Antonio Santarsiero Rosa no era un obispo cualquiera: llegó al 2004 a Huacho (Perú), ubicada a 300 kilómetros al norte de Lima, y desde ese momento construyó un pequeño reinado en su diócesis donde compró tierras a su nombre y de allegados para cultivar mandarinas, construyó casas de miles de hectáreas y adquirió una casa de varios millones de dólares en el corazón de una de las zonas más caras en Lima, tal y como ABC ha podido comprobar.Elegido secretario general, y por tanto número dos de la Conferencia Episcopal Peruana, era además representante de Perú ante el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y un religioso que muchas veces dirigió la agenda de la iglesia católica en el país andino. Según el artículo 401 del código canónico, al cumplir 75 años el obispo diocesano presenta su renuncia ante el Papa, pero es una práctica usual que se quede unos años más. En este caso, el 13 de junio Santarsiero cumplió 75 años y al mes siguiente la Santa Sede aceptó su renuncia.Lo que hay detrás de esta rápida respuesta del Vaticano son las denuncias de abusos sexuales de por lo menos dos religiosos y de haber cometido hostigamiento económico a un grupo de profesores de religión de la diócesis. Este año se espera la primera visita del Papa León XIV (nacido en Estados Unidos y con nacionalidad peruana) a Perú y en ese esperado encuentro queda claro que desde el Vaticano no se quería que Santarsiero fuera parte del comité de bienvenida.En entrevista exclusiva con ABC, uno de los denunciantes contra Santarsiero, el sacerdote José A. Barboza Zárate incardinado en Oviedo , asegura que la aceptación de la renuncia «es una buena noticia», que las denuncias contra el obispo son «la punta del iceberg» y que por eso se debería hacer una inspectoría económica a la diócesis siguiendo el canon 1717.Barboza denuncia a Santarsiero por abuso de poder, maltrato psicológico y abuso sexual. Llegó en el 2010 a la diócesis de Huacho y vivió cinco meses en la casa de Santarsiero, donde trabajó como chofer. «Se movía como un señor feudal con plenos poderes económicos y religiosos. Actuaba dentro de la diócesis y fuera de ella como todopoderoso. Santarsiero además de abusador, era racista y odiaba a las mujeres», indica.«Monseñor Antonio tiene una constante actitud vulgar: era habitual en él las conversaciones morbosas, de tinte propiamente sexual referidas normalmente al órgano viril. De una apabullante misoginia, manifestó en varias ocasiones: que las mujeres tienen un pene en lugar de cerebro», afirma Barboza como parte de su denuncia contra Santarsiero desde Oviedo.«En muchas de las ocasiones que me pidió llevarle en coche y mientras yo iba al volante, él aprovechaba -en contra de mi voluntad- para acariciar mi rostro y barba, actitud que me resultaba incómoda, perturbadora, y que yo repelía porque soy muy gestual. El punto de inflexión ocurrió cuando yo -siendo ya diácono- le llevé a su casa de retiro de Sayán y, encontrándonos en el segundo piso, en un pasillo abruptamente se acercó a mí, abrazándome y haciendo ademán de cogerme por la cintura a besarme el cuello. Él estaba como ido, yo instantáneamente reaccioné empujándolo. Me figuro que él habría pensado que yo entraría en esta onda; y, ¡no fue así! Yo interpreto esta conducta de monseñor Santarsiero como una actitud sexual explícita, abuso de autoridad e invasión de mi intimidad», agrega.El calvario de BarbozaTras ese encuentro, la relación entre Santarsiero y Barboza se deterioró y desde ese momento fue víctima de abusos verbales y golpes en la cara. Otro hecho grave es que Santarsiero le dijo más de una vez a Barboza, que su confesor, un fraile mercedario, le entregó información íntima sobre los pecados de los religiosos, algo que para él fue usado por Santarsiero como una manera de manipular y controlar al equipo que trabaja con él.Tras muchas tribulaciones en Perú, Barboza llegó a Oviedo en setiembre de 2017 y desde ese entonces su vida cambió para bien: dejó de sufrir de gastritis, un dolor crónico en la pierna izquierda y se pudo atender un pequeño bulto en el coxis. El denunciante nació en Cutervo, Cajamarca, en 1983 y fue formado como agustino hasta antes de ingresar a Huacho.