El centro comercial Vialia, en la misma estación de tren María Zambrano, es la ‘zona cero’ de la ruina por culpa de la desconexión de AVE que sufre Málaga y que se agrava con la pérdida de esta Semana Santa. Aquí los empresarios miran a los pasillos vacíos, los paneles con trayectos de media distancia y a los negocios que van cerrando con desdén, mientras escuchan promesas de apertura, excusas de obras y cifras desorbitadas de pérdidas, como los 1.300 millones euros estimados por empresarios y Junta de Andalucía. Desde el accidente de Adamuz, hace dos meses, ya ha cerrado un restaurante y la cafetería del interior de los apeaderos. «Cerró y mandó a los trabajadores de vacaciones, luego abrió, pero ha vuelto a cerrar. Al pasar el control de equipajes no hay nadie», señala Francisco Javier Segado, que es uno de los camareros que sobreviven en la cafetería central de la estación, donde reconoce que ya se ha tenido que despedir a cinco personas.«Hemos pasado de hacer 500 tickets a 200 durante la mañana. Al final del día se llegaba a unos 800 y estamos ahora en 350. Hemos bajado más de un 70%. Mi jefe dijo que esto es una ruina», señala este trabajador, que apunta a como la línea de pedidos está vacía de clientes en una hora a la que debería haber una larga cola. «Los primeros días no parábamos de tirar comida, hasta que ajustamos todo a la nueva demanda», resalta. La situación para muchos negocios se está volviendo insostenible. Las previsiones más halagüeñas que ha lanzado el Ministerio de Transportes es que para finales de abril se volverá a abrir el tráfico ferroviario, pero los plazos no convencen. Adif ya ha dado tres fechas de apertura incumplidas y, además, la vuelta de los trenes de alta velocidad será progresiva hasta final de año. No solo hay que ejecutar las obras de la vía de Álora, sino luego hacer regresar el tráfico en condiciones de seguridad. «Dicen que en abril volverá uno y en junio otro más. Eso no es nada. Dos trenes no arreglan esto», añade Segado a ABC, cerca del lugar donde Iryo mantiene cerrada su oficina. La empresa italiana tiene uno de sus trenes varado en las vías de Málaga y a sus trabajadores en la capital de la Costa del Sol en ERTE por tiempo indefinido.«El centro comercial está casi muerto, pero los impuestos y las facturas hay que pagarlas» Cinta Pedrosa Propietaria de una papelería en la estación de trenLos negocios se resienten. «Es insostenible. El centro comercial está casi muerto, pero los impuestos y las facturas hay que pagarlas. Tenemos para seguir, pero hoteles o taxis están teniendo muchas pérdidas. Esto es un centro comercial muerto sin trenes y no sabemos cuánto tiempo nos va a seguir engañando el Gobierno», remarca Cinta Pedrosa, que tiene una papelería en la estación donde la caja ha sufrido un bajón estos dos meses de hasta el 80%. Eso le impide hacer las contrataciones de refuerzo que hace para Semana Santa y de cara al verano. «Estoy trabajando yo para no meter refuerzo y poder pagar las nóminas», asevera.Los hoteleros han tasado la caída de reservas en un 26%. «El mayor impacto se está notando en Málaga capital, donde el descenso de reservas supera ya los niveles del 30%», apuntó José Luque, presidente de la Asociación de Hoteleros de la Costa del Sol (Ahecos), aunque la caída de reservas es generalizada. La pérdida del tren supone que no llegue el cliente nacional y se teme por una fuga a otros destinos, como ya ocurrió en el verano, donde solo el incremento de los turistas extranjeros salvó la temporada. El descenso de clientes en los hoteles se nota en los servicios auxiliares, sobre todo en los que operan desde la Estación María Zambrano llevándose a viajeros a sus alojamientos. « Nuestros servicios han caído un 90% en la estación. El año pasado en la misma fecha hicimos 360 servicios a clientes que llegaban a la estación de AVE, ahora estamos en 37. Es el 10%. Hemos pasado de facturar 28.000 euros con estos