Miércoles 4 de marzo. Pasadas las 9 de la mañana, Pedro Sánchez entra en una sala de prensa desierta de periodistas y muda de sus preguntas. El presidente del Gobierno huye de la simbología de los grandes anuncios, para la que se reserva un exterior: la escalinata del Palacio de La Moncloa, desde donde avanzó el adelanto electoral, comunicó las medidas contra el «genocidio en Gaza» u oficializa habitualmente los relevos en su Gabinete. El jefe del Ejecutivo pronuncia una declaración institucional con un fuerte componente ideológico y de estrategia en clave interna. Un mensaje que se resume en cuatro palabras: «No a la guerra» . El movimiento parece improvisado, reactivo ante una declaración pronunciada horas antes por Donald Trump en la que, en presencia del canciller alemán, Friedrich Merz, anunciaba represalias en materia comercial para nuestro país, como castigo por el posicionamiento de España, impidiendo el uso de las bases de Rota y Morón para dar cobertura al ataque contra el régimen iraní. Sin embargo, la decisión se había tomado mucho antes, según aseguran fuentes gubernamentales. En la sala de máquinas de Moncloa no contaban con la andanada del presidente de Estados Unidos cuando diseñaron una hoja de ruta para volver a recuperar el pulso político y reorientar la conversación pública hacia la esfera internacional.El presidente del Gobierno fija posición sobre Irán el mismo sábado en el que se produce la ofensiva por parte de EE.UU. e Israel. Lo hace desde un escenario poco convencional, una alfombra roja, la de los premios Goya en Barcelona. Ante los micrófonos de la prensa define lo ocurrido como un «atropello a la legalidad internacional» y hace un primer llamamiento a la «desescalada». La maquinaria ya está en funcionamiento. Y las siguientes horas se enfocan en empezar a diseñar el argumentario que se va a desplegar. El lunes, el Ejecutivo español confirma públicamente que las bases estadounidenses en territorio español no han ofrecido «ningún tipo de asistencia a estos ataques».Noticia relacionada general No No España enviará una fragata a Chipre por su «compromiso con la defensa de la UE» Pilar De la CuestaEl martes el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, informa al Consejo de Ministros sobre el estado de la situación y comparece posteriormente desde la misma sala de prensa que lo hará el presidente solo un día después. Esta vez sí se somete a las preguntas de los periodistas y anuncia las primeras evacuaciones que se están llevando a cabo. A primera hora de la tarde, Sánchez se traslada hasta el Palacio de la Zarzuela donde comparte un largo despacho con el Rey . La conversación con Felipe VI versa prácticamente en su totalidad sobre el convulso contexto geopolítico y las consecuencias políticas y económicas que el frente abierto en Irán pueden tener a nivel global y también para España. En el momento del encuentro, Trump todavía no había verbalizado su amenaza.La conversación con el Rey versó casi en su totalidad sobre el convulso contexto geopolítico y sus consecuenciasEsta se producirá unos minutos después y obliga al Ejecutivo a dar una primera respuesta, advirtiendo que si EE.UU. quiere revisar la relación tendrá que hacerlo respetando la autonomía empresarial y la legalidad internacional. Prácticamente en simultáneo se comunica que Sánchez comparecerá a primera hora del miércoles. Las fuentes consultadas aseguran que este tipo de movimientos no se «improvisan» y que el mensaje que se quería trasladar está trabajado en clave estratégica con anterioridad.Sánchez evitó cualquier referencia directa a Trump. Dentro de la táctica del Gobierno está sostener el pulso pero no elevarlo, entrando en una escalada retórica contra EE.UU. y bajo una máxima: prohibido nombrar al presidente de Estados Unidos . «No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias de alguno», señaló. La omisión de Trump en los discursos de Sánchez es un patrón que se repite, aunque el presidente le utiliza de manera recurrente -también en actos de campaña- como palanca de movilización entre su electorado, evita nombrarlo deliberadamente. No es casual y ya ocurrió con la intervención en Venezuela. Miércoles 