El show debe continuar: Josep Pedrerol se despide emocionado de Atresmedia mientras El Chiringuito anuncia su mudanza exprés Leer El show debe continuar: Josep Pedrerol se despide emocionado de Atresmedia mientras El Chiringuito anuncia su mudanza exprés Leer
En la televisión hay cosas que no se explican con datos de audiencia, sino con la pura puesta en escena. Porque el drama y la emoción tiene sus propias leyes y Josep Pedrerol las conoce todas. Absolutamente todas. De memoria. De carrerilla. Con sus pausas dramáticas, sus silencios operísticos y esa mirada fija a cámara que es capaz de sostener la tensión de un plató entero sin pestañear.
Lo ocurrido al cierre de la última emisión en Mega no fue un simple adiós, ni una despedida sobria de un profesional que cambia de aires. Fue un fin de fiesta orquestado con la precisión quirúrgica de quien sabe que la televisión no es un espectáculo de guante blanco, sino un espectáculo de alto voltaje donde el titular se persigue hasta el último segundo del tiempo de descuento.
En los días previos, Pedrerol ya avisó, tras el anuncio oficial de Atresmedia de que el matrimonio de ambos llegaba a su fin de «mutuo acuerdo», de que anoche sería la despedida de El Chiringuito de Atresmedia. En plena euforia por la victoria de España en el Mundial de 2026, Pedrerol tenía que mantener el tipo para celebrar el último Chiringuito con la segunda estrella de La Roja y, a la vez, decir adiós.
Pedrerol, que ha hecho del espectáculo, la información y de la narrativa grandilocuente su verdadera marca de fábrica, preparó el terreno con ese ritmo pausado que tanto exaspera a sus detractores y tanto encandila a sus fieles. Y cuando llegó el instante crucial, la cámara buscó su rostro en un primer plano asfixiante, de esos que no dejan espacio para el disimulo.
Visualmente, el momento fue un ejercicio clásico de la casa. Pedrerol tomó la palabra con la voz ligeramente quebrada, apurando las pausas, dejando correr los segundos mientras la mirada se le empañaba sutilmente. Muy emocionado -o magistralmente emocionado, según el ojo con el que se mire-, dirigió unas palabras de gratitud a los compañeros que han hecho posible «esta aventura maravillosa».
Muy emocionado -o magistralmente emocionado, según el ojo con el que se mire-, quiso poner en valor a la gente de detrás de las cámaras: «Ahí tenemos la redacción de la que aprendemos todos los días, yo el primero, que ha hecho posible que cada día sea diferente, cada día con más información y con la ilusión del primer día«. El plano dividido mostraba por un lado su rostro apesadumbrado y por otro la rotulación gigante en pantalla: un «GRACIAS» rotundo que precedía al inevitable fundido.
Sin reparar en pirotecnias formales, dejó caer su particular declaración de principios: «Nosotros no damos lecciones de periodismo, ni aspiramos a… ni hablamos desde un púlpito; hablamos desde el corazón sobre todo, y aspiramos sobre todo a hacerte compañía». Una frase de manual, puramente pedreroliana, pensada para empatizar con ese espectador nocturno al que interpeló directamente: «Tú que lo pasas mal, tú que estás en un hospital, tú que tienes algún problema, pues chico, te arrancamos una sonrisa siempre y lo intentaremos seguir haciendo allá donde estemos».
Con el tono cada vez más pausado, el comunicador buscó dar el cerrojazo con elegancia y gratitud hacia la cadena: «Hoy es simplemente poner el punto final a esta etapa en la que, como digo, esta casa se ha portado muy bien. (…) Estemos donde estemos, Atresmedia se va a quedar siempre en nuestro corazón. De verdad, ha sido un placer trabajar aquí, en esta casa». Un discurso que resonó a testamento televisivo, a cierre de etapa formal tras más de una década de idilio, éxito de cuota y estruendo mediático.
Acompañado de la música de El Arrebato (Gente luminosa) atronando en el estudio y con todo el equipo aplaudiendo en pie, Pedrerol regaló su última sonrisa cómplice a cámara y soltó la frase de despedida: «Nos vemos en la tele. ¿Vale? ¡Chao, hasta pronto!». Un saludo con la mano levantada y el corte definitivo de emisión.
Pero quienes piensen que aquí se termina la historia es que no han entendido nada de cómo funciona la maquinaria de comunicación de este equipo y de la televisión.
Apenas se apagaron los focos del plató en Mega, las redes sociales -ese plató donde El Chiringuito libra sus batallas más encarnizadas- saltaron por los aires. Un tuit publicado desde la cuenta oficial del programa dinamitó de un plumazo el tono melancólico de la despedida. Un mensaje inquietante, directo, casi un desafío institucional que venía a reconfigurar el escenario por completo.
En el tuit, la marca anunciaba sin rodeos una transformación total: nuevo logo, nuevo canal, nueva cadena, pero «misma hora y mismo chiringuito». Un movimiento de ajedrez medido al milímetro para convertir lo que parecía un adiós apesadumbrado en una macrocampaña de reubicación y reconversión mediática.
El impacto no se ha hecho esperar. La jugada de Pedrerol y su equipo deja sobre la mesa una lectura evidente. El mensaje en X (antes Twitter) no deja espacio a la duda: el formato no muere, simplemente cambia de envoltorio, mudándose a un nuevo canal, casi con toda probabilidad a esperas del anuncio oficial a Mediaaset, y con una imagen corporativa renovada, manteniendo la franja horaria nocturna que los consolidó como el referente del debate futbolístico de medianoche.
Resulta fascinante observar cómo Pedrerol ha construido su carrera sobre la frontera del espectáculo. Mientras el periodismo deportivo más tradicional se lamenta por la pérdida de las esencias o el rigor, el universo de El Chiringuito opera bajo sus propias reglas narrativas. La emoción en plató y la gratitud hacia el grupo editorial saliente no eran la trastienda de una derrota ni la rendición de un equipo desmantelado; eran la obertura del siguiente acto. La pausa dramática antes del golpe de efecto comercial.
En el fondo, la despedida de Josep Pedrerol de Atresmedia condensa a la perfección la era de la televisión espectáculo. La emoción real o calculada del plató se entrelaza sin costuras con el marketing agresivo de las plataformas digitales. Se despide un ciclo en el grupo de comunicación que lo acogió durante años, pero la marca «Chiringuito» no se destruye: se transforma, se resitúa en la parrilla y se renueva visualmente para seguir dando batalla.
Habrá quienes sonrían con escepticismo ante tanto dramatismo y quienes preparen el mando a distancia para buscar el nuevo canal a la misma hora de siempre. Pero una cosa es indiscutible: en el teatro de la tele nocturna, nadie maneja el tempo del drama como Josep Pedrerol. Nos dijeron adiós con música triste, pero el tuit de medianoche ya avisaba de que la fiesta, en realidad, acaba de empezar.
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