«Necesito justicia y que se me resarza de cierta manera porque yo considero que se me ha hecho un daño moral. La diócesis de Huacho está hecha un corral. ¿Cómo está la economía de la diócesis? Aun hay mucho pan por rebanar», finalizó Barboza. En la práctica, las primeras denuncias contra Santarsiero se remontan al 10 de septiembre de 2022, cuando una denunciante remitió desde Alemania una acusación formal al entonces prefecto del Dicasterio para los Obispos, el cardenal Marc Ouellet. En el documento, se detallan presuntos abusos de poder cometidos por él desde su llegada a la diócesis, en febrero de 2004. Según la denuncia, los hechos se habrían producido en el entorno del Colegio San Francisco de Asís, para niños con discapacidad mental, en Huaura. La acusación sostiene que el obispo operó durante años sin control efectivo por parte de los organismos vaticanos, incurriendo en abusos de autoridad y hostigamiento económico contra los profesores del colegio.En la diócesis de Huacho había un ambiente de miedo generalizado porque los que trabajaban para el obispo sabían que no podían decirle que no: entre los trabajos extras que debían realizar figuraba el de trabajar en sus propiedades agrícolas cosechando mandarinas y recolectando huevos de las granjas de gallinas.«El obispado posee una plantación de mandarinas, que los profesores de religión y las comunidades deben vender a un precio fijado por el obispo Santarsiero. Los productos no vendidos deben ser pagados de su propio bolsillo por los profesores y las comunidades, es decir, se obliga a comprar los productos provenientes del obispado», indicaba la denuncia.En abril pasado ABC publicó otra acusación de otra víctima de Santarsiero, un adulto de 18 años, que se conoció en 2024. Mantendremos su anonimato pero aquí se expone el perfil de un abusador. No describe un hecho aislado, sino una conducta sostenida en el tiempo: visitas frecuentes, irrupciones sin consentimiento en la habitación y repetición de contactos físicos. El relato muestra una progresiva dinámica abusiva donde se difuminan los límites, marcados por el trato vertical entre Santarsiero y la víctima. El obispo le ofrece becas, apoyo económico y trabajo en su campo de mandarinas. Su daño psicológico es muy alto.Barrera, administrador apostólico de HuachoLa Conferencia Episcopal de Perú anunció que tras la renuncia de Santarsiero se nombró como administrador apostólico al segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal y Obispo del Callao, Luis Barrera. El religioso asume el cargo hasta que se nombre al sucesor de Santarsiero. También el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) con sede en Bogotá, Colombia retiró a Santarsiero de su página web donde figuraba hasta ayer como el Delegado Titular.Se nombró esta semana como número dos de la Conferencia Episcopal peruana y reemplazo de Antonio Santarsiero a Guillermo Inca , primer religioso que asume el cargo sin ser obispo. En enero pasado, el Papa León XIV nombró a Inca como Capellán de su santidad, un cargo honorífico al también Vicario General del Obispado Castrense del Perú y Párroco de la Parroquia María Misionera.Antonio Santarsiero Rosa nació en Italia, Potenza (donde opera la Quinta Mafia o Basilischi), Santarsiero pertenece a la congregación de los Oblatos de San José. Según fuentes, su labor en Huacho ha sido descrita como un modelo autoritario más que pastoral.