transportes a solo hacer 3.000 euros desde el 18 de enero al 18 de marzo», reseña Basilio Buitrón, presidente de la cooperativa de VTC Autosol, que es una de las empresas que hace transportes de pasajeros precontratados de forma privada desde la estación de tren. «El turista español que venía en AVE no viene, como tampoco el empresario o la persona que iba a trabajar a Madrid y volvía en el mismo día. Todas esas contrataciones están anuladas. El taxi está igual. El que le toca ir a la estación puede estar allí toda la mañana. Antes llegaba un tren te renovaba todos los taxis que había esperando, ahora no salen de allí en toda la mañana», apunta Buitrón, que dice que la merma económica es considerable y que no se puede negar. «Si el Ministerio de Transportes quiere saber la realidad de nuestras cifras todos nuestros viajes los registramos en el Ministerio », añade el presidente de Autosol, que dice su cooperativa ha tenido que parar el refuerzo de contratación de 50 conductores que hace el 1 de marzo porque no hay clientes.«Se nota que tienes más tiempo entre clientes; la afluencia ha podido bajar un 50%» Marta Barcella Encargada de una joyería en Vialia Las cadenas tienen más fácil aguantar este crisis en la estación, pese a la caída de ventas. «Se nota mucho en que tienes más tiempo libre entre clientes. Antes no se paraba entre trenes y gente de paso», recuerda Marta Barcella, encarga de una de las joyerías de la Estación María Zambrano.La dependienta explica que hace solo dos meses, antes de la desconexión de AVE de Málaga, era mucha gente de Madrid la que compraban y hacían reparaciones en Málaga, que luego recogían cuando regresaban a Madrid. «Aunque el número de clientes ha podido bajar más de un 50%, al ser una cadena con más establecimientos esperamos sobrevivir a esto», apunta Marta Barcella, que reseña que al ser un lugar paso, al no tener los trenes, se acerca mucha menos gente a las tiendas. Y eso se nota en el ambiente de pasillos vacíos, tiendas con dos o tres personas mirando y una cola larga en la puerta esperando para coger el autobús que lleva hasta Antequera para subirse al AVE. Ese es otro hándicap. Los comerciantes lamentan que el servicio se ha sacado de la estación. Muy pocos son los que entran. Los que llegan a la puerta desde Antequera se van desde ahí sin entrar dentro, mientras que los que esperan para salir lo hacen en la línea que fuera de la estación, por lo que tampoco suelen entrar al interior.«En dos meses hemos perdido la mitad de la caja porque no viene el cliente nacional» Lola Medina Propietaria de varias tiendas en el centro de MálagaNo muy lejos de la estación, en el centro de Málaga, la afección por la bajada del AVE no es igual para todos. Dependiendo de los negocios la situación se nota más o menos. El ejemplo está dentro de la familia Palma. «La gente de Madrid y Barcelona son los que compran en nuestras tiendas de ultramarinos. Los extrajeron no compran. Hemos perdido en dos meses más de la mitad de la caja », asegura Lola Medina, matriarca de los Palma, donde su hija en una tienda de complementos no ha notado la crisis por el momento.En lo mismo que pasa a José Luis Martín en su quiosco de pieles en Atarazanas. «El 60% de mis clientes son extranjeros, pero en pandemia ya vimos que nos recuperamos cuando abrieron las fronteras. Los negocios pequeños vivimos más del extranjero que viene en avión que del nacional que llega en AVE», reseña Martín. No ocurre así con los chiringuitos, donde los nacionales son una buena parte del aporte a la caja. «Las pérdidas van ya por el 30% por la pérdida de los clientes más cercanos. Son muchos los cordobeses que no vienen, como los madrileños o los de Castilla y León. Ahora son seis horas en coche o hasta cinco en tren y autobús. Es muy engorroso ese viaje. Los clientes se han quejado. Eso nos pasa factura», explica Manuel Villafaina de la Federación Andaluza de Empresarios de Playa. El