Pasó el Barça por Getafe y volvió a dejar la huella de la hormiga atómica. Ha ganado 21 de los últimos 23 partidos, secuencia que se inició después de la derrota en el Bernabéu, aquel lejano 2-1 que el Madrid estropeó en un ejercicio insuperable de autocombustión. Vinícius se declaró en guerra con Xabi Alonso, Florentino Pérez autorizó el levantamiento y la victoria convirtió la temporada en un sindiós. Nunca la derrota en un clásico le ha sentado tan bien al perdedor y tan mal al vencedor. Desde entonces, el Barça ha sumado 16 puntos más que el Real Madrid, una cifra escandalosa que deja resuelto el campeonato.
Pasó el Barça por Getafe y volvió a dejar la huella de la hormiga atómica. Ha ganado 21 de los últimos 23 partidos, secuencia que se inició después de la derrota en el Bernabéu, aquel lejano 2-1 que el Madrid estropeó en un ejercicio insuperable de autocombustión. Vinícius se declaró en guerra con Xabi Alonso, Florentino Pérez autorizó el levantamiento y la victoria convirtió la temporada en un sindiós. Nunca la derrota en un clásico le ha sentado tan bien al perdedor y tan mal al vencedor. Desde entonces, el Barça ha sumado 16 puntos más que el Real Madrid, una cifra escandalosa que deja resuelto el campeonato.Seguir leyendo…
Pasó el Barça por Getafe y volvió a dejar la huella de la hormiga atómica. Ha ganado 21 de los últimos 23 partidos, secuencia que se inició después de la derrota en el Bernabéu, aquel lejano 2-1 que el Madrid estropeó en un ejercicio insuperable de autocombustión. Vinícius se declaró en guerra con Xabi Alonso, Florentino Pérez autorizó el levantamiento y la victoria convirtió la temporada en un sindiós. Nunca la derrota en un clásico le ha sentado tan bien al perdedor y tan mal al vencedor. Desde entonces, el Barça ha sumado 16 puntos más que el Real Madrid, una cifra escandalosa que deja resuelto el campeonato.
La celebración está a punto. No se sabe el cuándo, pero sí el porqué. El Barça ha agarrado un nivel de consistencia que no se recuerda desde los tiempos gloriosos de Guardiola, Vilanova y Luis Enrique. Está en condiciones de alcanzar la frontera de los 100 puntos a falta de cinco partidos. Aunque le faltarán Lamine Yamal y probablemente Raphinha, ausencias que provocarían pavor en cualquier gran equipo, el equipo mantiene su firmeza.
Desde que el Barça perdió el clásico ha sumado 16 puntos más que el Real Madrid
Venció en lo que fue Las Margaritas, campo del Getafe que no se compadece con la delicadeza floral del nombre. Tampoco el equipo invita a la poesía. El Getafe es la expresión máxima de la aspereza, de la que no está ausente el terreno de juego, un pasto alto, verde terrón, tan seco y almohadillado que la pelota tiene retruque, como en el billar. Vuela alta, bota y sale despedida hacia atrás. Sucedió dos veces en acciones cercanas al área del Barça.
Hay equipos que se desaniman ante la perspectiva de jugar contra el Getafe, un equipo de estilo directo, ardiente en los duelos y fortísimo en los forcejeos aéreos. No da tregua. Si un jugador no cumple a rajatabla las instrucciones de Bordalás, entra el siguiente. El Getafe tampoco se aflige con las críticas. Ha interiorizado un orgullo desafiante, no sin razones. Recibió al Barça en una situación inmejorable: séptimo en la clasificación, a medio paso de Europa.
Tuvo un mérito enorme la victoria del Barça ante un rival que demuestra la variedad de estilos en la Liga española, un caleidoscopio que no encuentra comparación con ningún otro campeonato. Podía sospecharse una tarde insípida del próximo campeón. Tramitar un empate y listo. Nueve puntos de ventaja ya parecían más que suficientes, pero el Barça se empeñó en ganar y lo consiguió.

Respondió al arreón inicial del Getafe con un convincente ejercicio de control y madurez. Cubarsí y Gerard Martín se impusieron en el juego aéreo a los fogosos delanteros y centrocampistas rivales, intimidantes en caza del cabezazo. El Barça entendió pronto que no era un partido para exquisiteces. Lo jugó desde el control y la entereza en las jugadas divididas. Ganó la mayoría de ellas. Alejó tanto al Getafe de Joan Garcia que el portero no necesitó ninguna parada digna de señalarse.
Los jóvenes centrocampistas del Barça gobernaron el juego con seriedad, hasta que llegó el momento del lujoso pase de Pedri a Fermín, el desmarcador por antonomasia. Selló la jugada con una definición perfecta. La segunda parte no modificó nada. A Cubarsí hay que atribuirle el mérito. Una impresionante acción defensiva del central evitó el gol del Getafe en su única aproximación decente.
En la búsqueda de un sustituto de Lamine, Flick alineó a Roony Bardghji, que pasó inadvertido. Rashford, en cambio, exprimió su oportunidad. Se instaló en la derecha, una rareza, y funcionó de maravilla, sin perder el aire ausente de su rostro. Marcó el segundo gol y destrozó a la defensa del Getafe. Fue la segunda gran noticia del partido. La primera estaba casi escrita: esta Liga se la lleva el Barça.
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