«Malas lenguas limeñas decían que había comprado el obispado al entonces nuncio Rino Passigato, ofreciéndole regalos caros. Ha hecho siempre lo mismo con todos los nuncios que ha habido en Lima: con sus visitas periódicas a la nunciatura con productos de sus fincas ha comprado su silencio. Santarsiero, más que obispo ha sido un mafioso como los de su tierra de origen», indica una fuente vinculada a las religiosas que viven en Huacho y que lo han denunciado por maltrato laboral. Incluso, las mismas fuentes, afirman que Santarsiero le regaló un automóvil y 50 mil dólares, a Passigato para asegurar su nombramiento. ABC ha intentado, sin éxito hasta ahora, poder hablar con el hasta hace poco Obispo de Huacho.Tras las denuncias contra Santarsiero publicadas el pasado abril, la Conferencia Episcopal peruana anunció que el entonces segundo hombre fuerte de la institución se retiraba del cargo para «dedicarse al esclarecimiento de la verdad ». Hasta hoy no se conocen los resultados de la investigación al tiempo que Santarsiero niega todos los cargos ya que afirma que las denuncias, «contradicen totalmente su trayectoria y principios como sacerdote y obispo».Se espera que el Papa León XIV, nacido en Estados Unidos y con nacionalidad peruana, realice su primera visita a Perú , y a su querida diócesis de Chiclayo (norte del país), en noviembre próximo y desde ya, la Conferencia Episcopal peruana al tiempo del trabajo logístico en Lima, Chiclayo, Cuzco y la amazónica Pucallpa, termine sus deberes en los casos de abusos tal y como es el caso de Antonio Santarsiero y pueda presentar una iglesia católica que cumpla los deberes y esté a la altura del reto en un país complejo donde en los próximos días asumirá como presidenta, Keiko Sofía Fujimori. Antonio Santarsiero Rosa no era un obispo cualquiera: llegó al 2004 a Huacho (Perú), ubicada a 300 kilómetros al norte de Lima, y desde ese momento construyó un pequeño reinado en su diócesis donde compró tierras a su nombre y de allegados para cultivar mandarinas, construyó casas de miles de hectáreas y adquirió una casa de varios millones de dólares en el corazón de una de las zonas más caras en Lima, tal y como ABC ha podido comprobar.Elegido secretario general, y por tanto número dos de la Conferencia Episcopal Peruana, era además representante de Perú ante el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y un religioso que muchas veces dirigió la agenda de la iglesia católica en el país andino. Según el artículo 401 del código canónico, al cumplir 75 años el obispo diocesano presenta su renuncia ante el Papa, pero es una práctica usual que se quede unos años más. En este caso, el 13 de junio Santarsiero cumplió 75 años y al mes siguiente la Santa Sede aceptó su renuncia.Lo que hay detrás de esta rápida respuesta del Vaticano son las denuncias de abusos sexuales de por lo menos dos religiosos y de haber cometido hostigamiento económico a un grupo de profesores de religión de la diócesis. Este año se espera la primera visita del Papa León XIV (nacido en Estados Unidos y con nacionalidad peruana) a Perú y en ese esperado encuentro queda claro que desde el Vaticano no se quería que Santarsiero fuera parte del comité de bienvenida.En entrevista exclusiva con ABC, uno de los denunciantes contra Santarsiero, el sacerdote José A. Barboza Zárate incardinado en Oviedo , asegura que la aceptación de la renuncia «es una buena noticia», que las denuncias contra el obispo son «la punta del iceberg» y que por eso se debería hacer una inspectoría económica a la diócesis siguiendo el canon 1717.Barboza denuncia a Santarsiero por abuso de poder, maltrato psicológico y abuso sexual. Llegó en el 2010 a la diócesis de Huacho y vivió cinco meses en la casa de Santarsiero, donde trabajó como chofer. «Se movía como un señor feudal con plenos poderes económicos y religiosos. Actuaba dentro de la diócesis y fuera de ella como todopoderoso. Santarsiero además de abusador, era racista y odiaba a las mujeres», indica.«Monseñor Antonio tiene una constante actitud vulgar: era habitual en él las conversaciones morbosas, de tinte propiamente sexual referidas normalmente al órgano viril. De una apabullante misoginia, manifestó en varias ocasiones: que las mujeres tienen un pene en lugar de cerebro», afirma Barboza como parte de su denuncia contra Santarsiero desde Oviedo.