centro comercial Vialia, en la misma estación de tren María Zambrano, es la ‘zona cero’ de la ruina por culpa de la desconexión de AVE que sufre Málaga y que se agrava con la pérdida de esta Semana Santa. Aquí los empresarios miran a los pasillos vacíos, los paneles con trayectos de media distancia y a los negocios que van cerrando con desdén, mientras escuchan promesas de apertura, excusas de obras y cifras desorbitadas de pérdidas, como los 1.300 millones euros estimados por empresarios y Junta de Andalucía. Desde el accidente de Adamuz, hace dos meses, ya ha cerrado un restaurante y la cafetería del interior de los apeaderos. «Cerró y mandó a los trabajadores de vacaciones, luego abrió, pero ha vuelto a cerrar. Al pasar el control de equipajes no hay nadie», señala Francisco Javier Segado, que es uno de los camareros que sobreviven en la cafetería central de la estación, donde reconoce que ya se ha tenido que despedir a cinco personas.«Hemos pasado de hacer 500 tickets a 200 durante la mañana. Al final del día se llegaba a unos 800 y estamos ahora en 350. Hemos bajado más de un 70%. Mi jefe dijo que esto es una ruina», señala este trabajador, que apunta a como la línea de pedidos está vacía de clientes en una hora a la que debería haber una larga cola. «Los primeros días no parábamos de tirar comida, hasta que ajustamos todo a la nueva demanda», resalta. La situación para muchos negocios se está volviendo insostenible. Las previsiones más halagüeñas que ha lanzado el Ministerio de Transportes es que para finales de abril se volverá a abrir el tráfico ferroviario, pero los plazos no convencen. Adif ya ha dado tres fechas de apertura incumplidas y, además, la vuelta de los trenes de alta velocidad será progresiva hasta final de año. No solo hay que ejecutar las obras de la vía de Álora, sino luego hacer regresar el tráfico en condiciones de seguridad. «Dicen que en abril volverá uno y en junio otro más. Eso no es nada. Dos trenes no arreglan esto», añade Segado a ABC, cerca del lugar donde Iryo mantiene cerrada su oficina. La empresa italiana tiene uno de sus trenes varado en las vías de Málaga y a sus trabajadores en la capital de la Costa del Sol en ERTE por tiempo indefinido.«El centro comercial está casi muerto, pero los impuestos y las facturas hay que pagarlas» Cinta Pedrosa Propietaria de una papelería en la estación de trenLos negocios se resienten. «Es insostenible. El centro comercial está casi muerto, pero los impuestos y las facturas hay que pagarlas. Tenemos para seguir, pero hoteles o taxis están teniendo muchas pérdidas. Esto es un centro comercial muerto sin trenes y no sabemos cuánto tiempo nos va a seguir engañando el Gobierno», remarca Cinta Pedrosa, que tiene una papelería en la estación donde la caja ha sufrido un bajón estos dos meses de hasta el 80%. Eso le impide hacer las contrataciones de refuerzo que hace para Semana Santa y de cara al verano. «Estoy trabajando yo para no meter refuerzo y poder pagar las nóminas», asevera.Los hoteleros han tasado la caída de reservas en un 26%. «El mayor impacto se está notando en Málaga capital, donde el descenso de reservas supera ya los niveles del 30%», apuntó José Luque, presidente de la Asociación de Hoteleros de la Costa del Sol (Ahecos), aunque la caída de reservas es generalizada. La pérdida del tren supone que no llegue el cliente nacional y se teme por una fuga a otros destinos, como ya ocurrió en el verano, donde solo el incremento de los turistas extranjeros salvó la temporada. El descenso de clientes en los hoteles se nota en los servicios auxiliares, sobre todo en los que operan desde la Estación María Zambrano llevándose a viajeros a sus alojamientos. « Nuestros servicios han caído un 90% en la estación. El año pasado en la misma fecha hicimos 360 servicios a clientes que llegaban a la estación de AVE, ahora estamos en 37. Es el 10%. Hemos pasado de facturar 28.000 euros con estos