otra manera- con la primera prueba de exteriores.
16 han sido los elegidos para formar parte de la familia MasterChef. 16 personalidades, cada una de su padre y de su madre. Los hay tranquilos, pocos, la verdad; los hay con ímpetu que podría hacerles cocinar en todos los talents culinarios de la televisión. Los hay despitados, caóticos, que no saben por dónde les sopla el aire, organizados, concentrados, egocéntricos, vehementes, chulitos, hasta «macarras» -y no lo digo yo, que se lo dicen entre ellos-. Pero todos tienen algo en común, la cocina, y ese plato que les devuelve a la infancia y a esas ganas por intentar vivir de lo que para ellos es su sueño.
Ignacio, Chambo, Nacho Pistacho (poco le ha durado la aventura, pues fue el primer expulsado de MasterChef 14), Paloma, Soko, Gema, Omar, Germán, Camilla,Pepe, Javier, Annie, Carlota, Vicente, Imma y Maggie, son los 16 aspirantes elegidos entre miles de candidatos. Pero, como suele pasar en los primeros programas del talent culinario, será con el paso de los programa cuando el público empiece a conocerles, a adorarles o a aborracerles (o igual esta vez no necesitan muchos programas más).
Y aunque lo habitual en MasterChef es que los protagonistas del programa sean ellos, anoche la protagonista, la que tenía todas las miradas sobre ella fue Marta Sanahuja, Delicious Martha. Y, oye, pocos peros se le pueden poner. Sin haber hecho nunca televisión, más que un par de apariciones en la televisión catalana; siendo autodictada; cocinera en redes sociales; sin haber participado en su vida en un talent culinario ni como concursante, ni como nada de nada, Delicious Martha demostró anoche que si se quiere se puede. Y ella quiere.
La idea de Shine Iberia, productora del programa, con el fichaje de Marta Sanahuja y la marcha de Samantha Vallejo-Nágera no era entra que dar un soplo de aire fresco al programa, adaptarlo a las nuevas empresas culinarias, a los nuevos formatos y apostar por un rostro, conocido en redes sociales, aunque fuera de ellas no lo fuese tanto. Marta Sanahuja, de momento, no ha decepcionado. No ha venido a ocupar el hueco de nadie, sino a dar su impronta y su personalidad a MasterChef, y eso es lo que hizo anoche. Tranquila, exigente, clara, sincera, emotiva, asumiendo la responsabilidad de concucir determinadas partes del programa sin que se le notase que por dentro debía ser un auténtico flan. dijo Pepe Rodríguez que iba a ser una edición de MasterChef en la que iban a cambiar muchas cosas, y ya se empezó a ver anoche.
Delicious Martha habló cuando le tocaba hablar, lloró cuando le vino en gana, se emocionó cuando quiso, dijo las cosas claras cuando tocaba, no alzó la voz, no gritó, no perdió los nervios, se integró hasta el punto de que ahora en las pruebas de exteriores no apuestan solo Pepe Rodríguez y Jordi Cruz sino ella también, fue a las cocinas y ni una voz más alta que otra, ni un exabrupto, ni un momento de perder calma, ni siquiera cuando le lanzaron salsa al pelo…
Marcó, ordenó, aconsejó, advirtió. Es decir, hizo lo que le corresponde hacer a un juez de MasterChef -sin desmerecer nunca lo que durante 13 ediciones hizo Samantha Vallejo-Nágera-, pero dándole una personalidad, la suya, que encaja como anillo al dedo con el talent, pero también con los nuevos aires de la cocina.
Fue consciente en todo momento de la responsabilidad que es formar parte de MasterChef y se entregó a este primer programa sin excesos, sin películas, sin querer destacar por encima de nadie. Nada más y nada menos que encajando dentro de un puzzle que lleva muchos años montando. ¿Perfecta? Nadie lo es. ¿Perfecta para MasterChef? Pues igual sí.
De hecho, no fue un primer programa fácil. Que los enfrentamientos entre aspirantes están a la orden del día en todas las ediciones de MasterChef es parte de los ingredientes de este cóctel. Serían como la pimienta, el cardamomo, el jengibre o la hierbabuena. Lo que sí es nuevo es que la guerra sin cuartel arranque tan, tan, tan pronto y tan, tan, tan rápido. Vamos, que casi no dio tiempo ni a preparar las trincheras.
Las primeras pruebas de exteriores siempre son un caos, porque los aspirantes nunca han trabajado juntos, porque no se conocen, porque no les ha dado tiempo a convivir, porque cada uno va un poco a su rollo, porque las personalidades más fuertes siempre se imponen a las que les cuesta más. Me viene a la memoria aquella primera prueba de exteriores en Segovia a los pies del acueducto que supuso la primera prueba de exteriores en la que los cocinados no salieron adelante. Anoche, salieron, pero fue un milagro.