«En muchas de las ocasiones que me pidió llevarle en coche y mientras yo iba al volante, él aprovechaba -en contra de mi voluntad- para acariciar mi rostro y barba, actitud que me resultaba incómoda, perturbadora, y que yo repelía porque soy muy gestual. El punto de inflexión ocurrió cuando yo -siendo ya diácono- le llevé a su casa de retiro de Sayán y, encontrándonos en el segundo piso, en un pasillo abruptamente se acercó a mí, abrazándome y haciendo ademán de cogerme por la cintura a besarme el cuello. Él estaba como ido, yo instantáneamente reaccioné empujándolo. Me figuro que él habría pensado que yo entraría en esta onda; y, ¡no fue así! Yo interpreto esta conducta de monseñor Santarsiero como una actitud sexual explícita, abuso de autoridad e invasión de mi intimidad», agrega.El calvario de BarbozaTras ese encuentro, la relación entre Santarsiero y Barboza se deterioró y desde ese momento fue víctima de abusos verbales y golpes en la cara. Otro hecho grave es que Santarsiero le dijo más de una vez a Barboza, que su confesor, un fraile mercedario, le entregó información íntima sobre los pecados de los religiosos, algo que para él fue usado por Santarsiero como una manera de manipular y controlar al equipo que trabaja con él.Tras muchas tribulaciones en Perú, Barboza llegó a Oviedo en setiembre de 2017 y desde ese entonces su vida cambió para bien: dejó de sufrir de gastritis, un dolor crónico en la pierna izquierda y se pudo atender un pequeño bulto en el coxis. El denunciante nació en Cutervo, Cajamarca, en 1983 y fue formado como agustino hasta antes de ingresar a Huacho.«Necesito justicia y que se me resarza de cierta manera porque yo considero que se me ha hecho un daño moral. La diócesis de Huacho está hecha un corral. ¿Cómo está la economía de la diócesis? Aun hay mucho pan por rebanar», finalizó Barboza. En la práctica, las primeras denuncias contra Santarsiero se remontan al 10 de septiembre de 2022, cuando una denunciante remitió desde Alemania una acusación formal al entonces prefecto del Dicasterio para los Obispos, el cardenal Marc Ouellet. En el documento, se detallan presuntos abusos de poder cometidos por él desde su llegada a la diócesis, en febrero de 2004. Según la denuncia, los hechos se habrían producido en el entorno del Colegio San Francisco de Asís, para niños con discapacidad mental, en Huaura. La acusación sostiene que el obispo operó durante años sin control efectivo por parte de los organismos vaticanos, incurriendo en abusos de autoridad y hostigamiento económico contra los profesores del colegio.En la diócesis de Huacho había un ambiente de miedo generalizado porque los que trabajaban para el obispo sabían que no podían decirle que no: entre los trabajos extras que debían realizar figuraba el de trabajar en sus propiedades agrícolas cosechando mandarinas y recolectando huevos de las granjas de gallinas.«El obispado posee una plantación de mandarinas, que los profesores de religión y las comunidades deben vender a un precio fijado por el obispo Santarsiero. Los productos no vendidos deben ser pagados de su propio bolsillo por los profesores y las comunidades, es decir, se obliga a comprar los productos provenientes del obispado», indicaba la denuncia.En abril pasado ABC publicó otra acusación de otra víctima de Santarsiero, un adulto de 18 años, que se conoció en 2024. Mantendremos su anonimato pero aquí se expone el perfil de un abusador. No describe un hecho aislado, sino una conducta sostenida en el tiempo: visitas frecuentes, irrupciones sin consentimiento en la habitación y repetición de contactos físicos. El relato muestra una progresiva dinámica abusiva donde se difuminan los límites, marcados por el trato vertical entre Santarsiero y la víctima. El obispo le ofrece becas, apoyo económico y trabajo en su campo de mandarinas. Su daño psicológico es muy alto.Barrera, administrador apostólico de HuachoLa Conferencia Episcopal de Perú anunció que tras la renuncia de Santarsiero se nombró como administrador apostólico al segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal y Obispo del Callao, Luis Barrera. El religioso asume el cargo hasta que se nombre al sucesor de Santarsiero. También