transportes a solo hacer 3.000 euros desde el 18 de enero al 18 de marzo», reseña Basilio Buitrón, presidente de la cooperativa de VTC Autosol, que es una de las empresas que hace transportes de pasajeros precontratados de forma privada desde la estación de tren. «El turista español que venía en AVE no viene, como tampoco el empresario o la persona que iba a trabajar a Madrid y volvía en el mismo día. Todas esas contrataciones están anuladas. El taxi está igual. El que le toca ir a la estación puede estar allí toda la mañana. Antes llegaba un tren te renovaba todos los taxis que había esperando, ahora no salen de allí en toda la mañana», apunta Buitrón, que dice que la merma económica es considerable y que no se puede negar. «Si el Ministerio de Transportes quiere saber la realidad de nuestras cifras todos nuestros viajes los registramos en el Ministerio », añade el presidente de Autosol, que dice su cooperativa ha tenido que parar el refuerzo de contratación de 50 conductores que hace el 1 de marzo porque no hay clientes.«Se nota que tienes más tiempo entre clientes; la afluencia ha podido bajar un 50%» Marta Barcella Encargada de una joyería en Vialia Las cadenas tienen más fácil aguantar este crisis en la estación, pese a la caída de ventas. «Se nota mucho en que tienes más tiempo libre entre clientes. Antes no se paraba entre trenes y gente de paso», recuerda Marta Barcella, encarga de una de las joyerías de la Estación María Zambrano.La dependienta explica que hace solo dos meses, antes de la desconexión de AVE de Málaga, era mucha gente de Madrid la que compraban y hacían reparaciones en Málaga, que luego recogían cuando regresaban a Madrid. «Aunque el número de clientes ha podido bajar más de un 50%, al ser una cadena con más establecimientos esperamos sobrevivir a esto», apunta Marta Barcella, que reseña que al ser un lugar paso, al no tener los trenes, se acerca mucha menos gente a las tiendas. Y eso se nota en el ambiente de pasillos vacíos, tiendas con dos o tres personas mirando y una cola larga en la puerta esperando para coger el autobús que lleva hasta Antequera para subirse al AVE. Ese es otro hándicap. Los comerciantes lamentan que el servicio se ha sacado de la estación. Muy pocos son los que entran. Los que llegan a la puerta desde Antequera se van desde ahí sin entrar dentro, mientras que los que esperan para salir lo hacen en la línea que fuera de la estación, por lo que tampoco suelen entrar al interior.«En dos meses hemos perdido la mitad de la caja porque no viene el cliente nacional» Lola Medina Propietaria de varias tiendas en el centro de MálagaNo muy lejos de la estación, en el centro de Málaga, la afección por la bajada del AVE no es igual para todos. Dependiendo de los negocios la situación se nota más o menos. El ejemplo está dentro de la familia Palma. «La gente de Madrid y Barcelona son los que compran en nuestras tiendas de ultramarinos. Los extrajeron no compran. Hemos perdido en dos meses más de la mitad de la caja », asegura Lola Medina, matriarca de los Palma, donde su hija en una tienda de complementos no ha notado la crisis por el momento.En lo mismo que pasa a José Luis Martín en su quiosco de pieles en Atarazanas. «El 60% de mis clientes son extranjeros, pero en pandemia ya vimos que nos recuperamos cuando abrieron las fronteras. Los negocios pequeños vivimos más del extranjero que viene en avión que del nacional que llega en AVE», reseña Martín. No ocurre así con los chiringuitos, donde los nacionales son una buena parte del aporte a la caja. «Las pérdidas van ya por el 30% por la pérdida de los clientes más cercanos. Son muchos los cordobeses que no vienen, como los madrileños o los de Castilla y León. Ahora son seis horas en coche o hasta cinco en tren y autobús. Es muy engorroso ese viaje. Los clientes se han quejado. Eso nos pasa factura», explica Manuel Villafaina de la Federación Andaluza de Empresarios de Playa.