Como no se conocen fueron, precisamente, los jueces los que eligieron a los capitanes, Camilla e Ignacio, y los que repartieron los equipos. Se desplazaron a la comarca de Monterrei, en Ourense, con un homenaje a los efectivos de los distintos cuerpos de bomberos que combatieron los incendios forestales del pasado verano.Los aspirantes tenían preparar a unas 120 personas un menú confeccionado por los chefs Lydia del Olmo y Xosé Magalhaes, con una estrella Michelin.
En el equipo azul, liderado por Ignacio, Chambo, Nacho Pistacho, Paloma, Soko, Gema, Omar y Germán. Y en el rojo, encabezado por Camilla, Pepe, Javier, Annie, Carlota, Vicente, Imma y Maggie. Caóticos los dos. Ignacio no sabía qué hacer ni cómo hacerlo y se entregó a la vehemencia, y aunque diga ella que no, a la chulería de Gema. Fue un duelo con un claro perderdor desde el principio.
Cierto que a Ignacio el cocinado le sobrepasó, pero Gema no ayudó a remontar sino más bien a todo lo contrario. Su segundo plato, unos callos de bacalao con coliflor y lágrimas de guisantes casi no salió porque, entre otros muchos errores, Gema se lió a echar sal como si lo quisiera convertir en el Mar Muerto. Eso sí, cuando llegó el veredicto del jurado y tras cargar todas las culpas sobre Ignacio, que para eso era el capitán, hizo voto de silencio cuando los jueces entraron a valorar lo incomible que estaba el plato debido al exceso de sal.
Sí, Ignacio fue un mal capitán, no pudo con la presión, se dejó llevar por el caos, se vio sobrepasado y la cagó, pero no fue el único. Gema también colaboró, y mucho, pero ella sí supo callar cuando convenía. Hubo lágrimas, desesperación, bronca de los jueces. Vamos, lo habitual en una primera prueba de exteriores.
Sin embargo, fue en el equipo rojo donde se lió la mundial. Camilla es de armas tomar. Ya lo advirtió en su presentación antes de ser elegida aspirante de MasterChef 14, por fuera es la dulzura, pero por dentro guarda «una mafiosa» -ojo, que lo ponía en su mandil-. En cuanto Javier le tocó un poquito las narices, la dulce florecilla dio paso a un cactus de pinchos afilados.
Dijeron los jueces que la capitanía de Ignacio fue terrible, pues la de Camilla no se quedó lejos. Se equivocó al querer ir dando las pautas del cocinado poco a poco. Algo que desesperó al resto de compañeros, especialmente a los que estaban con el postre, Inma, Annie y Javier. Las dos primeras se apañaron como pudieron, el tercero decidió que no se callaba, y en cuanto Camilla le reprochó estar criticándola por detrás fue a por él sin medias tintas. «La italiana me tiene hasta los cojones (…) Es una macarra!, empezó diciendo a sus compañeros Javier, para terminar diciéndosela a ella. Cuando aparecía Jordi Cruz en las cocinas, Javier hacía mutis por el foro, y parecía un alma de la caridad. Cuando el juez se iba, piqui, piqui, paca, paca…
No, Camilla no lo hizo bien, pero Javier fue esa piedricilla que se te mete dentro del zapato y hasta que no te lo quitas y le das la vuelta no sale. El resultado fue la primera bronca en cocinas de MasterChef 14 y su posterior segundo asalta frente a los jueces. De nuevo, con los jueces delante, Javier quiso parecer un hombre de paz. «Por mi parte, ya no va a haber más. Y le pido disculpas a Camilla por llamarla macarra, pero es que conmigo se comportó como una macarra», espetó durante las valoraciones. Mientras, Camilla advertía de que ella sí que iba a ir a más, de que Javier había abierto la puerta al averno y que no iba a permitir que nadie la insultase, la faltase al respeto y la tachase de mentirosa. Pim, pam, pum, tengo una pistola; pim, pam, pum, que dispara sola; pim, pam, pum, yo tengo un revólver; pim, pam, pum, que dispara doble.
Ganó el equipo rojo porque al menos sus platos se podían comer; y perdió un equipo azul que se tuvo que enfrentar a la prueba de eliminación. Las aguas no se calmaron. Ya he dicho que Camilla es de armas tomar, y que ni olvida ni perdona.
Para ella, Javier solo quiere quedar bien delante de las cámaras, además de tener «un afán» por ellas, que Camilla obviamente no comparte. Y Javier, por mucho que intentase pedirle perdón y que la cosa no trascendiese más allá de la bronca puntual, acabó entrando al barro. Los dos tenían delantal blanco, así que ninguno de los dos se jugaba una eliminación que tuvo como protagonista el chocolate y que acabó con el sueño de Nacho Pistacho. La alineación de los planetas. Tenían que cocinar un plato con el chocolate Dubái, y fue Nacho Pistacho el que acabó siendo expulsado.
Televisión // elmundo