el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) con sede en Bogotá, Colombia retiró a Santarsiero de su página web donde figuraba hasta ayer como el Delegado Titular.Se nombró esta semana como número dos de la Conferencia Episcopal peruana y reemplazo de Antonio Santarsiero a Guillermo Inca , primer religioso que asume el cargo sin ser obispo. En enero pasado, el Papa León XIV nombró a Inca como Capellán de su santidad, un cargo honorífico al también Vicario General del Obispado Castrense del Perú y Párroco de la Parroquia María Misionera.Antonio Santarsiero Rosa nació en Italia, Potenza (donde opera la Quinta Mafia o Basilischi), Santarsiero pertenece a la congregación de los Oblatos de San José. Según fuentes, su labor en Huacho ha sido descrita como un modelo autoritario más que pastoral.«Malas lenguas limeñas decían que había comprado el obispado al entonces nuncio Rino Passigato, ofreciéndole regalos caros. Ha hecho siempre lo mismo con todos los nuncios que ha habido en Lima: con sus visitas periódicas a la nunciatura con productos de sus fincas ha comprado su silencio. Santarsiero, más que obispo ha sido un mafioso como los de su tierra de origen», indica una fuente vinculada a las religiosas que viven en Huacho y que lo han denunciado por maltrato laboral. Incluso, las mismas fuentes, afirman que Santarsiero le regaló un automóvil y 50 mil dólares, a Passigato para asegurar su nombramiento. ABC ha intentado, sin éxito hasta ahora, poder hablar con el hasta hace poco Obispo de Huacho.Tras las denuncias contra Santarsiero publicadas el pasado abril, la Conferencia Episcopal peruana anunció que el entonces segundo hombre fuerte de la institución se retiraba del cargo para «dedicarse al esclarecimiento de la verdad ». Hasta hoy no se conocen los resultados de la investigación al tiempo que Santarsiero niega todos los cargos ya que afirma que las denuncias, «contradicen totalmente su trayectoria y principios como sacerdote y obispo».Se espera que el Papa León XIV, nacido en Estados Unidos y con nacionalidad peruana, realice su primera visita a Perú , y a su querida diócesis de Chiclayo (norte del país), en noviembre próximo y desde ya, la Conferencia Episcopal peruana al tiempo del trabajo logístico en Lima, Chiclayo, Cuzco y la amazónica Pucallpa, termine sus deberes en los casos de abusos tal y como es el caso de Antonio Santarsiero y pueda presentar una iglesia católica que cumpla los deberes y esté a la altura del reto en un país complejo donde en los próximos días asumirá como presidenta, Keiko Sofía Fujimori.
Antonio Santarsiero Rosa no era un obispo cualquiera: llegó al 2004 a Huacho (Perú), ubicada a 300 kilómetros al norte de Lima, y desde ese momento construyó un pequeño reinado en su diócesis donde compró tierras a su nombre y de allegados para cultivar … mandarinas, construyó casas de miles de hectáreas y adquirió una casa de varios millones de dólares en el corazón de una de las zonas más caras en Lima, tal y como ABC ha podido comprobar.
Elegido secretario general, y por tanto número dos de la Conferencia Episcopal Peruana, era además representante de Perú ante el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) y un religioso que muchas veces dirigió la agenda de la iglesia católica en el país andino. Según el artículo 401 del código canónico, al cumplir 75 años el obispo diocesano presenta su renuncia ante el Papa, pero es una práctica usual que se quede unos años más. En este caso, el 13 de junio Santarsiero cumplió 75 años y al mes siguiente la Santa Sede aceptó su renuncia.
Lo que hay detrás de esta rápida respuesta del Vaticano son las denuncias de abusos sexuales de por lo menos dos religiosos y de haber cometido hostigamiento económico a un grupo de profesores de religión de la diócesis. Este año se espera la primera visita del Papa León XIV (nacido en Estados Unidos y con nacionalidad peruana) a Perú y en ese esperado encuentro queda claro que desde el Vaticano no se quería que Santarsiero fuera parte del comité de bienvenida.