El centro comercial Vialia, en la misma estación de tren María Zambrano, es la ‘zona cero’ de la ruina por culpa de la desconexión de AVE que sufre Málaga y que se agrava con la pérdida de esta Semana Santa. Aquí los empresarios miran a … los pasillos vacíos, los paneles con trayectos de media distancia y a los negocios que van cerrando con desdén, mientras escuchan promesas de apertura, excusas de obras y cifras desorbitadas de pérdidas, como los 1.300 millones euros estimados por empresarios y Junta de Andalucía. Desde el accidente de Adamuz, hace dos meses, ya ha cerrado un restaurante y la cafetería del interior de los apeaderos. «Cerró y mandó a los trabajadores de vacaciones, luego abrió, pero ha vuelto a cerrar. Al pasar el control de equipajes no hay nadie», señala Francisco Javier Segado, que es uno de los camareros que sobreviven en la cafetería central de la estación, donde reconoce que ya se ha tenido que despedir a cinco personas.
«Hemos pasado de hacer 500 tickets a 200 durante la mañana. Al final del día se llegaba a unos 800 y estamos ahora en 350. Hemos bajado más de un 70%. Mi jefe dijo que esto es una ruina», señala este trabajador, que apunta a como la línea de pedidos está vacía de clientes en una hora a la que debería haber una larga cola. «Los primeros días no parábamos de tirar comida, hasta que ajustamos todo a la nueva demanda», resalta.
La situación para muchos negocios se está volviendo insostenible. Las previsiones más halagüeñas que ha lanzado el Ministerio de Transportes es que para finales de abril se volverá a abrir el tráfico ferroviario, pero los plazos no convencen. Adif ya ha dado tres fechas de apertura incumplidas y, además, la vuelta de los trenes de alta velocidad será progresiva hasta final de año.
No solo hay que ejecutar las obras de la vía de Álora, sino luego hacer regresar el tráfico en condiciones de seguridad. «Dicen que en abril volverá uno y en junio otro más. Eso no es nada. Dos trenes no arreglan esto», añade Segado a ABC, cerca del lugar donde Iryo mantiene cerrada su oficina. La empresa italiana tiene uno de sus trenes varado en las vías de Málaga y a sus trabajadores en la capital de la Costa del Sol en ERTE por tiempo indefinido.

«El centro comercial está casi muerto, pero los impuestos y las facturas hay que pagarlas»
Cinta Pedrosa
Propietaria de una papelería en la estación de tren
Los negocios se resienten. «Es insostenible. El centro comercial está casi muerto, pero los impuestos y las facturas hay que pagarlas. Tenemos para seguir, pero hoteles o taxis están teniendo muchas pérdidas. Esto es un centro comercial muerto sin trenes y no sabemos cuánto tiempo nos va a seguir engañando el Gobierno», remarca Cinta Pedrosa, que tiene una papelería en la estación donde la caja ha sufrido un bajón estos dos meses de hasta el 80%. Eso le impide hacer las contrataciones de refuerzo que hace para Semana Santa y de cara al verano. «Estoy trabajando yo para no meter refuerzo y poder pagar las nóminas», asevera.
Los hoteleros han tasado la caída de reservas en un 26%. «El mayor impacto se está notando en Málaga capital, donde el descenso de reservas supera ya los niveles del 30%», apuntó José Luque, presidente de la Asociación de Hoteleros de la Costa del Sol (Ahecos), aunque la caída de reservas es generalizada. La pérdida del tren supone que no llegue el cliente nacional y se teme por una fuga a otros destinos, como ya ocurrió en el verano, donde solo el incremento de los turistas extranjeros salvó la temporada.
El descenso de clientes en los hoteles se nota en los servicios auxiliares, sobre todo en los que operan desde la Estación María Zambrano llevándose a viajeros a sus alojamientos. «Nuestros servicios han caído un 90% en la estación. El año pasado en la misma fecha hicimos 360 servicios a clientes que llegaban a la estación de AVE, ahora estamos en 37. Es el 10%. Hemos pasado de facturar 28.000 euros con estos transportes a solo hacer 3.000 euros desde el 18 de enero al 18 de marzo», reseña Basilio Buitrón, presidente de la cooperativa de VTC Autosol, que es una de las empresas que hace transportes de pasajeros precontratados de forma privada desde la estación de tren.