4 de marzo. Pasadas las 9 de la mañana, Pedro Sánchez entra en una sala de prensa desierta de periodistas y muda de sus preguntas. El presidente del Gobierno huye de la simbología de los grandes anuncios, para la que se reserva un exterior: la escalinata del Palacio de La Moncloa, desde donde avanzó el adelanto electoral, comunicó las medidas contra el «genocidio en Gaza» u oficializa habitualmente los relevos en su Gabinete. El jefe del Ejecutivo pronuncia una declaración institucional con un fuerte componente ideológico y de estrategia en clave interna. Un mensaje que se resume en cuatro palabras: «No a la guerra» . El movimiento parece improvisado, reactivo ante una declaración pronunciada horas antes por Donald Trump en la que, en presencia del canciller alemán, Friedrich Merz, anunciaba represalias en materia comercial para nuestro país, como castigo por el posicionamiento de España, impidiendo el uso de las bases de Rota y Morón para dar cobertura al ataque contra el régimen iraní. Sin embargo, la decisión se había tomado mucho antes, según aseguran fuentes gubernamentales. En la sala de máquinas de Moncloa no contaban con la andanada del presidente de Estados Unidos cuando diseñaron una hoja de ruta para volver a recuperar el pulso político y reorientar la conversación pública hacia la esfera internacional.El presidente del Gobierno fija posición sobre Irán el mismo sábado en el que se produce la ofensiva por parte de EE.UU. e Israel. Lo hace desde un escenario poco convencional, una alfombra roja, la de los premios Goya en Barcelona. Ante los micrófonos de la prensa define lo ocurrido como un «atropello a la legalidad internacional» y hace un primer llamamiento a la «desescalada». La maquinaria ya está en funcionamiento. Y las siguientes horas se enfocan en empezar a diseñar el argumentario que se va a desplegar. El lunes, el Ejecutivo español confirma públicamente que las bases estadounidenses en territorio español no han ofrecido «ningún tipo de asistencia a estos ataques».Noticia relacionada general No No España enviará una fragata a Chipre por su «compromiso con la defensa de la UE» Pilar De la CuestaEl martes el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, informa al Consejo de Ministros sobre el estado de la situación y comparece posteriormente desde la misma sala de prensa que lo hará el presidente solo un día después. Esta vez sí se somete a las preguntas de los periodistas y anuncia las primeras evacuaciones que se están llevando a cabo. A primera hora de la tarde, Sánchez se traslada hasta el Palacio de la Zarzuela donde comparte un largo despacho con el Rey . La conversación con Felipe VI versa prácticamente en su totalidad sobre el convulso contexto geopolítico y las consecuencias políticas y económicas que el frente abierto en Irán pueden tener a nivel global y también para España. En el momento del encuentro, Trump todavía no había verbalizado su amenaza.La conversación con el Rey versó casi en su totalidad sobre el convulso contexto geopolítico y sus consecuenciasEsta se producirá unos minutos después y obliga al Ejecutivo a dar una primera respuesta, advirtiendo que si EE.UU. quiere revisar la relación tendrá que hacerlo respetando la autonomía empresarial y la legalidad internacional. Prácticamente en simultáneo se comunica que Sánchez comparecerá a primera hora del miércoles. Las fuentes consultadas aseguran que este tipo de movimientos no se «improvisan» y que el mensaje que se quería trasladar está trabajado en clave estratégica con anterioridad.Sánchez evitó cualquier referencia directa a Trump. Dentro de la táctica del Gobierno está sostener el pulso pero no elevarlo, entrando en una escalada retórica contra EE.UU. y bajo una máxima: prohibido nombrar al presidente de Estados Unidos . «No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias de alguno», señaló. La omisión de Trump en los discursos de Sánchez es un patrón que se repite, aunque el presidente le utiliza de manera recurrente -también en actos de campaña- como palanca de movilización entre su electorado, evita nombrarlo deliberadamente. No es casual y ya ocurrió con la intervención en Venezuela.