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En entrevista exclusiva con ABC, uno de los denunciantes contra Santarsiero, el sacerdote José A. Barboza Zárate incardinado en Oviedo, asegura que la aceptación de la renuncia «es una buena noticia», que las denuncias contra el obispo son «la punta del iceberg» y que por eso se debería hacer una inspectoría económica a la diócesis siguiendo el canon 1717.
Barboza denuncia a Santarsiero por abuso de poder, maltrato psicológico y abuso sexual. Llegó en el 2010 a la diócesis de Huacho y vivió cinco meses en la casa de Santarsiero, donde trabajó como chofer. «Se movía como un señor feudal con plenos poderes económicos y religiosos. Actuaba dentro de la diócesis y fuera de ella como todopoderoso. Santarsiero además de abusador, era racista y odiaba a las mujeres», indica.
«Monseñor Antonio tiene una constante actitud vulgar: era habitual en él las conversaciones morbosas, de tinte propiamente sexual referidas normalmente al órgano viril. De una apabullante misoginia, manifestó en varias ocasiones: que las mujeres tienen un pene en lugar de cerebro», afirma Barboza como parte de su denuncia contra Santarsiero desde Oviedo.
«En muchas de las ocasiones que me pidió llevarle en coche y mientras yo iba al volante, él aprovechaba -en contra de mi voluntad- para acariciar mi rostro y barba, actitud que me resultaba incómoda, perturbadora, y que yo repelía porque soy muy gestual. El punto de inflexión ocurrió cuando yo -siendo ya diácono- le llevé a su casa de retiro de Sayán y, encontrándonos en el segundo piso, en un pasillo abruptamente se acercó a mí, abrazándome y haciendo ademán de cogerme por la cintura a besarme el cuello. Él estaba como ido, yo instantáneamente reaccioné empujándolo. Me figuro que él habría pensado que yo entraría en esta onda; y, ¡no fue así! Yo interpreto esta conducta de monseñor Santarsiero como una actitud sexual explícita, abuso de autoridad e invasión de mi intimidad», agrega.
El calvario de Barboza
Tras ese encuentro, la relación entre Santarsiero y Barboza se deterioró y desde ese momento fue víctima de abusos verbales y golpes en la cara. Otro hecho grave es que Santarsiero le dijo más de una vez a Barboza, que su confesor, un fraile mercedario, le entregó información íntima sobre los pecados de los religiosos, algo que para él fue usado por Santarsiero como una manera de manipular y controlar al equipo que trabaja con él.
Tras muchas tribulaciones en Perú, Barboza llegó a Oviedo en setiembre de 2017 y desde ese entonces su vida cambió para bien: dejó de sufrir de gastritis, un dolor crónico en la pierna izquierda y se pudo atender un pequeño bulto en el coxis. El denunciante nació en Cutervo, Cajamarca, en 1983 y fue formado como agustino hasta antes de ingresar a Huacho.
«Necesito justicia y que se me resarza de cierta manera porque yo considero que se me ha hecho un daño moral. La diócesis de Huacho está hecha un corral. ¿Cómo está la economía de la diócesis? Aun hay mucho pan por rebanar», finalizó Barboza.
En la práctica, las primeras denuncias contra Santarsiero se remontan al 10 de septiembre de 2022, cuando una denunciante remitió desde Alemania una acusación formal al entonces prefecto del Dicasterio para los Obispos, el cardenal Marc Ouellet. En el documento, se detallan presuntos abusos de poder cometidos por él desde su llegada a la diócesis, en febrero de 2004. Según la denuncia, los hechos se habrían producido en el entorno del Colegio San Francisco de Asís, para niños con discapacidad mental, en Huaura. La acusación sostiene que el obispo operó durante años sin control efectivo por parte de los organismos vaticanos, incurriendo en abusos de autoridad y hostigamiento económico contra los profesores del colegio.
En la diócesis de Huacho había un ambiente de miedo generalizado porque los que trabajaban para el obispo sabían que no podían decirle que no: entre los trabajos extras que debían realizar figuraba el de trabajar en sus propiedades agrícolas cosechando mandarinas y recolectando huevos de las granjas de gallinas.