«El turista español que venía en AVE no viene, como tampoco el empresario o la persona que iba a trabajar a Madrid y volvía en el mismo día. Todas esas contrataciones están anuladas. El taxi está igual. El que le toca ir a la estación puede estar allí toda la mañana. Antes llegaba un tren te renovaba todos los taxis que había esperando, ahora no salen de allí en toda la mañana», apunta Buitrón, que dice que la merma económica es considerable y que no se puede negar.
«Si el Ministerio de Transportes quiere saber la realidad de nuestras cifras todos nuestros viajes los registramos en el Ministerio», añade el presidente de Autosol, que dice su cooperativa ha tenido que parar el refuerzo de contratación de 50 conductores que hace el 1 de marzo porque no hay clientes.

«Se nota que tienes más tiempo entre clientes; la afluencia ha podido bajar un 50%»
Marta Barcella
Encargada de una joyería en Vialia
Las cadenas tienen más fácil aguantar este crisis en la estación, pese a la caída de ventas. «Se nota mucho en que tienes más tiempo libre entre clientes. Antes no se paraba entre trenes y gente de paso», recuerda Marta Barcella, encarga de una de las joyerías de la Estación María Zambrano.
La dependienta explica que hace solo dos meses, antes de la desconexión de AVE de Málaga, era mucha gente de Madrid la que compraban y hacían reparaciones en Málaga, que luego recogían cuando regresaban a Madrid. «Aunque el número de clientes ha podido bajar más de un 50%, al ser una cadena con más establecimientos esperamos sobrevivir a esto», apunta Marta Barcella, que reseña que al ser un lugar paso, al no tener los trenes, se acerca mucha menos gente a las tiendas. Y eso se nota en el ambiente de pasillos vacíos, tiendas con dos o tres personas mirando y una cola larga en la puerta esperando para coger el autobús que lleva hasta Antequera para subirse al AVE.
Ese es otro hándicap. Los comerciantes lamentan que el servicio se ha sacado de la estación. Muy pocos son los que entran. Los que llegan a la puerta desde Antequera se van desde ahí sin entrar dentro, mientras que los que esperan para salir lo hacen en la línea que fuera de la estación, por lo que tampoco suelen entrar al interior.

«En dos meses hemos perdido la mitad de la caja porque no viene el cliente nacional»
Lola Medina
Propietaria de varias tiendas en el centro de Málaga
No muy lejos de la estación, en el centro de Málaga, la afección por la bajada del AVE no es igual para todos. Dependiendo de los negocios la situación se nota más o menos. El ejemplo está dentro de la familia Palma. «La gente de Madrid y Barcelona son los que compran en nuestras tiendas de ultramarinos. Los extrajeron no compran. Hemos perdido en dos meses más de la mitad de la caja», asegura Lola Medina, matriarca de los Palma, donde su hija en una tienda de complementos no ha notado la crisis por el momento.
En lo mismo que pasa a José Luis Martín en su quiosco de pieles en Atarazanas. «El 60% de mis clientes son extranjeros, pero en pandemia ya vimos que nos recuperamos cuando abrieron las fronteras. Los negocios pequeños vivimos más del extranjero que viene en avión que del nacional que llega en AVE», reseña Martín.
No ocurre así con los chiringuitos, donde los nacionales son una buena parte del aporte a la caja. «Las pérdidas van ya por el 30% por la pérdida de los clientes más cercanos. Son muchos los cordobeses que no vienen, como los madrileños o los de Castilla y León. Ahora son seis horas en coche o hasta cinco en tren y autobús. Es muy engorroso ese viaje. Los clientes se han quejado. Eso nos pasa factura», explica Manuel Villafaina de la Federación Andaluza de Empresarios de Playa.
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