Miércoles 4 de marzo. Pasadas las 9 de la mañana, Pedro Sánchez entra en una sala de prensa desierta de periodistas y muda de sus preguntas. El presidente del Gobierno huye de la simbología de los grandes anuncios, para la que se reserva un exterior: … la escalinata del Palacio de La Moncloa, desde donde avanzó el adelanto electoral, comunicó las medidas contra el «genocidio en Gaza» u oficializa habitualmente los relevos en su Gabinete. El jefe del Ejecutivo pronuncia una declaración institucional con un fuerte componente ideológico y de estrategia en clave interna. Un mensaje que se resume en cuatro palabras: «No a la guerra».
El movimiento parece improvisado, reactivo ante una declaración pronunciada horas antes por Donald Trump en la que, en presencia del canciller alemán, Friedrich Merz, anunciaba represalias en materia comercial para nuestro país, como castigo por el posicionamiento de España, impidiendo el uso de las bases de Rota y Morón para dar cobertura al ataque contra el régimen iraní. Sin embargo, la decisión se había tomado mucho antes, según aseguran fuentes gubernamentales. En la sala de máquinas de Moncloa no contaban con la andanada del presidente de Estados Unidos cuando diseñaron una hoja de ruta para volver a recuperar el pulso político y reorientar la conversación pública hacia la esfera internacional.
El presidente del Gobierno fija posición sobre Irán el mismo sábado en el que se produce la ofensiva por parte de EE.UU. e Israel. Lo hace desde un escenario poco convencional, una alfombra roja, la de los premios Goya en Barcelona. Ante los micrófonos de la prensa define lo ocurrido como un «atropello a la legalidad internacional» y hace un primer llamamiento a la «desescalada». La maquinaria ya está en funcionamiento. Y las siguientes horas se enfocan en empezar a diseñar el argumentario que se va a desplegar. El lunes, el Ejecutivo español confirma públicamente que las bases estadounidenses en territorio español no han ofrecido «ningún tipo de asistencia a estos ataques».
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El martes el ministro de Exteriores, José Manuel Albares, informa al Consejo de Ministros sobre el estado de la situación y comparece posteriormente desde la misma sala de prensa que lo hará el presidente solo un día después. Esta vez sí se somete a las preguntas de los periodistas y anuncia las primeras evacuaciones que se están llevando a cabo. A primera hora de la tarde, Sánchez se traslada hasta el Palacio de la Zarzuela donde comparte un largo despacho con el Rey. La conversación con Felipe VI versa prácticamente en su totalidad sobre el convulso contexto geopolítico y las consecuencias políticas y económicas que el frente abierto en Irán pueden tener a nivel global y también para España. En el momento del encuentro, Trump todavía no había verbalizado su amenaza.
La conversación con el Rey versó casi en su totalidad sobre el convulso contexto geopolítico y sus consecuencias
Esta se producirá unos minutos después y obliga al Ejecutivo a dar una primera respuesta, advirtiendo que si EE.UU. quiere revisar la relación tendrá que hacerlo respetando la autonomía empresarial y la legalidad internacional. Prácticamente en simultáneo se comunica que Sánchez comparecerá a primera hora del miércoles. Las fuentes consultadas aseguran que este tipo de movimientos no se «improvisan» y que el mensaje que se quería trasladar está trabajado en clave estratégica con anterioridad.
Sánchez evitó cualquier referencia directa a Trump. Dentro de la táctica del Gobierno está sostener el pulso pero no elevarlo, entrando en una escalada retórica contra EE.UU. y bajo una máxima: prohibido nombrar al presidente de Estados Unidos. «No vamos a ser cómplices de algo que es malo para el mundo y contrario a nuestros valores e intereses simplemente por el miedo a las represalias de alguno», señaló. La omisión de Trump en los discursos de Sánchez es un patrón que se repite, aunque el presidente le utiliza de manera recurrente -también en actos de campaña- como palanca de movilización entre su electorado, evita nombrarlo deliberadamente. No es casual y ya ocurrió con la intervención en Venezuela.
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