«El obispado posee una plantación de mandarinas, que los profesores de religión y las comunidades deben vender a un precio fijado por el obispo Santarsiero. Los productos no vendidos deben ser pagados de su propio bolsillo por los profesores y las comunidades, es decir, se obliga a comprar los productos provenientes del obispado», indicaba la denuncia.
En abril pasado ABC publicó otra acusación de otra víctima de Santarsiero, un adulto de 18 años, que se conoció en 2024. Mantendremos su anonimato pero aquí se expone el perfil de un abusador. No describe un hecho aislado, sino una conducta sostenida en el tiempo: visitas frecuentes, irrupciones sin consentimiento en la habitación y repetición de contactos físicos. El relato muestra una progresiva dinámica abusiva donde se difuminan los límites, marcados por el trato vertical entre Santarsiero y la víctima. El obispo le ofrece becas, apoyo económico y trabajo en su campo de mandarinas. Su daño psicológico es muy alto.
Barrera, administrador apostólico de Huacho
La Conferencia Episcopal de Perú anunció que tras la renuncia de Santarsiero se nombró como administrador apostólico al segundo vicepresidente de la Conferencia Episcopal y Obispo del Callao, Luis Barrera. El religioso asume el cargo hasta que se nombre al sucesor de Santarsiero. También el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) con sede en Bogotá, Colombia retiró a Santarsiero de su página web donde figuraba hasta ayer como el Delegado Titular.
Se nombró esta semana como número dos de la Conferencia Episcopal peruana y reemplazo de Antonio Santarsiero a Guillermo Inca, primer religioso que asume el cargo sin ser obispo. En enero pasado, el Papa León XIV nombró a Inca como Capellán de su santidad, un cargo honorífico al también Vicario General del Obispado Castrense del Perú y Párroco de la Parroquia María Misionera.
Antonio Santarsiero Rosa nació en Italia, Potenza (donde opera la Quinta Mafia o Basilischi), Santarsiero pertenece a la congregación de los Oblatos de San José. Según fuentes, su labor en Huacho ha sido descrita como un modelo autoritario más que pastoral.
«Malas lenguas limeñas decían que había comprado el obispado al entonces nuncio Rino Passigato, ofreciéndole regalos caros. Ha hecho siempre lo mismo con todos los nuncios que ha habido en Lima: con sus visitas periódicas a la nunciatura con productos de sus fincas ha comprado su silencio. Santarsiero, más que obispo ha sido un mafioso como los de su tierra de origen», indica una fuente vinculada a las religiosas que viven en Huacho y que lo han denunciado por maltrato laboral. Incluso, las mismas fuentes, afirman que Santarsiero le regaló un automóvil y 50 mil dólares, a Passigato para asegurar su nombramiento. ABC ha intentado, sin éxito hasta ahora, poder hablar con el hasta hace poco Obispo de Huacho.
Tras las denuncias contra Santarsiero publicadas el pasado abril, la Conferencia Episcopal peruana anunció que el entonces segundo hombre fuerte de la institución se retiraba del cargo para «dedicarse al esclarecimiento de la verdad». Hasta hoy no se conocen los resultados de la investigación al tiempo que Santarsiero niega todos los cargos ya que afirma que las denuncias, «contradicen totalmente su trayectoria y principios como sacerdote y obispo».
Se espera que el Papa León XIV, nacido en Estados Unidos y con nacionalidad peruana, realice su primera visita a Perú, y a su querida diócesis de Chiclayo (norte del país), en noviembre próximo y desde ya, la Conferencia Episcopal peruana al tiempo del trabajo logístico en Lima, Chiclayo, Cuzco y la amazónica Pucallpa, termine sus deberes en los casos de abusos tal y como es el caso de Antonio Santarsiero y pueda presentar una iglesia católica que cumpla los deberes y esté a la altura del reto en un país complejo donde en los próximos días asumirá como presidenta, Keiko Sofía Fujimori.
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